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domingo, 6 de diciembre de 2020

María Elena Walsh: "poeta para adultos”







por Adrián Ferrero

 



      Los poemas de María Elena Walsh (tal el título bajo el que fueron reunidos), datan en su compilación de 1994, al menos así consta en la edición de la que dispongo. La portada del libro lleva fotografía de Sara Facio, una de las que las más emblemáticas de esta autora, la que la ha vuelto perenne de entre su álbum público.

     Ahora bien: ¿cuántos libros contiene esta Summa? En principio tres, y luego una sección titulada Otros poemas (1978-1994). Los que no dieran la impresión de estar compuestos de  modo atomizado sino orgánico, son los libros Otoño imperdonable (1947), su debut, Baladas con Ángel (1952) y Hecho a mano (1965), organizada según secciones. Pese a que pudiera dar la impresión de obra exigua, sin embargo cabe recordar que María Elena Walsh escribió asimismo toda una serie de poemas para niños (que no están aquí contenidos), que recopiló de la tradición popular otros tantos y que compuso canciones para adultos y niños, de parte de las cuales ya me he ocupado de abordar, cuyas letras bien pueden ser leídas como piezas poéticas. Esta capacidad de María Elena Walsh de dar cabida al género lírico en todos los campos de su trabajo (que se multiplicaron), nos dan la certeza de estar ante una poeta de una enorme ductilidad. Es como si asistiéramos a una artista capaz de desplegar un registro de producciones de una densidad que tiende a condensar más que a expandir materiales con una carga ideológica pero a la vez lúdica o simplemente estética que la vuelven infrecuente en el panorama de los escritores argentinos. Por otra parte, no son tantas las autoras que por la época en que María Elena Walsh da sus primeros pasos en la poesía lo hacían. También en eso fue figura precursora. Alfonsina Storni firmaba en algunas de las revistas en las que publicaba María Elena Walsh, al igual que el propio Borges.



     Hay varios temas que regresan a los distintos poemarios. Uno muy recurrente es el de la condición femenina, su sojuzgamiento histórico pero que aún se mantiene completamente vigente, si bien de 1994 a 2020 han pasado varios años. María Elena Walsh rastreará escenas desde la vida en los barrios, con momentos de agresión o prepotencia, la bravuconería de cierto machismo, los mandatos femeninos bajo distintas dimensiones, las tareas domésticas obligatorias y de una circularidad paralizante que impide la realización más plena, la maternidad como destino, una forma compulsiva pero no siempre vocacional de mandato de la condición femenina. Y frente a este sistema hegemónico hay toma de distancia y hay rebelión. Una rabiosa toma de posición que la ubica en el espacio de la transgresión y también de lo prohibido. Por supuesto que rescata figuras axiológicamente connotadas modo positivo entre los varones, como este Ángel de las baladas. Pero no son las figuras más frecuentes. Sí evoca la de su madre con recurrencia, en particular como la transmisora de tradiciones que ella prosigue pero que no son las estrictamente ligadas a una ideología de género de carácter normativo. Sino en todo caso las asociadas a una identidad propia de una cultura familiar que se aspira a proseguir.

     Otra constante es la de la ensoñación nostálgica por un tiempo que se ha esfumado, del que se gozaba porque no suponía ni prisas in apremios y ahora se ha o esfumado o acelerado. Un tiempo devorado por lo relojes, muy asociado a la vida barrial en lugar de a la vida citadina. En efecto, Walsh distingue tópicamente con claridad entre lo que ha sido esa vida de antaño, vecinal, a este tránsito urbano que atropella, evita las relaciones humanas entre conocidos sino se da en medio del anonimato. Esta perspectiva sitúa al presente como un momento que no ha avanzado en progreso en lo relativo a la comunicación social. Y sitúa al sujeto en una instancia de desconocimiento del semejante frente al que sin embargo debe convivir, en una situación paradojal. La vida de otros tiempos era la que sumía en los libros, en escritura de cartas o poemas, en el diálogo interpersonal más que en la conversación fugaz del tránsito por el centro en un día de actividad laboral, en un ómnibus o en un subte.

     Y en lo relativo a la situación de la mujer, señalaría que el yo lírico, con un sospechoso aire de familia con la firma autoral, repite sin embargo tradiciones heredadas de su madre, como dije, una figura que ella reivindica en más de una oportunidad. Por ejemplo, se refiere concretamente a la ceremonia de la preparación de los dulces y mermeladas. Pero lo hace indicando con énfasis en que en su caso se trata no de una obligación sino de proseguir una costumbre de sus antepasados que no quiere que sea sustraída por el tiempo. Recupera esa ceremonia cuidadosamente, deteniéndose en cada paso que requiere la preparación, siendo respetuosa de cada paso pero también de todo el proceso que suponen los cambios en una sustancia.

     El amor se presenta tanto dichoso o como desdichado, según los casos, y las dedicatorias son los suficientemente elocuentes como para sacar las conclusiones del caso. Lo cierto es que el amor no ha sido de resolución fácil en la vida del yo lírico, eso queda a las claras. Y sin embargo hay chispazos de una enorme felicidad que pone a raya a la amargura. Pero de todos modos subyace el conflicto. El yo lírico recién puede sentar las bases de un vínculo verdaderamente afianzado en la madurez, cuando todo lo más apasionado de la vida ha transcurrido, y queda este “otoño” (para ser fieles a la condensación del título en una palabra) que sin embargo no deja de deparar sorpresas. Lo inesperado, anuncia Walsh con palabras esperanzadas, llega incluso en momentos en que la vida parecía confinada a ser clausurada, carente de todo sobresalta. Hay aquí una suerte de apacible morosidad por dentro de la cual el amor maduro restituye la calma y la posibilidad de gozar la vida cotidiana con serenidad.

     En la primera etapa de este conjunto de su poesía completa predomina un tono elegíaco. La nostalgia, todo aquello que se ha dejado detrás y, también, ya no se será pero se podría haber sido, aún no ha sido asumida. Cuando sin embargo en la medida en que los poemarios progresan los rasgos identitarios así como el tono de las creaciones dieran la impresión de ser cada vez  más plenos. Como si el yo lírico conquistara una plenitud (o se la permitiera), que antes permanecía en un plano completamente retraído.



Se recuperan otras geografías, incluso otros países, como Francia, con la evocación de un hotel que ha sido espacio de aventuras en el sentido de que ha cobijado a quienes se atrevieron a visitar París no como turistas de lujo sino como habitantes que llegan no a vivir en el lujo. El campo argentino, con sus ceremonias, sus habitantes, sus costumbres y ese aroma propio de la naturaleza que no se encuentra, al igual que el tiempo que se disfrutaba, en las ciudades está presente bajo el sonido de sus guitarras, la geografía de un espacio que no depara demasiadas sorpresas a quien se interna en su superficie, como otros países ricos en un relieve que no es el de la pampa. El campo argentino sin embargo, como geografía por excelencia de nuestro país es descripto con pinceladas certeras y sin lugares comunes, más a partir de sus sonidos que de imágenes plásticas asociadas al orden de lo visual.

