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jueves, 23 de marzo de 2023

MEMORIAS DEL BOSQUE (recordando el 24 de Marzo de 1976)

 


Por  Manuel Camilo García Burattini (*)


Era una noche en el bosque. Hacìa frìo y el silencio era irreal. En un árbol, en su tronco, protegiéndose del frìo, vivía una familia de cuervos. Papà cuervo preparaba la cena, mamà cuervo empollaba el huevo y el joven cuervo recogía palitos. El problema era que estaba afuera, y sus padres ya le habían advertido que debía volver antes de que se hiciera de noche.




El joven miraba a sus costados cada vez que recogía un palito. Sin embargo, con la misma precaución, unos ojos se posaban sobre él. Cuando se inclinó para agarrar su último palito, escuchó un crac en el medio de la noche. Con el corazón acelerado, emprendió vuelo. La noche helaba cualquier alma. El afuera era el terror. De repente, cayó. Una bala en el medio del pecho. Dio un último graznido.

La luna iluminaba su cuerpo y el del otro, que tenía el fusil en la mano y un perro de compañía. Su cuerpo desapareció en el medio de la noche.

Solo habían pasado unos días desde la llegada del cazador, pero el terror había llegado desde antes.

Familias destruidas. Nidos vacìos.

La mamá perdió a su niño y a su huevo pero no era la única.




Se unieron. Ya no le temerían al silencio.

Una noche como tantas, el cazador salió a hacer lo de siempre: cazar. Pero esta vez lo rodearon los animales del bosque. Ya sin miedo. Nunca más estarían solos. Nunca más serían víctimas.


(*) Manuel Camilo García Burattini es un adolescente de 15 años, que ha comenzado a recorrer los senderos de la escritura creativa. Ávido lector y precoz creador.

martes, 21 de marzo de 2023

Día Mundial de la Poesía: Poeta María Laura Burattini





Dice Denise Levertov: Yo miro y miro./Mirar es un modo de ser: uno se vuelve,/a veces, un par de ojos que caminan./Caminan dondequiera que mirar te lleve./ Los ojos/ cavan túneles en el mundo.
Es para mí una excelente definición. Yo soy muy observadora. En esos túneles, encuentro mucho material para mis poemas.
Mi mirada siempre se posa en los detalles. Generalmente es un recorte, un ángulo lo que me atrae. Puede ser un paisaje, las relaciones humanas, una conversación, algún elemento de la naturaleza pero, por lo general, es un pedacito el que me convoca y al que atiendo. Un rayo de sol, el modo en que una persona apoya una taza sobre la mesa, una frase o una tarde de verano. Soy muy curiosa y mucho de lo que pasa por mis sentidos, me asombra. De ahí llegan las palabras, las frases, las imágenes que resuenan en mi mente y reflejo - o intento volcar- en los poemas. 

Un poema no siempre es el producto de la atención que presto sino que, en un primer momento, son sonidos o imágenes que me sorprenden azarosamente. Luego, se van acomodando hasta formar una trama. Ese es el momento en que tengo que dejarlas ir. Ahí resulta el trabajo de escribir y luego, por supuesto, el de revisar y corregir. Disfruto mucho de la búsqueda y del descubrimiento. No hay desconsuelo sino puro disfrute en la tarea de tender puentes. 





Escribir es una tarea artesanal. Eso es lo que hago: encastro, pulo, pruebo, emprolijo. Siempre hay asombro. Muchas veces el poema dice algo más, algo diferente a lo que primariamente intentaba contar. Además, siempre pudo haber sido diferente. No hay una versión definitiva sino la que uno deja ir cuando entiende que, como decía Verlaine, la palabra tiene algo del temblor del alma, cuando la palabra invita a la aventura. 

¿La sensación con el cuerpo? Cuando logro el poema, la respiración se acomoda y la sensación es de satisfacción, de cumplimiento. No es una tarea catártica, no. Corrijo a medida que escribo pero una vez concluido el poema, hay nuevas correcciones hasta lograr la versión que reúne los matices, la versión que uno deja de corregir, como decía Borges. 




Me gustaría compartir algo que Paul Verlaine enseña en su Arte Poética y que me parece esencial:

En la elección de tus palabras/Tienes que ser remiso:/Nada mejor que el canto gris/Que une lo Indeciso a lo Preciso./La intensa claridad del mediodía/Se vuelve dulce si es de otoño el cielo,/¡Ese amasijo azul de las estrellas!/Son más bellos los ojos tras el velo./Porque el matiz queremos todavía,/¡Y tan sólo el matiz, nunca el Color!/ ¡Oh, matiz, nuestra única esperanza,/Sueño en el sueño y canto en el rumor!


