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sábado, 9 de agosto de 2025

De la hormiguita viajera a las pulgas rebeldes : cinco facetas del insecto en la literatura infantil argentina del siglo XX. @Maud Gaultier (*)


Imagen @virginiapiñon


Con gran alegría y orgullo presentamos este artículo de la investigadora y escritora Maud Gaultier que reflexiona sobre el uso de los insectos en la literatura infantil argentina del siglo XX, y que en sus páginas hace referencia a la Hormiguita Viajera y a nuestra distinción: Premio Nacional y Latinoamericano de LIJ: La Hormiguita Viajera..., nombrando y analizando la obra de Constancio Vigil, Gustavo Roldán, Sebastián Tallión y otros.


Dossier: Insectes, bichos et autres « petites bêtes » dans les Amériques (XIXe-XXIe siècles)

De la hormiguita viajera a las pulgas rebeldes : cinco facetas del insecto en la literatura infantil argentina del siglo XX

Maud Gaultier

Résumés

Este artículo propone un recorrido por la literatura argentina para niños y jóvenes del siglo XX, deteniéndose en obras de ficción que, a través de la presencia de insectos, marcaron el imaginario infantil y la historia del libro para niños en este país. Se identifican diversas tendencias en el tratamiento del insecto : en primer lugar, « La hormiguita viajera » de Constancio C. Vigil presenta a los insectos como portadores de valores como la perseverancia y el respeto por las normas comunitarias. En segundo lugar, los « cuentos misioneros » de Horacio Quiroga muestran al insecto como símbolo de la capacidad de la naturaleza para imponerse frente a la arrogancia humana que la subestima. La tercera faceta destaca la inclusión de insectos, en poemas alejados tanto del moralismo como del realismo. La cuarta tendencia aparece en la estética del disparate, impulsada por autores como María Elena Walsh, quien recurre al humor y al absurdo para subvertir las representaciones tradicionales, invitando a observar el mundo pequeño desde una perspectiva irreverente y creativa. Finalmente, Gustavo Roldán utiliza a los insectos, con su aparente pequeñez y vulnerabilidad, como símbolos de rebeldía y resistencia, otorgando voz a lo marginal y cuestionando las estructuras de poder.

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Texte intégral

  • 1 Los dos escritores uruguayos mencionados en este artículo se radicaron y publicaron en Argentina. S (...)
  • 2 Literatura Infantil y Juvenil

1Tanto en la ficción dirigida a los adultos, como en la ficción para los niños, los animales nos remiten constantemente a nuestra propia condición humana, y actúan como un espejo, que refleja y revela nuestras preocupaciones más fundamentales, ya sean sociales, políticas, culturales u ontológicas. En el caso de la literatura infantil, tal es la omnipresencia de los animales, que el público no especializado tiende a veces a identificar los textos destinados a los niños con las fábulas o cuentos con animales. Si bien esta visión es evidentemente muy reductora, ya que borra gran parte de la riqueza de los libros infantiles, hay que admitir que esta confusión proviene tanto del origen y de la historia del libro dirigido al joven lector, como de la avasalladora presencia de los animales en la literatura infantil de ayer y de hoy (Soriano, 1995 : 96). Animales domesticados, confinados en los zoológicos, salvajes, fantásticos, exóticos o familiares, pueblan las fábulas, los cuentos, los poemas hasta tal punto que no hay un solo aspecto de la literatura para niños que no se pueda abordar desde el enfoque del estudio de su bestiario. El animal parece reunir, asumir, todas las cuestiones que atraviesan dicha literatura, tanto a nivel poético, como político o moral. Pero, dentro de este bestiario variado y vasto, ¿ cuál es el lugar de los insectos ? Según varios estudios, son los cuantitativamente menos representados, y los menos amados (Connan-Pintado, 2022). Sin embargo, un recorrido por la literatura argentina1 para niños y jóvenes permite destacar que los insectos representan una parte fundamental del bestiario convocado en este corpus. Si bien es imposible apreciar, sin llevar a cabo un estudio sistemático y a gran escala, la proporción exacta dedicada a los insectos en la literatura infantil actual, una observación atenta de los catálogos recientes de las principales colecciones infantiles argentinas, nos enseña que las hormigas, abejas, mariposas, cigarras, pero también otros « bichitos » menos populares, no son en absoluto figuras descartadas por los autores contemporáneos. Al contrario, el aumento y la diversificación de los libros infantiles, consecuencias del gran dinamismo de este sector editorial próspero y en constante auge, así como las preocupaciones medioambientales que caracterizan la sociedad actual, explican la creciente representación de los insectos en los libros recientes. El objeto de este artículo es volver sobre los antecedentes de la LIJ2 argentina y examinar cómo fue apareciendo la figura del insecto a lo largo de todo el siglo XX. Nos focalizaremos en cuentos o poemas que, recurriendo a la presencia de insectos, marcaron el imaginario infantil y la historia argentina del libro para niños, por el éxito del que gozaron, o la calidad de su escritura. Nos detendremos primero en el periodo de conformación y consolidación del campo literario dirigido a los niños en Argentina. Nos interesaremos luego en obras posteriores, publicadas después del giro de la literatura infantil en los años sesenta.

« La hormiguita viajera », de Constancio C. Vigil : un cuento con moraleja

  • 3 Leopoldo Lugones, Héctor Pedro Blomberg, Arturo Capdevila…
  • 4 Como su obra « El Mono relojero », llevada al cine en 1938.

2Los inicios, o, para ser más precisos, el verdadero despegue de una literatura nacional para niños en Argentina, suele ser asociado al escritor Constancio Cecilio Vigil, creador del celebérrimo personaje de la « hormiguita viajera ». Este insecto, que se hizo popular ya desde su aparición en el cuento epónimo del autor, sigue siendo hoy en día uno de los personajes más representativos de la LIJ argentina. Nacido en Uruguay y radicado en Buenos Aires desde 1903, Constancio C. Vigil fundó varias revistas, entre ellas la famosa BillikenLa Revista de los Niños en 1919. Su enfoque es especialmente innovador para una época en que pocos autores habían escrito expresamente para los niños ; por primera vez, se dirige a ellos reconociendo la naturaleza específica del público infantil. La moderna presentación de la revista, basada en su maquetación amena, refleja una verdadera voluntad de comprensión de su destinatario y el deseo de adaptarse a ese nuevo lectorado. La variedad de los contenidos, que van desde los cuentos de hadas y las biografías edificantes hasta consejos prácticos e historias divertidas, muestra también hasta qué punto la revista va más allá de un marco puramente educativo, y viene, según Mirta Varela, a llenar un vacío (Varela, 1996 : 123) : los niños empiezan a ocupar un lugar de pleno derecho en la sociedad y están empezando a tener « su » literatura. El éxito de Billiken fue tan importante que muchos de los intelectuales y escritores de la época3, que trabajaban para las revistas más prestigiosas en circulación en aquel momento, escribieron en ella y participaron en su elaboración. El propio Constancio C. Vigil publicó allí muchos cuentos, convirtiéndose en una voz ineludible para los niños de la época. Muy prolífico, disponía, como editor, de medios de difusión que sin duda le permitieron imponerse como uno de los autores infantiles de mayor renombre en Argentina e incluso América Latina. Sus ficciones, acordes con los valores católicos y nacionalistas que pretendía transmitir, marcaron varias generaciones de niños, por ser incluidas en los materiales escolares y por haber sido también reeditadas en tiras o llevadas posteriormente al cine4. Se presentan como fábulas o relatos con moraleja, cuyos personajes son a menudo animales totalmente antropomorfizados.

  • 5 Cita de María Elen Walsh a propósito de Vigil : « A mí me gustaron algunos cuentos de él pero creo (...)

3Si a Constancio C. Vigil se lo recuerda todavía como a una figura central de la historia de la industria argentina de los bienes culturales para niños, como escritor, suele ser identificado más bien con el aspecto moralizante de sus cuentos, que poco corresponden con los cánones posteriores de la literatura infantil5. Podemos observar, incluso, cierto rechazo hacia su obra, asociada a contenidos vistos como retrógrados e insulsos (Soriano, 1995 : 94). Por lo tanto, a partir de los años sesenta, sus textos son menos difundidos y la mayoría de sus relatos va cayendo en el olvido. Sin embargo, entre todos los cuentos de Constancio C. Vigil, uno de los pocos que pasaron a la posteridad, convirtiéndose en un clásico de la literatura infantil latinoamericana, es « La hormiguita viajera », publicado en 1927 : nos sumerge en un mundo casi enteramente poblado de insectos (aguacil, abeja, bicho colorado, cascarudo, langostita, grillo, araña, luciérnaga, avispa), y tiene como personaje principal a la famosa hormiga. Relata un viaje iniciático, en el que una hormiga, más desafortunada que imprudente, queda atrapada por descuido en una servilleta, siendo liberada lejos de su hormiguero ; el cuento se centra en su periplo de regreso, durante el cual los encuentros con otros bichos, mayormente ayudantes, aunque a veces opositores, le permiten encontrar el camino al hogar, donde tiene que pasar la última prueba : que la vuelvan a admitir sus congéneres.

4No es esta odisea en sí la que quedó en las memorias, ya que poca gente recuerda exactamente la historia misma del cuento, sino tan solo el personaje de la hormiguita. Si un sinnúmero de instituciones escolares lleva el nombre de Constancio C. Vigil en Argentina, muchos establecimientos prefirieron adoptar el de su invertebrado personaje, y eligieron llamarse más bien « La Hormiguita Viajera ». El insecto se convirtió en un verdadero emblema de la LIJ, hasta tal punto que el Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil instituido en 2009, se denominó, para rendir homenaje a su creador, « La Hormiguita Viajera ». Más allá del ámbito de la LIJ, el personaje se popularizó tanto, que hasta conoció un proceso de lexicalización, convirtiéndose la locución « hormiguita viajera » en una expresión utilizada para designar a alguien, ya sea por su forma de vestir - si lleva un vestido rojo con lunares blancos, parecido al que usa el insecto en la representación iconográfica que perduró a lo largo de las publicaciones -, o por su comportamiento. Dicho sea de paso, el verdadero contenido inicial de la historia se encuentra totalmente olvidado en el uso de la locución, en la medida en que, por un lado, la narración no menciona la forma de vestir de la hormiga, y por otro lado, los comportamientos que se suelen asociar al uso de la expresión, son muy alejados de las características del personaje referencial : se califica de « hormiguita viajera » al político que cambia a menudo de opinión o de partido, lo cual resulta ser un aspecto totalmente ausente del cuento de origen, o al que viaja mucho (cosa que la hormiga hizo, pero una sola vez, y sin quererlo). A lo largo de casi un siglo desde su nacimiento, el personaje parece entonces seguir su propio camino en el imaginario colectivo, y recibir influencias ajenas a la obra de la cual está sacado.