     Hay un poema dedicado a Eva Perón, significativamente el que cierra el conjunto de todo el libro. Si bien es una apología de esta figura pública por todas las conquistas que logró para la mujer, también se pone el acento en el modo como ella acudió a la beneficencia como un recurso que sin embargo no avergüenza ni debe avergonzar a juicio de Walsh. Simplemente fue su forma de encarar el auxilio a una población necesitada de recursos primordiales. Fue una política según la cual su decisión definió un estilo de gobernar socialmente. Pero esta mujer pese a ello torció el curso de la Historia, a ojos del yo lírico. Es diría yo que, por fuera de los poemas de reivindicación de género, el único de todos las piezas que componen el libro que aborda un contenido político explícito con tono apologético. Y se nota que la atención de María Elena Walsh está concentrada, lo repito, en conquistas de género pero también en el contrapunto que esta mujer tan poderosa desde el punto de vista de su determinación fue desafiante frente a las clases dominantes. Mucho tiene que ver en esto la militancia de María Elena Walsh en torno de los derechos de las mujeres, el acceso a nuevas conquistas, a nuevos espacios de creación, recreación y para un crecimiento en paridad con el varón. Tal vez tenga mucho que ver en esta dimensión la situación que seguramente le tocó afrontar a esta artista a lo largo de toda su carrera, siendo mujer frente a un sistema de consagración y promoción de las figuras públicas con fuertes componentes patriarcales pese a que su trayectoria nadie podría negar que no fuera exitosa. Frente a esos obstáculos sin embargo María Elena Walsh no se arredró ni tampoco el sistema de sexo/género le denegó por ello el consagración. La confirió en cambio un lugar en el que estuvo, precisamente, a la vanguardia, innovando en territorios que no solían ser los más frecuentes para una mujer. Le esperaba a María Elena Walsh la celebridad más encendida.

     Los poemas por lo general en verso libre sin embargo por momentos sorprenden con el virtuosismo de sus sonetos o de otras composiciones que dan la pauta de que la musicalidad de la que luego haría gala en la letrística de sus composiciones ya despuntaba y podía entreverse en esta capacidad de urdir mediante el lenguaje formas estables según ciertos parámetros propios del arte poética. En efecto, Walsh es avezada en la construcción de formas verbales, los tropos, un manejo de la retórica que denotan destreza en la manipulación de la lengua poética, articulando significado y forma, sonido y sentido. Lo que da por resultado una cierta clase de poesía en algunos casos según la cual el acento está puesto en ciertas partes de la construcción poética.

     Los  poemarios alternan la dicha y la desdicha como estados de ánimo que más que conjugarse como en toda personalidad se alteraran según momentos de la vida del yo lírico. Hay avatares estables que sumen al yo lírico en un estado determinado, de congoja o de alegría o hasta euforia que demarcan el territorio de estos poemas. Esta circunstancia bien puede ser pensada en términos de que al no ser tantos poemarios los que componen el libro, también estarán fechados según las etapas en las que han quedado plasmados. Esto es: los momentos de escritura y publicación serán el indicar más claro de un determinado momento personal pero también histórico. Escribir en tiempos oscuros constituye una forma de ahuyentar a los fantasmas, de conjurarlos. Y, por otro lado, dejar sentado aquellos instantes de euforia o de alegría inaudita también es un modo de perpetuarlos. De que de modo inmarcesible no perezcan.

     También María Elena Walsh es terminante en su simpatía por los artistas y su antipatía por los hombres de negocios, los hombres machistas, los represores y toda figura que atente contra la libertad de las personas pero, sobre todo, de las mujeres. Traza una divisoria de aguas neta entre lo que considera las personas que favorecen la realización de las personas, el progreso de la sociedad, la positividad creativa y recreativa del arte. Y quienes, de modo censor, acallan, siembran de miedo o de silencio la poesía, la música, expresión manifestada a través de la voz. Tener la voz, dar la voz a otros pareciera ser un punto que a María Elena Walsh le resulta primordial. Mediante estrategias de representación literaria ella construye figuras de la realidad social que de otro modo permanecerían sustraídas a la sociedad, sin posibilidad de representación, de ser visibilizadas o bien de ser escuchadas. Esas voces son las que María Elena Walsh aspira a que resuenen en la sociedad como canto pero también como verbo, plasmadas en poema.

    La música también aparece como una presencia recurrente, no solo, como dije, provocando ciertos efectos fónicos producto de la combinatoria de las palabras, sino de la vida del artista o la artista que se consagran a ella. Los instrumentos musicales (el piano, la guitarra), entre otros elementos que remiten al universo de la vida artística asociada a esta vertiente de la producción estética. Y también hay poemas que están titulados con el nombre de cierta clase de composiciones musicales, ciertos géneros, remitiendo de ese modo un universo sémico a otro. Y componiendo un conjunto al tiempo que poniendo en contigüidad lo que es evidente a ella misma le sucedió en su carrera. Fue música, fue compositora, fue escritora y fue también intérprete.



     Los recuerdos son una constante. Porque así como está esa evocación nostálgica por la vida en los barrios, la vida sin relojes, la vida por fuera de las prisas, también está la evocación de ciertas ceremonias propias de otros momentos de la vida del yo lírico, sobre todo vinculados a su pasado. A encuentros, a visitas, a costumbres que se tenían por frecuentes o habituales a cierta altura de la vida.

     Estamos hablando en este artículo de un libro que permite vislumbrar una poética que, en progresión, se desenvuelve diacrónicamente y permite apreciar los grandes desencadenantes de los cambios en un yo lírico que María Elena Walsh construye de modo plural pero por detrás del cual es su voz, una voz inconfundible, traza los contornos de fases, momentos, transiciones pero, sobre todo, en que la identidad compone un friso de escenas.

     Si la evocación, como dije, es un leitmotiv, el recuerdo de un episodio trascendente de su vida regresará. Es el del que mantiene con el poeta Juan Ramón Jiménez, en cuya casa ella residió durante una temporada siendo muy joven por invitación del poeta, radicado por entonces en EE.UU. Esta estadía en verdad a ella la ubica en una situación descolocada, fuera de lugar. Yo lírico y yo empírico se conjugan en ese poema para dar cuenta de una experiencia que no fue del todo grata para María Elena Walsh, pese a que en su descripción no hay ni violencia ni maltrato. Hay malestar, decepción, sensación de permanecer en el lugar equivocado. Una amargura propia de quien no se siente a gusto ni tampoco se siente presente en el momento justo en el lugar adecuado. Es más bien la descripción de alguien que permanece en un espacio más por fatalidad o compromiso que por convicción.

     Ahora bien: ¿qué vienen a aportar estos poemas de una artista como María Elena Walsh al resto de su producción y a su imagen de autora? Diría en principio que la vuelven una escritora más completa y más compleja a la vez. Alguien capaz de atravesar por públicos muy distintos, de diferente grado de maduración, con la misma habilidad y la misma capacidad inspirada. Esto la confiere entonces un efecto totalizador a su proyecto según el cual ya debemos atender a cuentos y poemas infantiles, canciones para niños y para adultos, obras de teatro, novelas para adultos y para jóvenes, participación en films, participación en TV, escritura de guiones, musicología, interpretación, escritura de ensayos y artículos para diarios y revistas. En fin, una personalidad multifacética que logró mediante una plasticidad que se da en muy pocos casos de la cultura artística de un país la construcción de un sujeto mujer que incursionó por casi todos los territorios de la cultura artística. Aquellos por los cuales alguien con inquietudes pero también con solo un talento superlativo puede hacerlo. Y alguien que lo hizo con excelencia y jerarquía, además de con ética profesional.

     Lo que sí señalaría de estos poemarios es que no se da el fenómeno del nonsense, el desparpajo, el absurdo, pero sí la burla a la solemnidad, como por ejemplo un poema consagrado a la burocracia en la que no se la toma en serio sino que María Elena Walsh se mofa de ella con sus mismas armas que institucionalizan uno orden represor. Queda claro que en su producción poética para adultos, María Elena Walsh acudirá a otra de las facetas en su formación y, por otro lado, la dejarán por escrito según otros recursos que en nada se parecen a todo lo que hizo en otros campos de su producción, en particular la infantil. No mezcla los registros. Cuando escribe poesía para adultos circunscribe los recursos, las formas, la índole de esa práctica a ese universo poético.

     La reivindicación es un rasgo potente que en varios planos de la condición femenina María Elena Walsh deja a las claras forma parte de un principio de justicia. Ella solo aspira a no ser atropellada, por un lado, así como no atropella. Se trata de “el buen modo”. Y, por el otro, a disponer de los mismos  derechos que sus pares varones. No me parece pedir demasiado. Me parece pedir lo justo. Y ella lo hizo en épocas tempranas, motivo por el cual sus inquietudes en esa lucha por la equidad revisten un valor agregado.



