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sábado, 24 de agosto de 2019


CUESTIONARIO ENTREVISTA CON LA NARRADORA Y CUENTA CUENTOS TERESITA BUSTOS 




-¿Cómo y cuándo descubriste que tu destino estaba ligado a la transmisión de la cultura a través de la oralidad?


Es una pregunta interesante,  dada mi personalidad de hacer  en forma continua nunca me detuve a pensar sinceramente sobre este hecho, pero se viene a mi mente un recuerdo que creo que fue determinante en mi vida y que me hizo asumir el compromiso cultural que implica la transmisión de historias a través de la oralidad. Te cuento, un día bastante complicado después de salir de una reunión poco agradable, iba caminando por las calles del centro de la ciudad y pasa por la calle un carro de los que juntan cartones en la calle con unos chichos,  ellos me gritan –Tere somos la banda de los vampiros uha uh uh ha…- ese es un cuento de una amiga Margarita Rodríguez de humor/miedo muy divertido que siempre narro.  El tema es que ese echo me lleno el alma de sentido, creo que ese día fue cuando encontré mi misión en la vida y asumí el compromiso de llevar las historias, la fantasía y el amor por la lectura a los espacios más vulnerables, los espacios donde los libros valen por que se pueden quemar para calentarse las manos o se venden por kilo de papel para comprar comida.  Esto sucedió una mañana en el mes de junio o julio en La Plata y en el mes de agosto  junto con otras soñadoras hermanas de la palabra  estábamos fundando la Asociación Narradores Argentinos en el año 2008.

¿Con quién aprendiste a narrar? 

 En una catedra de extensión libre en la Universidad de La Plata facultad de Humanidades con el grupo Cuento Encuentro y la profesora Luz Pepe,  después continué mi formación como narradora oral de historias, que continua hasta la actualidad.

¿Narrás para niños y adultos? En caso afirmativo ¿Cuál es la diferencia?

Si, narro para todo público, tanto niñes como adultos en el caso de los niñes  considero que hay que tener muchísimo material, la disposición continua y permanente a la improvisación, la flexibilidad y la escucha para con el público infantil.
 Contar a los niñes es mucho más adrenalínico, requiere de mayor entrega, requiere de un entrenamiento continuo de dinámicas y recursos. Fascinar y captar la atención de los chicos implica el darse permiso, como adulto narrador,  a jugar  con los errores y  los imprevistos,  disfruto mucho y me rio  cuando las cosas no salen como lo “planee” aunque poco planifico , será por eso que siempre voy con mi valija enorme de cuentos y libros cuentos, ya que para mí los cuentos vienen en múltiples formatos , no son títeres ni libros , o si … bueno como explicarte , las historias se visten de diferentes formas y así trato de plasmarlas , por ejemplo tengo un cuento de sumatoria que es una gran tela que se pliega de modo especial , otros vienen con algún mecanismo pop-up que yo misma construyo para mis espectáculos, o un libro de hechizos o un simple pañuelo que va transformando a medida que avanza la historia, todo el material que despliego en mis actividades llega a mi imaginación al leer una historia, luego pienso y planifico como hacerla realidad y como poder transmitirla, así  nacen las diferentes propuestas de construcción , digamos que es un proceso lúdico creativo que atraviesan las historias que  llevo en mi valija enorme.

En cuanto al público adulto a partir de los 40 años, podría decirte que tiene características propias, es  respetuoso, amable, que gusta de escuchar y reconoce la buena literatura , es más protocolar y formal  es a quien le cuesta más salir de su espacio de confort racional y socialmente establecido .
En el caso de los adultos, me parece muy importante destacar a los adultos mayores, o cuarta adultez, es decir pasados los 70 años de edad, en este sentido cuento con muchos años de experiencia  trabaje como cuenta cuentos en geriátricos durante  casi 15 años, también fui la responsable de la formación del grupo de abuelos cuenta cuentos de UPCN , trabajo que me permitió recibir el premio Ibero Americano Maravilladores , foro integrado por los países de Cuba, España, México y Argentina; Los adultos institucionalizados  en espacios de cuidado y contención como geriátricos y casas de guarda tienen su salud deteriorada por envejecimiento cerebral , problemas motrices  y deterioro físico entre muchos  otros, todo esto hace que el narrar en estos espacios sea especialmente diferente, y un tema que si desearas podríamos desarrollar en específico.
Ahora bien,  respondiendo a tu pregunta considero que  los adultos mayores,  se asemejan mucho a los niñes, es un público que no tiene reparo en expresar sus sentires cuando están escuchando un cuento, no reprimen sus deseos de participar si así lo quieren, del mismo modo que si no les gusta el cuento, relato u historia que están escuchando lo expresan a viva voz si pudor alguno. Sin embargo  las estructuras  de  prejuicio de un adulto son mucho mayores  con respecto de la de un niño.
También diré que a mi entender el adulto mayor necesita de la imagen anclaje histórico temporal para  darse permiso de entrar en el mundo de la fantasía, a diferencia  del niño que tiene  toda la curiosidad y frescura de quien está descubriendo el mundo y simplemente fluye en el mar de la imaginación.

¿Tu principal defecto? ¿Tu mayor virtud? (como narradora)

Mi principal virtud como narradora,  creo que es el amor que brindo e intento transmitir por el narrar. Pongo mucha importancia en la energía que a uno lo habita al momento de narrar, estimo es importantísima  ya que eso es lo que percibe quien nos escucha.
En cuanto los defectos que intento trabajar son  moverme menos  en el escenario, y hablar más pausadamente, cosa que tengo continuamente que tener presente al momento de narrar. 
-¿Cómo seleccionas tu repertorio?
Soy una gran lectora y coleccionistas de historias, soy viajera y escucha de relatos de la gente, me enamoro de un cuento lo preparo y lo tengo ahí, cuando llega su momento sale a la luz del público.  Los cuentos que considero que formaran parte de mi repertorio los guardo en carpetas, luego cuando me piden o es el momento de armar un espectáculo pienso en un hilo conductor que quiero seguir a lo largo de la presentación  y empiezo a buscar cuales para mi podrían serme útiles al objetivo que me he propuesto.