5Inicialmente, Vigil parece elegir la figura de la hormiga ante todo por su pequeñez y su aparente vulnerabilidad, reforzados gracias al diminutivo, muy característico del estilo del autor, y que sirve de identidad al insecto en el cuento (donde se lo designa invariablemente como « la hormiguita »). Cruzando la tradición universal de las fábulas desde Esopo, con la fauna oriunda de Argentina presente en los cuentos populares vernáculos, Vigil puebla sus textos de animales diminutos y conocidos por sus lectores. Esta cercanía facilita una identificación claramente buscada, que culmina, en el caso de nuestro cuento, en una moraleja doble ; la hormiguita se convierte en un ejemplo paradigmático de lo que significa ser valiente y perseverante, pero también de las consecuencias nefastas de la acción impulsiva y de la importancia del respeto por las leyes de la comunidad. Esto queda patente en la exclamación conclusiva de la reina del hormiguero :

¡ Tu voluntad, hija mía, tu heroica voluntad es lo que te ha salvado !... ¡ Bendita sea la indomable energía de nuestra especie !... ¡ Y quede tu experiencia como ejemplo para que ninguna hormiga de mi reino se aventure sin permiso en lo desconocido ! ¡ Para que ninguna ceda ante las dificultades ni se rinda jamás al infortunio ! (Vigil, 1927)

6La valoración de la acción personal y la fuerza interior para resistir ante las dificultades se ve un tanto matizada por el recordatorio de que toda acción tiene consecuencias y que seguir las normas establecidas es esencial. En este sentido, la elección de la hormiga como personaje portador de los valores del cuento, respeta tanto las connotaciones científicas como las representaciones culturales del insecto. En efecto, su comportamiento, intensamente estudiado por los entomólogos, es un ejemplo de cooperación y organización social en el reino animal, lo que permitió utilizarlo en la literatura como modelo de esfuerzo y disciplina, o, en contextos más críticos, como símbolo de sumisión y conformismo.

7Este cuento dio lugar a muchas interpretaciones y valoraciones, a veces contradictorias. Mientras algunos alaban su capacidad para transmitir valores de amor a la naturaleza y a los más pequeños (animalitos como niños), otros denuncian la posible carga moralizante y el sesgo ideológico que contiene. No nos interesa entrar aquí en estas polémicas, ya que lo convocamos nosotros para recalcar cómo, por medio de este relato, este insecto logró alcanzar un lugar central en la literatura infantil argentina : el personaje de la hormiguita viajera viene a ser, por todos los motivos que acabamos de exponer, a la vez origen, símbolo y encarnación de la ficción argentina para niños.

Los cuentos misioneros de Horacio Quiroga : el hombre frente a los insectos

  • 6 Cuento conocido también como « Los bichitos ».

8Otro uruguayo, contemporáneo de Constancio C. Vigil, marcó profundamente la literatura argentina : Horacio Quiroga. Reconocido por la omnipresencia de los animales de la selva misionera en su obra, el escritor otorga un lugar destacado a los insectos. Desde el monstruoso insecto del cuento « El almohadón de plumas » (Quiroga, 1907), o las moscas con su inolvidable zumbido en « Las moscas (Réplica de El hombre muerto) » (Quiroga, 1933), hasta los alacranes coleccionados e insólitamente comidos por el entomólogo en « Los cascarudos » (Quiroga, 1912)6, estas criaturas pueblan las ficciones para adultos de Quiroga, que las maneja de manera extremadamente compleja y variada. Si bien gran parte de la obra del escritor no fue originalmente destinada a un público infantil, muchas de sus narraciones fueron posteriormente publicadas en libros orientados a niños y jóvenes. Esta orientación puede resultar paradójica si consideramos el carácter sórdido y, a menudo, perturbador de sus historias, así como un lenguaje no siempre accesible a un lectorado infantil. Sin embargo, resulta también comprensible, ya que los cuentos protagonizados por animales suelen confundirse, aunque a veces erróneamente, con la literatura destinada a niños. Pero sobre todo, la publicación, en 1918, de la colección de ocho relatos Cuentos de la Selva para niños, consolidó la asociación duradera entre Horacio Quiroga y la literatura infantil. Sus demás cuentos para niños no fueron recopilados bajo forma de libro sino de forma póstuma, pero tuvieron una amplia circulación por medio de las varias revistas a las que contribuyó : a partir de 1924, la revista Billiken publicó una serie de cuentos semanales para niños, que narran las aventuras de un tal Dum-Dum, cazador de la selva misionera, recopilados después en el volumen Cartas de un cazador, y entre 1924 y 1925, Caras y Caretas publicó unas narraciones bajo el rótulo « De la vida de nuestros animales », que combinan la descripción de animales con anécdotas de la selva.

9En Cuentos de la selva para los niños, los insectos tienen una aparición notable en el último cuento : « La abeja haragana » (Quiroga, 1918). Aquí, Quiroga presenta una fábula protagonizada por una abeja perezosa que no aporta su contribución a la comunidad. Después de varias advertencias, le vedan el paso en el momento de refugiarse al hogar para pasar la noche. El proceso de supervivencia al que es sometida le servirá de lección a la abeja haragana y la transformará, enseñándole el valor del esfuerzo y la importancia de cumplir con sus responsabilidades dentro de la colmena. Con su estructura clásica, sus protagonistas antropomorfizados y su moraleja explícita, este cuento - al igual que « La hormiguita viajera » de Constancio C. Vigil - respeta la idiosincrasia fundamental del insecto protagonista (aquí la abeja, incapaz de sobrevivir fuera de la colmena, especialmente de noche), mientras transmite un mensaje centrado en la ética del trabajo y la superación personal, valores habituales en la literatura infantil de aquella época. No obstante, a diferencia de Vigil, cuya obra se caracteriza por un tono didáctico más constante y directo, Quiroga mantiene en su relato una atmósfera de tensión y un contacto más profundo con la naturaleza, mostrando que incluso en esta fábula de factura muy clásica, conserva su estilo inconfundible.

10En realidad, este cuento aparece más bien como una excepción, ya que la representación de los insectos en el resto de la obra de Quiroga difiere radicalmente de la de Constancio C. Vigil. Esto es particularmente notable en los cuentos con hormigas, donde estos animales, por muy pequeños que sean, no tienen la vulnerabilidad de la hormiguita viajera. Si en sus relatos destinados más bien a los adultos, como « La miel silvestre » (Quiroga, 1911) y « Las hormigas carnívoras de Misiones » (Quiroga, 1912), Quiroga insiste de manera realista en el sorprendente poder de destrucción de estos insectos, frente al que el hombre es impotente, del mismo modo, en los relatos dirigidos al público infantil, los insectos suelen representarse como criaturas reales, implacables e incluso superiores al ser humano en inteligencia y adaptabilidad. Así, tanto en las ficciones infantiles « La hormiga león » (Quiroga, 1925) y « La hormiga minera » (Quiroga, 1925), como en « Cacería del hombre por las hormigas » (Quiroga, 1924), a pesar de su pequeñez, la hormiga aparece como mucho más peligrosa que cualquier otro animal. El cuento empieza redactado como una carta de un padre a sus hijos :

Chiquitos :

Si yo no fuera su padre, les apostaría veinte centavos a que no adivinan de dónde les escribo. ¿Acostado de fiebre en la carpa? ¿Sobre la barriga de un tapir muerto? Nada de esto. Les escribo acurrucado sobre las cenizas de una gran fogata, muerto de frío… y desnudo como una criatura recién nacida. [] ¡Pero qué frío, chiquitos! Son las tres de la mañana. Hace varias horas que las hormigas están devorando todo lo que se mueve, pues esas hormigas, más terribles que una manada de elefantes dirigida por tigres, son hormigas carnívoras, constantemente hambrientas, que devoran hasta el hueso de cuanto ser vivo encuentran.

11La estrategia de Quiroga en sus cuentos protagonizados por hormigas sigue un patrón constante, cualquiera sea su destinatario de predilección : el hombre, presumido y confiado en su capacidad para desenvolverse en la naturaleza, termina reducido a su verdadera condición, la de una criatura indefensa, literal y simbólicamente desnuda frente al asedio de los insectos. Las hormigas, por su parte, no son lo que parecen : despreciadas por su diminuto tamaño e incapacidad para resistir a los insecticidas, se revelan como las fieras más temibles y feroces de la selva. La voz narrativa adopta un tono burlón hacia ese padre, acostumbrado a jactarse de sus hazañas, quien, de cazador, se convierte en presa de los insectos. Es tan solo una variante menos dramática, pero no edulcorada, del permanente recurso de Quiroga a la ironía mordaz frente a seres humanos que no respetan la naturaleza, porque no la conocen : en « La miel silvestre », Quiroga ridiculiza a Gabriel Benincasa, un personaje orgulloso de sus « stromboot », que finalmente no sirven como defensa alguna ante los peligros de la naturaleza, y quien asiste impotente a su propia devoración por las hormigas.