     Como para cerrar diría que como noción de conjunto nos llevamos la imagen de una María Elena Walsh que también es poeta para adultos, no que simplemente esporádicamente la ejerció de a ráfagas. Fue un género frente al que se manifestó curiosa, avezada, en el que se preocupó por formarse y también se interesó.  De hecho fue en el que comenzó su producción creativa y fue coronada por un coloso de por entonces como Juan Ramón Jiménez. Me parece que todo ello contribuye a hacer de ella una figura que también en esta dimensión de la invención destaca. Y lo hace con brillo. Las tramas complejas de una producción literaria riquísima se ven entonces reforzadas por este otro corpus, que aborda nuevos temas, según otro lenguaje, desplegando otros códigos, pensando en otra clase de interlocutor que a su vez la leerá ya no solo como la autora infantil en que el lugar común ha querido situarla, sino como la escritora adulta, madura, preparada, para adultos, que también destaca de modo sobresaliente y sabe tocar fibras íntimas. Lo hace de modo eficaz sin alardes. Y lo hace de un modo que mantiene esa excelencia que jamás decae en Walsh. Una poética, un proyecto creador que incorpora, nutriéndose de muchas fuentes, procedimientos para luego volcarlos a todas las dimensiones de labor creativa. De modo logrado, María Elena Walsh vuelve a triunfar esta vez, anexando un nuevo territorio

jueves, 3 de diciembre de 2020

Cuento: "El frasco"

 

                                                                     por Silvia Nou (*)

Finalizando la temporada estival había elegido ponerse como sobrenombre Vir. Era una

costumbre que tomaba en vacaciones. Llegaba el momento en que los turistas le

preguntaban “¿Cómo te llamás?”. Para hacérsela fácil respondía con dos sílabas o un

monosílabo. Un enero fue Caro, un febrero fue Mini y un marzo fue Cande. Nunca

Anastasia Romanov ni Wendolin. Bajo el sol playero importaba más el factor de

protección del bronceador; cargar las reposeras; arrastrar la heladerita; remontar las

dunas; mirar los colores de la bandera flameando aterida sobre el techo de la caseta del

guardavidas con tatuaje de dragón en el hombro derecho o que no hubiera aguavivas o

qué hacer si aparecen tres tiburones que averiguar si la chica, la que los atiende, tiene

nombre histórico o del título de una canción.

Era su forma de solidarizarse con ellos y no complicarles la existencia. “Traéme una

mila”;”Unos tallarines con crema”;”Te olvidaste el pan”;”Flan con crema…no, no…con

dulce de leche.”

En las tarde libres paseaba por el bosque recolectando algunas piñas para guardarlas

junto a otras recogidas en parques, plazas, plazoletas, patios de iglesias o de escuelas

para luego convertirlas en vecinas de una que la bisabuela se llevó de recuerdo del

Unzué.



A su muerte, cuando desarmaron la casa ella se quedó con un anillo de oro con rubíes y

con un recipiente que originalmente había contenido aceitunas negras. Aún recordaba con

qué parsimonia introducía el cucharón para servirlas; sus manos, inmaculadamente

blancas. Por aquel tiempo no le gustaban, después de su primera temporada, sirvió cien

ensaladas “Caprese” condimentadas con aceto no con vinagre, con vinagre no.”Con

acheto” pedían las señoras arrastrando las eses mientras ella se las comía a las eses y a

las olivas que a veces quedaban en los platos con monograma lila.

Al regresar a su ciudad la cuarentena la sorprendió sola, en el departamentito que

alquilaba. Durante días para no violarla se encogía y de un salto se introducía en el

frasco donde había guardado las piñas más pequeñas, frutos de roble, agujas de pino,

algunos caracoles.



Desde ahí escuchó las fuertes discusiones de la pareja vecina; los llantos del bebé

nacido el 16 de marzo según habían comunicado, a través de un cartel en el ascensor, los

del 6to A y voces de locutores y locutoras repitiendo: covid, covid, covid. Cerrando los

ojos podía revivir la humedad de la lluvia mojándole la piel, recordar las sudestadas y los

abrazos.



En ese refugio liliputiense que frecuenta a diario sopla aire marino, hay rumor de olas y

silenciosa soledad de bosque. Se enteró de que hay otros que se recuestan sobre blanca

arena capturada en frascos que una vez tuvieron mermelada; le contaron que hay quienes

bucean junto a estrellas de mares lejanos regaladas por marineros que navegaron en

sampanes. Una amiga íntima le confió que se ha armado una laguna con restos de

perfumes franceses. Cuando aspira la fragancia recuerda cómo llegaron a sus manos,

cuándo los usó y con quiénes.”De cuarentena en Grasse” decía el wasap.

De noche sale y se estira.

Mientras sus conocidos devoran la cuarta temporada de una serie de papel, ella

nostálgica mira el cielo estrellado, las formas de las nubes, la Superluna rosa de abril.

Ruega que el próximo verano pueda reencontrarse con la población de riesgo, con los

pequeños que no pueden acercarse a sus abuelos para no contagiarlos y con los de 43

¿la edad promedio ?Los rostros desfilan. No quiere pensar en posibles ausencias. No

importa que estén indecisos con lo que van a almorzar ni que protesten por el punto de

cocción del asado.

“Mejor quedarme en casa entrando y saliendo de mi refugio mental quince días más” se

dice a sí misma tratando de convencerse. Pero el final de una videollamada la ha hecho

dudar.

_Tengo ganas de verte. Ya. “Mis amigos saben lo que yo siento…lalala…aaa”

_”No como ni duermo sin vos pero no se puede…”_ responde cantando_, falta poco_

agrega con un suspiro.

.El diálogo se desvanece. Silencio.

Se sirve una copa de vino Malbec. Necesita volver a escucharlo. Sobre el hombro aún es

nítida la marca del bretel de la bikini. Extiende la mano en la cama. Revuelve las palmeras

de las sábanas estampadas .Busca el celular. La foto de la tabla de surf no está más.

Bloqueada. Blo quea da.

Bloqueada llora hasta la inundación y se hunde en las fauces del dragón, decenas de

rocas puntiagudas sobresalen del agua semejantes a afilados dientes; el océano entero

escupe su espuma y castiga la playa. La tormenta no deja nada en pie .Se pierde en la

inmensidad del mar de la impotencia. Le han puesto un tapabocas a la fuerza. La ha

dejado sin la posibilidad de intercambiar una palabra.

Ahoga un grito contra la almohada pero alguien le pone sonido a su película muda.

Escucha con atención tratando de identificar de dónde provienen los gemidos.

Se pone el jean, abre la puerta, recorre el pasillo en tres pasos largos, toca el timbre.

Ludovica tiene una marca en la cara. La mira sin saber qué decirle, qué hacer. Tiene

ganas de meterse de nuevo en su refugio y no salir más, encerrarse en su mundo y no ver

el otro, quedarse apocopada, callada, quieta, haciendo la plancha y que el gusto salobre

sea el del mar no el de las lágrimas. “Dejáme probar, yo te dejo probar del mío, no hablés

más, se te derrite el helado, beso limón, beso frutilla, TOCO TU BOCA…”

La oscuridad dura unos minutos. Cuando automáticamente regresa la luz, su vecina no

está más. Lo ve en un primer plano. ¿Es el mismo tatuaje? Baja la cabeza presintiendo el

peligro pero en vez de moverse, pierde el control y arremete con una rabia equivocada,

golpea con los puños cerrados, clava las uñas. Sus pies descalzos abandonan el piso de

cerámica gris y en un instante el dolor en el corazón traba una alianza con el dolor del

puñetazo en la mejilla izquierda.

Entonces el verano ya no es el que fue, es apenas un puñado de granitos de arena que

caen de sus bolsillos y se estrellan contra la pared.

Es un frasco roto.