-¿Qué historias no debería desconocer ningún niño?

Nuestras leyendas, relatos  o mitos Argentinos  de tradición oral. Respecto de los cuentos literarios creo que los cuentos de la memoria e identidad, derechos del niño y los que relatan sucesos históricos argentinos.


¿Cuál fue el primer cuento que narraste en público? 

Siempre contaba desde pequeña a otros chicos, ya de adolecente  recitaba  el  Fausto Argentino  por Estanislao del Campo, o poemas como el Mio Cid, también me gustaba narrar las historias de los refranes populares, digamos con público de  familiares u amigos.  De modo profesional  mi primer cuento fue  el Sexo  y los ángeles de Mario Benedetti.

Te convocan frecuentemente a realizar narraciones en las escuelas ¿Qué le piden los maestros a un espectáculo de narración? ¿Qué valorizan los chicos? 

Bueno en mi caso los maestros me piden que hablemos mucho de nuestros cuentos, leyendas y mitos.  También me piden  abordar la oralidad  como puente vinculante para la comunicación con el otro y con la sociedad. Lo que valorizan los chicos es ser escuchados y divertirse, descubrir que se puede jugar con las palabras, la literatura y el saber  y que hay otras formas para acceder al conocimiento formal.

-¿Cómo describirías el panorama actual de la narración oral en   Argentina?

A mi entender la Narración Oral en Argentina está en  crecimiento , cada día somos más los narradores orales, y son más los que van naciendo en la enorme extensión de la Patria , antes éramos solo unos pocos y nos conocíamos tod@s  ahora no , algo que me parece muy  bueno hacen falta muchas voces  para que la historia  y la memoria estén siempre presentes y vivas, ahora bien esto implica asumir nuevos desafíos , para los más veteranos en este camino  es ser más creativos, renovar y actualizar el repertorio en fin seguir fascinando.  Para todos los narradores presentes y futuros el desafío es la creación de público, en mi primer viaje a Colombia como narradora me impacto  que en cualquier esquina o plaza uno dice:
-Cuentos, cuentos … llegan los cuentos-  y aparecen 200 personas  o más para escuchar una historia  espero que algún día pueda suceder lo mismo aquí en Argentina, el desafío es grande y está depositado en nosotros los narradores orales actuales ya que si una persona va al teatro y la obra no le gusta o no es muy buena , no deja de ir al teatro por eso , el espectador entiende que  no toda obra o puesta teatral  puede ser de su gusto , pero sí en cambio va por primera vez a ver o escuchar cuentos y no le gusta son muchas la posibilidades que no valla nunca más a otro espectáculo y que además  no recomiende ir a quienes aún no lo hicieron, por eso creo que los narradores y quienes forman narradores seremos los responsables del futuro del bello arte verbal que ejercemos como profesionales.

-¿Se puede vivir en nuestro país siendo cuentacuentos?

En lo personal, mi actividad como cuenta cuentos, es una  gran parte de mis ingresos. Pero como pasa en otras expresiones artísticas es necesario complementar con otro empleo.
La Narración Oral Escénica es una actividad temporal que se realiza a pedido o contratación puede ser convocada también  por algún motivo especial (festival, aniversarios, celebraciones , etc. )
En convocatorias puedo decir también que son pocas las que  incluyen la categoría narración oral, como verás  hay mucho camino que recorrer para formar público interesado en ir y abonar un derecho a espectáculo  de un cuenta cuentos. Soy optimista y creo que puede ser posible que en algún momento se revierta  y podamos  ser artistas reconocidos  en lo económico.
-¿Qué público te demanda mayor esfuerzo a la hora de narrar? ¿El público infantil o el público adulto?
Sin lugar a dudas los niños, ellos  necesitan que el Cuenta cuentos de  todo de sí en el escenario para enamorarse de las historias y los cuentos, y como todo amor juvenil  ha de ser intenso  y apasionado, como el amor de José de San Martín y Remedios de Escalada o  Romeo y Julieta.






Los desterrados del bosque

por María Cristina Alonso

   Hablemos de bosques que funcionan en los relatos para niños como fronteras entre lo real y lo maravilloso, como espacio en el que lo extraordinario sucede o donde se inicia el viaje.



   En El bosque dentro de mí, de Adolfo Serra (FCE, 2016), un álbum sin palabras, un niño encuentra en el agua no sólo su propia imagen sino a un misterioso ser que lo acompañará en un viaje a través del bosque. Este bosque diseñado con una reducida paleta de tintas negras y grises se irá poblando de ríos para vadear, de anchos cielos por donde pasan bandadas de pájaros, de sombras y de luces misteriosas, de pinos y abedules, de ojos y de estrellas. Por momentos la oscuridad parecerá ocultar por completo al niño que no está solo, la compañía del monstruo amigo le permitirá descubrir la maravilla de un cielo infinito.

   El camino parece largo pero al final el niño llega a la ciudad en donde su amigo, surgido de las entrañas del bosque, se diluye  y parece devorado por esa otra selva, la del cemento.


   El final surgiere la transformación del personaje y la vuelta al mundo natural, como subrayando que todos, en lo profundo, somos seres salvajes que huimos de los excesos de la civilización. El mismo autor ha escrito sobre su libro: “Yo quiero hablar de la naturaleza como algo abrumador, enorme, sencillo, brutal, bello. Los seres humanos como seres de la naturaleza. Pero también quiero hablar de la naturaleza interior. Crecer, madurar, evolucionar, cambiar. Descubrirse en otros, descubrirse en uno mismo, vernos y no vernos. El reflejo, la búsqueda, la identidad.”

   Italo Calvino publicó en 1966 un libro para niños titulado Marcovaldo, o sea Las estaciones en la ciudad. Está integrado por veinte relatos. Cada uno dedicado a una estación; el ciclo de las cuatro estaciones se repite cinco veces. Todos los relatos tienen el mismo protagonista, Marcovaldo, y siguen más o menos el mismo esquema.