12Igual estrategia elige Quiroga en su cuento infantil « La araña pollito » (Quiroga, 1925), donde un hombre, que « había sido mordido dos veces por tantas yararás, y una vez por una serpiente de cascabel », y a quien « un rayo le había arrancado todos los dientes superiores », no creía que podía ser dañado por la arañita, hasta que sufre un síncope después de su mordedura. En todas estas historias, los insectos, incluso los más minúsculos - como el pique, descrito en el cuento epónimo (Quiroga, 1925) como « más chico » que una pulga -, encarnan el lado más brutal y hostil de la naturaleza, al tiempo que desafían la supremacía humana. Quiroga los compara a menudo con animales grandes y cuyas capacidades son ampliamente conocidas. Si en « Cacería del hombre por las hormigas », las hormigas eran nada menos que « más terribles que una manada de elefantes dirigida por tigres », así describe el escritor en otro cuento a la avispa colorada :

Pocos animales son, por lo demás, tan bien dotados para la batalla como la avispa colorada. Ni el león ni el tigre dan, en su recogimiento de resorte al saltar, la impresión de ataque de la avispa cuando, presta a disparar desde el borde de su nido, clava los ojos inmóviles en su agresor. (Quiroga, 1925)

13Solo una actitud humilde y respetuosa por parte del hombre le permite convivir con estos seres, algo que no logrará el joven inspector de estaciones meteorológicas de « La avispa colorada ». Actuando con exceso de confianza y « sin conocer mucho ni poco el país », no podrá evitar ser picado, contrariamente a los personajes al tanto del « secreto » :

El secreto consistió en hablar a las avispas, explicándoles de cerca y con manso tono, la necesidad de martillar en tal clavo, de desviar tal alfajía pesada de avisperos, todo con el tono persuasivo y sereno con que puede uno dirigirse a un ser superior.

14Lejos de ser simples relatos didácticos, estas narraciones revelan una visión del mundo donde los papeles tradicionales se invierten, el animal más chico es el más temible y el hombre está constantemente en peligro, en un entorno que se presenta como un escenario de lucha y supervivencia. El esfuerzo para adaptarse al público infantil radica en pequeños ajustes, pero no pasa por un edulcoramiento de las historias, especialmente en lo que respecta a las relaciones entre los seres vivos dentro del mundo natural. En este sentido, estamos muy lejos del mundo de Constancio C. Vigil.

15La obra de Quiroga presenta una visión desoladora pero profundamente contemporánea de la relación entre el hombre y su entorno, y su forma de trabajar la figura del insecto no hace más que exacerbar esta visión. Objeto de todos los prejuicios, el insecto es la figura idónea para poner en tela de juicio las certezas humanas sobre el mundo. Así lo demuestra Leonardo Ordóñez Díaz en la parte consagrada a Quiroga de su tesis La selva contada por los narradores. Ecología política en novelas y cuentos hispanoamericanos de la selva (1905-2015) (Ordóñez Díaz, 2016). Hoy en día los cuentos misioneros fueron ampliamente releídos, en particular desde una perspectiva ecocrítica (Barreiro Jiménez, 2019 : 381-386). Según la interpretación de Jennifer L. French (French, 2005), Horacio Quiroga utiliza el entorno selvático y los animales para subvertir el paradigma antropocéntrico, despojando al ser humano de su aparente dominio sobre la naturaleza y situándolo en una posición de vulnerabilidad frente a un espacio que se presenta autónomo, hostil y ajeno a las preocupaciones humanas. A través de su realismo naturalista, construye una narrativa que anticipa las preocupaciones proto-ecológicas que cobrarían relevancia en el siglo XXI. El universo literario de Quiroga se alinearía, según esta teoría, con lo que hoy podría considerarse una crítica al antropocentrismo moderno : la selva devora, transforma y desafía, presentándose como una alteridad radical cuya lógica no responde a las aspiraciones humanas. Esto se traduce en una modernidad literaria que no solo refleja el espíritu naturalista de su tiempo, sino que también visibiliza el impacto del entorno sobre la existencia humana, despojando al individuo de su presunta superioridad.

El insecto poetizado

  • 7 El género llegó a Argentina inicialmente con la circulación de fábulas europeas, pero, gracias a au (...)
  • 8 Conrado Nalé Roxlo publicó en 1954 La Escuela de las Hadas, que se ha convertido en un clásico de l (...)
  • 9 « Creo que el niño ama especialmente lo que no entiende ». (Walsh, 1995 :150)

16Muy lejos del universo inquietante y oscuro de Quiroga, los primeros poetas argentinos que escribieron para los niños encontraron en los insectos figuras capaces de inspirarlos. No solo a través del género de la fábula7, sino también en poemas que abandonaron la ejemplaridad y las moralejas para explorar la creatividad del lenguaje y la capacidad de los versos para despertar la imaginación. El famoso escritor y periodista Conrado Nalé Roxlo8, miembro del grupo Florida y autor de numerosos artículos publicados bajo el seudónimo de Chamico en varias revistas, compuso en 1923 un poema de amplia circulación escolar en Argentina : « El grillo » (Roxlo, 1923). Este se inscribe en la tradición de los poemas modernistas y es considerado como emblemático dentro de la poesía infantil por haber sido aprendido de memoria por varias generaciones de chicos. Su aparente sencillez formal oculta una gran sensibilidad y un uso bastante atrevido de las palabras, lo que podría ser la clave de su éxito9. Notemos en estos dos versos el empleo del adjetivo « eglógico », de difícil comprensión para un lectorado infantil pero que confiere al poema un efecto misterioso, o el uso del sustantivo « grillo » con una función más bien adjetival : « mi corazón eglógico y sencillo / se ha despertado grillo esta mañana ».

17El segundo poeta que cabe mencionar aquí como figura esencial en el panorama de la LIJ de principios del siglo XX es José Sebastián Tallon, conocido sobre todo por su libro Las Torres de Nuremberg (Tallon, 1995), publicado por primera vez en 1927. La obra de Tallon y la de Quiroga son muy diferentes en todos los sentidos, pero lo que tienen en común es que se siguen publicando y leyendo, por no haber envejecido en absoluto. Lejos del realismo quiroguiano de los cuentos misioneros, Tallon instala su público en un mundo resueltamente mítico y simbólico, en poemas en que la voz lírica se conecta con su propia infancia, reavivando una capacidad de asombro propia de la niñez. De ahí la construcción de un espacio creativo ilimitado, que se reflejará en los textos a través de múltiples juegos e innovaciones lingüísticos. A pesar del carácter relativamente breve de la obra, Las Torres de Nuremberg es increíblemente densa : presenta una multitud de personajes, a menudo tomados de diferentes tradiciones populares. Reyes, reinas y duendes se codean con grillos, ratones, ranas y otros pequeños animales. La presencia de los insectos no es su rasgo más llamativo, pero los dos poemas en que éstos aparecen merecen nuestra atención.

18Tallon no sólo tuvo la originalidad de proponer una obra en verso en un contexto literario en el que la forma dominante para dirigirse a los niños era la prosa, sino que además su poesía aparece como especialmente adaptada al oído infantil. Otra vez, aparece el grillo, cuyo canto es una gran fuente de inspiración para los escritores ; obsérvese la alternancia de versos oxítonos y paroxítonos en las dos primeras cuartetas del poema « Duérmete, grillito » (Tallon, 1995 : 51). El canto del grillo, llamado aquí violín, se ve perfectamente imitado por el sonido agudo de la asonancia en í, acentuada al final de los versos pares :

Duérmete, grillito
Duérmete por fin,
Que si no te duermes
No puedo dormir.
(Y el grillito lindo
Que se esconde aquí,
Su violín de lata
Rasca para mí).

19Más allá de su marcado tono onomatopéyico, este poema ilustra también otro aspecto de la poesía de Tallon : el fuerte énfasis en el humor. Esta reelaboración lúdica de la más célebre canción de cuna latinoamericana, « Duerme negrito », en la que el niño se ve reemplazado por un grillito, comparte las características formales de toda canción de cuna (monotonía, reiteración, balanceo rítmico) pero subvierte su finalidad : el poeta insomne, incapaz de conciliar el sueño debido a la molesta estridulación nocturna del insecto, insta al animal a dormirse para que, finalmente, lo deje dormir a él. La vocación de la nana - cantarle al niño para expresarle amor - se transforma aquí en una irritación apenas disimulada, que va creciendo a lo largo del poema hasta lograr un efecto cómico.

20Por su parte, el poema « La arañita » (Tallon, 1985 : 85), se presenta como una hábil mezcla de endecasílabos y heptasílabos con rimas asonantes, asemejándose así a un limerick, ya que las Nursery Rhymes fueron probablemente la principal fuente de inspiración de Tallon :

La arañita que baja desde el techo,
¿dónde tiene las alas?
Deja que entre más luz y has de saberlo,
Peligroso es volar como la araña.

21La evocación de la araña permite aquí un juego sutil sobre lo visible y lo invisible, lo absurdo y la lógica, que se termina con una falsa advertencia hacia el niño, y parodia las moralejas clásicas. Tallon fue el primero en Argentina en incorporar a sus textos infantiles las técnicas y los juegos verbales típicos de las canciones populares infantiles, procedentes tanto del folklore hispánico y latinoamericano, como del nonsense inglés, y en este sentido es un precursor directo de la figura unánimemente reconocida como la más grande de la literatura infantil argentina : María Elena Walsh.

Los insectos del disparate

22En los años sesenta, la literatura infantil alcanza un notable reconocimiento en los círculos editoriales e intelectuales del país. El público lector crece y la cantidad de títulos publicados para jóvenes aumenta considerablemente. Surgen nuevas voces que renuevan el género, entre las que se destaca María Elena Walsh, cuyo universo literario innovador despierta una verdadera efervescencia creativa entre los escritores. En esta abundancia de obras cada vez más diversificadas, tanto en las formas como en los temas abordados, la afinidad con los animales, que siempre caracterizó la literatura dirigida a los niños, no se desmiente. Dentro de esta invasión del repertorio infantil por los animales, los insectos ocupan una parte significativa, aunque ningún autor se destaca por una particular afición a ellos. El personaje más célebre de María Elena Walsh, por ejemplo, no es un insecto sino una tortuga (Manuelita la tortuga vendría a ser para Walsh lo que es la hormiguita viajera para Vigil). A la inversa, podemos notar que, sin ocupar el centro del escenario, los insectos son figuras recurrentes y presentes en la obra de casi todos los más reconocidos autores de la LIJ argentina.