(*) Silvia Nou, escritora y docente, egresada de la carrera de letras de la Universidad Nacional de Rosario, Provincia de Santa Fé, ARGENTINA. Ha participado de diferentes concursos, obteniendo premios y menciones. Hoy comparte con El Hormiguero Lector uno de sus trabajos.

(En la actualidad reside en Firmat (StaFe).Vivió muchos años en la ciudad de Rufino donde formó su familia.

Ejerció la docencia hasta su jubilación(Licenciada y Profesora en Letras).

Publica en "El Correo de Firmat ".

Durante 2020 recibió premios literarios por parte del Centro de la emigración castellano leonesa;del Centro Vasco Francés(BsAs).Segundo premio por su cuento "La señorita Dulce" en los  15º Juegos Culturales Evita/StaFe.)

sábado, 21 de noviembre de 2020

"Adela Basch: La trilogía de la Revolución de Mayo"

 


 

por Adrián Ferrero

 

     Bien podría postularse una trilogía a propósito de un conjunto de obras dramáticas de la escritora infantil argentina Adela Basch (Bs. As., 1946) a propósito de la Revolución de Mayo de 1810, fecha en que se produce la que definiría primero las Invasiones inglesas (como un hito preliminar), el levantamiento contra el gobierno imperial español y la instauración de la Junta de Gobierno. En efecto, si bien solo una de ellas toma como referente nítido la totalidad de todos los acontecimientos en directa correlación con esa etapa de la organización nacional de nuestro país, el resto de las obras conforman una trama de conjunto que arma el espacio escenográfico que tendrá  dicho capítulo de la Historia argentina.

     Las tres obras datan de 2010, motivo por el cual conjeturo este núcleo sémico ocupaba las cavilaciones de la autora por entonces. O quizás (eso lo ignoramos) tuviera que ver con la intención deliberada de conmemorar momento histórico tan determinante. El presente caso es el de una etapa durante la cual una autora argentina se ve fuertemente comprometida con su identidad en tanto que sujeto histórico, motivo por el cual resulta perfectamente natural pensar en que bajo la forma de sistema se interrogue y plasme en la escritura distintas vertientes de esos compases que desembocarán en la Revolución y el levantamiento contra el reino de España. Así, empapada de este capítulo de la Historia argentina, Adela Basch acomete la empresa de su abordaje desde distintas perspectivas de un episodio que también las tuvo.

     La poética de Adela Basch ha trabajado de modo paradigmático la relación con España desde múltiples puntos de vista, tanto  parodiando a su clásico paradigmático en Abran cancha que aquí viene Don Quijote de la Mancha (1997) hasta tomando como protagonista de una de sus piezas al líder conquistador Cristóbal Colón en Colón agarra viaje a toda costa (1999). Habrá con el paso de los años (eso puede advertirse con nitidez), desde jocosa parodia, humor y desparpajo hasta toma de distancia crítica en particular en lo referido a España como reino imperial, su arremetida conquistadora avasallando a los pueblos originarios, además del saqueo de riquezas y templos sagrados, junto con los actos de violencia física y simbólica contra los aborígenes americanos. Otro tanto su anexión de colonias.

 
   
En las presentes tres obras lo que puede vislumbrarse es un universo sémico que remite denotativamente desde su referente histórico a la época colonial de la gesta revolucionaria de mayo. La que aborda de modo frontal el relato o la puesta (mejor) de dicha gesta, es En estas hojas detallo cómo llegó el 25 de mayo. El resto de las dos obras reconstruirán mediante el discurso dramático o bien episodios en estrecha vinculación con aquél o bien la sociedad de ese tiempo histórico, su población, sus costumbres, sus oficios, sus trabajos, su alimentación típica, su vestuario o harán irrumpir a algún personaje de existencia histórica puntual, como el Virrey Cisneros o el Virrey Sobremonte, los integrantes de la primera junta, entre otros. De todas formas, predomina el componente ficcional por encima del dato histórico. En las tres es más lo que crea y recrea Basch que lo que reproduce desde la mímesis constatable. Ese es el punto aquí. Quiero decir: se percibe una orfebrería delicada sobre el lenguaje y la retórica que no solo están abordos a dar cuenta de la realidad. De allí que contrapuntísticamente el dilema histórico se conjugue con el trabajo ficcional. Por otra parte, el modo en que dichos episodios son reescritos por una pluma que es evidente toma partido pero sin incurrir en panfleto ni propaganda. Más bien se inclina por nombrar una verdad histórica de orden inocultable, que ha sido estudiada por la disciplina de la Historia y la ciencias sociales con eficacia y profundidad. Poniéndola en evidencia pero también analizando sus factores, sus causas, sus procesos y sus consecuencias. Pero Adela Basch pondrá en escena. Posicionándose naturalmente según una opción ideológica pero sin incurrir en una apología pedagógica con moraleja. En todo caso sí se defienden principios y valores que subyacen a la gesta.


     Los recursos habituales propios de Basch no se ven modificados en lo sustantivo. Si bien diera la impresión de estar atenta a respetar un ideal de verosimilitud con el objeto de no desvirtuar la versión de la Historia argentina sino la de buscar fidelidad a los acontecimientos verificables, también se tomará algunas libertades. Desde el habla con que se expresan sus personajes (los ingleses hablarán en un español con acento, una de las protagonistas será amiga de la autora, irrumpirá una suerte de voz de San Martín que prospectivamente anuncia lo que vendrá) hasta ciertas formas de socialización que se van urdiendo. Sin embargo jamás se desembaraza del humor ni pierde un ápice de desparpajo. La rima permanece, invariable, como instrumento formal de construcción de la frase. Y los juegos de lenguaje que resultan ya parte de su idiolecto vienen a confirmar una poética consolidada que acude a recursos que no por reincidir pierden ni eficacia, ni vigencia, ni dejan de resultar efectivos desde el punto de vista de sus repercusiones en el lector y la lectora. Por otra parte, su atractivo cautiva de un modo que vuelve más eficaz aún la lectura.

     Adela Basch  en estas tres obras se abocará a momentos distintos de la etapa de la Revolución. En una de ellas, mediante recursos textuales y contextuales de modo inclusivo se consagra a la puesta y narración del sojuzgamiento del Reino de España, a las Invasiones inglesas en dos oportunidades y a las juntas de gobierno. En esta obra en particular, un personaje, el de Pilar, se presenta en dos etapas de su vida: el de Pilar-abuela y el de Pilar-niña (denominadas según esta nomenclatura). Resulta evidente que la capacidad y la mirada histórica que el personaje tendrá será radicalmente otro en un caso y el otro. La trama está planteada como una historia que este personaje de Pilar-abuela que todo conduce a pensar deja por por escrito o, en todo caso, está escribiendo en ese momento siendo ya anciana, lo que ha tenido lugar. La trama entonces contiene la presencia de un personaje de cuya vida se da cuenta de modo contemporáneo a los hechos y contiene también otro momento de la biografía del mismo personaje, quien de modo ulterior con distancia histórica juzga a la luz de la experiencia vivida lo que considera ha sido su evolución o consumación. Y lo hace con la suficiente objetividad e información que requiere un detallado testimonio de los sucesos mediante su registro. Por otra parte, en la medida en que Pilar crece, crece también la patria, en una diacronía notable que señala un compás que compromete a un país además de a un enfoque maduro. Esta obra se titula En estas hojas detallo cómo llegó el 25 de mayo. Y esta abuela es capaz de restituir memoria pero también de plasmarla.

