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miércoles, 15 de junio de 2022

Letras y Memoria: Gloria Kehoe Wilson (*)

 Hoy el Hormiguero Lector trae como recuerdo y homenaje un cuento de la escritora Gloria Kehoe Wilson "El moro" (**)





El moro
A mi abuela materna


La calesita estaba cerrada. Su dueño y los chicos dormían en algún lugar de Buenos Aires. Mi noche transcurría como siempre, sin cambios mayores, fumando algún cigarrillo prestado y caminando por las calles de Coghlan. Las perras me precedían con su ladrido de presentación y, no sé por qué, tuve ganas de entrar. Salté el cerco de alambre y destrabé la puerta. Las perras también entraron. La lona cubría la calesita con calor verde; debo decir que me costó bastante trabajo sacarla. La acomodé al fondo, cerca del puesto de sandías.

La oscuridad nos tapaba de la gente curiosa. Subí. Elegí un caballo moro que me sonrió cortés. No pagué boleto. Me instalé cómodamente sobre su lomo y las perras se echaron a dormir.

Blanco, platinado, de cuello curvísimo, el cisne de la izquierda se puso celoso y me pidió compañía. No dudé y fui.

Después viajé en un autito azul y en el avión marfil en un mareo de vueltas perplejas. Les conté lo mío, hablé con cada uno. De pronto, el moro se entusiasmó y bajó de la calesita. Se me paró delante, apenas corcoveando, seguro en sus cuatro patas cortonas y fuertes. Reconocí su lenguaje de hambre. Quería azúcar. Alivié, entonces, su mareo, con palmadas en los aterciopelados y cálidos belfos.

El tiempo transcurría sin apuro. Amaneció. Sentí la voz del tren a lo lejos, el ruido de los autos, el lechero con sabor a nata. La mañana era ineludible pero yo seguía en la calesita. Del moro volví al cisne, que, muerto de calor, gritaba agua. Le acerqué un vaso, se puso a cantar.

Serían las diez cuando un hombre viejo abrió la puerta que ya era mía. Se sobresaltó; las perras ladraron. Me preguntó quién era. Respondí con mentiras y tomamos mate juntos.

Los muñecos volvieron a ser de madera no sin antes hacerme un guiño.

De a poco fueron llegando los chicos. Sonó la música habitual, y me fui.

Dormí un largo sueño en mi cama vacía. Desperté a las once. Cené poco. Empecé a caminar fumando; las perras iban adelante, olfateándolo todo.

Llegamos. El moro fue el primero en saludar. El moro, ahora un poco brioso, un poco alzado, no da vueltas ni corcoveos. Conocemos nuestro límite: doce horas. Prometo volver para siempre.

Ya las noches no me bastan y me instalo de día a observarlos. Me llevo la comida, desatiendo mis obligaciones, me siento por primera vez contenta, totalmente plena. Los saludo en sus vueltas interminables y los chicos me miran con fastidio. Las perras son las primeras en habituarse.

Ya no me separo de ellos. He conseguido comprar la calesita. Les doy franco a todos por la noche. De día, soy uno más en la rueda, donde permanezco dura y los chicos se me suben, apretándome el cuello. Las perras, como yo, también son de madera. Ya no hay diferencias. Por su parte, los padres pagan el pequeño boleto verde y estúpidamente admiran la nueva variedad de muñecos. Mis parientes lloran mi ausencia. En fin…, lo importante es que logré anular mis insípidos días. Sí; vivo de noche. Juntos, corremos carreras por Parque Saavedra. A veces, el moro se adelanta; le gusta protegernos.





(*) Gloria Kehoe Wilson de Infante (de ascendencia irlandesa) nació el 25 de septiembre de 1954. Egresada del Colegio Nacional de Buenos Aires. Estudiante de Letras, fue secuestrada de su domicilio en Capital Federal el 13 de junio de 1977. Desde ese día permanece desaparecida, al igual que su esposo. Publicó el libro de cuentos Pico de paloma (Corregidor, 1977), reeditado en 2004 en la misma editorial por sus compañeras/os de promoción del Buenos Aires. Hay un premio con su nombre que otorga la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).


(**) Publicado en el suplemento cultural del Diario La Nación de Buenos Aires, Argentina

miércoles, 1 de junio de 2022

A partir de una fotografía

 



Por María Cristina Alonso

Hace unos años, una prima me dio unas fotografías en las que estaba mi madre con sus hermanas. Unas fotografía de juventud, cuando eran solteras y vivían en el campo.  Sacarse fotos en los años 20, 30 era algo excepcional, inimaginable en estos tiempos de sobreabundancia de imágenes. Hoy cualquiera puede tomar fotografías de cada instante de su vida o filmar un video. Pero imaginemos aquellos tiempos en los que la tecnología daba sus primeros pasos y, de alguna manera, también modificaba la existencia.