Poemas


VERANO

Estas ganas de aguacero
en los cristales
como el índice de Ariadna
dibuja
sinuoso
una máscara.

Tanta orfandad de fresco
de carozo y siesta
que rogamos lluvia.

El aire se aturde
de chicharras.

Mientras tanto
nos sometemos
al laberinto ahogado
de la espera.

***

SOLEDAD

Como los cañones y el silencio,
las nervaduras en el follaje
y la música que inunda los vientos,
andamos juntos.

Como dos huéspedes
que ahogan el espanto
en una taza de té.

A la mesa de un bar,
nos celebramos.


***

VIAJERA

Vuelve encantadora
a fraguar esta tarde
aún en llamas.

Un haz de colores
atraviesa
la lágrima carnal
de la inconsciencia.

Revivo en los dientes
esa duda
que tensa
imperiosa
mi sigilo
y acabo
en la espesura de los vientos
como un capullo incierto a la deriva.


***

LA SED

Una tarde
transcurre
frente al iris
que nos observa
juntos.

Compartimos la música.

Las caricias
son un tormento
débil atroz desesperado
una búsqueda,
un interrogante.

He guardado,
en el fondo de una caja,
la memoria.

La sangre no es de porcelana.


María Laura Burattini






Nací en Buenos Aires un 17 de noviembre de 1968 en la ciudad de Buenos Aires y decidieron llamarme María Laura, sin mayores discusiones. Me recibí de abogada y me animo a compartir saberes en las aulas universitarias. 
Nunca se me dio por treparme a los árboles ni por andar en bicicleta. En cambio, toda mi vida disfruté de la lectura y de escribir. 
Asistí a talleres de escritura y algunos de mis textos han formado parte de antologías varias.
Otros han sido ilustrados por los alumnos de la cátedra de ilustración –Lenguaje Visual 3- de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), lo que dio lugar a la confección de libros que han sido donados a distintas entidades de bien público. 
En diciembre 2019, asistí como poeta invitada al I Festival Internacional de Poesía de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Mi primer poemario El fondo de la caja acaba de ser publicado por la editorial Ediciones en Danza en Buenos Aires.   
mail de contacto: mlburattini@gmail.com

lunes, 13 de marzo de 2023

Las iluminadas páginas de Ray Bradbury

 

Por María Cristina Alonso 

A los doce años yo ya había leído casi todo lo publicado por la editorial Minotauro de Ray Bradbury. En las noches de verano, cuando todos se iban a dormir suspirando por el calor y los mosquitos yo me quedaba con la luz del velador encendida recorriendo junto a Montag esa pesadilla que era un mundo en el que los libros estaban prohibidos y eran quemados. Me gustaba sobre todo Clarisse Mac Clellan, la chica que de alguna manera le abre los ojos a ese futuro lector que es el bombero cuando aún no sabe que la lectura le dará vuelta su concepción del mundo y me indignaba con Mildred, su mujer, que era una boba mirando la televisión mural y tomando pastillas para soportar su vida alienada. Bradbury imaginaba en 1953 lo que vemos a diario en el siglo XXI: gente ausente mirando sus pantallas de celulares o riéndose de los payasos inconsistentes de la televisión. Quema de libros también hemos visto durante la dictadura. Así que en aquella novela leída en la adolescencia, “Farenheit 451” ya estaba nuestro mundo de hoy. Esas cosas tiene la ciencia ficción, nos cuenta el futuro cuando todavía no ha llegado.

Pero también estaban los cuentos melancólicos de “El país de octubre”. “El lago” narraba una historia triste de un adulto que reencontraba en la playa a la niña ahogada en un fin de verano de su infancia, intacta como cuando desapareció y junto a ella un castillo de arena sin terminar, y luego se alejaba sin volver la cabeza para no ver cómo las olas lo deshacían, “como se deshacen todas las cosas”. O el cuento de la ciudad muerta debajo de la ciudad real, un mundo al que se accedía por las alcantarillas los días de lluvia, un mundo que llamaba y llamaba y llevaba los cuerpos de los amantes que se encontraban después de muertos.

También recuerdo el cuento “Sol y sombra” de “Las doradas manzanas del sol”, donde Ricardo, un hombre de un poblado que se resiste a ser parte del escenario de un fotógrafo que hace fotos a una modela buscando en las grietas de las casas y la pobreza del barrio un escenario pintoresco, y se baja los pantalones para reafirmar su dignidad.