     Otra de las obras, Las empanadas criollas son una joya, constituye a mi juicio más un cuadro de costumbres que una puesta de un episodio de la Historia argentina, si bien irrumpe en ella un personaje histórico. En todo caso, podría ser definido como una ficción histórica o un teatro de asunto histórico. En efecto, queda plasmada en ella la costumbre nacional de comer empanadas rellenas con carne. Del mismo modo lo será la mazamorra en ¡Contemos uno, dos, tres y vayamos a 1810!, la otra que compone la trilogía. Se pondrá entonces el acento en lo que hace de la sociedad argentina de ese tiempo histórico un contexto habitado por personas con costumbres singulares que las distinguen de los españoles (también de los ingleses) a quienes, sin embargo, se los muestra codiciosos por consumir estas comidas criollas. También por dar órdenes de modo prepotente y avasallante. La comida criolla ejerce sobre estos personajes una avidez, además de una fascinación, producto seguramente del exotismo suculento que poseen por pertenecer y provenir de otras tierras de las que son oriundos. Desconocen y asisten con perplejidad codiciosa a este alimento. Les guste o no, en ese territorio son extranjeros. O invasores, con la mirada desde el punto de vista emancipatorio. El Reino de España no es rico (precisamente) en este delicioso plato.



     Las fechas en estas tres obras constituyen un dato importante. La de escritura (como dije, 2010), así como la de 1810, un siglo XIX agitado para la acción política en el Río de la Plata porque no solo la población criolla soporta el yugo español sino que también padece, como es sabido, en dos oportunidades las Invasiones de la Corona británica con ánimos tanto de enriquecerse cuanto de ampliar sus colonias, esto es, que la ambición territorial corre pareja como la codicia. Sabida es la resistencia que se les opone en ambos casos, sin ser los combatientes soldados profesionales en lo esencial sino civiles rasos.

     Las modalidades que adopta la dramaturgia son en algunos casos las de la analepsis y la prolepsis, esto es, saltos hacia adelante y/o retrospectivos en el tiempo en lo relativo a la vida de las personas. Este punto permite que la mirada que tienen sobre los mismos hechos sea distinta y que, por otro lado, cuando son adultos sean capaces de plasmar los acontecimientos por escrito. En efecto, la Pilar-niña de la citada obra no puede sino estar llena de preguntas, rebelarse frente al silencio (el así llamado “silencio histórico” de la mujer) que se le aspira a imponer y no tener capacidad de simbolización sencillamente porque a su edad no se escribe y probablemente a una mujer no se le permitiría saberlo hacer. Más tarde, será todo lo contrario. Será la voz que deje un registro de una etapa de la Historia que le ha tocado vivir. Hay un soldado realista que aspira a impedir que la Pilar-niña lea libros de humanidades o históricos en general. Pero la citada voz de San Martín, una voz serena, pone límites a ese atropello. Sin embargo, es primero ella misma la que contesta a ese intento de censura, en un acto de insurgencia notable.

     Hay presentadores y presentadoras que por cierto constituyen un rasgo que identifica a la poética de Adela Basch presente en otras obras. Se trata de figuras que luego se incorporarán a la acción dramática bajo la acción de actores mujeres y varones, denotando su carácter identitario revelar del juego dramático. Pero también se trata de un conjunto de personajes que se salen de la acción histórica propiamente dicha para ingresar en la acción escénica en diálogo directo con los espectadores, interpelándolos a partir del tiempo histórico presente. Este doble juego de ingreso y egreso en la acción es el señalamiento de dos planos ficcionales. El de la historia que se narra al que se suma el de quiénes desde un presente histórico más próximo al del lector serán los responsables de fechar y dar las coordenadas fundamentales de las cuales la obra se ocupará de poner en escena. Esta suerte de informantes no son figuras menores. Se constituyen en operadores que desde el rol de personajes con una doble identidad (por llamarlo de alguna manera) o, en todo caso, una identidad actoral de la cual mutan, anuncian el pasaje de los dos planos de la obra. De aquel que se mantiene por fuera de los sucesos históricos del cual la obra dará cuenta en lo sustantivo. Me refiero, concretamente al caso de la obra Las empanadas criollas son una joya.

     Su rol no es meramente el de anunciar una fábula que bajo la forma de una dramaturgia histórica tendrá lugar. Sino la de poner en juego también ciertos procedimientos propios de la poética de Basch que luego desplegará a lo largo de otra serie de piezas. El presentador y la presentadora también son la llave de ingreso en un universo ficcional al cual en forma directa no siempre resulta tan sencillo acceder sin mediaciones Anuncian pero también proveen de datos. Quien anuncia el contenido de una obra también es capaz de introducir curiosidad y cierta expectativa en un lectorado o un conjunto de espectadores que, de ese modo, se mantendrán ávidos por conocer, en una suspensión inquietante, lo que vendrá. Es el que plantea de entrada las reglas de juego a partir de las cuales estará plasmada una obra desde su poética, desde un cierto tono, desde el énfasis en ciertos procedimientos, su nivel de complejidad y, en un punto, definirá cuál es su lector implícito así como el lector ideal, en particular para el adulto que lo lea, con más capacidad de discernimiento. Munido de una cantidad superior de saberes y un nivel madurativo mayor, el adulto estará en condiciones de discernir de modo más complejo y más completo una obra que efectivamente propone una mirada no unívoca sino que plasma recorridos múltiples por el sentido.  




     Pienso que estas tres obras de Adela Basch que nacen de modo contemporáneo y que vienen también a conmemorar el bicentenario de la Revolución a la que aluden, son la excusa para reflexionar acerca de fenómenos histórico/políticos con procesos interculturales, por un lado. Por el otro, que involucran a los niños en su dimensión cívica. Adela Basch está interesada en lograr una adhesión, sin propagandas (como dije) pero sí con interés anhelado, por la lograda conquista de que un conjunto de espectadores sea capaz de valorar la libertad de expresión, la libertad política, la libertad de una nación de no ser sojuzgada por otras o por otra, en el caso de concreto España, allende el océano. También se muestra inquieta por promover la vida independiente, la vida que posee convicciones y es capaz de defenderlas en los hechos mediante una cierta forma de organización entre semejantes. 

     Las piezas por otra parte llenan de preguntas veraces a los niños y niñas ¿Es admisible o lo ha sido que un pueblo fuera gobernado por un reinado del que lo separaba un mar? ¿resulta legítimo dejarse manipular por las manos tramposas de Virreyes y Reyes cuyo único objetivo es el expansionismo y el enriquecimiento a costa de la limitación ilícita de la libertad de las personas tanto ética como cívicamente?

     Obras de revisión de la Historia argentina entonces a través de su literatura nacional, esta trilogía mediante recursos que acuden a toda clase de rasgos propios de la época (desde personajes a herramientas, desde escenarios hasta acontecimientos efectivamente sucedidos) buscan dar cuenta de un momento culminante de nuestra nación, en sus albores independentistas.

     La alimentación, los oficios, los medios de transporte, la forma de gobierno, los representantes del pueblo con referente histórico dan cuenta de un conjunto de hablas que son las que Basch les imprime y que si bien resulta evidente no se remonta a la de por entonces sí respeta un modelo comunicativo que permite al público infantil de por estos días la accesibilidad a una claridad feliz. Se trata de una cierta clase de obra atenta a recuperar y recrear (así como lo hiciera con Colón, con San Martín, con Belgrano, con los pueblos originarios, entre otros) una instancia histórica trascendente para un país y un continente que para estos niños y niñas es la configuración de su patria. Ficción de la identidad política, entonces, esta trilogía define los términos según los cuales esa identidad se constituyó, su génesis tuvo lugar, se desenvolvieron sus avatares, se consumó su final, sus repercusiones se propagaron, incluso su cotejo con nuestro presente histórico. Cada objeto, nombre, característica identitaria propios de un personaje o de varios cuando funcionan en grupo cumplen la misión de dar cuenta de ese conjunto de personas que, por un lado, conforman un nosotros inclusivo por dentro del cual se encuentran los criollos. Por el otro, la alteridad encarnada en los ingleses, primero, y en los españoles hasta que finalmente se conquista el logro de la Revolución mediante un fuerte poder de determinación además de factores sociohistóricos que están por fuera del control humano en forma total pero bajo los cuales sí surgen condiciones de posibilidad que establecen su realización concreta exitosa.