 La fotografía había sido un invento de siglo XIX pero, en los albores del siglo XX aun seguía siendo un medio excepcional para las familias trabajadoras, y más en el ámbito rural. Así que, cuando vi la foto de mi madre y sus hermanas, sonrientes, acaso felices en ese instante, posando junto a una bicicleta de varón que tal vez no sabían montar, no sólo me conmovió, sino que me dio pie para seguir pensando en esa fotografía, para interrogarla.

 Roland Barthes en uno de sus últimos ensayos, La cámara lúcida, nos propone preguntarnos a nosotros mismos ¿qué es lo que vemos cuando estamos frente a una foto? ¿Por qué la imagen me gusta o no? ¿Qué es lo que me conmueve? ¿Se puede ver más «allá»?

Y eso fue lo que hice. Miré los vestidos, los zapatos, la forma de llevar los cabellos que en esa foto estaban alborotados por el viento, imaginé la época del año, traté de reconstruir con la imaginación lo que había más allá de esa llanura que crecía a espaldas de las chicas.

 Sigo con Barthes, el dice en su ensayo que  la fotografía reproduce al infinito lo que únicamente ha tenido lugar una sola vez y que, cuando una foto llega a nuestras manos nos anima y a su vez  la animamos. Y en eso radica la aventura de mirar fotografías.

 

Este ensayo Barthes lo escribió en 1977, poco después de la muerte de su madre. Precisamente, uno de los pasajes que me conmovieron y que me permiten relacionarlo con la operación que hice yo, a mi vez, con la fotografía de mi madre, es el pasaje en el que describe una antigua fotografía de su madre a los 5 años en un invernadero. Curiosamente no la muestra, dado que, nos dice, esa fotografía solo existe para él.  En esa foto de su madre de 5 años encuentra la esencia de la mujer mayor que él conoció. Y nos dice que la fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente” (Barthes, 1989, 31).




La fotografía nos plantea la diferencia entre ver y mirar. Hay un cuento del escritor norteamericano Paul Auster que se titula Cuento de navidad de Auggie Wrend. La historia que nos cuenta es la del dueño de una tabaquería de la calle Court, en el centro de Brooklyn que a partir del robo de una cámara fotográfica desarrolla un curioso proyecto artístico. Cada mañana durante doce años, a las siete en punto, se paraba en la esquina de la avenida Atlantic y la calle Clinton y sacaba una sola foto a color, siempre de la misma vista. Tenía más de cuatro mil fotografías ordenadas en un álbum con las fechas apuntadas debajo de cada una. Cuando Auggie le muestra su trabajo, el narrador al principio no comprende lo que se ha propuesto. Y el dueño del estanco le dice que una cosa es ver y otra mirar, que hay una frontera entre quienes pueden y quienes no pueden acceder al arte. Lo que intentaba hacer con esas fotografías aparentemente repetitivas, en las que se iba viendo la variación de las estaciones, los cambios de luz, la ropa de verano o de invierno que lucían los ocasionales transeúntes, era fotografiar al tiempo. Auggie estaba fotografiando el tiempo, el tiempo natural y el tiempo humano, y lo hacía plantándose en una minúscula esquina del mundo.



                                Paul Auster ilustrado por Isol

 

En el ensayo  al que me refería, Barthes define las relaciones entre la fotografía y la muerte, dado que la foto fija un instante que está fuera del tiempo, un registro atemporal y eterno. Horacio Quiroga plantea algo de eso en su cuento La cámara oscura, incluido en el libro Los desterrados de 1926.

 

A Quiroga la imagen técnica le había interesado e inspirado muchos de sus cuentos. Era un aficionado a la fotografía y, más tarde al cinematógrafo, fue uno de los primeros críticos de cine, un arte que por esa época no se lo tomaba muy en serio. Es más, conoce Misiones en 1903  porque el poeta Leopoldo Lugones lo invita a una expedición financiada por el Ministerio de Educación, en la que planeaba investigar unas ruinas de las misiones jesuíticas en calidad de fotógrafo.


 Todos sabemos lo que ocurrió después, Quiroga llegó a Misiones como un ocioso dandy y, una vez asentado en Misiones, experimentó una suerte de mimetismo con el paisaje que hizo que abandonara su atuendo y que tomara el aspecto de un habitante del lugar.

En La cámara oscura se narra la muerte de el juez de Paz, Malaquías Sotelo y del pedido de la esposa del difunto al narrador para que tome una fotografía de su marido, un último recuerdo.

En su ensayo, Barthes establece que en la fotografía existen tres intenciones: hacer, experimentar y mirar. Y además, describe tres agentes que se encargarán de efectivizar tales propósitos: el operator que se encarga de tomar la fotografía (fotógrafo); el spectator es aquel que observa las imágenes en los periódicos, libros, álbumes, colecciones de fotos (espectadores); y el spectrum, que “es el blanco, el referente, una especie de pequeño simulacro” (Barthes 2005: 35), es decir, aquello que es fotografiado.

