por María
Cristina Alonso
Como varios teóricos del género
coinciden, el libro álbum es un género experimental, equiparable a las
escrituras de vanguardia contemporánea para adultos. Como lo señala David Lewis
(1999), en "La constructividad del texto: El libro-álbum y la
metaficción", el
acercamiento entre el libro álbum y la ficción "experimental" para adultos
reconoce elementos metaficcionales, es decir pone en evidencia la condición
misma de la ficción.
Se entiende por libro-álbum a aquella
producción literaria dirigida especialmente a un público infantil, en la cual
se combinan imagen y texto con sentido de codependencia entre uno y otro.
Es
diferente del libro ilustrado debido a que en este la imagen ilustra lo que el
texto lingüístico dice y por eso, si se quitan las imágenes, se puede entender
su contenido sin ningún problema. Mientras que en el libro álbum hay un aporte
conjunto entre texto e imagen para generar el respectivo contenido.
Esta
interdependencia del lenguaje visual y verbal propia de los libros álbum
propone al lector un permanente desafío en la construcción de sentido dado que
imágenes y palabras dialogan, se contradicen o amplían significaciones.
Libros
que no abordan historias aleccionadoras sino que transgreden las reglas de la
ficción realista y, en muchos casos, muestran las técnicas de construcción utilizadas para realizarlos. Así como también
muchos de ellos, carecen de palabras, son los libros silentes, libros que
desarrollan su narratividad y sedimentan las posibilidades de interpretación en
la narración visual.
Para
Cecilia Bajour (2016), en los libros álbum predomina la construcción de la
sorpresa como clave principal del relato, recuerdan dos juegos emblemáticos de
la infancia constituyentes de la cultura de los niños/as: la adivinanza y la
escondida. Decir y callar, mostrar y ocultar propia de los juegos infantiles.
Los
relatos empiezan antes de abrir el libro y terminan mucho después de acabar de
leer la última frase de la historia o de observar la que parece ser la última
ilustración narrativa.
Un ejemplo es el libro Trucas del ilustrador
mexicano Juan Gedovius. El verde personaje que aparece en la cubierta se asoma
a nuestro mundo con cara de preocupación invitándonos a abrir el libro para
enterarnos de lo que le ocurre y que no es más que una travesura gráfica.
Por lo tanto, la combinación entre imágenes y texto se
realiza en forma sinérgica. Cada uno de los códigos que conforman el “texto”
poseen medios expresivos particulares y sus propias convenciones.
Como obras posmodernas, los libros-álbum representan un mundo
polifónico en el que se multiplican y diversifican distintas líneas narrativas
obligando al lector a establecer coherencia entre ellas.
Otra de las
cuestiones que plantean estos libros innovadores, como lo señala Colomer (1996), es en torno a su temática.
Aparecen temas duros que buscan un impacto emotivo y que antes quedaban fuera
de la literatura infantil.
Rosa
Blanca
de Christophe Gallaz y Roberto Innocenti (Lóguez Ediciones, 1987), es un libro ambientado en Alemania durante la
Segunda Guerra Mundial y en él aparecen niños en campos de concentración nazi.
En general, los
libros-álbum ponen en tensión las maneras de percibir el mundo cotidiano. Son
libros incómodos, libros que invitan al lector a cuestionar, a mirar las cosas
desde otros ángulos que no son los convencionales. Son libros que piensan en
nuevos lectores y en nuevos modos de leer, productos de una sociedad en la que
impera la imagen. Libros que esperan un lector activo desafiando marcas
genéricas y proponiendo intertextualidades en el campo de la literatura, de las
artes visuales, del cine, de la publicidad.
Libros como los de Isol, interpelan a la
infancia desde personajes que alteran lo esperado por la tradición,
rompiéndola. Libros que demuestran que el humor es territorial y que, en
oportunidades provocan ciertos desacoples entre la realidad y el contexto.
El umbral en los libros álbum
Las historias en las
que aparece el umbral que lleva a los personajes del mundo real a otro lugar
donde las cosas funcionan diferente, se presenta también en los libros- álbum.

En
el libro La pequeña niña grande de Uri Orlev y Jacky Gleich, (Norma,1999) Daniela, la niña protagonista, parece preocupada desde el comienzo del relato
por su tamaño. Hasta que un día, Daniela se despierta y se encuentra convertida
en una persona muy grande mientras que sus padres han empequeñecido. Si bien el
sueño aparece como el umbral en donde la niña pasa a ese “mundo del revés” en
el que ella asume el rol de los padres, los apresta para ir a trabajar y los
reprende frente a sus faltas, el umbral aparece en la imagen: una puerta que
lleva a ese otro mundo en donde Daniela es grande y cambia de rol:
Así como los personajes de las novelas de
aventuras suelen vivir las peripecias y los peligros como algo natural sabiendo
que la aventura es los contrario de la vida cotidiana, en Donde viven los
monstruos, de Maurice Sendak, (Anagrama,1977) las travesuras de Max, el
protagonista, son castigadas por la madre que lo manda a la cama sin cenar. La
habitación de Max se convierte en un bosque poblado de monstruos al que el niño
llega después de navegar en una pequeña embarcación. Sendak resuelve el pasaje
de un mundo a otro a través de la diagramación de la página. Si al comienzo las
imágenes del mundo real aparecen enmarcadas -son las seis primeras páginas- a
medida que Max transita hacia otro espacio y
tiempo, el mundo de los monstruos, sin que se diga que es un sueño o una
fantasía, la habitación se puebla de árboles y
la imagen se ensancha y ocupa todo el espacio de la página.
Es decir el pasaje del mundo de Max
al de los monstruos, se produce de manera paulatina, especialmente en la
imagen, y sin que se expliquen con claridad las razones del cambio de mundos.
En ningún momento se dice, ni en el texto ni en las imágenes, que se trata de
un sueño o de una fantasía de Max, lo que, en definitiva, daría una explicación
al extraño acontecimiento.
En Flotante de David Wiesner, (Océano Travesía, 2007) el mar
trae a la playa una antigua cámara de fotos que recoge un niño. Al revelar el
rollo aparece un mundo marino surrealista y fantástico, extraños peces
mecánicos, pulpos sentados en sillones burgueses, extrañas edificaciones hechas
con caracolas. El mundo real, dibujado con un realismo extremo, contrasta con
este otro que aparece en las imágenes rebeladas. El umbral, aquí se manifiesta
a partir de un artefacto tecnológico, la vieja cámara que permite al niño
vislumbrar un mundo distante en el que otros niños también usaron la cámara
para retratarse. Es decir que se invierte el sentido de la credibilidad de la
imagen. Se supone que a diferencia de la ilustración, la fotografía captura lo
real, sin embargo aquí, descubre un mundo maravilloso.
Como sostiene Pablo
De Santis al abordar la novela para niños, las entradas a esos mundos
fantásticos son inolvidables para el lector, porque estos umbrales funcionan
como metáfora de la lectura misma. “El héroe tironeado entre la realidad y el reino mágico se convierte en metáfora del lector,siempre vacilante entre la vida cotidiana y el oscuro poder de la ficción.También la lectura consiste en atravesar un umbral.”