   Marcovaldo es un  obrero un tanto caricaturesco, una especie de Charlie Chaplin, un hombre que viene de otra parte y que se encuentra exiliado en la ciudad industrial. Lo cierto es que Marcolvaldo no comprende el caos de la ciudad, las carencias en medio de la abundancia, la urbanización irracional.

   En uno de los cuentos, “El bosque sobre la autopista” (Ediciones de la Flor, 1976), Marcovaldo intenta paliar el frío que tiene su familia, pues en la noche del cuento se habían terminado las últimas astillas y sale a buscar leña. “Se puso cuatro o cinco diarios entre el saco y la camisa para hacerse una coraza contra los golpes de aire.” Calvino explica en el prefacio que escribe sus fábulas modernas de divagación cómico­ melancólica al margen del neorrealismo. Sus cuentos de Marcovaldo nacen cuando ya en Italia está agotado el tema de las familias pobres que no tienen nada para llevar a la mesa, la simple lucha por la supervivencia que tan bien documentó el neorrealismo en el cine y en la literatura. En esa Italia de los años sesenta el tema del hambre no se ha solucionado pero lo que denuncia la literatura ahora es la mercantilización de los valores humanos, la pérdida del sentido que convierte todo valor en términos de producción y consumo.

   En “El bosque sobre la autopista”, en el invierno helado de la posguerra, los niños confunden los grandes carteles publicitarios con los árboles de un bosque. La idea de salir a buscar un bosque en la ciudad la tiene Miguelito, el hijo menor de Marcovaldo que, lee un libro –sacado en préstamo en la biblioteca de la escuela, aclara Calvino-, sobre el hijo de un leñador que sale a juntar leña al bosque. Miguelito confunde a los árboles con los carteles luminosos de la autopista. El mismo Marcovaldo se suma a la empresa sorteando la mirada del policía y saca leña de los anuncios de madera terciada. “¿Libro para niños? ¿Libro para jóvenes? ¿Para adultos? Hemos visto cómo todos estos planos continuamente se entrecruzan. O más bien, ¿es un libro en el que el autor a través de la pantalla de estructuras narrativas simplísimas, expresa su propia relación, perpleja e interrogante, con el mundo?” Concluye en el prefacio.

   Otra fábula nos lleva a un bosque agredido por la sociedad industrial que construye una fábrica sobre la cueva a donde un oso se ha echado a hibernar. Se trata del cuento El oso que no lo era, escrito e ilustrado por Frank Tashlin, publicado por primera vez en 1946 y con sucesivas reediciones.

   Frank Tashlin, un norteamericano de  New Jersey fue en sus comienzos vendedor de periódicos y botones de un hotel, pero más tarde se convirtió en dibujante del equipo de Walt Disney y escribió varios guiones para las películas de Laurel y Hardy. Defensor de los oprimidos y marginados, escribió cuatro libros para niños llenos de humor y ternura, pero también con una denuncia implícita a la sociedad capitalista que deshumaniza al hombre.

   El oso del cuento al que nos referimos se despierta en primavera y encuentra que su cueva se ha convertido en una enorme fábrica. Es confundido con un obrero y nadie le cree que es un oso. “Usted es un hombre tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles”. Letanía que le van repitiendo el Capataz, el Gerente, el Vicepresidente, el Vicepresidente  Primero, el Presidente, los osos del zoológico y del circo. El oso sigue afirmando que sólo es un oso, pero se lo repiten tanto que al final pierde su personalidad y se suma al trabajo fabril despersonalizador. El Oso resiste hasta que la fábrica cierra y los obreros son despedidos. Vuelven a sus casas, pero el oso está solo y no tenía a dónde ir.  Como ve a una bandada de gansos que vuelan hacia el sur recuerda que el invierno está por llegar y busca una cueva para dormir durante toda la estación. No obstante, al trabajo de mentira sistemática al que había sido sometido (cualquier parecido con lo que los medios de comunicación hacen con la gente difundiendo noticias falsas es verdadero) dice: “Pero no puedo entrar en la cueva para invernar. No soy un oso. Soy un hombre, tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles.”

   Finalmente, en un acto de supervivencia, vuelve a sus raíces, escucha y lee lo que le dice el bosque y recupera su identidad.
   Estas tres obras, en donde el bosque y la sociedad urbana, industrial y consumista se muestran en contrapunto se alejan del estereotipo del bosque como aparece en los cuentos populares.

   Escondite de la bruja, lugar donde se abandonan niños, espacio de destierro o de desobediencia, escenario para ponerse a prueba y crecer, así ha sido contado el bosque en la literatura infantil por Perrault y los hermanos Greem. El locus horridus, tópico literario que viene de la cultura medieval en la que el bosque es un paisaje de complejo simbolismo, espacio de peligro, lleno de fieras, en especial lobos, territorio de temible oscuridad.

   Señala Bruno Bettelheim en sus libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas al referirse al bosque: “Desde tiempos inmemoriales, el bosque casi impenetrable en el que nos perdemos ha simbolizado el mundo tenebroso, oculto y casi recóndito de nuestro inconsciente. Si hemos perdido el marco de referencia que servía de estructura a nuestra vida anterior y debemos ahora encontrar el camino para volver a ser nosotros mismos, y hemos entrado en este terreno inhóspito con una personalidad aún no totalmente desarrollada, cuando consigamos salir de ahí, lo haremos con una estructura humana muy superior.”
   En los tres cuentos que hemos comentado, el bosque aparece como ese otro tópico de la literatura, locus amoenus, idealización de un mundo natural que la sociedad industrial, las ciudades de cemento y la aglomeración humana interceptan permanentemente para no permitirle al individuo encontrarse con su verdadero rostro.




sábado, 17 de agosto de 2019


CUESTIONARIO ENTREVISTA A LA ILUSTRADORA VIRGINIA PIÑÓN.




Otra de las áreas del mundo maravilloso de los libros y la LIJ, es por cierto la ilustración, el arte plástico acompañando a la palabra o siendo la ilustración misma el mensaje principal como nos sorprenden los libros álbum. Hoy nos encontramos en este cuestionario reportaje con el pensamiento de una gran ilustradora y miembro de nuestro Hormiguero: VIRGINIA PIÑÓN...!!!