23Los escritores incorporan el insecto a sus propios mundos literarios, y la manera en que estos son trabajados es tan diversa, que nos parece más reveladora de la estética de cada autor, que de tendencias en cuanto al tratamiento de los insectos en la literatura. Ricardo Mariño, por ejemplo, caracterizado por su gusto por la parodia, juega con la imagen de la hormiga viajera, que se convirtió en un tópico desde Vigil, creando una especie de descendiente moderna del personaje, en un cuento titulado La hormiga azafata (Mariño, 2003). Otros autores, como Ana María Ramb o Laura Devetach, eligen explotar las potencialidades imaginativas del insecto insistiendo en su fragilidad y su delicadeza, mientras que los escritores que eligieron el género del terror hacen hincapié en la repulsión y el miedo que pueden provocar estos animales.

24En medio de esta enorme diversidad, la gran tendencia estética de la literatura infantil a partir de María Elena Walsh consiste en dar la primicia al humor y al disparate. Esto no implica que los insectos dejen de interesar a los autores ; al contrario, por su radical extrañeza, y por las interesantes sonoridades de sus nombres, los insectos ofrecen un sinfín de posibilidades lúdicas muy explotadas literariamente.

  • 10 « –Mariquita, María, ¿dónde está el hilo? –Madre, las cucarachas se lo han comido. –Niña, tú miente (...)
  • 11 « Me dijeron que en el Reino del Revés / Una araña y un ciempiés / Van montados al palacio del Marq (...)
  • 12 « Una Hormiga podrá tener barriga / que a nadie desconcierta ni fatiga. / Lo que a toda la gente / (...)

25Presentes en el folklore infantil que inspira a María Elena Walsh, los insectos son incorporados en sus propios textos con toda la libertad que la caracteriza. En Versos tradicionales para cebollitas, Walsh rescata por ejemplo unas coplas tituladas « Cucarachitas »10, en las que predomina el sentido del absurdo bien típico de este reportorio popular. En « El reino del revés », la araña y el ciempiés parecen convocados ante todo por la sonoridad de sus nombres11. En « La familia Polillal » (Walsh, 1997 : 57), donde las polillas deciden cambiar de ropero porque « don Polillo » no quiere matar a la « señora Naftalina », el texto es humorístico, pero a la vez inspirado en la vida real de estos lepidópteros. En Zoo loco, la evocación de la hormiga parece servir más bien de pretexto a sofisticados juegos de palabras y conceptuales12. La « Balada de Hormigón Armado », del libro Tutú Marambá (Walsh, 1997 : 110), fue objeto de un análisis de Fernando Copello, que explica cómo María Elena Walsh invierte el estereotipo de la hormiga trabajadora de las fábulas clásicas ya que, lejos de resaltar su laboriosidad y su egoísmo, presenta a hormigas apasionadas, solidarias y poco previsoras. Así, transforma la fábula en una « antifábula », donde las hormigas actúan más como cigarras, anticipando su posterior celebración de la cigarra en su famosa canción « Como la cigarra » (Copello, 2013).

26Si bien Walsh subvierte los géneros e invita a jugar con los códigos para salir de las representaciones encorsetadas, esto no significa que pierda de vista al animal real, que está detrás del personaje de ficción. Afirma en una entrevista : « Yo puedo distraerme con una cigarra, le puedo poner sombrero, la puedo hacer cantar en cualquier idioma, pero su vida real, su esencia debe ser respetada. » (Hopenhayn, 2003 : 12). El disparate walshiano no consiste en distorsionar la realidad de manera arbitraria, sino que nos invita a mirar la realidad de otro modo, gracias al trabajo del escritor.

27Es también lo que hace Ema Wolf, en ¡Qué animales! (Wolf, 1996), proponiendo una mirada alternativa de la realidad, a través de un enfoque lúdico. El libro, publicado en 1996, parece ubicarse en una intersección entre el universo disparatado de Walsh y la precisión descriptiva de la serie De la vida de nuestros animales de Horacio Quiroga, donde cada relato se centra en la presentación de un animal. Conformado por veintidós narraciones breves, ¡Qué animales! se presenta como una suerte de pequeña enciclopedia de fauna, con un formato que remite al Manual de zoología fantástica de Jorge Luis Borges : cada texto lleva por título el nombre del animal correspondiente. A diferencia del bestiario borgeano, aquí los protagonistas son animales reales, tal como sucede en los cuentos de Quiroga. La selección de los animales responde a criterios específicos : el interés intrínseco de cada especie, su rareza, sus nombres estrafalarios y, sobre todo, las posibilidades imaginativas que sus características y comportamientos ofrecen. Cuatro de estos textos se centran en insectos : « La avicularia » (capaz de comerse pollitos al igual que la « araña pollito » en Quiroga), « La hoja andariega », « La hormiga costurera », y el « El bombardero ». Los relatos combinan explicaciones precisas y detalladas sobre las particularidades de los animales con un tono marcado por el humor y la irreverencia, rasgos distintivos del estilo de Wolf. Como ejemplo, veamos estos dos fragmentos, sacados respectivamente de « El Bombardero » y « La avicularia » :

No se fíen de los escarabajos. ¡Nunca, nunca se fíen de los escarabajos! Uno los ve tan chiquitos, tan inocentes, tan aplastables, que jamás va a imaginar las porquerías que son capaces de hacer cuando les toca defenderse. (Wolf, 1996 : 38)

La avicularia avicularia – dos veces avicularia – es una araña enorme, corpachona, negra, peluda, fiera, con ocho ojos amontonados de manera bizca y patas de gorila. Las patas terminan en una felpa color naranja, de modo que parece calzada con escarpines. (Wolf, 1996 : 12)

28De este modo, Ema Wolf articula un equilibrio entre lo científico y lo literario, logrando textos que despiertan la curiosidad del lector al tiempo que ofrecen una mirada ingeniosa sobre los invertebrados.

Los insectos políticos o subversivos

  • 13 Es usual que los textos mencionen los distintos animales del monte, insertando al piojo y a la pulg (...)

29Vamos a terminar este recorrido con la evocación de la obra de Gustavo Roldán, que por sí mismo representa una vertiente muy interesante del tratamiento de los insectos en la LIJ argentina : la forma en que pueden ser utilizados, por su pequeñez y aparente debilidad, como representaciones metafóricas de los niños, en textos donde lo minúsculo se rebela contra el orden impuesto por distintas figuras de poder. Gustavo Roldán es autor de una extensa serie de cuentos situados en el corazón del Chaco, cuyo propósito es llamar la atención sobre una fauna poco conocida por los pequeños lectores porteños. Sin embargo, no propone ficciones realistas sino que sigue fiel tanto a la tradición folclórica latinoamericana como al reino del humor que impera en la literatura infantil argentina desde María Elena Walsh. Entre los animales del monte, designados por su especie (el sapo, el coatí, etc.), destaca la presencia de los insectos, que aparecen con frecuencia y ocupan un lugar de estricta igualdad frente a los demás animales en la narración13.

  • 14 Roldán mezcla tradición e innovación, revivificando un repertorio un poco olvidado. En Fábulas amer (...)

30Abundan en este mundo los insectos de todo tipo, mariposas, hormigas, alacranes, pero los dos personajes que tienen el protagonismo más importante son los más chiquititos : el piojo, y la pulga. Roldán juega con humor con el desfase existente entre su objetiva pequeñez y la forma en que ellos mismos son incapaces de darse cuenta de lo insignificantes que pueden parecerles a los demás. Pero si bien su carácter diminuto es para Roldán una gran fuente de comicidad, estos insectos tienen un papel eminentemente político. Ellos son los verdaderos librepensadores, los que invariablemente tienen el valor de no someterse a los intentos de abusos de poder de parte de los animales más imponentes14. Es más, en varios cuentos, no son solo estos insectos, sino los hijos de estos insectos, los que se rebelan :

Ya casi se habían resignado [las chicharras] a que las cosas eran así cuando unas chicharritas, de esas que nunca faltan, comenzaron a entonar una canción. […] Yo digo nomás - dijo una chicharrita del tamaño de la punta de un dedo meñique -, yo digo nomás que no le tengo miedo [al puma]. (Roldán, 1992 : 11-13)

  • 15 Todas las citas que siguen provienen de este pequeño opúsculo cuyas páginas no son numeradas.

31En el relato « La canción de las pulgas » (Roldán, 1996)15, Gustavo Roldán elige a las pulgas como protagonistas de su relato, y esta elección no es inocente. Las pulgas, seres minúsculos en la escala del mundo natural, se convierten aquí en símbolos de la rebeldía contra el orden adulto. A través del humor y de juegos lingüísticos, Roldán pone de manifiesto la capacidad de subversión que existe en los seres más pequeños, cuya apariencia inofensiva les permite desafiar y trastocar las normas impuestas. El cuento comienza con la canción preferida de las pulgas, una especie de trabalenguas infantil : « Pata peta pita pota puta… ». La inclusión del término « puta » es central en la narración, no solo porque desata la reacción inmediata de los adultos, sino porque revela el punto débil de un orden moral que la madre pulga intenta desesperadamente proteger. La censura, sin embargo, no solo fracasa, sino que actúa como un disparador para el ingenio de las pulgas, quienes encuentran en cada intento de corrección una nueva oportunidad para regresar a su canción original. La madre, en su afán de imponer una alternativa más « correcta », propone canciones como « Los cinco patitos huyen de la gata van ala con ala con su mamá pata ». Sin darse cuenta, abre la puerta a nuevos juegos lingüísticos (« patito » se transforma previsiblemente en « putita »). Así, Roldán utiliza el clásico recurso del arroseur arrosé : es la madre, en su rigidez y preocupación excesiva, quien contribuye involuntariamente a perpetuar el tabú. Después, las pulgas aprovecharán el término « ropita » para transformarlo en « Ropita ripeta repita ripota reputa », intensificando la irreverencia inicial. Así, el intento de censura no solo fracasa, sino que amplifica la transgresión, llevando la canción original de « puta » a « reputa ». Finalmente, agotada y vencida, la madre se aleja murmurando « algo que sonaba parecido a la letra de la canción ». Aquí radica la clave del relato : mientras las pulgas utilizan el « lenguaje prohibido » con un fin lúdico y creativo, la madre termina apropiándose de él como un verdadero insulto. De este modo, Roldán sugiere que los más pequeños, por carecer de autoridad natural, son capaces de utilizar otras estrategias que la violencia frontal para llegar a sus fines, y pone en evidencia la potencialidad rebelde que se esconde en ellos. Las pulgas, con su astucia, no solo desafían a la madre, sino que desarticulan la autoridad y las normas del mundo adulto, revelando así que la verdadera fuerza de la subversión puede emerger desde los márgenes más inesperados.

