Un día como hoy...., iniciaba su gira final el GRANDE DE ESPAÑA: Antonio Machado poeta sin par...!!!
Un día como hoy...., iniciaba su gira final el GRANDE DE ESPAÑA: Antonio Machado poeta sin par...!!!
Siento que la poética de Liliana Bodoc me toca muy de cerca, es más, me atraviesa
como la quilla de un barco de vapor. Su imaginación me desafía a imaginar un mundo más
equitativo, más justo, más renovador de estructuras sociales anquilosadas que precisamente
sus ficciones invitan a poner en movimiento, a revisitar, no sin antes haberlas puesto en
cuestión, en un desplazamiento sin fin. No podría decir que estoy a gusto por dentro de
dentro de todos sus libros. Porque algunos son incómodos. Pero precisamente es esa misma
incomodidad, ese sentirse fuera de lugar es lo que señala la eficacia de una poética bien
orquestada, operativa, y que a la larga depara felicidad. Porque hay alguien que también
comparte con nosotros las preocupaciones por vivir en este mundo que no demuestra
funcionar precisamente en armonía.
Sus niños, niñas o sus héroes o heroínas, inquietos siempre, también me interpelan,
porque de la inquietud a la rebeldía subyace solo un paso. Y pienso que esa mujer que “no
concebía escribir sin cambiar el mundo” roza mis principios y mis ideales de escritor más
de cerca. Cada vez que la releo me interno en los intersticios del corazón de su creatividad
y sus ideas. Y eso me resulta apasionante.
Está claro que el mundo tal como funciona está patas arriba. De solo descorrer la
cortina del dormitorio que da a la calle (como lo hice ayer por la tarde) uno ve a una nena
pidiendo dinero o bien se le rompe el corazón al ser testigo mudo de gente pidiendo pan o
agua fría en este verano que se ha manifestado tórrido en el Cono Sur. O cuando en un
semáforo nos paran dos adolescentes para pedirnos lo que tengamos, algo para comer.
No podría escribir un nuevo In memoriam de Liliana Bodoc sin volver a releer por
sexta o séptima vez (tal vez más) su nouvelle El perro del peregrino. Si bien tengo bastante
fresco el resto de su corpus no menos cierto es que esa breve novela remueve los entresijos
del alma sea uno o no creyente, porque no está escrita con intención doctrinaria sino más
bien de un profundo homenaje a palabras que honran a la condición humana y que honran a
la bondad, y el amor encarnadas en la gran figura “del galileo”. Y tiene por protagonistas a
algunos personajes del Nuevo Testamento y a otros que fueron el producto de su
imaginación creativa. Lo más cautivante de la historia es el modo como Liliana Bodoc se
las ingenia para evitar pronunciarse acerca de los hechos sobrenaturales del galileo, pero a
la vez ratificando su condición suprasensible. Toda una serie de chismes de gente que
asegura o niega su condición divina matiza el texto de Bodoc.
Está tan bien ilustrado el Mal, con la figura de un extranjero y su perro amenazante,
frente a la figura de Jesús que es el contrapeso de esas intrigas, esas mentiras, esa
seducción, esa sensualidad con la que aspira a destronar a los pactos de lealtad entre
semejantes y sembrar la cizaña. De este lado de las cosas, está el galileo, con su perro Miga
de León, pequeño pero fiel a su amo hasta los últimos instantes de su vida. A quien salvó
de las aguas del lago Tiberíades de cierto intento por matarlo siendo cachorro con sus
pequeños hermanos de un hombre que quería ahogarlos para no tener que velar ni alimentar
esas bocas.