Y por no hablar de lo que me fascinaba en los primeros años de los 70, cuando el tema de los ovnis y de los extraterrestres era habitual en los diarios, leer “Crónicas Marcianas”, donde se contaba la colonización y el despojo de un mundo bello y melancólico para sustituirlo por quioscos de panchos y gasolineras. De ese libro, “Encuentro nocturno” me sigue pareciendo terriblemente bello. Dos hombres de épocas distantes se encuentran en el milagro de una noche de fiesta. El hombre que ha bajado del cohete y el marciano, ambos van a fiestas distintas, no saben en definitiva quién pertenece al pasado y quién al presente, porque en el mundo de Bradbury la magia disuelve toda certeza.

Bradbury fue mi infancia, me entrenó como lectora, me creó el deseo de contar historias melancólicas en las que una sirena llama desesperadamente desde las profundidad de un abismo (“La sirena”) o una vieja fascinante que enamora con sus relatos a un periodista que no ha salido nunca del pueblo, porque el muchacho puede ver todavía las plumas del cisne en las fauces del dragón.

Y así podría seguir citando de memoria otros cuentos que iluminaron mi vida, porque como la espalda del hombre ilustrado esas imágenes que fluyen de la escritura de Bradbury siguen moviéndose y armando otras historias en mi mente. Cuentos para nada inocentes, cuentos que, muerto su autor, seguirán en la memoria de los que lo hemos leído con fervor adolescente y lo releemos ahora para comprobar que los hilos de seda, las arañas de oro y las lunas mellizas, el lago de vino verde y las barcazas que recorren un mundo extinguido, son parte de la resistencia de la imaginación frente a la alienación tecnológica.

Releo la contratapa de Farenheit 451: “Mientras escribía Farenheit 451 pensé que estaba hablando de un mundo que aparecería dentro de cuatro o cinco décadas. Pero hace sólo cuatro semanas, una noche en Beverly Hill, un hombre y una mujer se cruzaron conmigo, paseando un perro. Me quedé mirándolos, absolutamente estupecfacto. La mujer llevaba en la mano un aparato radio del tamaño de un paquete de cigarrillos con una antena que temblaba en el aire. Unos alambrecitos de cobre salían del aparato y terminaban en un conito que la mujer llevaba en la oreja derecha. Allí iba ella, ajena al hombre y al perro, prestando atención a vientos y suspiros lejanos, a gritos de melodrama, sonámbula, mientras el marido que podía no haber estado allí, la ayudaba a subir y bajar las aceras. Esto no era ficcción; era un hecho nuevo en una sociedad que está cambiando."

Miro a mi alrededor: la gente va hablando sola por las calles con sus teléfonos celulares y las pantallas nos invaden en el espacio urbano y en el interior de nuestras casas. Muchos chicos ya no pueden escribir en cursiva porque teclean sus mensajes en las aparatos que la tecnología nos ha regalado. Bradbury nos contó el presente. Pero todavía quedan los lectores resistentes que recuerdan a Shakespeare, partes del Quijote, o la República de Platón. Los lectores que también llevan en su memoria los libros de este escritor que ha muerto pero que sigue más vivo que nunca en sus iluminadas páginas.

martes, 7 de marzo de 2023

Día Mundial de la lectura






Día Mundial de la Lectura:

 ¿por qué se celebra y cuáles son los beneficios de leer? 

Cada 7 de marzo, se celebra la lectura por una buena causa. Conocé cuál es y los beneficios de leer, en esta nota.  El día mundial de la lectura se celebra todos los 7 de marzo para crear conciencia de que en el mundo hay más de 700 millones de personas analfabetas. 

 Por eso, la manera ideal de festejaro es empezar un libro nuevo o releer alguno que nos haya gustado. También se pretende generar conciencia en los adultos sobre la importancia de la lectura, para así estimular a los niños a descubrir la pasión por la lectura y la literatura. 

 Algunos beneficios de la lectura: 

Hablamos con el doctor Adolfo García, director científico del Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias –dependiente del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (INCYT)–, investigador del CONICET y profesor de la Universidad Nacional de Cuyo, quien nos contó qué sucede en el cerebro cuando leemos. - 



Las letras generan patrones de actividad intensos en el área temporo-occipital izquierda. Un área fundamental para el desarrollo de las capacidades lectoras. - 

El ejercicio sistemático y guiado de la lectura genera cambios en mecanismos que se asocian no solamente con la lectura sino con otras habilidades cognitivas. - 

Fomenta la “teoría de la mente”, la capacidad de inferir lo que sienten o piensan las otras personas, sin que lo digan. -

 El hábito sostenido de leer fomenta la "reserva cognitiva", que es la resistencia que tiene el cerebro ante el declive que supone envejecer.