     En el medio, como corresponde a toda obra dramática, las intervenciones y los diálogos, los parlamentos y los intercambios permiten una interacción que afecta a unos y a otros. Informa a un grupo acerca de las prácticas sociales de los demás acerca de quienes se manifiestan ignorantes. Y en otro sentido quienes reivindican la libertad en sus hablas lo hacen prácticamente declamando una serie de reivindicaciones según las cuales también ratifican sus convicciones para volverlas certeza colectiva. En efecto, las tres obras en su final, el punto culminante de su cierre, consiste en una declamación grupal por parte o bien de los integrantes de la Junta, o bien de los personajes que comunitariamente hacen alusión a la definitiva y necesaria revolución o ya conquistada o de requerida y necesaria urgencia, y que han actuado en las  piezas. Las obras que contemplan una declamación hacia el final hacen referencia a la ubicación temporal y espacial por dentro de las cuales tienen lugar la gesta. Se mencionan nombres propios y espacios concretos. Al tiempo que construyen un conjunto de personajes que están ávidos por  nombrar en un acto de presencia múltiple, autodesignan su propia condición de sujetos históricos. Pero también de habitantes de un país emancipado del Reino de España, luego. Pero antes del intento de usurpación de la Corona británica.



     La Revolución se canta, se celebra, se cuenta, se vitorea como una conquista de muchos y que es motivo de encuentro, de socialización, entre compatriotas para conformar un país que a esta altura constituye una población con rasgos que lo caracterizan. Se confraterniza y se reúne en un convivio según el cual los personajes dieran la impresión de integrar un coro como en ciertas viejas obras griegas de la Antigüedad clásica. No obstante, para ello hicieron falta antes una serie de episodios así como de acciones concretas que se tomaran con el objeto de alcanzar una libertad que no fue por cierto espontánea. Esa causalidad es acentuada por Adela Basch. No se trata de un logro que se produjo como un producto natural de la evolución social azaroso. Sino de una intervención resultado de acciones meritorias que tuvieron lugar gracias al accionar de muchos que, mediante consensos, cansados de ser esclavos, realizaron estos levantamientos o estas defensas de sus territorios. El regocijo, la felicidad, la realización están presentes porque se llega a “la mayoría de edad”. Esa etapa de la vida civil (para el caso) en el que la emancipación de tutelas por fin es posible  merced a una actividad planificada. Pero también de una toma de consciencia de una ilegitimidad de la cual se era víctima. Se ha persistido en una acción producto de acuerdos que arrojaron como saldo el éxito.  

     Estas tres obras retrotraen la escritura literaria a una temporalidad en estrecha relación con la realidad nacional, no solo con la realidad histórica a secas. Se trata de revisitar un momento de la Historia concretamente argentina durante la cual el país comienza a desperezarse, a ser concebido como el que sería. Argentina comienza a ser Argentina. Se despierta al mundo porque en verdad se está creando a sí misma en un proceso de autoconstrucción en el que se organizan sus actores sociales así como sus instituciones, de naturaleza en un comienzo endeble producto de la inmadurez y la anterior tutela española. Que una dramaturga infantil se remonte a una etapa de las tramas históricas que hacen referencia a los procesos de autoconstrucción de la identidad nacional no hace sino trazar un paralelo con lo que anhela, como dije, para la gente menuda que asiste a sus espectáculos o la lee. Estas voces por escrito o en escena formarán tanto como informarán a la niñez acerca de cómo tuvo lugar el nacimiento del país en el que viven, acerca de cómo se vivía por entonces y de qué modo los criollos y el resto de mestizos, negros e indios que habitaban el suelo del Virreinato tomaron la decisión de afrontar la misión de gobernarlo por decisión propia. La deliberación también inocula en los niños capacidad de toma de partido, de elección por dentro de un electo de comportamientos que Adela Basch hace notar con sus obras que no dan lo mismo. Asimismo, Adela Basch invita gratamente a estos niños y niñas espectadores o lectores a contemplar sus vidas como ese universo del que pueden ser pasivas y desdibujadas figuras que se dejan gobernar por terceros. O bien, muy por el contrario, personas que aspiren con el paso del tiempo, al crecer y madurar, alcanzar una autonomía que también sea rica en libertad y consolidación de su subjetividad. Esta es su apuesta (lo que también es una respuesta a un pasado de autoritarismo). Y logra su cometido.

martes, 10 de noviembre de 2020

Escribir en la infancia. Maestros de escritura

 

Por María Cristina Alonso

 En la soledad de una habitación un niño, una niña escriben. Cuentan cómo es el mundo que los rodea y al que recién comienzan a aventurarse. Dejan testimonio con frescura de recién llegado. Las escrituras infantiles que perduran por haberse publicado, en general, merodean el género del diario íntimo. El diario de vida es un refugio, un espacio donde se cuela la realidad  y donde  el escritor deja testimonio de las vicisitudes personales.


Ivonne Bordelois en un fascinante libro titulado La palabra amenazada escribe: “Nada más injusto que el nombre de in-fante, que significa que el niño no puede o no sabe hablar –como el soldado de infantería, llamado así porque carece de derecho a réplica. Todos sabemos que en innúmeros casos, es la frescura de una primera aproximación al lenguaje la que hace de los niños maestros del habla”.  Maestros del habla y, en muchos casos, maestros de escritura.

 A los 15 años, Arthur Rimbaud lee a escondidas de la madre Los miserables de Víctor Hugo y edita su primer poema “El aguinaldo de los huérfanos” en la revista “Revue pour tous” en enero de 1870. El poema habla de la tristeza de dos niños pequeños en una habitación fría el día de año nuevo. Se ha muerto la madre y evocan otros momentos del pasado en los que recibían juguetes y dulces. Es un poema triste. “Ya vuestro corazón lo entiende todo: /ellos no tienen madre./¡No hay una madre en casa y su padre está lejos!/ Una criada vieja se ha ocupado/ de los niños. Los pobres/ están solos en una estancia helada,/ huérfanos de cuatro años solamente,/ y he aquí que despierta/ en sus mentes un recuerdo alegre…”

 Carrera meteórica la de Arthur Rimbaud, una vida apasionada. A los 21 años da por finalizada su carrera de poeta y se convierte en traficante de armas, esclavos y marfil en el corazón de África.



Uvas amargas y cenizas 

Una niña de nueve años escribe en 1890 una novela en una libreta, con lápiz y con algunas faltas de ortografía. La titula The Young Visiters (Los jóvenes visitontos, lo escribe incorrectamente en inglés y esta es una traducción aproximada). Uno de los personajes dice “Sin ti, mi vida serán uvas amargas y cenizas”. El argumento se desgrana en torno a un triángulo amoroso en el que la niña ridiculiza a la aristocracia inglesa. La pequeña escritora se llama Daisy Ashford (Inglaterra 1871-1972), e inventa historias desde los cuatro años que, su padre, pasa en limpio respetando su peculiar gramática y su lenguaje. Es un relato cómico y agridulce. Les niñes tienen la capacidad de ser incisivos humoristas. Extrae sus argumentos de las novelas que sus hermanas dejan a mano. Y les pone su toque personal.

A los 14 años -en 1890- escribe su última obra, The Hangman’s Daughter, una historia de crímenes e identidades cambiadas. Después la internan en una escuela de monjas y deja sus cuadernos olvidados en la casa de la infancia.

 




Daisy no se dedicó a la escritura, se mudó a Londres y trabajó como secretaria hasta 1912, año en que murió su padre y tuvo que regresar al hogar para cuidar a la madre que murió en 1917. Al desmantelar la casa, Daisy encontró en un cajón lleno de polvo sus escritos infantiles. Por intermedio de una amiga llegó con el manuscrito a interesar a un editor y el libro Los jóvenes vistontes fue publicado en 1919. El famoso James Barrie, el autor de Peter Pan, escribió el prólogo. Obtuvo un éxito arrasador, se convirtió en una comedia musical y en una película.