La poética de Liliana Bodoc ha venido a sacudir el edificio de la literatura argentina. ¿Y
qué vino a aportarle a esa construcción siempre provisoria? En primer lugar colaboró para
socavar un realismo que ya venía golpeado en nuestro país por escritores de literatura
fantástica como Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, J. R. Wilcock, una
formación de autores y autoras de ciencia ficción y la primera tentativa de épica fantástica
en Argentina: Angélica Gorododischer, que fue un primer desembarco que luego Bodoc
consolidó. También riesgo, audacia, fantasía, imaginación desbocada y desbordada,
justicia, indignación, poesía, una gota perfecta de prosa que supera a muchos de la
generación de los maestros, y esa originalidad de Bodoc al internarse por territorios poco
transitados y también, por qué no decirlo, temidos, fueron afrontados con una valentía, una
autoridad, una seguridad de pluma, una documentación, un equilibrio que no se conocían en
la literatura argentina hasta ese momento.
Es cierto que había habido previamente proyectos creadores novedosos, que venían a
sacudir el polvo anquilosado de formas y temas del realismo, pero Bodoc se atreve a
alcanzar cimas de insurrección y libertad de naturaleza fabulosa que también deja de
interesarse por las consecuencias que le traerían o podrían traerle incursionar por tal o cual
nuevo sendero que afrontaba cuando se ponía a escribir.
Lo hizo todo. Desde obras ambiciosas, extensas, de estructura compleja, elaborada,
hasta otras cuyo portento venía dado por una brevedad concisa y su argumento
deslumbrante pero que no por ello renunciaba a afianzarse en territorios nuevos y
exploratorios en el plano de los argumentos y las formas. Novelas extensas, de forma
intrincada, algunas incluso inconclusas o que sus hijos terminaron en coautoría. En fin,
tampoco faltó el teatro, la literatura infantil con esa bocanada de aire fresco que siempre
trae y con la que nos regocija. Y una factura perfecta que admiraba y dejaba absortos a
editores y lectores y lectoras por su alto nivel de perfección. Argumentos que abordaban
tramas renovadoras. Y una escritura bella, bellísima, que parecía esculpida en metales
preciosos y afianzada en el aroma perfecto de los jazmines.
Los principios están siempre en Bodoc. Bodoc no puede escribir sin poner en acción la
maquinaria de la ética orientada al semejante con afán de justicia. Pero no desde la
propaganda o la cándida moraleja sino desde argumentos que desafían el sentido común. Y
no puede olvidarse de los grandes perdedores de la historia de todas las civilizaciones. Los
que han quedado a la retaguardia o lo habían quedado hasta hace poco tiempo pero son
quienes ahora en ocasiones están a la vanguardia protagonizando grandes revoluciones.
Universos creativos que abren los sentidos, que subvierten los patrones sociales tales
como están naturalizados y ella precisamente se propone la fundación de nuevos mundos
con leyes y personajes transformados de pacientes y en los nuevos agentes de cambio
social.
No hubo una sola etapa de mi vida en que pudiera decirse que me haya apartado del
mundo Bodoc. Jamás dejé de releerla. Un poco no me lo han permitido personas que saben
cuánto me ha calado, con qué intensidad he leído y su sensibilidad creadora me ha sacudido
literalmente hasta mis zonas más recónditas con pedidos para sus publicaciones. Otro poco
motivado por mi propia iniciativa. Es que uno viene de las Letras en donde nos hicieron
leer y otro poco ha elegido leer mucho. Sin embargo Bodoc fue un descubrimiento personal
y que permanece vigente desde aquel atribulado 2002 en que por primera vez tuve uno de
sus libros entre mis manos hasta este 2026 en que la ceremonia renueva el sortilegio de su
embrujo.