32En este cuento como en otros muchos, Roldán hace visible lo minúsculo, dándole una voz, un cuerpo, un estatuto. Lleva al lector a interesarse por una realidad ora menospreciada, ora temida, asumiéndolo como un gesto político y militante. Estos márgenes no representan solo a los niños, sino a todas las capas marginalizadas de la sociedad argentina : las minorías desvalorizadas, las que habitan las « regiones » y no la Capital, las que no descienden de los europeos sino de las poblaciones autóctonas, y que se conectan de una manera diferente con el mundo.

33Que el escenario de estas aventuras sea el monte chaqueño permite valorizar el patrimonio natural, con descripciones hábilmente disimuladas en medio de las acciones de los personajes :

– Juguemos una carrera – le dijo el piojo al picaflor –. Los que tenemos patas largas queremos correr siempre. Y corrieron. Y llegaron juntos hasta el río de aguas marrones que ahora jugueteaba con las hojas haciendo mil remolinos. – Uf – dijo el piojo parado en la cabeza del ñandú –, cuesta trabajo, pero qué lindo es tener un monte para vivir. (Roldán, 1996 : 22)

34Estas últimas palabras, en las que el piojo es cómicamente ajeno a su falta de esfuerzo al « correr » desde la cabeza del ñandú, revelan una estrategia que atraviesa toda la obra de Roldán. Por un lado, invitan a la concientización ecológica y, por otro, reivindican el derecho de todos a disfrutar de su tierra y permanecer en ella.

Conclusión

35La representación de los insectos en la literatura infantil argentina a lo largo del siglo XX revela un interés constante por visibilizar este mundo pequeño. Desde « La hormiguita viajera » de Constancio C. Vigil, con su enfoque moralizante, hasta las visiones más complejas de Horacio Quiroga, pasando por la poesía de Conrado Nalé Roxlo y José Sebastián Tallon, y llegando a los juegos humorísticos y subversivos de María Elena Walsh, Ema Wolf y Gustavo Roldán, los insectos funcionan a la vez como recursos literarios y símbolos cargados de significado. Desde una lectura contemporánea, esta insistencia en representar a los insectos, otorgándole voz y protagonismo, puede interpretarse como una señal temprana de preocupaciones ecológicas avant la lettre. Aunque estos textos no surgen en un marco explícitamente medioambiental, visibilizan de manera sutil la importancia de los seres pequeños dentro de un ecosistema más amplio y complejo. La atención hacia los insectos en los cuentos y poemas argentinos del siglo XX anticipa, sin proponérselo, una crítica al antropocentrismo y nos invita a repensar nuestra relación con la naturaleza desde lo pequeño, lo frágil y lo vital.

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Bibliographie

Barreiro Jiménez, David, La construction d’un imaginaire environnemental dans trois romans hispano-américains : La Vorágine (1924), Los pasos perdidos (1953), La casa verde (1965) : une étude écopoétique, Université de Nanterre - Paris X, Littératures, 2019.

Connan-Pintado, Christiane, éd. L’insecte au miroir des livres pour la jeunesse, Clermont-Ferrand, Presses universitaires Blaise-Pascal, 2022. https://doi.org/10.4000/books.pubp.7132

Copello, Fernando, « María Elena Walsh y Juan Ramón Jiménez : desencuentros y encuentros », Cuadernos LIRICO, 9ú 2013. http://journals.openedition.org/lirico/1197

French, Jennifer L., Nature, Neo-Colonialism, and the Spanish American Regional Writers, Hanover, NHDartmouth College Press, 2005.

Hopenhayn, Silvia, « El país de María Elena », El Cronista Cultural. Buenos Aires1994.

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Nalé Roxlo, ConradoEl grillo. Poemas, Buenos AiresEditorial Babel, 1923.

Ordóñez Díaz, Leonardo, La selva contada por los narradores. Ecología política en novelas y cuentos hispanoamericanos de la selva (1905-2015), Thèse présentée à la Faculté des études supérieures et postdoctorales en vue de l´obtention du grade de Doctorat en Littérature option Littérature hispanique, Université de Montréal2016.

Origgi, Alicia, « Fue revolucionario pensar que la poesía no debía tener contenido didáctico » :

Entrevista con M. E. Walsh, 23/02/2000. https://www.imaginaria.com.ar/01/9/walsh2.htm

Quiroga, Horacio, « Cacería del hombre por las hormigas », Billiken, 10/03/1924.

Quiroga, Horacio, « El almohadón de plumas », Caras y Caretas, 13/07/1907.

Quiroga, Horacio, « El pique », Caras y Caretas, 21/03/1925.

Quiroga, Horacio, « La araña pollito », Caras y Caretas, 03/01/1925.

Quiroga, Horacio, « La avispa colorada », Caras y Caretas, 14/03/1925.

Quiroga, Horacio, « La hormiga león », Caras y Caretas, 24/01/1925.

Quiroga, Horacio, « La hormiga minera », Caras y Caretas, 28/02/1925.

Quiroga, Horacio, « La miel silvestre », Caras y Caretas, 31/01/1911.

Quiroga, Horacio, « Las hormigas carnívoras de Misiones », Fray Mocho, 09/08/1912.

Quiroga, Horacio, « Las moscas (Réplica de El hombre muerto) », El Hogar, 07/07/1933.

Quiroga, Horacio, « Los cascarudos », Caras y Caretas, 10/02/1912.

Roldán, Gustavo, « El sueño del yacaré », La noche del elefante, Buenos Aires : Colihue, 1995.

Roldán, Gustavo, La canción de las pulgas, Buenos AiresColihue, 1996.

Roldán, Gustavo, Un largo roce de alas, Buenos Aires, Primera Sudamericana, 1992.

Roldán, Gustavo, « Un monte para vivir », Cada cual se divierte como puede, Buenos AiresColihue, 1996.

Soriano, Marc, La literatura para niños y jóvenes, guía de exploración de sus grandes temas (traducción, adaptación y notas de Graciela Montes), Buenos AiresEdiciones Colihue, 1995.

Tallon, José Sebastián, Las Torres de Nuremberg, Buenos AiresEdiciones Colihue, 1995.

Varela, Mirta, « La Revista Billiken : industria editorial, niñez y escuela », La Educación, Revista Interamericana de Desarrollo Educativo, I-III, 1996.

Vigil, Constancio Cecilio, La hormiguita viajera, Buenos AiresAltántida, 1927.

Walsh, María Elena, El reino del revés, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1997.

Walsh, María Elena, Hojas de Lectura, « La poesía en la primera infancia », Bogotá, Fundalectura, 1995.

Walsh, María Elena, « La familia Polillal », Tutú Marambá, Buenos AiresEspasa Calpe, 1997.

Walsh, María Elena, « La poesía en la primera infancia », Desventuras en el País-Jardín de-Infantes, Crónicas 1947-1995, Buenos Aires, Seix Barral, 1995.

Walsh, María Elena, Versos tradicionales para cebollitas, Buenos AiresEspasa Calpe, 1997. Walsh, María Elena, Zoo loco, Buenos AiresEspasa Calpe, 1997.

Wolf, Ema, ¡Qué animales!, Buenos AiresSudamerica, 1996.

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Notes

1 Los dos escritores uruguayos mencionados en este artículo se radicaron y publicaron en Argentina. Su obra fue difundida en Argentina por editoriales nacionales. Por lo tanto, se consideran como formando parte del patrimonio cultural argentino.

2 Literatura Infantil y Juvenil

3 Leopoldo Lugones, Héctor Pedro Blomberg, Arturo Capdevila…

4 Como su obra « El Mono relojero », llevada al cine en 1938.

5 Cita de María Elen Walsh a propósito de Vigil : « A mí me gustaron algunos cuentos de él pero creo que los rechacé después muy rápidamente por la parte didáctica y moralista. » (Origgi, 2000)

6 Cuento conocido también como « Los bichitos ».

7 El género llegó a Argentina inicialmente con la circulación de fábulas europeas, pero, gracias a autores como Domingo de Azcuénaga y Gabriel Real de Azúa, desarrolló una producción nacional propia en el siglo XIX.

8 Conrado Nalé Roxlo publicó en 1954 La Escuela de las Hadas, que se ha convertido en un clásico de la literatura infantil argentina.

9 « Creo que el niño ama especialmente lo que no entiende ». (Walsh, 1995 :150)

10 « –Mariquita, María, ¿dónde está el hilo? –Madre, las cucarachas se lo han comido. –Niña, tú mientes, que las cucarachitas no tienen dientes; anda, embustera, que las cucarachitas no tienen muelas. » (Walsh, 1997 : 102)

11 « Me dijeron que en el Reino del Revés / Una araña y un ciempiés / Van montados al palacio del Marqués / En caballos de ajedrez » (Walsh, 1997 : 14)

12 « Una Hormiga podrá tener barriga / que a nadie desconcierta ni fatiga. / Lo que a toda la gente / le parece indecente / es tener una Hormiga en la barriga » (Walsh, 1997 : 57)

13 Es usual que los textos mencionen los distintos animales del monte, insertando al piojo y a la pulga, en medio de la enumeración : « Y les contó al tatú, al sapo, al piojo y al ñandú. » (Roldán,1995 : 42)

14 Roldán mezcla tradición e innovación, revivificando un repertorio un poco olvidado. En Fábulas americanas (1948) del folklorista Ernesto Morales, encontramos por ejemplo un cuento llamado « La pulga guerrera ».