En ese 1919, la gripe española hacía estragos y el público necesitaba un poco de humor. Lo dice el escritor y traductor Guillermo Piro en un artículo dedicado a la novela de Daisy: “A finales de 1919 nadie estaba de humor para grandes celebraciones. La I° Guerra Mundial y después la gripe española habían diezmado a la población y su capacidad de ver más allá de su propia tragedia. Hasta que una niña de nueve años recordó a todos los adultos lo estúpidos que eran, y con su inocencia, su candor, un sentido del humor endiablado, y un montón de faltas de ortografía publicó una novela, “Los jóvenes visitontes” que devolvió un poco de ligereza y felicidad a la vida.

 

Familia duarnte la gripe española, 1919


A pesar del éxito de su novela, Daisy no volvió a escribir. Intentó con una autobiografía, pero no pudo concretarla. La escritora había quedado en la infancia. Tuvo tiempo, hasta 1972 cuando murió a los 90 años, para recordar la época lejana en la que podía poner la lupa en el mundo que la rodeaba, descubrir lo que traman los adultos y además contarlo. Un tiempo en el que, la niña escritora aseguraba: “Me encantaban los días de lluvia porque eso significaba que me podía quedar en casa leyendo y escribiendo”.


Deseaba que no hubiera pianos en el mundo

Parecen ser los diarios, y no la ficción, el género que los niños y niñas prefieren. Un diario pensado como una especie de amigo invisible, alguien al que se le pone nombre, un lugar que es refugio y consuelo. 

Los niños y niñas que escriben diarios nos demuestran que esa inocencia que los adultos les atribuyen no es tan real. Que en la infancia se mira el entorno con más realismo del que puede suponerse y, al narrarlo, los pequeños escritores van dejando la marca de su mirada y su juicio al mundo adulto. 

¿Qué leemos en un diario íntimo? ¿Una obra de ficción, un testimonio, un documento escrito? Entre los géneros discursivos referenciales, en el que coinciden autor y narrador, el diario personal contiene anotaciones que se van haciendo a diario y que sitúan al autor en un determinado contexto histórico. 

Un diario de vida es un texto flexible, abierto a multiplicidad de discursos. En él tienen cabida dibujos, reflexiones, anécdotas cotidianas, fotos. Una manera de atrapar la vivencia que es tan frágil en la memoria y dejar testimonio de lo que se vive. 


“En la actualidad me levanto algo lento, ya que temprano hace bastante frío. Sin embargo, tenemos un mayo perfectamente verde. Si no fuera sordo, me levantaría temprano para escuchar al ruiseñor.” Escribe Otto van Eck a los 10 años en su diario, el más antiguo que se conoce escrito por un niño. Lo comenzó en 1790 y llegó a tener más de 1500 páginas, lo que lo convierte en el diario más completo escrito por un niño y que nos permite escuchar la voz de un chico del pasado, cuando la infancia no se pensaba como se la piensa ahora y los niños eran considerados adultos en miniatura.


Otto inició su diario a instancias de sus padres que pusieron en práctica una estrategia educativa de los pedagogos del siglo XVIII que recomendaba la escritura de un diario para acrecentar los conocimientos del niño y seguir de cerca su crecimiento. Por lo tanto Otto es un niño de la Ilustración, educado con las teorías pedagógicas de Rousseau.

 Sus padres esperaban escudriñar meticulosamente su educación a partir de esas páginas. El niño escribe sobre paseos a caballo, sus enojos con las hermanas menores y cuenta anécdotas, pero también nos informa extensamente sobre los progresos de su enfermedad.

Como todo niño, no puede ocultar su mal genio o sus comentarios desagradables. “Deseaba que no hubiera pianos en el mundo”, escribe en su diario cuando era obligado a repetir su práctica de piano. A pesar de ello, los críticos sostienen que el diario refleja el mundo optimista de la ilustración holandesa a través de los ojos de Otto. El diario se acaba en noviembre de 1797, cuando su salud empeora. Otto sufría de tisis y muere a los 18 años.

 Una chica de avanzada

 En ocasiones, la publicación del diario de un niño o joven a raíz  ocurre a raíz de su muerte. Es el caso del diario de  Marie Bashkirtseff (Imperio ruso 11 de noviembre de 1858 - París, 31 de octubre de 1884) que comenzó su diario a los 15 años y, cuyas 19.000 páginas fueron publicadas por su madre luego de su muerte por  tuberculosis, a  los 25. Fue pintora y escultora famosa. Su diario fue considerado un modelo en su género por Simone de Beauvoir. Una chica de avanzada para su época: “Lejos de querer ser un hombre estoy contenta con lo que soy. Mi manera de entender una mujer puede ser tan útil a su país y a la humanidad como un hombre, si solo hubiera (no hay) una diferencia en la educación. No puedo vivir ignorada y perdida en la multitud, tengo que distinguirme”, escribió Marie.

 

Su diario fue víctima de la censura de su madre. Retocó, edulcoró y suprimió pasajes –a su parecer- no eran convenientes para su reputación.

Aunque Marie llegó a exponer sus obras en el Salón de París y llevó una vida mundana, con viajes y visitas a estaciones termales cuando su salud comenzó a quebrantarse, no dejó de expresar sus ideas feministas: escribió artículos denunciado la discriminación que sufrían las mujeres a las que se le impedía formarse en L’Ecole des Beux-Arts.

 Después de la muerte de la madre pudo leerse el diario de Marie sin censuras. Sirvió de inspiración para otras escritoras que incursionaron en el género: Katerine Mansfield y Anais Nin.



Marie Bashkirtseff, En el estudio (1881). Bashkirtseff se ha retratado a sí misma como la figura central sentada en primer plano


Querida Kitty

Otra niña escritora tiene una vida breve. Mientras escribe su diario en “la casa de atrás” sueña con convertirse en escritora cuando termine la guerra, sin saber que ya lo es. Para que los abrumadores días pasen en el estrecho espacio que debe compartir con sus padres, hermana y una familia amiga, no deja de hacer observaciones sobre las relaciones cotidianas, la persecución a la que son sometidos los judíos durante el nazismo, las lecturas que hace, el despertar del amor adolescente, la esperanza de que algún día vuelva la paz. Una muchacha corriente que se convierte, sin saberlo, en la voz de seis millones de personas víctimas del Holocausto.

Es la mundialmente leída Ana Frank, que le escribe a Kitty, como llama a su diario. Lo hace durante el encierro voluntario para salvar la vida desde junio de 1942 hasta agosto de 1944, fecha en que los escondidos fueron detenidos y enviados a campos de concentración.

La niña pasó dos años escondida en el número 263 de la calle Prinsengracht, en Amsterdam. En extremas condiciones, con comida racionada y obligación de hacer silencio para no ser escuchada. En la parte delantera del edificio funcionaban las oficinas de la empresa donde trabajaba su padre, Otto Frank.



Los Frank eran una familia de comerciantes judíos alemanes que, con el triunfo del nazismo, habían emigrado a Amsterdam en 1933. Se creyeron seguros hasta que Hitler invadió Holanda. Todo lo va registrando la niña con precisión y conciencia de que está gestando un documento histórico. Desde las primeras restricciones hasta los acontecimientos que deciden desaparecer a la familia. 

“Querida Kitty- le cuenta Ana a su diario el jueves 9 de julio de 1942- Así anduvimos bajo la lluvia torrencial, papá, mamá y yo, cada cual con una cartera de colegio y una bolsa de la compra, cargadas hasta los topes con una mezcolanza de cosas. Los trabajadores que iban temprano a trabajar nos seguían con la mirada. En sus caras podía verse claramente que lamentaban no poder ofrecernos ningún transporte: la estrella amarilla que llevábamos era elocuente.
Solo cuando ya estuvimos en la calle, papá y mamá empezaron a contarme poquito a poco el plan del escondite. Llevaban meses sacando de la casa la mayor cantidad posible de muebles y enseres, y habían decidido que entraríamos en la clandestinidad voluntariamente, el 16 de julio.”