Hasta aquí, y durante largos años, he recordado a Liliana Bodoc una vez que ella hubo
partido. ¿Y si diera vuelta la frase? Tengo 55 años. Pueden pasar muchas cosas en mi vida
y yo puede que me marche de este mundo ignoro cuándo ¿por qué no? ¿cómo me gustaría
ser a mí recordado? ¿es que acaso nos pensamos omnipotentes e inmortales, fuera del
tiempo histórico? Creo que ser recordado como un lector militante de Bodoc sería un elogio
superlativo para mi epitafio. Prácticamente condensaría en un nombre propio todo un
conjunto de ideas, ideologías, prácticas sociales, principios, ideales, una estética, un
universo de valores. Lo he intentado todo. Ha habido homenajes sobre su carácter y su
temperamento, retratos, encuentros imaginarios con ella, con su esposo Antonio y también
con otros escritores y escritoras que consideré dignos de formar parte de un coloquio
siempre incesante con ella. Hubo artículos críticos que abordaron su obra en relación con la
tradición, otros sobre su corpus en forma abarcativa, una entrevista que le hice vía email y
publiqué luego en libro, reseñas de textos de narrativa breve y extensa que abordé en forma
particular, miradas sobre su proyecto creador desde la politización del discurso literario,
mucho más aun teniendo en cuenta que se trataba de una mujer, género desplazado hacia
los arrabales del poder, notas para blogs sobre literatura infantil y juvenil, en otros casos
puse su poética en diálogo con otras no realistas también argentinas y qué lugar ocupaba en
el sistema literario argentina su obra. En fin, una obra de tan portentosa imaginación
invitaba a proseguir la crítica y la revisión por muchos medios. A embarcarse en la aventura
de conocerla a fondo. Hasta llegué a esa zona vagamente difusa de las emociones privadas,
narrando en un texto íntimo lo que me había sucedido el día que me enteré de su muerte, mi
contestación automática con un texto evocativo bajo la forma de un In memoriam
instantáneo la tarde misma en que me enteré aquél fatídico 2018 que había fallecido de un
ataque cardíaco. No quedó rincón por recorrer, sendero por hollar, conversé con sus
familiares, me escribieron cosas entrañables porque comprendieron que estaban frente a
alguien en quien la obra de esa esposa, madre, hermana había profundizado de tal modo
que había habido una comunicación y una comunión a fondo, de naturaleza total. Diría
insuperable. Esto es lo que vengo a decir este día de febrero. Que efectivamente es de tal
vitalidad la naturaleza de Liliana Bodoc como autora, de tal fortaleza indestructible, que
siempre, siempre que esté vivo, quiero decir, habrá un texto disponible para ella, que yo
habré escrito, probablemente serán desparejos, pero no siempre mi pluma está lo
suficientemente inspirada, y que no se parecerá a nada que haya hecho antes. He publicado
artículos, notas y entrevistas a Liliana Bodoc en EE.UU., en México, en Venezuela, en
distintos medios de Argentina, tanto diarios, semanarios, revistas, académicas, como dije,
blogs. En fin, el texto se sigue escribiendo porque ella sigue siendo leída y por lo tanto ella
sigue viva. Leo la poética de Liliana Bodoc a cada rato y en todo momento. No hay
descanso. Y en esta lectura general de la poética de Liliana Bodoc, una parte mía muere y
otra renace. En un peligroso juego sin fin. Ese joven que de modo incandescente se
desangraba literalmente escribiendo sus homenajes, hoy es un adulto de mediana edad que
también languidece por momentos con una fortaleza que ya no es la de antaño. Y en este
nacer y renacer en cada nuevo texto sobre Liliana Bodoc, una nueva arruga aparece. El pelo
encanece o se cae. Los músculos se debilitan. El tiempo hace acto de presencia y mi cuerpo
es materia sensible. Perecedera. Quedan los textos, en un sacrificio perenne, que la alojan y
procuran enaltecerla en su condición de talento literario mayor.
Hermoso recuerdo de María Elena Walsh, gracias Hormiguita Maestra de Maestros Berta Susana Brunfman por compartirlo...