 En este cuento,  el narrador-personaje (ahora operator) acude al cuarto oscuro y revela la última y única fotografía del juez. Este hecho es vivido como una segunda ceremonia fúnebre, que llegará a su fin cuando el narrador obtenga el revelado del retrato: revelar una foto tomada a un cadáver –que era  todo un género para la época– tiene, sin embargo, el escalofrío de lo mágico. Celebra, en su revelado, una nueva ceremonia.

 En estas relaciones entre literatura y fotografía que estamos haciendo nos lleva a pensar en esos escritores que se deslumbraron a fines del siglo con un invento que les permitía perpetuar su imagen de una forma más veraz que la de la pintura. Y cuando miramos ahora esos retratos, no podemos dejar de verlos a partir de los efectos que nos ocasionó la lectura de su textos. Pienso en Lucio V. Mansilla, el autor de Una excursión a los indios ranqueles.

Mansilla era todo menos un hombre que quería pasara desapercibido. Se retrató incontables veces y, si miramos esas imágenes atentamente nos damos cuenta de todo lo que ellas nos cuentan. En primer lugar nos habla de los lugares por los que viajó. Se fotografía a bordo del barco que lo llevaba a Europa, en estudios de Berlín, de París, de Buenos Aires. Se retrató con distintos ropajes, algunos aparatosos porque, si algo quedaba claro era que Mansilla siempre quería concitar la atención de sus contemporáneos: con traje militar, como escritor sentado en su mesa de trabajo, con una enorme capa con su batallón en la línea de frontera (en 1870) que lo acompañaron a su famosa excursión con los ranqueles, con pieles, sombreros, siempre en posición de quien se sabe bello, extravagante.



Entre las fotografías más curiosas de Mansilla se encuentran las que se sacó en el estudio de fotografía Wilcomb de Buenos Aires. Se retrató de una forma muy pintoresca con un juego de espejos, el general aparecía en cinco imágenes como conversando consigno mismo. Se mostraba con su sombrero cilíndrico gris, su monóculo, su barba. Un gran conversador consigo mismo. De eso se trataba su obra de una larga conversación, de una cuaserie interminable. Haber posado para el juego de espejos fue interpretado como un gesto vanguardista que marcaba la modernidad constante y la personalidad única de Mansilla.

 En el libro póstumo, Papeles inesperados, de Julio Cortázar que reúne textos sueltos que fueron encontrados después de su muerte, hay un texto titulado Ventanas a lo insólito, que describe como al escritor  le gustaba ver las fotografías. En este artículo Cortázar cuenta que empezó a tomar fotografías en su juventud y cómo al hacerlo el sentimiento de lo fantástico lo esperaba en ese momento en que el papel sensible flotaba en la cubeta hasta el momento en que aparecía la imagen.

 


Y por eso, señala que no lo atraían las fotos en las que el elemento insólito se muestra por obra de la composición, del artificio. Si lo insólito sorprende, también él tiene que ser sorprendido por quien lo fija en una instantánea. La regla del juego es la espontaneidad. Lo insólito no se inventa, a lo sumo se lo favorece, y en ese plano la fotografía no se diferencia en nada de la literatura y del amor, zonas de elección de lo excepcional y lo privilegiado



Escribe: “Por eso, quizá, sigo entrando en cualquier foto como si fuera a darme una respuesta o una clave fuera del tiempo; ese novio sonriente al pie del altar, ¿no será ya el asesino futuro de la mujer que lo contempla enamorada? De alguna manera, la exploración de cualquier fotografía es infinita puesto que admite, como todas las cosas, múltiples lecturas, y lo insólito se sitúa casi siempre en la más prosaica y la más inocente.”

Y finalmente se pregunta “Después de todo, ¿quién puede estar seguro de la fidelidad de las imágenes sobre el papel?”

 En una conferencia que dictó en La Habana en 1962, titulada "Algunos aspectos del cuento", Cortázar compara la escritura del cuento y de la novela con la fotografía y el cine, respectivamente, formulando una poética que conecta explícitamente visualidad y escritura.

Hay dos cuentos en los que la fotografía se sitúa en el centro de la ficción: Las babas del diablo e Infierno en Solentiname.

 En Las babas del diablo (Las armas secretas) una fotografía se va alterando a medida que el fotógrafo la va mirando y desencadena diferentes variantes de la historia. En una realidad, Roberto Michel toma una foto en la Isla de Saint Louis, en París cuando ve a una mujer rubia que parece seducir a un muchacho.

 Los límites entre la foto y la realidad se borran, de manera que se confunden presente y pasado. El cuento nos lleva a preguntar cuál es la realidad y cuál la fantasía. Para ello, en este cuento, Cortázar crea un narrador que relata desde dos momentos diferentes. Uno en un momento cercano, cuando toma la fotografía u otro más lejano, cuando toma distancia y ve la fotografía en su casa.¿Cuál es la realidad y cuál la fantasía? El fotógrafo y narrador, Roberto Michel, está presente en la trama y ve de cerca lo que ocurre, pero además se desdobla, toma distancia y puede mirar la trama desde lejos. En ese sentido la fotografía, que parece una prueba irrefutable de la realidad, también puede ser parte de la fantasía. La foto también es una ironía porque puede ser solo una representación de la realidad.