Su diario, fue hallado por Miep Gies -secretaria de Otto Frank quien los asistió durante el encierro- después de que la Gestapo detuvo a los habitantes de la casa y se convirtió en testimonio contundente de uno de los horrores más insoportables del siglo 20.

 

Te hablo de la guerra

 

La guerra es un suceso incomprensible, aún para los adultos que sabemos de cuánta crueldad es capaz el ser humano. Por eso los que más sufren en las guerras son los niños y niñas que deben atravesarlas. El sitio de Sarajevo fue uno de los más prolongados en la historia de la guerra moderna. Duró desde el 5 de abril de 1992 hasta el 29 de febrero de 1996, durante la guerra de Bosnia y Herzegovina cuando se desintegró la ex Yugoslavia.


Desde las colinas, una lluvia de fuego se batió sobre Sarajevo, los  francotiradores tomaron la ciudad y la vida se tornó insoportable.

 Zlata Filipovic (Sarajevo, 1980) había leído el diario de Ana Frank, tenía 12 años, y escribía en el suyo la vida cotidiana de una adolescente que va a la escuela, toma vacaciones con su familia, se encuentra con amigas.

 Pero de pronto la guerra irrumpe en su diario sin pedir permiso. El miércoles 23 de octubre de 1991 escribe: “En Dubrovnik ha estallado la guerra. Terribles bombardeos. La gente están en refugios, sin agua, sin luz. El teléfono está cortado. En la tele se ven imágenes horribles.”

 Escribir es el acto organizador en la vida de la adolescente. Y, al cabo de varias entradas, así como Ana llama a su diario Kitty, Zlata,  le escribe a Mimmy: “Dear Mimmy: ¿Recuerdas el 2 de mayo de 1992, el día más infernal de esta vida miserable? A menudo me digo que seguramente no era el día más duro sino el primero, el primero verdaderamente duro, y por eso lo recuerdo como el peor. No logro expulsar de mi cabeza el hedor del sótano, el hambre, los cristales que saltaban en pedazos por los obuses. Estuvimos doce horas sin comer ni beber; pero lo peor era el miedo, tener que permanecer pegados en un rincón del sótano si saber lo que iba a suceder.” Y más adelante, en ese diálogo que va trazando la escritura, el diario es interpelado y se convierte en refugio, en el lugar donde los acontecimientos del mundo se hacen propios: “Dear Mimmy, Yo no te hablo nunca de mí. Te hablo de la guerra, de la muerte, de las heridas, de obuses, de penas Y TRISTEZAS. Casi todos mis amigos se han ido. Pero incluso, si estuvieran aquí, ¿quién sabe si podríamos vernos? El teléfono no funciona, ni siquiera podríamos hablarnos.”




Zlata reflexiona y se sabe testigo de un acontecimiento y, en su registro diario se vuelve una crítica notable: “He vuelto a ver el mercado al ir a clase de música. A Sarajevo no le falta nada. La gente vende de todo para poder comer. No está bien robar cosas, pero todavía peor venderlas a cambio de divisas fuertes…Y hay que ver lo que comemos. Cuando se tiene hambre, vale todo. ¿Cómo vas a comprar un huevo que vale 5 marcos alemanes, o el chocolate a 20 marcos, las galletas a 40 marcos, el café a 120 marcos, etc? ¿Quién puede pagar eso? La gente común como nosotros, no. La gente común, como nosotros recibe un paquete, y ahora, para SOBREVIVIR se cultivan verduras donde y como sea. Las ventanas y los balcones se han convertido en huertas. En lugar de flores crecen lechugas, cebollas, perejil, zanahorias, remolachas, tomates y no sé cuántas cosas más.” 

El diario de Zlata comenzó a circular en fotocopias puesto que muchos consideraron que era un testimonio importante para que el mundo conociera lo que estaba sucediendo en las Balcanes. La prensa internacional lo difundió e interesó a una editorial francesa que lo publicó. Zlata junto a su familia, fue refugiada en París, a finales de 1993 con la ayuda de las fuerzas de la ONU y de las autoridades francesas gracias a la popularidad obtenida por su diario. 



“Ayer vino un equipo de la televisión canadiense con Janine para ver cómo aguantábamos esta locura de los bombardeos. Un hermoso gesto. Humano.(…) Y cuando vimos a Janine con los brazos cargados de provisiones, estallamos en sollozos. La gente humanitaria se preocupa por nosotros, piensa en nosotros, y gente inhumana quiere destruirnos. ¿Por qué? Siempre me hago la misma pregunta. ¿Por qué?” 

Voy a poner todas las órdenes que se han dado 

Una niña chilena, Francisca Márquez de 12 años también lleva un diario cuando Pinochet da el golpe de estado contra la Unidad Popular y sume a su país en un despiadado régimen militar. Se publicó recién en 2019. 

Así cuenta Francisca en su diario ese 11 de septiembre de 1973: 

"Son las 11:45 am. El ejército, la marina y la aviación han decidido echar a (Salvador) Allende y a sus ministros. Allende está en La Moneda y el ejército, la marina y la aviación le dijeron a Allende que se rindiera porque, si no se rendía, iban a atacar por tierra y por aire. Resultado: Allende no se rindió y bombardearon La Moneda". Y continúa: “"No he podido saber nada más porque por la radio no dicen mucho. En mi calle, todas las casas pusieron una bandera chilena en la ventana. Y unas personas sacaron una mesa para la calle. Y empezaron a dar café. En la esquina viven unos UP (Unidad Popular) y su casa está llena de personas UP. Ahora tenemos un nuevo gobierno. Junta militar de gobierno. Espero que todo llegue a ser como antes".




El diario de Francisca tuvo que esperar 46 años para salir a la luz cuando su autora, la antropóloga y académica de la Universidad Alberto Hurtado decidió publicar los textos que escribió desde agosto de 1973.

Entre dibujos, recortes de revistas y papeles de golosinas Francisca, va relatando los acontecimientos que terminaron con el derrocamiento de Salvador Allende y la instauración de un régimen de terror.




El relato escrito ese 11 de septiembre continúa así:

“Parece que el incendio en La Moneda es inmenso, porque desde mi ventana se ve el humo. El papá cree que Allende y sus ministros iniciaron el incendio y así pudieron arrancar por algún túnel secreto.

Voy a poner todas las órdenes que se han dado por el nuevo gobierno.

1. Está prohibido salir a la calle en grupos. A todos los que no obedezcan se les disparará.

2. No se podrá salir a la calle a partir de las tres de la tarde.

3. Los trabajadores no deben abandonar su trabajo. Se castigará al que lo haga.

4. Todos los extranjeros que estén ahí y no tengan sus papeles en orden deben presentarse en una comisaría.

5. No se deben hacer manifestaciones como: poner banderas en las ventanas, gritar en las calles, etc.

6. Prohibido portar armas de cualquier tipo.

7. Hay que quedarse en sus casas calmados y dejar que la Aviación, Marina y Ejército actúen.

8. Antes de las seis de la tarde deben estar todos los trabajadores, obreros o profesionales en sus casas.

Todo es bastante espantoso porque los bombardeos, los disparos y los aviones pasan a cada rato, igual el helicóptero.

A mí me da pena que maten o destierren a Allende, él pensaba solo en lo mejor para los pobres. Yo creo que Allende es bueno, y que puede pensar lo que quiere y hizo lo que creía mejor para Chile.”

 

Maestros del habla, como señala Bordelois, las escrituras infantiles desnudan un mundo que a veces, los adultos, no queremos ver.

 

 

 




No, no..., y no...!!! por Julio Cortázar en la Campaña Libros por la Paz, Agenda ODS - 2030, NACIONES UNIDAS.

  Desde la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA de Virrey del Pino, La Matanza, ARGENTINA, seguimos compartiendo textos y libros, en esta Campaña...