La guerra ha sido y es un momento bisagra en la vida de los pueblos, en la vida de las naciones, causa una primera sensación de estupor, dolor, de desesperación..., pero el hombre, el ser humano, luego de este primer momento, reacciona, piensa, actúa..., escribe, así lo hizo Madame Truel en la FRANCIA ocupada por los nazis, en plena actividad de muerte, destrucción, persecución, deportaciones masivas de judios y opositores con la complicidad de los hombres y mujeres que formaban la llamada República de Vichy, la pluma y la necesidad de Truel crea un libro que hoy es un clásico, además, de ser un ejemplo, de como se debe y se puede romper las cadenas del silencio, la censura, la prohibición, ya que este clásico de las letras infanto juveniles se publicó en plena acción bélica 1943. Y podemos decir, que las cosas no suceden porque sí,
Madame Truel fue actriz de estos tiempos violentos, quizás porque sabía o presentía un pronto final, es que se dio a la tarea de escribir, crear y publicar este libro que hoy ante un mundo que se encamina a los saltos de guerra en guerra (Ucrania, Gaza, Palestina, Líbano, Cisjordania, Africa, etc..., etc...), es de una obligación moral y estética leerlo, compartirlo con los niños y jóvenes para lograr la tan ansiada reflexión,y hacer la pregunta del millón: ¿vale la pena, luchar por un mundo en Paz?, porque el hombre, la humanidad, no aprende la lección..., y con pequeños recreos de paz y convivencia, surgen en el horizonte humano nuevos conflictos, nuevos enfrentamientos, nuevas maquinarias de muerte y destrucción se levantan y aplastan a las sociedades, pueblos y naciones, sin respetar nada y a nadie,. Se borraran con el codo, las declaraciones de respeto a los derechos humanos, el respeto a los niños y niñas, se mancillan garantías internacionales, se patea la vida, el amor, y el hogar de millones de hombres y mujeres...
Será como decían los griegos que el único animal que tropieza con la misma piedra es el ser humano?, tendremos por suerte ser esclavos de nuestras pasiones más bajas y viles?. Creamos estructuras discursivas vacías de contenido..., donde en definitiva la vida no vale nada? Sería importante, encontrar las respuestas a estos interrogantes que permanentemente nos taladran el alma, y la conciencia, y que solo hace que el hombre en su incapacidad solo pueda aplicarles sedantes de corta duración.
Madeleine escribió L’Enfant du Métro (El Niño del Metro), dedicado a Pascal, hijo de una familia judía. Este libro fue publicado en París, en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial (mismo año que se publicó El Principito de Antoine de Saint-Eupéry), con Editions du Chêne y con las ilustraciones de su hermana, Lucha Truel. Es una alegoría, un cuento maravilloso, que nos invita a resistir y a viajar en un mundo imaginario de una estación de metro hacía otra, entre esos lugares parisinos sagrados, en búsqueda de la libertad
Formó parte de la resistencia contra los abusos del ejército nazi en la Segunda Guerra Mundial en la Francia ocupada por los alemanes y salvó de la muerte a decenas de judíos. Madeleine Truel no fue una víctima más, su vida es la de una heroína anónima. Durante la resistencia realizó un trabajo meticuloso y peligroso: la falsificación de documentos. En junio de 1944 fue enviada a la cárcel de Fresnes y en 1945, fue enviada al campo de concentración de Sachsenhausen. Murió en mayo de 1945 durante La marche de la mort pocas horas antes de la llegada de las tropas rusas. Su historia permaneció enterrada durante casi 65 años. Pero la Memoria sabe guardar y es por eso que su nombre aparece en el Memorial de homenaje a todas las personas que fueron deportadas de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, frente a la Catedral de Notre Dame.
Madame Truel, nace en LIma (Perú), el 28 de agosto de 1904 y muere como consecuencia de las torturas y vejámenes a los que fue sometida en Oranienburg, el 3 de mayo de 1945, fue peruana de ascendencia francesa, que luchó desde la Resistencia Francesa, contra los abusos del ejercito de ocupación nazi durante la Segunda guerra Mundial. Este libro que hoy nos ocupa "El niño de metro", fue publicado como hemos referido antes en pleno conflicto, lo que demuestra la valentía y la decisión de NO CALLAR ante las afrentas y los alardes matones de un enemigo que despreciaba al género humano.