Y por último, otra pregunta que nos hace reflexionar y pensar... Los niños lectores, ¿nacen o se hacen? El lector no nace, se hace y los padres tienen un papel fundamental que no deben delegar exclusivamente en la Escuela.  La escuela tiene una responsabilidad sobre el proceso de aprendizaje no centrado en el placer de la lectura; éste, como muchas aficiones, debe alimentarse desde casa, en el seno de la familia.

jueves, 26 de enero de 2023

¿Dónde vas a ir, Alicia? Otra mirada sobre Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll

  Por María Cristina Alonso

1. Cómo nace la historia

Desde la biblioteca de Chist Church College de Oxford, donde  tiene un despacho como subdirector,  el Reverendo Charles Lutwidge Dodgson mira con deleite a las hermanas Liddell que juegan al cricket.

Ilustración: Mirella Musri

El aburrido profesor de matemática, un poco tartamudo y asimétrico como sostienen sus biógrafos y muestran sus retratos, oye las risas de Lorina, Alicia y Edith Liddell, hijas del decano del College  y quisiera volar hacia ese jardín para jugar con sus amiguitas.  Porque si en algo destaca  este solterón exigente, irritable y asexuado, es por su enorme facilidad para entablar relación con las niñas. Por ellas, abandona su adusta expresión de catedrático y hace un ratón con un pañuelo, un barco con  papel, les enseña a jugar el ajedrez, inventa acertijos, juegos, rompecabezas y trucos de magia.





Tiene otra pasión además de la de frecuentar  niñas entre siete y diez años con las que entabla amistad. Ha sido fotógrafo por más de 24 años hasta el punto de convertirse en un maestro de ese incipiente arte. Fotografía paisajes, animales, esqueletos, personas y muchas, muchas niñas, algunas de ella con poca ropa o desnudas. Llega a acopiar más de 3000 imágenes en su estudio de las que sobreviven un tercio de ellas.

En la rígida sociedad victoriana, no se ve mal que un adulto se entretenga con niñas despiertas e imaginativas como Alicia Liddell. Por lo tanto, la famosa tarde del 4 de julio de 1862, el profesor Dodgson acompañado por su amigo el becario del Trinity College Robinson Duckworth, lleva de paseo a las tres hermanas Liddell a una excursión en barca por el Támesis.

En su diario, Lewis Caroll, como firmaría sus ficciones el Reverendo Dodgson, consigna que el recorrido fue de tres millas, desde Folly Bridge hasta el pueblo de Godtow en cuya orilla tomaron el té.  Y siete meses más tarde añade:”En esa ocasión les conté el cuento de las aventuras de Alicia bajo tierra.”


De regreso, Alicia le pide a su amigo que escriba la historia que había inventado mientras navegaban. Dodgson pone manos a la obra y escribe el libro que se convertirá en uno de los más leídos no solo por niños sino por adultos de todos los tiempos: Alicia en el país de las maravillas que, en su primera versión, se titula Las aventuras subterráneas de Alicia. Aquella historia que comenzó a inventar la tarde del paseo fue creciendo en encuentros posteriores. Y si la escribió, fue por la insistencia de Alicia, su amiga de diez años, que quiso ver el relato convertido en un libro.

Así nace la primera versión de Alicia en el país de las maravillas. Dodgson reconstruye las insólitas aventuras de Alicia en un manuscrito con letra cuidada y clara para facilitar la lectura de la niña y lo ilustra con dibujos hechos con pluma.

En noviembre de 1864 Alicia recibe el manuscrito con la historia requerida e ilustrado por el mismo Dodgson. Tiene 90 páginas y una dedicatoria: «a una niña querida, en memoria de un día de verano»

 

Original de Lewis Carroll

El libro que hoy leemos y releemos fue publicado en mayo de 1865 por la editorial Macmillan and Co. Esta vez ilustrado por un dibujante profesional, John Tenniel, cuyos dibujos han quedado grabados en la memoria de lectores de todos los tiempos y son los más populares y reconocidos.

 

Original de Lewis Carroll
 

Años más tarde, en 1871 escribe una continuación, ilustrada también por John Tenniel , Alicia a través del espejo.