Julio Cortázar en Solentiname


Hay otro cuento que Cortázar escribe en 1976. Se trata de Apocalipsis de Solentiname (Alguien que anda por ahí).

Un narrador en primera persona, alter ego del autor que viaja a Nicaragua a visitar al poeta Ernesto Cardenal. Ambos viajan a la isla de Solentiname, una pequeña comunidad insular. Allí se encuentra con unas pinturas inocentes en un rincón, que lo  impresionan por su belleza. Son pinturas de  y s campesinos de la zona, que describen la esencia del lugar: Al día siguiente, decide tomar fotos a los cuadros. De regreso en París, cuando revela y proyecta las diapositivas en lugar de los dibujos rústicos y naif, se encuentra ante la visión de terribles escenas de tortura y masacre ocurridas en territorio latinoamericano. En un momento anterior de la historia, el narrador teoriza sobre los aspectos mágicos de la fotografía, especialmente de las Polaroids. “A todos les parecía muy normal eso porque desde luego estaban habituados a servirse de esa cámara pero yo no, a mí ver salir de la nada, del cuadradito celeste de la nada esas caras y esas sonrisas de despedida me llenaba de asombro y se los dije, me acuerdo de haberle preguntado a Óscar qué pasaría si alguna vez después de una foto de familia el papelito celeste de la nada empezara a llenarse con Napoleón a caballo, y la carcajada de don José Coronel que todo lo escuchaba como siempre, el yip, vámonos ya para el lago.”

Volviendo al cuento, el elemento fantástico aparece durante la proyección europea, el narrador ha fotografiado cuadros naif de escenas campesinas en Solentiname sin saber lo que sucederá con las imágenes. Reveladas, estas tienen la capacidad de transformarse antes los ojos del fotógrafo.

 

En estos dos cuentos, Las babas del diablo y Apocalipsis en Solentiname, la cuestión de la fotografía le permite a Julio Cortázar pensar la literatura. Tanto el texto como la imagen fotográfica no pueden intervenir en la realidad, no pueden modificar nada, pero tienen un carácter testimonial. Recordemos que el problema de la “literatura comprometida” era una preocupación para el autor y su generación apoyando a la revolución cubana y la nicaragüense.

 

Silvina Ocampo que escribe cuentos  en los que lo atroz, lo monstruoso aparecen relacionados con los niños terribles y perversos que ella imagina. En muchos como en Las fotografías (Las invitadas) ensaya la parodia para indagar el uso doméstico de la fotografía estableciendo la relación entre el valor de registro de la realidad y la construcción y escenificación que conlleva el acto de sacar una fotografía, el ritual que ello implica.


 


El cuento Las fotografías narra el cumpleaños de quince de Adriana que no puede moverse a causa de una parálisis. El festejo se organiza en función del ritual fotográfico. Se estudian y se preparan minuciosamente las poses y ubicaciones de los personajes. Es verano, hace calor, los sándwich se derriten. La agasajada tiene sed y pide agua, pero todos los asistentes están tan compenetrados con la organización de las poses socialmente establecidas para cada toma fotográfica que no se dan cuenta que la chica se muere sofocada por el calor y el agotamiento.

 

En este cuento, el valor de la fotografía como registro de un acontecimiento social que es la entrada en la femineidad del personaje que cumple quince años se entrelaza con la  idea literal de que la cámara detiene el tiempo, fija un momento para siempre, porque el cuento termina con la muerte de Adriana. La fotografía no la inmortaliza, no documenta un momento en la vida de la protagonista, sino que la mata.

 

En 1888, según lo señala Ricardo Piglia en sus clases por la televisión pública, Emile Zola, uno de los más conspicuos representantes del naturalismo descubre la fotografía y decide experimentar con ella. El naturalismo, corriente literaria emparentada con el realismo intentaba  reproducir la realidad con una objetividad documental en todos sus aspectos, tanto en los más sublimes como los más vulgares, desagradables o sórdidos, por lo tanto no  es raro que Zola se interesara por la fotografía que podía registrar lo cotidiano de manera tan veraz.



Como su editor Charpentier, Zola se entusiasmó con esa nueva forma de expresión que era la fotografía, compraron cámaras, revelaron ellos mismos los negativos, experimentaron con nuevas papeles. Cuando Zola viajó a Inglaterra después del sonado caso Dreyfus y escribir el “Yo acuso”, aprovechó su estadía en Londres para fotografiar la vida cotidiana: las calles, las mansiones y los paisajes.



 

Amigo de los pintores Cezanne, Monet, Renoir, muchas de las fotografías de Zolá recuerdan sus pinturas. Trabaja, como los impresionistas sobre series, el mismo paisaje en distintas estaciones del año, con sol con lluvia, con nieve.