A finales de 1946, un sobreviviente del campo de concentración de Salsenhausen que conoció de cerca y hasta el final de sus días a Madeleine, escribió un artículo testimonial en Le Figaro. Es a partir de esa publicación periodística que el nombre de Madeleine Truel empezará a ser mejor conocido y reconocido por el mundo.
En el Perú, el periodista Hugo Coya ha publicado el libro "Estación Final" el año 2010, donde narra la historia de los peruanos que murieron en los campos de concentración nazi. El capítulo de Madeleine es relatado de manera muy especial y es el primer texto peruano que reivindica los méritos de esta auténtica heroína del siglo XX. Ella nos demuestra de qué manera es posible trascender la adversidad, superar con valentía y fortaleza el infortunio, y asumir a plenitud la defensa de valores universales mediando la solidaridad y el respeto fiel a los derechos humanos. Basado en ese libro, Luis Enrique Cam elaboró un video documental titulado "Madeleine Truel, la heroína peruana de la Segunda Guerra Mundial".
Dr. Marcelo
Bianchi Bustos
Academia
Argentina de Literatura Infantil y Juvenil
Universidad
Nacional de Santiago del Estero - Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino”
- I.S.P.E.I. “Sara C. de Eccleston”
Leer la obra de la escritora Olga Drennen, en
adelante OD, significa para el lector la posibilidad de ingresar a un mundo ficcional
donde las cosas parecen ser similares al mundo real, aunque al poder leerlo por
medio de las palabras de una gran escritora, todo adquiere otro sentido. El
propósito de este breve artículo es ofrecer un recorrido por algunas de sus
obras con el objetivo de encontrar en ellas algunas continuidades que permitan
caracterizar al niño y al joven en la obra de OD y, al mismo tiempo pensar, en algunos
de los recursos que ella utiliza, como la presencia de lo fantástico, entre
otros. Son, como puse en el subtítulo, unas reflexiones al pasar, que posiblemente
puedan llegar a servir a los lectores (ya sean nuevos o a quienes relean su
obra) a pensar en ejes de lectura que le puedan ser de utilidad (igual, aunque
esto me juegue en contra, no importan las palabras de un especialista sino los
pensamientos de cada lector al tener enfrente una obra literaria).
Pueden aparecer niños humanos, pero también
cachorros de lobo, de vaca, entre otros animales y ahí comienza una de las
características en el tratamiento de los personajes. En las obras se produce un
encuentro y es a partir de ese momento donde aparece la característica
fantástica en los cuentos de OD. ¿Quién de nosotros – seamos adultos o niños –
no sintió que la historia que estaba leyendo era verdad? Por supuesto que la
respuesta es afirmativa, es una sensación, un efecto de la buena literatura.
Pero en “Lobo cola gris” es mucho más que eso pues se transforma en un hecho:
un personaje sale de un libro y sorprende a Eze. Sí, sale de la ficción e
ingresa en el mundo del personaje que, aunque ficcional pasa a ser real y algo
fáctico al ser leído:
La maestra se sentó frente al escritorio
y esperó a que los chicos de Segundo "A" terminaran de acomodar sus
cuadernos sobre las mesas.
-Buenos días dijo. Hoy, vamos a leer la
leyenda de la yerba mate. ¡Ay, Ezel, ¿no me harías un favor? Dejé mi libreta
sobre una mesa de la biblioteca. ¿La vas a buscar?
En cuanto entró en la biblioteca,
Ezequiel vio la libreta. De tapas amarillas adornadas con ositos verdes.
Estaba por volver a clase, cuando notó
un montón de pelos grises en el estante. De puro curioso, se acercó para ver de
qué se trataba. Así que agarró los pelos y tiró.
-¡¡¡Auuuch!!! ¡Eso sí que me dolió! -Sin
que Eze lo hubiera imaginado, de entre las páginas del libro, saltó un lobo.