 La amistad con la Alicia real dura poco, La señora Liddell comienza a sospechar que Charles Dodgson se ha enamorado de su hija y que pedirá su mano cuando alcance la edad de casarse. El rumor es que la madre de Alicia aspira a casar a Alicia con el hijo de algún miembro de la realeza. Por algún motivo, Dodgson no es más recibido en casa del decano y se le prohíbe ver a las niñas a partir de 1865. Se sospecha que algo ocurre y que se contaría en el diario de Dodgson  y no nos enteramos porque esas páginas fueron arrancadas después de la muerte del autor.

 


Las sesiones de fotos y los paseos por el campo contando historias a las chicas Liddell se terminan. Sin embargo Dodgson, que firma relatos infantiles como Lewis Carroll, no olvida a su amiga y le sigue enviando cartas.

 Lo cierto es que más allá de las extrañas aficiones de Lewis Caroll, lo que la madre de Alicia no pudo desterrar de la imaginación de sus hijas - y la de todos los niños y grandes que leyeron sus libros- es a ese gato que sonríe y desaparece por partes emitiendo paradojas, al Conejo Blanco que anda siempre apurado e inicia a la niña en su aventura, ni a la Duquesa que lleva en sus brazos algo que parece un bebé pero es un cerdito, y jamás, jamás olvidaremos esa mesa de té donde un Lirón, un Sombrerero y una Liebre de Marzo toman el té incesantemente porque siempre son las seis y las tazas se acumulan y no hay tiempo para lavarlas.

 2. El pasaje

 La novela fantástica que escribió Lewis Caroll propone un pasaje de un mundo racional y ordenado a otro donde las cosas funcionan diferentes. Pablo de Santis llama a esta y otras obras para niños que le sucedieron como El mago de Oz, Peter Pan, Charly y la fábrica de chocolate, “novelas de umbral”, porque en estas ficciones siempre hay un umbral que nos lleva a un mundo con sus leyes propias.

 


Ilustración: John Tenniel

 Un mundo sin adultos, sin padres que regañan, sin ejemplos moralizantes como había sido la literatura para las infancias hasta que aparecieron Edward Lear y Lewis Caroll. Ambos escribieron historias llenas de disparates, de acertijos, donde el verdadero protagonista es el lenguaje. Una burla, si se quiere, a la educación represiva que había caracterizado a la estrecha moral victoriana. Es entonces necesaria la fantasía para liberarse de la realidad que oprime y encorseta.

 Dice la irónica Alicia ante la duda de beber de la botella que encuentra sobre la mesa de tres patas: “No, primero mirararé y veré si dice o no veneno, porque había leído algunos deliciosos cuentos sobre chicos quemados o devorados por las fieras, entre otros hechos desagradables, todo por no haber recordado los fáciles consejos de sus amigos…” (Alicia, Capítulo I)

 Las aventuras subterráneas de Alicia comienzan con un sueño. Aburrida junto a su hermana que leía un libro sin ilustraciones y embotada por el calor, comienza a adormecerse. De pronto aparece el apresurado Conejo Blanco que mira el reloj con angustia porque se le hace tarde. Dicho esto, entra en una madriguera a donde Alicia no resiste la tentación de seguirle.

 


 Así se inicia una de las mejores historias, con  alguien que se anima a pasar por el umbral, como esta Alicia que está dispuesta a sumergirse en lo desconocido con tal de saber por qué a ese Conejo de chaleco se le hace tarde.

 La madriguera se convierte en un pozo y Alicia desciende por un túnel lleno de armarios y bibliotecas, mapas y cuadros colgados. Un descenso largo que Caroll demora para que los lectores disfrutemos ese pasaje, esa brecha que une el aburrido mundo cotidiano de ese otro en el que suceden cosas extraordinarias.


 Nos cuenta Martin Gardner en su Alicia anotada que en tiempos de Caroll se especulaba sobre qué sucedería si una persona cayese en un agujero que pasara por el centro de la tierra. Francis Bacon, Plutarco, Voltaire habían planteado esta cuestión. Parece que Galileo dio con la solución correcta: “el objeto caería con aceleración creciente pero con aceleración decreciente hasta que llegase al centro de la tierra, en cuyo momento su aceleración sería cero. A partir de ahí, su velocidad disminuiría al aumentar su deceleración, hasta alcanzar la abertura del otro extremo; entonces volvería hacia atrás otra vez.”

 En Alicia, como en otras novelas del género, el descenso le permite a la niña  entrar en un mundo donde todos están locos, hablan con acertijos, realizan acciones sin lógica, dicen disparates porque, el sinsentido, es la esencia de la geografía subterránea.