Pero también retrata amigos y familia, sobre todo de su familia oculta, Jeanette y sus hijos, así como escenas de la vida cotidiana.

A la Exposición Universal de París de 1900, Emile Zola no va con un cuaderno de notas, sino con su cámara fotográfica.Experimenta y registra una visión de 360 grados de la exposición como en las modernas panorámicas utilizando el tren que recorría el recinto. Según sus críticos la fotografía no influyó en su obra literaria puesto que concebía la fotografía como una actividad independiente de la literatura.

 

¿Qué miramos cuando miramos una fotografía? María Teresa Andruetto parece resolverlo en este poema que titula “Kodak”:

 

Yo miraba,
tras la lente de una Kodak
con la que él sacó fotos de la guerra,
antes que la muerte disolviera
sus pupilas y delegara en mis ojos
el dolor de mirarme devastada
por la ausencia.

 

¿Cuántas historias contiene una foto y hasta dónde llegan esas imágenes tomadas una mañana cualquiera, de un otoño lejano? Chicas que escuchaban radioteatros nació de aquella foto y se convirtió en dibujos y un poema. Me gustó pensar en dos dispositivos tecnológicos que hacían de esas chicas que trabajaban a destajo en el campo una vida más llevadera. Una la fotografía, gracias a ellas algunos de esos instantes de su vidas quedaron fijos para siempre. La otra es la radio que tenía una presencia importantísima en sus vidas, que les traía noticias de un mundo anhelado y distante.


 Toda fotografía es una botella lanzada al mar. Como algunas de ellas, a veces se hunden o desaparecen. Otras, muy pocas, son salvadas de las aguas del olvido y siguen hablando. Yo rescaté las de mi madre y sus hermanas jóvenes y felices y, durante un tiempo, me contaron algunas cosas.

 

(Chicas que escuchaban radioteatros, textos y dibujos de María Cristina Alonso. Buenos Aires, Editorial Niña Pez, 2022)

 

 

 

martes, 31 de mayo de 2022

Congreso Regional de la Cátedra UNESCO para la Lectura y la Escritura: “La lectura y la escritura en la sociedad de la pospandemia. Nuevos desafíos para problemas recurrentes”

 


La Cátedra está organizada como una Red de Cooperación Interinstitucional de carácter internacional, con el fin de reforzar la educación superior y la investigación en el área de la lengua materna y particularmente de la lectura y escritura desde la perspectiva discursiva e interactiva.




El Congreso Regional de la Cátedra UNESCO para la Lectura y la Escritura: “La lectura y la escritura en la sociedad de la pospandemia. Nuevos desafíos para problemas recurrentes”, organizado por la subsede de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, incorporada a la Cátedra en septiembre de 2021. Las/os invitamos a compartir investigaciones, reflexiones y experiencias para la construcción común de saberes en torno a las prácticas de lectura y escritura en el nivel superior y universitario. Las actividades previstas serán llevadas a cabo de manera presencial, salvo que la realidad sanitaria requiera otras modalidades de participación.

Objetivos del Congreso

1.      Promover el intercambio de investigaciones y reflexiones sobre las prácticas de lectura y escritura en los distintos momentos del proceso de formación profesional

2.      Propiciar el intercambio de experiencias didácticas en distintos niveles de la educación formal y en la educación no formal

3.      Contribuir a la formación y a la actualización de los miembros de la comunidad educativa

4.      Problematizar la lectura de textos literarios en los ámbitos académico y superior

5.      Consolidar la red UNESCO a través de una profundización de los vínculos académicos y de investigación entre las sedes y subsedes de la Cátedra

Ejes temáticos

Invitamos a presentar simposios que aborden las temáticas propuestas en los siguientes ejes:

1.      Alfabetización como derecho en la inserción territorial. Globopolítica, políticas lingüísticas y lenguas en contacto

2.      La lectura y la escritura como prácticas socio históricamente situadas

3.      La lectura y la escritura en los inicios de la carrera universitaria

4.      Prácticas de escritura en los trabajos de finalización de carrera

5.      Didáctica de la lengua y la literatura en todos los niveles de educación formal y no formal

6.      Modos de lectura de textos literarios en el ámbito educativo

7.      Representaciones literarias de la lectura y la escritura

 

Modalidad de participación

El Congreso estará organizado en simposios, agrupados de acuerdo al eje temático que aborden. En esta oportunidad invitamos a la presentación de simposios que, una vez aceptados, serán publicados para una próxima convocatoria a resúmenes de ponencias. Cada simposio podrá contar con dos coordinadoras/es como máximo, quienes deben inscribirse en esta primera instancia.

Las tareas de las/os coordinadoras/es de simposios serán: evaluar los resúmenes recibidos para la línea presentada en los tiempos previstos; responder consultas a las/os interesadas/os; planificar, junto con el comité organizador, la grilla de exposiciones y los tiempos; presentar, luego, si fuera de interés, la línea del simposio para la publicación en actas.