Cuándo descubriste tu gusto por las artes plásticas? ¿Dibujabas de niña? ¿Provienes de una familia con sensibilidad artística?
En mi familia no había artistas, en realidad creo que había artistas frustrados, porque el don estaba en mi padre y mi tío. Sin embargo ellos no aprovecharon esa capacidad.
Mi gusto por el arte estuvo toda la vida; gozaba pintar tanto los mapas de geografía como dibujar a Hollie Hobbie en cada carta que enviaba en vacaciones.
En secundaria ayudaba a mis compañeras a aprobar la materia dibujo, rehaciéndoles sus trabajos. Sin embargo nunca pensé en que dibujar sería mi futuro hasta que un test vocacional me lo gritó bien fuerte para que me quedara claro.



¿Qué te aportaron tus estudios académicos de Bellas Artes ?
Bellas Artes me ayudó mucho a mirar, y a interpretar la realidad tal cual es. Hoy esa base me permite interpretar la realidad desde mi enfoque. Aunque también el estudio académico me ha generado ciertas trabas, que tratan de frenar mi libertad de expresión. Siempre tiendo al realismo, y a veces lucho para que no sea así. Aunque de repente me doy cuenta de que puedo usar ese realismo a mi favor, y mezclarlo con mi imaginación.
Durante algún tiempo fuiste y sos profesora de artes plásticas de niños. ¿Qué influencia tuvo esa etapa en tu quehacer profesional posterior?
Nunca fui profesora de artes plásticas. Hace 4 años empecé a dar talleres en escuelas del interior, escuelas que no tienen contacto directo con autores, y llevo mis libros y experiencias. Puedo decir que me ayuda muchísimo el contacto con los niños y niñas, cuando pienso en mis proyectos.



¿Qué te atrajo de la ilustración de libros para niños y cómo te insertaste profesionalmente en ese mundo?
Trabajé como diseñadora gráfica muchos años, y sólo pintaba para mí. Sentía que necesitaba mostrar al público lo que hacía, y fue entonces que empecé a tomar clases de ilustración, donde descubrí que el tema infantil era un mundo muy parecido a lo que venía pintando.

 


Cuando se observan las ilustraciones de tu etapa inicial y las más recientes, se intuye un largo camino de búsquedas expresivas y de maduración profesional. Hoy día posees un estilo muy personal y fácilmente reconocible. ¿Cómo llegaste a conseguirlo?

Soy una ilustradora que no se conforma con lo que hace. Cada vez que termino un libro siento que necesito probar algo nuevo. Por eso cada libro que hago es tan distinto al otro. Distinto en cuanto a la técnica o enfoque gráfico, sin embargo, hay algo que siempre es reconocible , y son dos cosas: el simbolismo y la expresión. Me gusta resumir una idea en una ilustración que te lleve más allá de lo que mirás, y por otro lado me enfoco mucho en lo que expresan los gestos de los personajes, ya sean humanos o no.

¿Con qué técnicas te sientes más a gusto, más vos?
Vivo probando técnicas, óleos, acrílicos, collages, sellos, aún no encontré la definitiva, pero hoy por hoy es la digital.


¿Qué esperas del lector que se enfrenta a tus imágenes gráficas?
Que sienta algo al verlas. Que no siga de largo.

¿En qué género te sientes más cómoda ilustrando: poesía o narrativa? ¿Tienen exigencias diferentes para ti?
Ilustrar poesía es difícil, pero te hace volar. Sin embargo lo que más me gusta es poner poesía a la narrativa.



¿Qué libros de los que has realizado sentís que representan mejor tus búsquedas como creadora?
Helena y Lilla, Irulana y el Ogronte, El oso marrón, y mi último libro: ¿Lista?

 
¿Qué creadores han marcado tu trabajo, bien como referentes o como paradigmas?
Si bien no puedo decir que hayan marcado mi trabajo porque por más que lo he intentado no he podido aplicar su estilo, miro mucho a Rebecca Dautremer, Jorge González, Pablo Auladel, Marjorie Pourchet.






¿Cómo concibes la relación escritor-ilustrador-editor?
El editor juega el papel más importante. Tiene que saber manejar al grupo. A veces la relación escritor-ilustrador es muy beneficiosa, y a veces no tanto. Todo va a depender cómo maneja el trabajo el editor. Una  buena relación con el editor ayuda a trabajar mejor.



¿Qué elementos de un texto son importantes para vos a la hora de acercarte a él plásticamente?
El sentimiento que me transmite la historia.
El oso marrón me llevó a mi infancia, 40 años atrás, por eso utilicé los colores sepias y un estilo más realista.
De todos modos, también influye mi búsqueda personal en ese momento, que a veces no tiene que ver con la historia. Siempre y cuando no la distorsione.

Cuando miras hacia atrás tu obra publicada, ¿qué piensas de ella?
Pienso que no sé cómo llegué a tener más de 50 libros publicados. Algunos de ellos me sorprenden y me alegra. Sin embargo siento que tengo mucho por aprender, probar y descubrir.

¿Qué libro te gustaría ilustrar?
Uno que aún no existe, uno que salga de mi imaginación.


GRACIAS….!!!


@ Bibliotecario Eduardo Raúl Burattini


CUESTIONARIO ENTREVISTA A LA NARRADORA CLAUDIA MACCHI.

El Hormiguero sigue con su recorrida por los senderos de la LIJ..., y en uno de ellos se encuentra nada más ni nada menos que con la docente y narradora (una artista) de la Palabra, la Narración CLAUDIA MACCHI..., acá están sus miradas sobre esta profesión que vibra en su acción, en su puesta en escena y en su corazón...!!!



-¿Cómo y cuándo descubriste que tu destino estaba ligado a la transmisión de la cultura a través de la oralidad?
Desde siempre amé contar cuentos, no sólo a mis hijos sino en mi trabajo en el Jardín de Infantes. Pero fue recién en el 2002 que lo estudie en forma sistemática y comprendí que éste era un camino sin retorno, una pasión que me acompañaría a lo largo de mi vida.