 La protagonista de la novela de Caroll es una niña sensata que observa el mundo y toma distancia. En ese mundo donde las palabras quieren decir una cosa y también lo contrario, ella, como señalan algunos críticos, es una niña adulta que se resiste ante los disparates de unos adultos que parecen niños. Pues, como dice el gato de Cheshire que aparece y desaparece, a veces dejando su sonrisa en el aire: “Aquí estamos todos locos”.

En la época de los viajes a lugares desconocidos, lo que cuenta Lewis Caroll es un viaje iniciático, de transición del niño al adulto. Alicia debe afrontar nuevos retos, encuentros casi de pesadilla, incomodidades propias de toda persona que crece.

 

 

3. Nonsense

 

Dice Chesterton en su ensayo Defensa del desatino que Charles Dodgson vivía con un pie en cada uno de los dos mundos: el de los serios profesores de Oxford y el de las historias absurdas que escribe bajo seudónimo. “Su país de las maravillas es una región poblada por matemáticos locos. Sentimos que todo es evasión hacia un mundo de mascarada; sentimos que si pudiéramos penetrar sus disfraces, habríamos de descubrir que Humpty Dumpty y la Liebre de Marzo eran profesores y doctores en teología disfrutando transformando sus reglas de un feriado mental.”

 En Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, el mundo absurdo y los juegos de palabras organizan los encuentros  de la niña con los habitantes de una geografía donde nada tiene lógica.

 En los dos relatos sobre Alicia, Lewis Carroll propone juegos conocidos transformando las reglas. Hay carreras que largan en cualquier parte y en la que todos ganan y reciben premios, un partido de cricket en la que los mazos son flamencos rosas y las bolas erizos. En el primero de los libros se alude al juego de cartas. Jardineros, soldados y aún el Rey y la Reina pertenecen a un mazo de cartas. En el segundo libro, detrás del espejo hay un enorme tablero de ajedrez y toda la aventura intentará seguir sus reglas. Así como en la primera parte Alicia cambia de tamaño incesantemente, en la segunda parte va cambiando de lugar de acuerdo con los movimientos de las piezas en el tablero.

 Ilustración: John Tenniel

 Pero las reglas en estos juegos siempre se traicionan o cambian caprichosamente. Porque lo que inventa Carroll es el mundo del revés. Todo está patas arriba como ocurre en la poesía inglesa del nosesense (sin sentido, disparate).

 Antes que Carroll. Edward Lear (1812-1888), un escritor y pintor británico cultivó el nonsense o poema disparatado.

Lo que estos escritores decimonónicos presentan son juegos del lenguaje, asociaciones fortuitas de sonidos, mensajes que producen  desconcierto porque estamos en el reino del absurdo.

—Toma un poco de vino —dijo la Liebre de Marzo en tono conciliador. Alicia miró por toda la mesa, pero no había más que té.

—Yo no veo vino —comentó.

—No lo hay —dijo la Liebre de Marzo.

 —Entonces, no es muy cortés por su parte ofrecérmelo —dijo Alicia con enfado. (Alicia, capítulo VII)

 


Como lectores de estos diálogos absurdos tendemos a pensar como Alicia que, aunque parezcan carecer de sentido, resultan disquisiciones correctas.
Parece confusa esta afirmación, pero el nonsense no es algo reñido con el significado de las cosas, sino que se trata de formar un nuevo significado bajo otro sistema referencial.

 

4. Sueño dentro del sueño

 

Borges, que en un cuento de su libro Ficciones, “Tlön Uqbar Orbis Tertius”, había imaginado que una de la escuelas de Tlon, un planeta desconocido que figura en una reimpresión de la Encyclopaedia Britannica,  sostenía que, mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.

Por eso  escribe un artículo que titula “El sueño de Carroll” pensando en los innumerables casos en la literatura cuyo tema es el sueño y nos dice que los más ilustres se hallan en los libros de Lewis Carroll.

Es que las dos aventuras de Alicia son sueños. Alicia en el País de las maravillas concluye con el despertar de Alicia que le cuenta el sueño de sus aventuras locas a su hermana y esta se adormece contemplando la puesta del sol y sueña con Alicia y vuelve a pasar el Conejo Blanco y el Ratón asustado chapoteando en un charco cercano. Y de paso imagina, en el sueño a Alicia adulta contando a unos niños que la rodean el sueño remoto del País de las maravillas.

Ilustración: John Tenniel


El tema del sueño dentro de otro sueño reaparece en Alicia a través del espejo  Alicia sueña con el Rey Rojo, pero el Rey Rojo está soñando con Alicia que también está soñando con el Rey Rojo. Un espejo frente a otro espejo.