Para la presentación de simposios, se debe enviar la siguiente información, a través del siguiente formulario: https://forms.gle/utGYDxqW36BGz4Uv9 hasta el miércoles 15 de junio de 2022. (En la segunda circular se informan los aranceles y las formas de pago).

 

sábado, 14 de mayo de 2022

BASES 2022: PREMIO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL LA HORMIGUITA VIAJERA"

 



PREMIO NACIONAL LATINOAMERICANO HORMIGUITA VIAJERA (Argentina)


30:08:2022


Género: Infantil y Juvenil


Premio:  estatuilla representativa del personaje literario, y un plaqueta


Abierto a:  Argentina, Latinoamérica y el Caribe


Entidad convocante: Biblioteca Popular “Madre Teresa”


País de la entidad convocante: Argentina


Fecha de cierre:   30:08:2022





 


BASES


 

El Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera” se puso en marcha a partir del año 2009, con el propósito de impulsar la literatura infantil y juvenil en toda la Argentina y los países de América Latina y el Caribe.

Sigue su camino estamos en la 13ra EDICIÓN, AÑO 2022.-


El objetivo de este premio es el reconocimiento a aquellos autores y aquellas personas que hayan desarrollado su carrera literaria en el ámbito del libro infantil y juvenil, además, de reconocer a Editoriales, Ilustradores, y difusores de la literatura infanto – juvenil.


El premio será convocado anualmente por la BIBLIOTECA POPULAR “MADRE TERESA” de Virrey del Pino, La Matanza, Pcia de Buenos Aires, Argentina. Este Premio se entregará todos los años, en el mes de Noviembre/Diciembre, como tributo de nuestra Biblioteca a la figura de una de las más prestigiosas escritoras argentinas GRACIELA CABAL, que naciera un 11 de Noviembre de 1939, además, de ser una amiga entrañable de nuestra Institución.



BASES 2022


PRIMERA. Podrán ser candidatos al Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera” 2022, los escritores vivos que cuenten con una valiosa obra de creación para el público infantil y juvenil cuya importancia sea considerada de trascendencia para el ámbito argentino y de Latinoamérica y el Caribe. y esté escrita en cualquiera de las lenguas que se hablan en la comunidad Latinoamericana y caribeña. Como los destinatarios de los otros rubros: narradores; ilustradores; editoriales; teatro, etc.-


SEGUNDA. Las candidaturas podrán ser presentadas por cualquier institución cultural o educativa, asociación o grupo de personas relacionadas con la literatura infantil y juvenil, además, de aquellos que la Biblioteca Popular “Madre Teresa” decida presentar.


TERCERA. No se aceptarán candidaturas de autores y demás premiados que tengan algún parentesco o lazo consanguíneo con funcionarios de la entidad que convoca el Premio. Tampoco se aceptarán candidaturas de los autores ganadores en ediciones anteriores para el mismo rubro.


CUARTA. Las candidaturas deberán presentarse enviando los siguientes datos: - Una carta de postulación que explique los méritos del autor. - El currículum vitae del candidato. - Los datos de la entidad que presenta la candidatura. - Los documentos justificativos que se consideren oportunos. - Tres títulos publicados, representativos de su obra. Esta documentación se deberá remitir en un envío por correo certificado y de ser posible con copia de todo lo solicitado en un C.D. El envío debe realizarse especificando en el sobre “PREMIO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL: “LA HORMGUITA VIAJERA” BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA, VILLANUEVA 2437– BARRIO ARECO- VIRREY DEL PINO – (1763) - LA MATANZA, PCIA DE BUENOS AIRES. ARGENTINA o por correo electrónico: bibliomadreteresabsas@gmail.com.


QUINTA. La documentación completa de las candidaturas remitidas, así como la identidad de los candidatos, excepto de los que resulten finalistas, se consideran confidenciales. Los documentos serán destruidos después del fallo.


SEXTA. La recepción de candidaturas se abre con la publicación de esta convocatoria y se cierra el 30 de AGOSTO de 2022.


SÉPTIMA. El jurado estará compuesto por destacados expertos en literatura infantil y juvenil seleccionados por la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA.


OCTAVA. El fallo del jurado es inapelable y se dará a conocer durante el mes de octubre de 2022. Los premios no podrán ser declarados desiertos.


NOVENA. El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil: “La Hormiguita Viajera”, es una estatuilla representativa del personaje literario, y un plaqueta.


DÉCIMA. El Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera”, se entregará en la sede de la Biblioteca Popular “Madre Teresa”, o donde la Comisión Directiva lo estipule.


UNDÉCIMA. Los premiados se deberán comprometer a participar en las actividades de promoción que se programen para divulgar el premio y en futuras convocatorias.


DUODÉCIMA. Cualquier situación no prevista en la presente convocatoria será resuelta por la Comisión Directiva de la Biblioteca Popular “Madre Teresa”, y su fallo es inapelable y definitivo.