-¿Con quién aprendiste a narrar?
Hice una Tecnicatura en Narración Oral en el Instituto ADENO, en capital. Me perfeccioné con Maryta Berenguer, Beatriz Montero, Juan Parodi, Ana María Bobo, Claudio Ledezma entre otros

-¿Narrás para niños y adultos? En caso afirmativo ¿Cuál es la diferencia?
Narro para todo público. Si bien me especialice en “niños” últimamente estoy presentando espectáculos para adultos. Básicamente los cuentos no tienen edad, pueden ser escuchados por todos los grupos etarios. A excepción de aquéllos cuya temática no sea adecuada para los niños. La diferencia entre narrar a unos u otros, radica fundamentalmente, en el uso  del cuerpo. En el caso del adulto se trabaja más con las expresiones de la cara, la mirada y la voz, en tanto que el niño disfruta más cuando se compromete todo el cuerpo, ya que los ayuda a imaginar.

-¿Tu principal defecto? ¿Tu mayor virtud? (como narradora)
Mi principal defecto es no cuidarme la voz. Debería hacer más trabajo con la misma para no exigirla tanto. Mi mayor virtud es la empatía, poder leer al público y entrar en complicidad con el mismo.

-¿Cómo seleccionas tu repertorio?
Leyendo hasta el cansancio. Busco en antologías, cuentos completos de algún autor, busco en bibliotecas…  Suelo tener varios libros “en espera”  que voy leyendo de a poco y marcándolos para tenerlos en cuenta cuando los necesite



-¿Qué historias no debería desconocer ningún niño?
Simplemente a ningún niño le debe faltar quien le cuente. Para mí son importantes, no solo los cuentos clásicos o literarios, sino las “historias de vida” de su familia. Es fundamental que los niños conozcan sus raíces.

¿Cuál fue el primer cuento que narraste en público?
La familia de la soga, de Graciela Montes. (lo narré en un acto de fin de año en el Jardín de Infantes  donde trabajaba) y para niños… ya ni me acuerdo, fueron tantos y a lo largo de tantos años…..

-Te convocan frecuentemente a realizar narraciones en las escuelas ¿Qué le piden los maestros a un espectáculo de narración? ¿Qué valorizan los chicos?
Si, me convocan (no tanto como quisiera, ya que las instituciones no quieren pagar nuestro trabajo…. Ese es un tema a tratar en otro momento) En general, los maestros no tienen mucha idea de qué se trata un espectáculo de narración. Se sorprenden que los chicos queden pasmados ante la sola palabra. Se nota mucho cuando los niños están acostumbrados a escuchar. A los nenes les fascinan las historias de terror, o de aventuras.

-¿Cómo describirías el panorama actual de la narración oral en   Argentina?
Creo que en esta época hay muchos “narradores” que se largan a hacerlo sin tener el suficiente conocimiento, que con haber concurrido a un taller ya creen que son capaces.  Narrar para público infantil es cosa muy seria y difícil, que requiere mucho trabajo previo, mucho ensayo, mucha lectura.



-¿Se puede vivir en nuestro país siendo cuentacuentos?
Hay gente que vive de este trabajo, pero son los menos. Yo personalmente no puedo.  

-¿Qué público te demanda mayor esfuerzo a la hora de narrar? ¿El público infantil o el público adulto?
El público infantil es el más exigente, si no les gusta o no pueden seguir la historia, lo demuestran moviéndose, molestando al compañero, dialogando etc. El adulto, en tanto, pone la oreja y si la historia no lo atrapa, vuela hacia otra parte con el pensamiento. Por eso es tan importante “leer” al público, conectarse con la mirada, ver cómo están, si reaccionan o no a determinados estímulos…. Todo ello nos dará la pauta para saber si vamos por buen camino o no.

Agradezco infinitamente a Eduardo Buratini y al equipo del “hormiguero” por permitirme participar de su blog. Exitos en este nuevo emprendimiento
Cariñosamente
Claudia Macchi


@ Eduardo R. Burattini




Gustavo Roldán: desandar los pasos hasta el Edén”

 por Adrián Ferrero



     Creo yo que para Gustavo Roldán (1935-2012) regresar a su Monte Chaqueño natal a través de su poética ha sido una de las constantes que más señaladamente lo marcaron como productor cultural. Desde la dimensión de los argumentos, de la construcción de personajes, del escenario naturalmente en el marco en el que los ubicó. Pero también desde el plano de una clase singular de voz que debió construir.


     Hubo en Gustavo Roldán con esta incuestionable galería de personajes que fueron los animales y algunos aborígenes (junto con su cosmovisión) la encarnación de una búsqueda obstinada por reponer la voz que mencioné que o había sido liquidada, o había sido amordazada o simplemente no existía porque se trataba de una del orden de lo imaginario.

     En efecto, Roldán apostó a encontrar el tono justo para dotar a esas multiplicidad facetada que constituía la fauna y la flora de su Chaco originario de una cierta clase de representación literaria también que diera cuenta de lo que contenía de trágico, de pícaro, de humorístico y de ese conjunto dramático de carencias (que jamás ocultó, porque también involucraba violencias e injusticias objetables).

     También de toda la dimensión creativa a la que apostó que no tuvo que ver con hacer de su poética un espejo de esa toponimia sino más bien una zona de la cual tomar como punto de partida ciertos elementos para luego echar a volar hacia otras fronteras de relato que tenían que ver con la imaginación propiamente dicha y no tanto con reconstruir lo que había vivido o visto. Sino con la invención de un panorama novedoso. Esas “fábulas” que nada tenían que ver con las de Esopo, La Fontaine u otros autores que acudieron a la figuración de animales para encarnar defectos y virtudes, no encontraron en Gustavo Roldán precisamente ecos ni resonancias. Porque si a algo estuvo atento Roldán fue a no permitir ni permitirse que su literatura convirtiera al paisaje de una zona rica en exotismo para la literatura centralizada de una ciudad como Buenos Aires ávida por encontrar turismo literario. O bien un territorio de virtudes y defectos con sede en algún punto del país que no fuera su geografía escueta. Ese es el flanco débil perfecto que hubiera ofrecido para que su poética fuera desautorizada. Muy por el contrario, su poética se concentró en otra especie literaria.  Fundamentalmente cuentista, estos personajes llenos de ocurrencias y de afanosas aventuras son de naturaleza completamente sincera y jamás se proponen nada que no sea hacer o vivir. También pensar. Porque se trata en el caso de Roldán siempre de una apuesta a la libertad. La poética de Roldán es simple sin ser jamás simplista. Porque acude de modo elocuente a un tipo de imaginación narrativamente atractiva desde el punto de vista de la acción pero también de la exigencia y su poética deviene ética. Ética de la literatura, porque de modo indeclinable hay cuestiones que para él no se negocian. Y ética de un humanismo que va tras el reconocimiento de la alteridad procurando una intervención potente en el orden de lo solidario para con las personas.