Y dice Borges en su artículo sobre Carroll “Alicia sueña con el rey Rojo, que está soñándola, y alguien le advierte que si el rey se despierta ella se apagará como una vela, porque no es más que un sueño del rey que ella está soñando. Los dos sueños de Alicia bordean la pesadilla.”

 


Ilustración: Gabriel Pacheco

Encuentra Borges detrás de los sueños de Lewis Carroll la melancolía y la soledad de un hombre que no conoció el amor y no tuvo otros amigos más que algunas niñas de amistad efímera y la pasión por la fotografía que, en su época, aún no era valorada.

Como concluye Carrol en la segunda Alicia: “La vida, acaso, ¿no es más que un sueño?”

 

5. Lectores de Alicia

La chica que lee Alicia en el país de las maravillas en la década del 40 se llama Flora y más tarde escribirá poemas que firmará como Alejandra Pizarnik. Hija de inmigrantes ruso- judíos que llegaron a la Argentina huyendo del nazismo, crece escuchando historias del Holocausto. La tristeza de esos relatos llenos de persecución y muerte la destierran  de la Infancia, que se convertirá en un lugar inaccesible. Escribe:

 

Hora en que la yerba crece

en la memoria del caballo.
El viento pronuncia discursos ingenuos
en honor de las lilas,
y alguien entra en la muerte
con los ojos abiertos
como Alicia en el país de lo ya visto. (Pizarnik, Infancia, de Los trabajos y los días).

 


Ilustración de Ana Juan

 

Alejandra se siente expulsada de la infancia donde está el jardín al que Alicia accede cayendo por la madriguera. Reescribe Alejandra ese viaje hacia el mundo subterráneo que el personaje de Carroll realiza con cierta lentitud. Titula su relato “El hombre de antifaz azul” que está incluido en su libro El deseo de la palabra.

 Alejandra juega con las palabras como aprende en  Alicia. En su diario anota el 31 de marzo de 1963: “Me desperté a las cinco de la mañana muerta de risa. Recordaba, después de tanto tiempo, las aventuras de Alicia. La Reina, el Rey, el Sombrerero, la Liebre Loca, el Lirón, los flamencos para jugar al cricket, los hongos que hacían crecer y disminuir, el niñito que estornuda en la cocina llena de pimienta. Pero la tortuga llorona… sobre todo ella.”

Alejandra Pizarnik

  A., el personaje de Pizarnik quiere entrar a un bosque, ese lugar perfecto aunque vedado y peligroso. “Bébeme y serás la otra que temes ser” dice la etiqueta de la botella que encuentra la niña. Duda, pero bebe, su deseo de llegar al bosque es enorme.

 “— ¡Qué sensación psicodélica! —exclamó A.—. Debo de estar achicándome como un toro observado desde muy lejos por un pajarito miope que se quitó los anteojos.” (Pizarnik, El hombre del antifaz azul)

 Así como la Alicia de Carroll declama que solo quiere ver un jardín, el personaje de la reescritura de Alejandra, A., intuye que ese jardín es la infancia de la que fue arrancada.

Alejandra lee en Lewis Carroll uno de sus temas predilectos: la infancia y sus espejismos, la expulsión de ese paraíso y el  regreso desde su propia escritura.

 No es fácil describir a la Argentina de 1976, en plena dictadura. Nadie escapa a la censura, pero Charly García se las ingenia, inventa metáforas para contar lo que nadie se atreve. Escribe y canta “Canción de Alicia en el país”, una canción que originariamente es compuesta para una película que intenta satirizar a la dictadura en clave de fábula.

 


Ilustración Yayoi Kusama

 

Charly se inspira en el disco de Génesis, Nursery Cryme que parodia las nursery rhymes, las rimas de las canciones infantiles británicas del siglo XIX. Y, a partir del libro Alicia en el país de las maravillas, escribe Canción de Alicia en el país. Omite deliberadamente la palabra “maravillas” y cuenta el mundo de pesadilla que se vive en tiempos en que ya no hay tortugas, refiriéndose al ex presidente Illia, ni morsas como el dictador Onganía, ni brujos como el ministro de Isabel Perón, López Rega.No cuentes lo que viste en los jardines,/
el sueño acabó/ ya no hay morsas ni tortugas”.



 Pasan cuatro años de aquel 76 y Charly le hace algunos cambios a la canción para incluirla en el repertorio de Serú Girán. Aunque la canción es una crítica directa a los militares parece que ellos no la entienden y no es censurada.