COMISION DIRECTIVA

BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA

www.bibpopmadreteresa.org.ar

VIRREY DEL PINO - LA MATANZA

BUENOS AIRES - ARGENTINA.

viernes, 29 de abril de 2022

150 años de la publicación de Martín Fierro

 

Ni indios ni negros ni inmigrantes

por María Cristina Alonso

Ilustraciones: Marcelo Sosa

¿Qué pasó ese año en que José Hernández publicó la primera parte de su célebre poema El gaucho Martín Fierro? ¿Qué ideologías circulaban en la Argentina de 1872?  Es cierto que no es obligación de la literatura reflejar fielmente ala realidad, pero en ella se cuelan las voces, los pensamientos, la ideología de la época. Voces, ideas, prejuicios, racismo. De eso hay en abundancia en el libro que se convertiría en el más emblemático de nuestra literatura, el libro argentino que da cuenta de nuestra identidad: el Martín Fierro.


El gaucho Martín Fierro se publicó el 28 noviembre de 1872, en el diario La República. José Hernández, que había sido periodista, estanciero, soldado y político, lo escribió en su retiro de Buenos Aires, en el Hotel Argentino, en una libreta de pulpería de papel de estraza. El diario La Repúblicalo publicó por entregas y, ya en diciembre, apareció en formato libro, editado por la imprenta La Pampa. Costaba 10 pesos y no tardó en venderse en zonas rurales. Se leía en las  pulperías, se recitaba en los fogones. La historia de Martín Fierro, contada en primera persona, daba cuenta de las vicisitudes del gaucho en el fortín, la arbitrariedad y las injusticias cometidas por las autoridades militares y civiles contra él. Y, cada vez que algún letrado lo leía en voz alta, los paisanos se reconocían en la desgracia del protagonista.

Poco tiempo después, en virtud de las lecturas que hicieron Ricardo Rojas y Lugones, el poema que hablaba de un grupo despreciado y marginado de la campaña, se convertía en un monumento literario encabezando el canon argentino.

En 1879, cuando se publica la segunda parte –La Vuelta de Martín Fierro-, las penurias de ese tipo social tendían a desaparecer, sin embargo, la obra termina convirtiéndose en el paradigma de lo nacional, un texto que puede leerse de varias maneras y que intenta superar la dicotomía sarmientina civilización/barbarie.


Si para Sarmiento el gaucho era la barbarie y debía ser aniquilado, Hernández denuncia este destino dándole voz, contando sus penurias y padecimientos. Poema de denuncia, entonces, en la primera parte, pero planteo de solución en la segunda: «Debe el gaucho tener casa, / escuela, Iglesia y derechos».

Hernández -que había vivido en el campo, que conocía a los habitantes del mal llamado desierto, que había luchado en las montoneras junto a López Jordán- le da voz al gaucho, que es un marginal. Y en esto se opone a la opinión pública general de la época, ya que no se solidariza con otros sujetos subalternos que habitan las llanuras, tales como los inmigrantes, los indios y los negros.

Por lo tanto, en el poema laten cuestiones que se debatían en 1872. El desprecio a la raza negra, plasmado en la pelea con el Negro en la primera parte, y el duelo de guitarra con el Moreno, en la segunda, revelan un agresivo sentimiento de superioridad de Fierro. Los negros no eran “gente decente”para él.

En un discurso de 1866, Sarmiento había dicho:"Cuando decimos pueblo, entendemos los notables, activos, inteligentes: clase gobernante. Somos gentes decentes. Patricios a cuya clase pertenecemos nosotros, pues, no ha de verse en nuestra Cámara (Diputados y Senadores) ni gauchos, ni negros, ni pobres”. Curioso. Sarmiento nació muy pobre, así lo cuenta en Recuerdos de provincia.Y concluye: “Somos la gente decente, es decir, patriota".


El racismo de la segunda mitad del siglo XIX se continúa en el XX. Las personas de origen africano son invisibilizadas, se oculta la explotación a la que fueron sometidas, se niega su dignidad. A comienzos del siglo XIX había una población de entre 30 y 60% afro descendiente en el país y, a fines del siglo, la población negra había sido diezmada por diversas causas: muerta en las guerras de la independencia y civiles, principalmente en la guerra del Paraguay,o por las epidemias de cólera y fiebre amarilla que afectaron a los más pobres habitantes de Buenos Aires.

 En la pampa argentina que pinta Hernández, el desprecio por la raza negra es significativo. Antes de matar al Negro, Fierro se burla de la negra que lo acompaña y, cuando se refiere a él, lo menciona como “el de hollín”, “porrudo”, “con motas”.Y canta: “a los blancos hizo Dios, /a los mulatos San Pedro, /a los negros hizo el diablo/ para tizón del infierno”.