     Hay presente en Gustavo Roldán (y su trayectoria permite comprobarlo) una problematización de dos nociones definidas habitualmente en términos fáciles sobre las que varios de los estudios y creadores de literatura así llamada infantil estamos dando una dura batalla. En primer lugar que de una vez por todas se eliminen los ghettos que dividen “alta literatura” o “alta cultura” de las “literaturas menores” dentro de las cuales entra naturalmente la así llamada infantil y la juvenil. Por otro lado, siendo oriundo y escribiendo sobre el Gran Chaco, sus habitantes humanos, su fauna y su flora, está la otra gran batalla de Roldán: la bizantina y patética distinción entre “literatura de Bs. As.” y la “del interior” en un país altamente centralizado. Pero Roldán es astuto y no cae en la celada. Como el gran escritor jujeño Héctor Tizón, sabe que la excelencia literaria no subyace a una toponimia ni temática ni está alojada en un espacio nacional físico concreto. Sino que se cifra en un uso diestro y talentoso de la lengua literaria y sus procedimientos y recursos. Debemos a la inspiración de sus argumentos entonces esta otra ruptura tan impresionante como imprescindible. La de destruir los juicios llenos de prejuicios acerca de centro y periferia. Literatura de Bs. As. versus la que se produce desde cualquier zona del país con espíritu creativo y original. Por otra parte, con el espíritu de lo local (como motivo relativo a la fauna, la flora y el paisaje rural chaqueño) se puede concretar un proyecto novedoso, gratificante e inteligente. Gustavo Roldán se movió en este sismo entonces cuyas grietas siempre dividieron al arte literario argentino. Literatura infantil del interior versus literatura para adultos realizada y pensada por autores y para un público de Buenos Aires. Puntos de vista, bien mirados, no solo estrechos, sino profundamente egoístas además de egocéntricos.

     Y hubiera sido muy sencillo (y a este punto peligroso Roldán estuvo muy atento) incurrir en un localismo regionalista sin retorno. Es por eso que sus historias siempre ambientadas en el Gran Chaco siempre están hablando de muchas cosas. De cosas que le preocupan y que exceden el mero paisajismo ambiental o sus problemáticas más elementales.

     Por otra parte, en su libro “Cuentos que cuentan los indios” (1991), Gustavo Roldán rescató luego de una profunda y migrante investigación antropológica de campo el sustrato aborigen del Gran Chaco Argentino que había sido su tierra natal, como dije. Así, restituía la dignidad a las culturas toba, de los matacos y guaraníes que se apresuró a afirmar no convenía confundir sino preservar en toda su diversidad  tanto de pueblos como de lenguas y confirmó un dato fundamental: que habían sido en varios casos enemigas entre ellas. De modo que tampoco idealizó a esos pueblos. Las pensó en cambio a estas tribus como a personas de una cultura prehispánica con una cultura cuyos cuentos, mitos y leyendas de modo honesto rescataba y en un Prólogo aclaratorio se refirió a varios puntos. Allí explicaba el conjunto de mediaciones que había habido hasta llegar a la versión definitiva del libro. Y cómo se había encontrado incluso con versiones documentales que no coincidían, motivo por el cual había debido tomar decisiones que involucraban incluso variables éticas, políticas y, en un punto, de naturaleza ideológica. Gustavo Roldán fue honesto y jamás ocultó que estaba realizando un trabajo que involucraba el manejo de fuentes que suponía una labor de orden complejo si uno lo hacía de modo respetuoso. No le interesaba “escribir un cuento sobre los indios” sino, en cambio, recuperar esa riqueza infinita que habían sido las culturas literarias orales de esos pueblos prehispánicos que ahora en algunos casos circulaban en español a través, lo repito, de numerosas mediaciones. Ellas neutralizaban esa identidad tan preciosa en diversos matices.