15 Todas las citas que siguen provienen de este pequeño opúsculo cuyas páginas no son numeradas.

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Pour citer cet article

Référence électronique

Maud Gaultier« De la hormiguita viajera a las pulgas rebeldes : cinco facetas del insecto en la literatura infantil argentina del siglo XX »Amerika [En ligne], 29 | 2024, mis en ligne le 06 janvier 2025, consulté le 08 août 2025URL : http://journals.openedition.org/amerika/20503 ; DOI : https://doi.org/10.4000/1330s

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Auteur

(*) Maud Gaultier

Aix Marseille Université, CAER, Aix-en-Provence, maud.gaultier@univ-amu.fr

MCF Aix Marseille Université Spécialité: Études Latinoaméricaines Section CNU: 14 Unité de recherche: CAER Département:Dehlam Fédération de Recherche: CRISIS



jueves, 7 de agosto de 2025

BASES DEL CONCURSO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE FOTOGRAFÍA 2026 (AÑO DEL MUNDIAL DE FÚTBOL) “ARGENTINA…, FÚTBOL, PASIÓN DE MULTITUDES”

 



CONCURSO FOTOGRÁFICO...., LAS BASES, GRACIAS POR DIFUNDIR Y COMPARTIR!!!

 

BASES DEL CONCURSO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE FOTOGRAFÍA 2026 (AÑO DEL MUNDIAL DE FÚTBOL)

“ARGENTINA…, FÚTBOL, PASIÓN DE MULTITUDES”

 

La BIBLIOTECA POPULAR “MADRE TERESA” de VIRREY DEL PINO, LA MATANZA, PCIA DE BUENOS AIRES, ARGENTINA invita a participar en el Concurso Nacional y Latinoamericano de Fotografía 2026.

El ganador o los ganadores del certamen será el autor de la fotografía que, a criterio del jurado, constituya la mejor sobre el tema “Argentina…fútbol, pasión de multitudes”

El contenido de las imágenes presentadas al concurso deberá inmortalizar la pasión que despierta en las multitudes el llamado “deporte nacional”, no pudiendo ser más de 3 (tres) por participante, , convirtiéndolo en un fenómeno social, ya sea como espectáculo o por ser el deporte más practicado en el país por todas las clases sociales.



EL CONCURSO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE FOTOGRAFÍA 2026 BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA otorgará los siguientes galardones:

1.    Primer Premio: $100.000 (cien mil pesos moneda nacional) y diploma.

2.    Segundo Premio: $50.000 (un mil pesos moneda nacional) y diploma.

3.    Tercer Premio: MEDALLA Y DIPLOMA.

BASES DEL CONCURSO:

1.    Los participantes deberán ser mayores de 18 años. Deberán ser argentinos, o extranjeros residentes con más de 2 (dos) años de residencia en nuestro país,  o de cualquier lugar de América Latina y el Caribe.

2.    La tipología de los trabajos deberá ceñirse al formato 30 x 40 cm. Cada participante podrá presentar un máximo de TRES (3) fotografías. Las imágenes premiadas podrán ser destinadas a la decoración de la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA y/o ser utilizadas para exhibiciones, publicaciones, siempre y cuando no haya utilización comercial, además, el autor mantendrá por siempre su derecho de autor.

3.    Los participantes deberán presentar fotografías inéditas y que no hayan resultado galardonadas en ningún otro certamen.

4.    Las fotografías deberán estar impresas en papel fotográfico. No se aceptarán imágenes en diapositiva, fotocopia láser o sistemas informáticos (disquete, CD, email, etc).

5.    Las imágenes podrán ser en color. Asimismo, el tamaño aceptado es el de 30 x 40 cm (ítem nº 2).

6.    Las fotografías podrán presentar en passepartout o enganchadas sobre cartón, siendo recomendable que sean transportadas dentro de una protección rígida. La organización del Concurso no asumirá ninguna responsabilidad por extravíos o daños ocasionados durante el envío.

7.    El jurado no conocerá la identidad del participante. En las fotografías no podrá constar otra información que el orden de las imágenes (A, B, C).

Los datos personales se incluirán en un sobre adjunto, indicando: nombre y apellidos, dirección, teléfonos, e-mail, fecha de toma de las fotografías y el título de la fotografía . En el momento de ser recibidas, todas las obras serán convenientemente codificadas para garantizar la autoría del trabajo. El concursante presta expreso consentimiento para que sus datos personales sean volcados a un fichero del concurso, destinado a la gestión de los concursantes y al envío de información referente a futuros concursos. El fichero gozará de las debidas medidas de protección técnicas y humanas admitidas por la legislación vigente. Cualquier participante del concurso podrá ejercer, de modo gratuito, su derecho de acceso, rectificación, oposición o cancelación de sus datos personales mediante el envío de carta certificada con acuse de recibo a la dirección que figura en el punto siguiente.



8.    El plazo de recepción de las fotografías destinadas al concurso finalizará el 31 de MARZO de 2026 a las 12:00 hs.

Los concursantes deben remitir o presentar sus trabajos a BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA, VILLANUEVA 2437, BARRIO ARECO (ENTRE DAUBERT Y CURUMALAL), VIRREY DEL PINO, CP 1763, LA MATANZA, PCIA DE BUENOS AIRES, ARGENTINA.

9.    El veredicto del jurado se comunicará de forma personalizada a cada uno de los ganadores y será publicado en las páginas de redes sociales de la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA, a finales del mes MAYO 2026. Tras la divulgación del fallo del jurado, las fotografías no galardonadas quedarán a disposición de sus autores, quienes las podrán recoger dentro de un plazo de 60 días, contados a partir de la publicación del veredicto, en el establecimiento de la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA, VIRREY DEL PINO, LA MATANZA, PCIA de Buenos Aires. Transcurrido dicho período, todas las fotografías no retiradas pasaran a ser parte del archivo fotográfico de la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA, poseyendo el autor siempre el derecho de su autoría, aunque la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA haciendo referencia de la autoría de la foto podrá utilizarlas para las actividades propias de la Institución.

10.  Los participantes premiados (no incluye los Premios se comprometen a ceder expresamente a la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA, por el plazo máximo de 10 (DIEZ) AÑOS los derechos de uso de la obra premiada para su reproducción y comunicación pública dentro de las reglamentaciones de la Ley 11.723 de la República Argentina.

Se autorizará la publicación y difusión de las mismas con fines culturales e informativos en los diferentes medios gráficos y audiovisuales con el objetivo de divulgar el concurso y premios, así como los próximos concursos fotográficos de la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA.

11.  Se considerará que los participantes, como autores de las obras que presenten en el concurso, son los titulares de los derechos de propiedad intelectual sobre las mismas y que no han cedido los derechos sobre ellas a terceros, en especial los derechos señalados en el punto 10.

12.  El Jurado del CONCURSO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE FOTOGRAFÍA: “Argentina…, fútbol, pasión de multitudes” estará formado por profesionales de renombre acreditado, cuyos nombres se harán públicos en el momento de proclamarse la relación de los ganadores del certamen.

13.  Los participantes reconocen el carácter inapelable del veredicto que emita el jurado y renuncian expresamente a entablar posibles acciones judiciales o extrajudiciales.

14.  La participación en el CONCURSO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE FOTOGRAFÍA: “ARGENTINA…, FÚTBOL PASIÓN DE MULTITUDES” , implicará la expresa aceptación de las bases del concurso.

VIRREY DEL PINO, 7 de AGOSTO de 2025.

BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA

VILLANUEVA 2437 BARRIO ARECO

WHATSAPP/TE: 54 9 1159809764

VIRREY DEL PINO LA MATANZA

PCIA DE Buenos Aires

ARGENTINA

(*) Imágenes creadas con IA

domingo, 3 de agosto de 2025

Recordando a nuestra Hada Madrina: Graciela Cabal "la Cabalita", compartiendo esta excelente conferencia que ha marcado la historia de la LIJ.



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Foto de Graciela Cabal

Graciela Cabal (1939-2004)
In Memoriam



Allá por los años 60, la cátedra de Literatura Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, se planteaba como tema: "¿Existe la literatura argentina?".

 

Más adelante, originando cientos de seminarios, congresos y  enemistades de por vida, el debate giró en torno a la existen­cia o no de la literatura femenina en la Argentina.

 

Hasta que, alrededor de los 80, el interés se desplazó hacia la literatura infantil  argentina: “¿Existe la literatura infantil argentina?”

 

Pero antes de entrar en esta cuestión específica, que es la que voy a abordar, creo que sería bueno interrogarse acerca de la literatura infantil en general: ¿existe? O, dicho de otro modo: la literatura infantil ¿es Literatura?

 

Borges afirma que no. Escandalizándonos como solo él sabe hacerlo, dice, por ejemplo, en Ficciones: “En aquel tiempo [se refiere a los comienzos del siglo 19] no había (sin duda felizmente para los niños)  literatura infantil.” Y también: “Quien escribe para los niños corre peligro de quedar contaminado de puerilidad” (prólogo a las Obras Completas de Lewis Carroll).

 

De muy distinta manera pensaba Stevenson, uno de los autores más amados por Borges. Stevenson -conocido en Samoa, donde murió, como “Tusitala”, el contador de historias-  se enorgullecía de ser un “autor de relatos para niños” y vociferaba contra los que le recomendaban dedicarse a la literatura “seria”.