Lo mismo ocurre con los extranjeros. En el momento de la leva describe despectivamente al inglés “sangiador” (el de “inca la perra”) que debe huir a la sierra; al organillero que, “cuando le tocó el arreo/¡Tan grande el gringo y tan feo!/ Lo viera cómo lloraba”;al italiano enganchado en el fortín del que dice que “tal vez no fuera cristiano,/ pues lo único que decía/ es que era papolitano”. Expresiones socarronas que se transforman en críticas abiertas. Dice Fierro “Yo no sé por qué el gobierno/ nos manda aquí a la frontera/ gringada que ni siquiera /se sabe atracar un pingo.”

Precisamente en 1972, cuando se publica la primera parte de Martín Fierro, un grupo de paisanos,comandados por el gaucho Jacinto Pérez, disgustados por la presencia de extranjeros, idearon un plan de exterminio.Robaron sables en el Juzgado de Paz y, al grito de “¡Vivan la Religión y los masones!» y «¡Maten gringos y vascos!» degollaron al organillero de la plaza, a nueve vascos que viajaban en carretas, al almacenero y a toda su familia (entre ellos, una nena de cinco años y un bebé de meses) y a los dependientes y pasajeros que estaban en el lugar. En total, treinta y seis extranjeros, la mayoría vascos.


En ese contexto de descrédito de los paisanos hacia un nuevo grupoque venía a integrarse a la campaña, con hábitos y cultura diferentes, las palabras que Hernández pone en boca de Fierro no hacen más que repetir conceptos que circulaban entonces.

Tampoco puede esperarse una mirada piadosa a otro grupo social que está siendo eliminado en el mismo momento en que Hernández escribe su obra: el indio. Le da voz al gaucho, pero se la niega al indio. Y el gaucho no considera al indio como un semejante. Basta uno del los tantos ejemplos que pueden extraerse del poema:

“El indio pasa la vida/ robando o echao de panza. /La única ley es la lanza/ a que se ha de someter. /Lo que le falta en saber/ Lo suple con desconfianza.”

Hernández pone en escena, en Martín Fierro, el imaginario social alrededor del “problema del indio”. La opinión pública en general daba apoyo a su exterminio porque-como señala Vanni Blengino, en La zanja de la Patagonia- en la guerra contra el indio, el tiempo sustituye al espacio como horizonte del conflicto, se trata de un conflicto entre la modernidad y la prehistoria, y la campaña del desierto debe corregir ese anacronismo. La palabra desaparecer es frecuente en los escritos de la época al hacer referencia a animales e indios.

En la primera parte, Hernández ya había descripto a los indios como bestiales e inhumanos y, no obstante, sobre el final del poema, cuando con Cruz rompen con la civilización y se van a vivir a las tolderías dice: “Allá no hay que trabajar / vive uno como un señor”. Sin embargo, en la segunda parte no escatima imágenes de horror para describir su ferocidad y, desde luego, la necesidad de exterminarlos: “He presenciado martirios/ He visto muchas crueldades/ Crímenes y atrocidades/ Que el cristiano no imagina;/ Pues ni el indio ni la china/ Sabe lo que son piedades.”

En el año en que se publica La vuelta de Martín Fierro(1879),Roca -junto a un grupo de militares- enarbolan una bandera en Choele- Choel, celebran una misa y festejan. Hanlogrado, dicen, “el dominio de la civilización frente a la barbarie” y están convencidos de haber realizado la ocupación definitiva de la Patagonia.

Han sido en vano los intentos de Calfulcurá por mantener en vilo a los sucesivos gobiernos hasta ser derrotado en la batalla de San Carlos, en 1872. A su muerte a los 101 años, lo sucede su hijo Namuncurá, y, acompañado por sus guerreros, se propone cumplir el mandato de su padre. Pero el plan de exterminio de Roca determinó la derrota de los pueblos originarios. Fue en ese mismo año en que Hernández le hacía decir a Fierro: “Estas cosas y otras piores/ las he visto muchos años;/ pero si yo no me engaño/ concluyó ese vandalaje,/y esos bárbaros salvajes/ no podrán hacer más daño.”



En los dos años en que Hernández publica la primera y segunda parte de su Martín Fierro (1872 – 1879), se disputaban en la realidad algunas cuestiones que se colaron en el texto. Cada libro es hijo de su tiempo y es escrito desde un paradigmaideológico. Rojas y Lugones canonizaron al Martín Fierro entendiendo que la gauchesca era un modelo de integración nacional.Un poema épico que expresaba la vida heroica de una raza, como la Ilíada o la Odisea. Borges vio en él una interesante novela de un tipo que en la primera parte es un asesino y en la segunda da sabios consejos de autoayuda. Fernando Solanas, en su película de 1975, Los hijos de Fierro, encuentra una metáfora de las luchas sociales del siglo XIX que se replican el XX.

Hernández, no hay duda, escribió con la realidad repiqueteándole en la cabeza.

 

 

No, no..., y no...!!! por Julio Cortázar en la Campaña Libros por la Paz, Agenda ODS - 2030, NACIONES UNIDAS.

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