     Regresar al Gran Chaco fue para Gustavo Roldán (es decir, escribir y poner en ejecución todo su proyecto) una suerte de regreso al Edén. Ese del que nunca debimos haber salido o permitido que nos arrancaran. Un Edén que para cada uno de nosotros es distinto. Porque se aloja en un espacio (también en el orden de las representaciones simbólicas) que no es el mismo. Pero del que tarde o temprano nos expulsan, nos guste o no, o nos vemos obligados a salir. Aunque hagamos berrinches y procuremos resistirnos a semejante acto de violencia simbólica e incluso material en ciertos casos. Porque nos priva de nuestros orígenes y nos mutila definitivamente de nuestra historia y de nuestra Historia. De ambas. Porque precisamente allí está lo más precioso de una persona. De su identidad.  En efecto, es en este punto en donde “El mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados”. Y remata Roldán con su cita en uno de sus cuentos con el final de la brutal frase de Adolfo Bioy Casares: “Entiendo que subestima la estupidez”. Ya ven, hay aquí lugar incluso para cruces, diálogos, intersecciones, tramas, que no son precisamente lo que se dice unívocas, estereotípicas ni lineales. Para Gustavo Roldán la literatura y las poéticas tanto como sus lecturas admiten y hasta exigen múltiples recorridos, itinerarios, tránsitos. Así, Roldán lograba que la voz tonante de Bioy, hacedor de milagros que suelen acontecer en islas fabulosas o  bien en una aristocrática Bs. As., en una Europa tradicional o bien el campo chic argentino (una voz de autoridad en el campo intelectual argentino y el canon nacional)  se mezclara con la de los animales del Monte Chaqueño. Además de este otro paisaje “plebeyo”, si se quiere, Roldán hacía dialogar a dos poéticas no diría antagónicas pero cuyas miras estaban puestas en distintos objetivos. Estos milagros que cruzan la así llamadas “alta literatura” o “alta cultura” con una  ¿“literatura menor”? a ojos de muchos, como la así llamada “literatura infantil”, que debería mostrarse supuestamente resentida, o bien apartarse rencorosa de la primera, al igual que “la del interior” por no disponer de la misma acogida porteña era inadmisible para Roldán. Se trataba de falsas dicotomías. Disyuntivas para las que no estaba dispuesto a prestarse. Por otra parte, hasta donde puedo apreciar de su persona, su carácter combativo (pero jamás necio) lo conducía hacia el campo utópico de una poética que aspiraba a ideales más que a mezquinas peleas facciosas. En verdad, como vemos, Gustavo Roldán procede de modo completamente opuesto y da una lección de modestia además de una lección de inteligencia y de grandeza. De alianza perpetua en torno de la literatura considerada como totalidad indestructible. Demostrando no solo su integridad de hombre de letras sino hasta su astucia, traza esa figura en el tapiz sin afectaciones en una pirueta maestra. Este enorme escritor, ganador del Primer Premio Nacional de Literatura, Tercer Premio Nacional de Literatura, Premio Konex por la totalidad de su obra y Premio Fondo Nacional de las Artes, entre varios otros, es reconocido por una trayectoria tan coherente como impecable. Todo conduce a pensar que de todas formas la escritura para Gustavo Roldán es otra cosa. Se trata de algo completamente diferente. Es un oficio ligado estrechamente a la ética. Es un trabajo pero también es un conjunto de ideales y principios inamovibles que se negocian. No hubo, resulta evidente, narcisismo alguno en su persona, por más que haya habido satisfacciones (lo que es muy distinto) en función de la misión cumplida reconocida por el prójimo con una cierta autoridad. Y estos premios pienso que no lo terminaron de convencer porque para él la literatura más que ganar premios era escribir y era restituir la dignidad a quienes padecían u olvido o silencio desde también desde el universo de los significados sociales y geopolíticos. 

     Afirma Gustavo Roldán en un breve paratexto de su libro “Prohibido el elefante” (1988) con estas o parecidas palabras (además de en uno de los cuentos las arriba citadas de Bioy) que las naves espaciales son estupendas para volar y ser admiradas, pero que además de mirar hacia arriba resulta conveniente mirar hacia los costados. Así uno no se olvida de qué y quiénes lo rodean. Es por eso que él, que se crió en el Monte Chaqueño, trepado sobre los árboles y jugando con los animales a la hora de la siesta, aprendiendo a conocer sus costumbres, nombres y lenguajes, amó su tierra. Roldán reunía en esa infancia en libertad el sustrato que, macerando en su interior, daría por resultado luego el conjunto de una poética personalísima. Y que estimo sobresaliente en  nuestro panorama nacional y latinoamericano.

    Gustavo Roldán da esa vuelta de tuerca maestra que logra que un creador sea un gran creador. Y su poética deviene entonces ese espacio de enunciación exigente para registrar un panorama tan amplio que de modo inclusivo abarca, es cierto, un paisaje. Pero defiende sobre todo, aquello que de modo casi militante Italo Calvino y Borges postularon: el amor por contar historias, por la fábula. Su abordaje prosigue esas premisas. Contar historias astutas, trágicas, humorísticas y llenas de picardía. Ese permitirse narrar sin procurar persuadir con parábolas edificantes ni pedagogías insulsas o, por qué no, arriesgaría que hasta sugestivas e impactantes. Esas que pueden resultar un espectáculo resonante pero no tienen lugar para la franqueza de un alma humilde y de una poética que postuló una antropología de lo noble de manera indoblegable. Aquí se trata de hacer otra cosa, que ahora que lo pienso es en verdad hacer literatura en su estado más primordial: narrar sin otra expectativa más que esa. A lo sumo de formar y de informar sobre cuestiones alarmantes sobre las que sí hacía falta reflexionar.

     Así, Gustavo Roldán nos regala una escritura, diría yo, de orden totalmente gratuito (¿de veras?), porque no aspira al mensaje pedagógico. Deja que otros lean y se conmuevan con historias engañosamente transparentes.  Y con ese arraigo que no solo no lo avergüenza sino lo enorgullece, Gustavo Roldán marcha al encuentro de su tan merecido Edén: el Gran Chaco Argentino. El destino más perenne.

viernes, 2 de agosto de 2019

Relectura de "El Eternauta en el centenario del nacimiento de Héctor Germán Oesterheld

OTRA VEZ LA NEVADA MORTAL

@ María Cristina Alonso


El Eternauta es -como lo han señalado muchos de sus lectores más agudos- una de las historias más originales, acaso la mejor de ciencia ficción de la Argentina. Releída una y otra vez cabe preguntar qué conexiones tiene esta historia -escrita en la década del 50- con los lectores del siglo XXI, apasionados por la tecnología.

El Eternauta le habla a la sociedad paranoica en la que estamos inmersos. Los jóvenes viven en un mundo que los acecha. Los medios de comunicación nos quieren hacer creer que vivimos en una sociedad llena de peligros. Que el peligro invade los hogares, o nos toma por sorpresa cuando salimos a la calle. El afuera, nos dicen los noticieros, nos lo dice la realidad, es un territorio de crueldades, de violencia. Ni siquiera en el espacio confortable de la casa se está seguro. La realidad nos impone a todos, un desasosiego insoportable. La historieta de Oesterneld dice otra cosa diferente de la que trasmiten los comunicadores: Si hay peligro, nos juntamos, estrechamos lazos, nos solidarizamos.