 

Por su parte, Michel Tournier considera que  sus obras “para adultos” son apenas borradores de sus obras para niños. Y cuenta que cuando rehizo su famosa  novela Viernes o los limbos del Pacífico, aligerándola, agregándole episodios narrativos, haciéndola más comprensible, se dio cuenta de que, en realidad,  había escrito un libro para niños: Viernes o la vida salvaje. “Si fuera  por mí, dice Tournier, me pondría a trabajar de nuevo en mis otras novelas -El rey de los alisos; Los meteoros; Gaspar, Melchor y Baltasar-, para obtener versiones más puras, más rigurosas, más diamantinas, hasta el punto de que incluso los niños pudieran leerlas. Si no lo hago (...) es porque los adultos no leerían  estos libros “para niños”,  y los niños tampoco, dado que ningún editor de “obras infantiles” aceptaría esas novelas que escapan a sus normas”.

 

 Pero volvamos a nuestro país: ¿existe la literatura infantil argentina?

 

En un encuentro de escritores organizado hace diez años por el diario La Nación, la desaparecida escritora Siria Polet­ti, interrogada acerca del tema, contestó “(la literatura infan­til argentina) aún no ha logrado perfiles recono­cibles pero se está delineando un estilo". Y Marta Giménez Pastor: "no me atrevería a decir que tenemos una literatura infantil argentina."

 

 

Un poco de historia

 

Todavía no existe una obra  publicada que dé cuenta de la historia de los libros para chicos en nuestro país. Hay trabajos excelentes, como los de María Adela Díaz Röner, Susana Itzcovich, Lidia Blanco, Nora Lía Sormani, Malicha Leguizamón, Ruth Mehl, Sandra Comino, Roberto Sotelo, pero, en general, se refieren a determinados autores o períodos o problemáticas. Uno de los más ambiciosos y sistemáticos emprendimientos - de próxima publicación - es el de María de los Angeles Serrano.

 

Observen que anteriormente hablé de libros para chicos, no de literatura infantil. Porque no todo lo que se escribe, se publica y, sobre todo, se vende como literatura infantil lo es. Y detrás de los libros para chicos, hay, entre otras cosas, una cuestión comercial, un negocio, un buen negocio me animaría a decir si comparamos las ventas de libros "para adultos" con las ventas - muy superiores en cantidad, salvo excepciones - de libros "para chicos".

 

Pero esa es otra cuestión, a la que volveremos, que tiene que ver con el presente. Y nosotros vamos a hacer una breve referencia a los primeros pasos de  los libros para chicos en nuestro país. Y en esos primeros pasos es difícil hablar de literatura.

 

Los libros que leían los chicos (los privilegiados, es decir los menos) en los comienzos del siglo 19, eran libros - en general didácticos - que llegaban de Europa.  Por suerte para los chicos, sobre todo para la gran mayoría, que no tenía acceso a los libros europeos ni tan siquiera a la escuela, estaba la literatura (esa sí, literatura) oral.

 

María de los Angeles Serrano registra ya a comienzos del siglo 19 una serie de textos “de origen nacional” para niños, como las fábulas de Domingo de Azcuénaga, publicadas entre 1801 y 1802 en el Telégrafo Mercantil. Otros nombres citados: Felipe Senillosa, Gabriel Real de Azúa y algunos pocos más. Se trataba, según expresiones de los propios autores, de escritos pedagógicos y recreativos, composiciones en verso, himnos navideños, canciones patrias, y, sobre todo, de libros escolares, de lectura, considerados mucho más necesarios que los libros recreativos. A lo largo del siglo, escritores como Echeverría, Juan María Gutiérrez, Sarmiento, se abocaron a esta tarea en textos didácticos y morales, que poco o ningún espacio dejaban a la imaginación, al humor, al disfrute. (Siempre la fantasía y la risa fueron vistas como sospechosas, en especial dentro de los ámbitos escolares.) Y en esto, como en casi todo, las más desafortunadas fueron las mujercitas. De un libro de 1869, dedicado a la educación de las niñas, y que fuera usado por mi abuela en la escuela primaria, rescato el siguiente fragmento: “El vicio infame de la mentira, de que se sirven las niñas para ocultar sus defectos, se convierte luego en la perniciosa manía de inventar historias. Los padres y preceptoras deben, pues, castigar con tanta severidad a las niñas que forjan cuentos, por inocentes o entretenidos que sean, como a las que dicen mentiras...” (El tesoro de las niñas, de José Bernardo Suárez)

 

 Sarmiento es, de todos, el más cercano a una concepción moderna de lo que hoy llamamos “literatura infantil”. Así, en Recuerdos de Provincia, habla de los ”librotes abominables”, como la Historia crítica  de España, en cuatro tomos, que le hacía leer su padre, “ignorante pero solícito de que sus hijos no lo fuesen”. Y rememora, en cambio, con indudable placer, la “preciosa” historia de Robinsón que durante unos días  su  maestro había contado en clase.

 

Más cercana a la literatura, aunque sea en la intención (aunque ya sabemos que nada tienen que ver las intenciones con lo literario), está Juana Manuela Gorriti, con sus Veladas de la infancia (1878), y Eduarda Mansilla - que aspiraba nada más y nada menos que a emular a Andersen -, con sus Cuentos (1880). Y es justamente elogiando estos Cuentos, que dice Sarmiento (y creo que la cita, recogida por Malicha Leguizamón, todavía debe causar escozor - y pasaron 120 años - en más de cuatro, que siempre andan buscando el “aprovechamiento”). Porque Sarmiento defiende los “libros que no enseñan mucho o que nada enseñan, pero en los cuales la imaginación infantil halla pasto abundante de recreo en el absurdo del cuento, que no es tal absurdo para el niño, sino muy natural.”

 

Un caso que me gustaría traer a colación es el de Rosa Guerra, pero no por sus aportes a la literatura infantil, sino porque es demostrativo de la estrecha relación (por lo menos en el imaginario popular) entre las mujeres y los libros para niños. Resulta que la pobre Rosa Guerra, tuvo la maladada idea de fundar allá por 1852, un periódico - y para peor, feminista -, La Camelia, que, respondiendo a su nombre, duró lo que una flor. Porque de lo que menos se la acusó a Rosa Guerra fue de mujer pública. “Y hasta habrá tal vez algunos/ que porque sois periodistas/ os llamen mujeres públicas/ por llamaros publicistas”, decía un diario  de la época en alusión a Rosa y a sus colaboradoras. Y aunque Rosa, que fuera objeto de burla y persecución por parte de buena parte de su entorno, siguió escribiendo  -novelas, poesías y hasta teatro-, poco antes de morir se ve que sintió la necesidad de lavar su reputación, porque  fue entonces que escribió un libro para niños (más tranquilizador aún, para niñas): Julia o la educación. Como dije alguna vez : “una mujer pública jamás de los jamases podría escribir un libro para niños. En cambio una señora, una verdadera señora de su casa,  una mujer privada, sí que puede”.

 

En general hay acuerdo en considerar a Ada María Elflein (1880-1919), autora de  Leyendas argentinas para niños, como la primera escritora nacional para la infancia. Pero es el rioplatense (como llamamos los argentinos a los uruguayos prestigiosos) Horacio Quiroga (1879-1937), quien por la excelencia  y originalidad de su escritura merece dentro de esta reseña un lugar especialísimo. De todos los nombrados hasta ahora, Quiroga es El Escritor, “incluso para niños” - como diría Tournier - que llega a escribir excelentes cuentos para niños que hoy algunos desecharían por “políticamente incorrectos”, desde el punto de vista de la ecología.

 

Otros nombres de peso y ya cercanos en el tiempo (por lo menos mi tiempo):  Conrado Nalé Roxlo (1898-1971), José Sebastián Tallon (1904-1954), Enrique Banchs (1888-1968), Alvaro Yunque (1889-1982), José Murillo (1922-1997). Y permítanme un recuerdo - que no tiene tanto que ver con la literatura sino con su persona - para Pepe Murillo, que era jujeño, maestro, escritor, que fue alfabetizador en Cuba, y que, en 1978, firmó una de las primeras solicitadas contra la dictadura militar de Jorge Videla, demostrando una vez más que la literatura, incluida la infantil,  es “oficio peligroso”.

 

Que estas cosas permanezcan en la memoria de todos, en especial de los más jóvenes, es bueno y conveniente. Y acá hay muchos jóvenes. Por eso quisiera hacer referencia, una vez más, a la situación por la que atravesó nuestro país, nuestra cultura, la literatura - también la llama ­ da "infantil"- durante los años de la última dictadura militar. Desde las listas negras, la prohibición y la quema pública de libros, hasta la persecución y el asesinato de miles de personas, entre las que había escritores, editores, dibu­jantes, artistas y gente de la cultura en general.

 

Algunos ejemplos muy conocidos referidos a la literatura infantil: la prohibición, en 1978, de La torre de cubos, de Laura Devetach, por su ilimitada fantasía (atención) y porque se suponía criticaba cosas sagradas como la propiedad privada y el principio de autoridad (en uno de los cuentos, por ejemplo, había un árbol, el árbol de Bartolo, que en vez de hojas daba cuader­nos. Y Bartolo los regalaba a los chicos pobres del pueblo, atentando, claro, contra los intereses del Vendedor de Cuadernos, y el principio de autoridad y los valores tradicionales de nuestra cultura, y la sagrada familia, etcétera, etcétera). Otro ejemplo, el de Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Isabel Borneman, acusado de incitación a la huelga...

 

Muchísimos libros fueron prohibidos, secuestrados y/o destruidos debido a lo sospechoso de sus títulos: así ocurrió con La cuba electrolítica, El cubismo, La revolución surrealista, El problema del niño zurdo y otros (cosa que ahora puede sonar desopilante, pero que en su momento les aseguro que no).