- ¿Por qué me tiraste de la cola?
(Drennen, 2015, p. 7).
Más allá del hecho que ocurre, estamos en
presencia de un espacio conocido por todos, una escuela y su biblioteca. Pero
también OD piensa en otras escuelas, como la del país de la fantasía que tiene
paredes de cristal y a la que asisten las hadas y las brujas. La magia y los
hechizos están a la orden del día, como sucede en “Ni varitas ni escobas”,
un cuento en el que dos niñas muy distintas y muy inquietas, Alana y Fidelma se
enfrentan en una carrera muy especial, en la que “encabezaron la competencia. Volaban bajo para no caerse, pero volaban
y volaban” (Drennen, 2006, p. 10).
De ese modo inicia la historia de un pequeño
lobo que se escapa de Caperucita porque no le gusta, según sus palabras que se
mienta en la historia ya que él nunca atacó a nadie. Diálogos entre el cachorro
y un niño que buscan la solución de un problema: lograr que el personaje del
cuento vuelva a un libro pues no podía vivir en esa realidad. Una trama
sencilla pero que lleva al lector a imaginar, a pensar…
¿Quién de nosotros cuando fue chico no quiso
tener un perro? Sabemos que la respuesta es que todos lo quisimos – y algunos
lo logramos con creces -, y justamente OD (s/f) usa esa temática para contarnos
una historia que en principio parece sencilla pero que se las trae. Ximena es
la protagonista de un cuento breve que siempre jugaba con un perro blanco que
estaba en una veterinaria, pero tuvo que despedirse de él pues se mudó a una
casa muy grande. En el nuevo hogar, como iban a pintar las paredes del patio,
consiguió que sus padres la dejaran dibujar una casilla con tizas o lápices de
colores. Al día siguiente, cuando volvió del colegio sus padres le dan una gran
noticia: el perro que tanto quería la estaba esperando y desde ese día era de
ella. Hasta aquí nada extraño, simplemente cosas que a cualquier niño le pueden
pasar, pero al final sucede algo que la deja absorta (al igual que a los
lectores): “aunque parezca imposible, en
ese momento, de la chimenea de la casilla que había dibujado en la pared del
fondo salió un humo dorado. Un humo que subió liviano, y feliz, con la alegría
de las pompas de jabón” (Drennen, s/f, p. 3).
Sus historias siempre tienen un marco
cotidiano, escenarios comunes en el que ocurren cosas extrañas.
Como lectores nos maravillamos ante el uso
que los buenos escritores hacen de la palabra poética y la forma que tienen de
decir las cosas. Los juegos de palabras, el ritmo y la intencionalidad poética
se encuentran en su obra, como puede verse en:
El tren
Por la Loma del Tomate,
al país de Había Una Vez,
llegaron fantasma, gallo
la princesa y el marqués.
Los caminos eran verdes,
más verdes que una canción
y más verdes se volvieron
al llegar a la estación (Drennen, 2018, p.
10).
Conocedora del mundo mágico y de lo que
significa para cualquier niño escuchar el “Había una vez” que introduce alguna
hermosa historia, crea un poema en el que juega con ese inicio ancestral:
Las casas de Había Una Vez
En Había, las casas
son en miniatura
como calabazas
de poca estatura.
Casas encantadas
de lluvias y vientos
donde viven hadas
y crecen los cuentos.
Como el mar, las casas
con espuma y pez
que encuentras si pasas
por Había Una Vez (Drennen, 2028, p. 8).