La aventura comienza en dos espacios donde los personajes crean, inventan. El cuarto de trabajo del narrador guionista, atestado de libros, y el escritorio donde está la silla que cruje y donde se corporizará el Eternauta. El otro es la buhardilla de Juan Salvo. Ambos lugares nos ubican en un mundo que hoy parece olvidado. El de la escritura a mano y el de los hobbies desplegados por varones habilidosos que, en la década del 50 eran lectores de las revistas Mecánica popular o Hobbies, antiguallas incomprensibles para los hombres u las mujeres de hoy, atentos a los avances tecnológicos pero que acaso no saben cómo se usa un martillo para clavar un clavo.
En la buhardilla de Juan, los amigos se reúnen no solo para jugar al truco sino para dar rienda suelta a sus pasiones e intereses. El profesor Faballi y su entusiasmo por la electrónica compartida con Lucas Herber que, además se empeña en construir él solo un contador Geiger de diseño propio y Polsky, que utiliza el espacio de Juan para construir violines.

Esa heterogénea buhardilla que Juan y sus amigos llamaban laboratorio nos habla de un mundo que se construía con habilidades y sueños que hoy parecen extemporáneos.
El tema de la invasión, tan transitado, ofrece aquí otras lecciones. Los héroes de Oesterheld no son seres superiores, sino argentinos normales, gente común que se enfrenta con un enemigo que casi es innombrable, con el Mal.
El mundo parece estar en equilibrio. La gente va a su trabajo, al cine, realiza sus tareas cotidianas. Pero, de pronto, algo que viene desde el exterior pone en peligro la paz del planeta. Es la invasión, la amenaza extraterrestre, la confirmación de que no hay armonía que dure, de que el enemigo siempre está al acecho y los hombres están indefensos en este mundo insignificante, perdido en el universo.

Es la manera con que se contó desde los primeros tiempos de la ciencia- ficción la amenaza absoluta, la fragilidad de la tierra frente al otro, al desconocido que viene, casi siempre para destruir y someter. H. G..Wells narró esta situación límite en un libro que aún hoy se lee con inquietud, La guerra de los mundos. Una invasión de marcianos a Londres iniciada con el lanzamiento de cilindros metálicos desde Marte, que se abren para dejar salir a los marcianos con aspecto de pulpos gigantes.

Desde entonces, las novelas, el cine y la historieta se empeñaron en reeditar una y otra vez esa situación espeluznante. En muy pocos casos los invasores llegan en son de paz, con fines altruistas. Oesterheld, en El Eternauta, la contó otra vez, pero allí no hay una fe ciega en la capacidad del ser humano por salir airoso de las acechanzas del espacio. Allí la historia termina mal, pero rescata, como no lo hacían las historietas en boga, la solidaridad de los héroes anónimos que juntan sus esfuerzos para sobrevivir. 

Es que Héctor Germán Oesterheld tiene confianza en el héroe colectivo. Él decía que siempre le había fascinado leer Robinsón Crusoe, y que El Eternauta es su versión de esa novela escrita por Daniel Defoe en el siglo XVIII. En esta historieta el héroe verdadero es el héroe colectivo, el hombre “en grupo”. Aquí está el nudo de lo que debemos destacar en este libro. La idea que puede trasladarse al mundo de hoy. Un mundo en que no ya los extraterrestres, pero sí la manipulación de los medios, la miseria, la desigualdad, la corrupción, la violencia parecen haber trastocado todas las relaciones sociales.

Estamos, entonces en esa noche, con Juan Salvo y sus amigos. Gente común, que juega al truco, que gusta de placeres simples, que lo que menos espera es que de pronto el mundo se vuelva silencioso y empiece a caer una nevada mortal.
Pero cuando esta cae, los personajes descubren que están solos y deben resolver los misterios y el peligro que los acecha juntándose, organizándose, cumpliendo cada uno una función específica con los objetos que tienen a mano. Todos tienen saberes que ahora es necesarios desplegar. Como Robinson en su isla, pero rodeados de muerte. De simples habitantes del barrio de Villa Crespo pasan rápidamente a convertirse en héroes improvisados. Es el momento en que comienza la lucha por sobrevivir.

Y el Mal es difuso, ni siquiera tiene nombre. Son los “Ellos” que, en la segunda versión desnudan conflictos que padecemos. Los extraterrestres han pactado con las grandes potencias y han entregado a Latinoamérica. Eso en los años sesenta se llamaba imperialismo; hoy, injusta globalización.
Peor aún, los “Ellos” no actúan directamente. Tienen sus emisarios, otros seres interplanetarios a los que han sometido: los manos, los gurbos, los cascarudos. Finalmente los hombres robots que, merced a un teledirector implantado, cumplen sus órdenes.


Desde el territorio de la ficción, la realidad suele alumbrase misteriosamente. Como el guionista que escucha el relato de Juan Salvo sólo nos queda preguntar: ¿Será posible? Y lo es.

Derechos de los chicos





por Eduardo Raúl Burattini

La protección y el cuidado de las niñas y los niños del mundo no sólo es responsabilidad de sus familias, es obligación de todos, de cada uno de nosotros y por ende del ESTADO.



GRANDES DERECHOS

La Convención de los Derechos del Niño es un acuerdo entre muchos países, que reconoce al NIÑO/NIÑA como sujeto de derecho, les reconoce a los niños y niñas los "derechos humanos", los derechos que tienen por el hecho de ser menores, es así que hemos querido sumarnos a los esfuerzos que hace las NACIONES UNIDAS PARA LA INFANCIA (Unicef) para su divulgación, para su cumplimiento y difusión, y lo hemos hecho uniéndonos a la Campaña #PorTodosMisCompañeros, con hermosas ilustraciones que acompañan a cada uno de los Derechos establecidos para la defensa de la vida y el desarrollo físico, psíquico, intelectual y espiritual de los NIÑOS y NIÑAS de nuestro personaje LA HORMIGUITA VIAJERA realizadas cada una de estas ilustraciones por la artista plástica VIRGINIA PIÑÓN...!!!



No, no..., y no...!!! por Julio Cortázar en la Campaña Libros por la Paz, Agenda ODS - 2030, NACIONES UNIDAS.

  Desde la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA de Virrey del Pino, La Matanza, ARGENTINA, seguimos compartiendo textos y libros, en esta Campaña...