 Un río de cabezas aplastadas

por el mismo pie
juegan cricket
bajo la luna

Estamos en la tierra de nadie,
pero es mía
los inocentes son los culpables,
dice su señoría,
el rey de espadas

No cuentes que hay
detrás de aquel espejo,
no tendrás poder
ni abogados, ni testigos


Ilustración de Ester García

 El universo que inventa el reverendo Dodgson para la niña de sus ojos invierte los sentidos, Charly, además,  cuenta el horror. De todos modos, como en el mundo de Alicia, en la Argentina están todos locos, con la diferencia de que la locura de la dictadura no consiste en jugar con las palabras, hacer retruécanos y plantear enigmas, los locos asesinan, desaparecen, exilian.

 

Estamos en la tierra de todos,
en la mía
sobre el pasado y sobre el futuro,
ruinas sobre ruinas,
querida Alicia

Quién sabe Alicia, este país
no estuvo hecho porque sí
te vas a ir, vas a salir
pero te quedas,
¿dónde más vas a ir?


Ilustración: Mirella Musri

6. Final del juego

Los libros de Alicia proponen juegos.  Ludwig Wittgenstein nos dice que las palabras son cáscaras a las que encontramos significado por el contexto y a este fenómeno lo llama juegos del lenguaje. En las matemáticas como en el lenguaje ordinario, se trata, de hecho, de aplicar reglas.

 

Lewis Carroll nos propone en sus relatos para niños, que descubramos cómo construimos el lenguaje, cómo experimentamos con él.

 

 Carroll era un maestro de la experimentación. Ya hablamos de su amistad con diversas niñas, además de Alicia. Cuentan sus biógrafos que les escribía muchas cartas, entre ellas ideó la carta-jeroglífico, las cartas en forma de molinete circular, cartas que sólo podían leerse si se las ponía frente al espejo, las cartas mínimas que sólo podían leerse con lupa, las cartas con efectos visuales por las que se deslizaba una araña o un escarabajo, cartas con garabatos, chistes y dibujos.


Alicia Liddell

 

Solía pasear por la playa con un maletín negro que contenía rompecabezas de alambre y pequeños regalos insólitos para atraer a las niñas. Pero nada le dio más resultado que atraer a las infancias de todos los tiempos con los dos libros de Alicia. Y también a los grandes.  Dadaístas y surrealistas pusieron atención en el mundo absurdo de Carroll. El absurdo y la exploración de lo onírico fue la estética predominante  de principios del siglo XX.



Los dibujos de John Tenniel contribuyeron a crear ese mundo de ensueños, ese juego infinito que nos propone Alicia y todos los habitantes del mundo subterráneo. Lirones, tortugas, sombrereros, duquesas, reyes, cerditos, orugas, grifos, dodos, gatos con sonrisa, reyes y reinas, ratones y conejos nos enseñan a los lectores que todos somos partes del sueño de Carroll y que, como escribe Borges, esos sueños son porciones de nuestra felicidad. “Ojalá- nos dice-  compartan esa felicidad quienes, más allá de los años y la repetida vigilia, siguen, como yo, volviendo sus páginas.”

 

Bibliografía

.Borges, Jorge Luis, El sueño de Lewis Carroll , El  país, 9 de febrero de 1986

.Carroll, Lewis. Alicia en el país de las maravillas. A través del espejo. Edición de Martin Gardner. Akal Ediciones: Madrid, 1984 

.Chesterton, Gilbert Keith “Defensa del desatino”. En Baeza, Ricardo (comp.): Ensayistas ingleses. Buenos Aires, Jackson. 1901

.De Santis, Pablo. Las narrativas para niños y el género fantástico. Diploma Superior en Culturas y narrativas para la infancia y la juventud, 2018.

.Garralón, Ana, Historia portátil de la literatura infantil. Ed. Anaya. 2ª edición. Madrid, 2005.

.López Orcón, Mónica. En busca de la infancia perdida, Caras y Caretas, Año 60 N°2376 Abril de 2021

.Pizarnik, Alejandra. Prosa completa. Lumen, Palabra en el tiempo, Barcelona, 2001.

.Wittgenstein, L. Investigaciones filosóficas. México: Instituto de Investigaciones Filosóficas. 1988.

 

 

 

Quieren derogar la Ley del Libro... defenderla, es defender NUESTRA CULTURA

 (*) ATENCIÓN HORMIGUERO LECTOR...!!! Debemos DESPERTAR...!!!, han venido por uno de nuestros derechos más preciados, el pan espiritual de l...