¿Y qué pasa con el miedo? Por supuesto que
aparece de la mano de la autora. El terror, la intriga y el miedo son otra de
las constantes en su obra. En Esta
allí todavía, OD (2022) juega con esos elementos al presentarnos a los
lectores dos amigos que, como muchos salen a conocer el barrio al que recién
llegaron y descubren una casa abandonada. Seguramente siguiendo la idea que el
que busca siempre encuentra, dos amigos que ingresan a una casa abandonada
(¿quién de nosotros no lo hizo o no soñó con hacerlo y encontrar algo dentro de
ella?) creen en un primer momento estar solos hasta que alguien o algo los
comienza a perseguir. Una huida rápida de la casa que estaba habitada por un
ser monstruoso se convierte en un gran problema:
“Su cuerpo parecía estar lleno de
anillos, como el de un gusano gigante y gelatinoso.
Sus manos de largos dedos se estiraban
hacia ellos. Se movía con la soltura de un gato. Tanta ligereza, que no les dio
tiempo a intentar abrir la puerta y se abalanzó sobre ellos. Sin embargo los
chicos fueron más rápidos.
Saltaron a través de la ventana que los
había dejado entrar y rodaron por el jardín
hasta la calle.
Desde allí, alcanzaron a ver cómo esos
dedos repugnantes tanteaban la pared
exterior. Buscaba algo. Los buscaba a
ellos” (Drennen, 2022, p. 27).
Pero demostrando que más allá del miedo eran
jóvenes valientes, al día siguiente vuelven a la misteriosa casa y deciden
cerrar todas las ventanas y puertas con madera. Logran hacerlo desde el
exterior, pero mientras lo hacían, sentían que del otro lado estaba ese ser. En
ese punto la autora, retomando el procedimiento de obras clásicas como “Casa
tomada” de Julio Cortázar, ofrece un cierre en el que lo fantástico aparece de
una manera sorpresiva:
—Está detrás de la puerta — dijo
Gabriel.
Y sí, allí estaba. Sigue en la casa
abandonada. Está allí todavía... a la espera de que alguien intente entrar
(Drennen, 2022, p. 28).
La duda, lo evanescente – en palabras de
Todorov – y lo imposible se unen. Lo imposible aparece en el relato, aunque
¿será imposible que detrás de esa puerta esté esperándonos ese ser? Mejor no
pensarlo y quedarnos con la intriga – mucho más segura - que su autora propone.
La sed de aventura de los jóvenes está
presente, al igual que ocurre en La trama del miedo. Aquí, es Ramiro, un
preadolescente que recién ingresa al colegio, que habla sobre un lugar
sumamente extraños en el que muchos saben que ocurren cosas, el baldío de la
esquina. Un lugar temido por muchos, en especial por sus compañeras que vieron
(es una forma de decirlo, aunque en realidad no vieron nada en concreto) como
Jazmín desaparecía misteriosamente, como evaporándose. Esto sirve de entrada a
una historia en la que Drennen (2008) intenta mostrarnos algunas
características del miedo, obviamente que asociado al misterio.
Gran lectora y conocedora de las grandes
obras de la literatura universal, presenta una intertextualidad muy interesante
en Ardió Troya, una novela para jóvenes donde Lucas Edioso y sus amigos
van de vacaciones a un hotel en la costa uruguaya y conocen a Lena, la
encargada de la recreación del hotel, que terminará provocando una reedición de
la obra de Homero al ser secuestrada.
Hasta aquí estas reflexiones surgidas al
pasar. Ojalá que cada lector las repiense y resignifique al leer la obra de
Olga Drennen.
El mejor homenaje para un escritor es, sin
duda, que su obra sea leída una y otra vez…
Referencias
Drennen, O. (2006). Cuando las hadas y las brujas van
a la escuela. El gato de hojalata.
Drennen, O. (2008). La trama del miedo. Quipu.
Drennen, O. (2012). Ardió Troya. Salim ediciones.
Drennen, O. (2015). Lobo cola gris y otros cuentos.
Quipu.
Drennen, O. (2018). Cuatro sonrisas y un sol.
Planeta.
Drennen, O. (2022). Está allí todavía. Ministerio
de Educación de la Nación.
Drennen, O. (s/f). “El patio feliz”. Cuentos, poemas y
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