 

Fue también en 1978 que, después de detener a catorce empleados y de clausurar los depósitos de una prestigiosísima editorial que tenía a Boris Spivacow, un editor como no hubo otro, a la cabeza - el Centro Editor de América Latina, conocido en el ambiente editorial como La Escuelita, pionero en casi todo, también en la literatura infantil -, se produce la quema de toneladas de libros. Los libros comenzaron  a arder exac­tamente a las tres de la tarde, en unos baldíos de Avellaneda. Y ardieron durante varios días, ante los ojos azorados de la gente, en especial de los chicos. Y entre esos libros se encontraban, por ejemplo, todos los tomos de La Nueva Enciclopedia del Mundo Joven, dedicado a los niños y jóvenes, que estuvo a cargo de escritores, científicos y especialistas del más alto nivel y que, según mi opinión, aún hoy no ha podido ser superada. Recuerdo ahora algunos libros del Centro Editor prohibidos por "exceso de antirracismo". Maravilloso. (Tan maravilloso como el exceso de fantasía de La torre de cubos...) Quema de libros que no fue la primera ni, lamentablemente, será la última, porque, como dice H. Ecco, la destrucción de libros supone la destrucción del Dios del enemigo: su memoria.

 

Pero  volvamos a esta breve reseña de la literatura infantil.

 

El gran vuelco, el vuelco fundamental,  se produce con Javier Villa­fañe (1909-1996) y con María Elena Walsh.  Al respecto dice María Elena en la nota de La Nación que mencioné antes: "Lo infantil, al caer en manos de algunos escritores cultos o de docentes olvidados de la infancia real y concreta, se contaminaba de contenidos extraliterarios. Mi aporte fue consciente sólo en el querer usar el lenguaje como juego. De ello hay antecedentes en la literatura popular. Yo no estaba inventando nada, sólo recuperándolo." Y Javier Villafañe, el jovencísimo Villafañe, con sus apenas 81 años, dice: “Yo no creo en una literatura para niños, creo en el cuento, creo en el títere. El chico escapa de lo que le preparan los grandes que ya se han olvidado de ser chicos y les fabrican una literatura relamida y pegajosa.”

 

Después de Javier y María Elena  vendría otra pionera, Laura Devetach, cuya obra   anticiparía -según María Adelia Díaz Rönner - la tarea de los escritores de los 80 - Graciela Montes, Ema Wolf, Silvia Schujer, Gustavo Roldán, Ricardo Mariño, yo misma -, escritores a quienes Díaz Rönner identifica como "la banda de los Cronopios", "una banda implacable, poco complaciente y cada vez más comprometida con el oficio de escribir -, de lectores de Borges, de Cortázar, de Macedonio Fernández, de García Márquez, y también de Barthes, de Derrida, de Todorov."

 

 Ciertamente, antes de los 80 hay  muchas otras figuras, como María Granata,  Ana María Ramb, Siria Poletti,  pero la elaboración de una lista no es la intención de este trabajo. Sí debo mencionar a Elsa Bornemann (fenómeno de ventas, nuestra Joanne Rowling vernácula), que se recorta  en este panorama y resulta difícil de ubicar, ya que,  aunque es muy joven (nació en 1952, y todo aquel que tenga menos de 60 años para mí es muy joven),  por la época en  que comienzan a publicarse sus primeros libros está más cerca de Laura Devetach y hasta de María Elena que de los Cronopios de los 80.

 

Otra figura que de algún modo se diferencia del resto es Ana María Shua, generacionalmente cercana a Bornemann, pero que viene de la literatura para adultos y  empieza a publicar para niños y jóvenes recién en 1988.

 

 En efecto, es a partir de los 80, y sobre todo con la llegada de la democracia, que en  la literatura infantil argentina se produce lo que podríamos considerar un boom, un notable crecimiento en cuanto a cantidad, calidad, variedad de géneros, con autores y autoras como Perla Suez, María Teresa An­druet­to, Cristina Ramos, Graciela Pérez Aguilar, Adela Basch, Canela, Horacio Clemente, Gracie­la Falbo, Iris Rivera, Lilia Lardone, Lucía Laragione, Estela Smania, Luis María Pescetti, Alma Maritano, Pablo de Santis,  Marcelo Birmajer, Jorge Acame y tantos otros.

 

 Es por esta época que aparecen editoriales dedicadas especialmente a la literatura infantil y juvenil. Otras comienzan a poner el mayor esfuerzo económico y humano en los libros para chicos y jóvenes.  Y eso no solo con las publicaciones sino a través de ferias, seminarios, talleres, valijas viajeras, etc.

 

También en estos años se fundan instituciones dedicadas a difundir la buena lectura entre niños y jóvenes; organizaciones sin fines de lucro que realizan actividades de capacitación docente, fundan bibliotecas, llegan con el libro a lugares donde el libro nunca había llegado, organizan encuentros nacionales e internacionales, instituyen premios, investigan, muchas veces en colaboración o desde las universidades, en forma independiente o en relación con organismos internacionales. Esta es la tarea de Cedilij, de Córdoba, que publica la excelente revista Piedra Libre; Alija, Sección Nacional del IBBY, de Buenos Aires; Ce.Pro.Pa.Lij, del Comahue, por nombrar algunas.

 

 Otros hechos que hay que destacar:

 

La literatura infantil y juvenil entra en la escuela para quedarse, y eso a través de sus principales mediadores: maestros y bibliotecarios.

 

Los congresos de “literatura seria” empiezan a asignarle un lugar importante a la literatura infantil.  Y en esto, como en tantas otras cosas, un  pionero entusiasta  fue Mempo Giardinelli quien, además, hace que de su inolvidable Puro Cuento nazca el Puro Chico.

 

En 1984 la Dirección Nacional del Libro organiza el Plan Nacional de Lectura, que queda  a cargo de esa persona  desmesurada y magnífica que es Hebe Clementi. El Plan llega con libros y con personas especializadas - escritores, plásticos, guionistas, etc.- a los puntos más distantes del país, permitiéndonos a los talleristas, en su mayoría mujeres, abandonar todo el tiempo los hogares llenos de caños rotos y de hijos adolescentes con problemas de conducta, sin culpa y encima trabajando, cosa de llevar el pan a la mesa. Algunas cifras: el Plan de Lectura, que fuera suspendido en 1989 y que ahora, por fortuna, se está intentando reeditar, realizaba entre 60 y 70 viajes por mes, visitando más de 300 localidades (muchas en zonas de frontera) y con  alrededor de 10.000 talleres.

 

La Dirección General de Bibliotecas Municipales de Buenos Aires - y acá la responsable es Josefina Delgado, actual vicedirectora de la Biblioteca Nacional - crea, reestructura y reequipa, centrando sus esfuerzos en lugares normalmente desprotegidos, gran cantidad  de bibliotecas infantiles, dotándolas de material nuevo, especialmente seleccionado. Y ese trabajo, en mayor o menor medida, se repite en el resto de las provincias.

 

En todo el país se multiplican los congresos, encuentros y ferias infantiles.

 

Y a fines de la década (1989) se comienza a realizar en Buenos Aires la Feria del Libro Infantil y Juvenil (La Feria Chica, como se la conoce), que ya va por la 11ª edición y es un verdadero acontecimiento cultural.

 

En fin, que el impulso  que en tantos frentes recibió la literatura infantil a partir de los 80 no parece haberse detenido. Todo lo contrario.

 

 Quedan varios temas por tocar.

 

*El de la importancia de la entrada de la literatura infantil en la escuela. Y también  el del riesgo que implica: la escolarización de lo literario, con su búsqueda de lo útil y aprovechable.

 

* El de la relación entre texto e imagen en los libros infantiles, sobre todo en los destinados a los más pequeños.

 

* El de los temas tabúes, lo políticamente correcto, la censura (de editoriales, mediadores -maestros, bibliotecarios, padres-, y, la peor, de los propios autores).

 

* El de la literatura juvenil. Porque la pregunta de los 90 sería: ¿Existe la literatura juvenil argentina? (Estamos hablando de un género, si es que lo vamos a reconocer como tal, que tiene sus fanáticos, sus propias colecciones de ventas masivas, y con nombres tales como Pablo de Santis y  Marcelo Birmajer.)

 

* El de la posibilidad de hablar de ciertos grupos literarios, como el que Díaz Rönner bautizó de los Cronopios, que diera origen a la revista La Mancha, papeles de literatura infantil y juvenil,  fundada en 1996 y que ya va por el nº 11.

 

* El  de la relación entre la literatura infantil y la alfabetización.

 

* El del perfil de  niño lector .

 

* El de los escritores “para niños”, que en los últimos años se han lanzado a escribir libros para adultos, en especial novelas (siendo que el género tradicional de la literatura infantil es el cuento) y ensayos: Graciela Montes, Lilia Lardone, Perla Suez, yo misma.

 

* El de los escritores “para adultos”, que escriben libros para niños: Silvina Ocampo, Siria Poletti, María Granata, Marco Denevi, Griselda Gambaro, Pedro Orgambide, Héctor Tizón, Osvaldo Soriano, Mempo Giardinelli. (He nombrado a Soriano, autor de El negro de París, y a Mempo, autor de Luli. Y no puedo dejar de preguntarme ¿cuál será la extraña relación que los gatos establecen con los escritores? Porque son los gatos lo que eligen a los escritores, no al revés. Pensemos en Silvina Ocampo, Borges, Chandler, Ema Wolf, María Granata, Luis Sepúlveda, yo. He estado investigando, y no sucede lo mismo con otras actividades: los gatos permanecen indiferentes frente a los dentistas o a los buzos, por ejemplo. Y huyen despavoridos frente a los banqueros y a los generales, lo vi con mis propios ojos.. Qué misterio. Pero es cierto lo que dijo Soriano: “Todos los escritores con corazón se han ganado un gato que los sigue y los protege” Y  “Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo”? Quede claro que cuando digo “gato” me refiero a la especie felis catus, de la familia felidae.)

 

* El del uso del “español neutro” como condición  para entrar al mercado. Y aquí me gustaría detenerme porque ésta es una situación que a los escritores nos atañe muy de cerca. Se trata de la “sugerencia”, de parte de algunas editoriales, de que escribamos en un "español neutro", un español - nos dicen - asequible para todos, cosa que implicaría la posibilidad  de ventas masivas fuera del país.

 

Ahora bien: ¿Qué se quiere decir cuando se habla de un "español neutro"? Primera respuesta que me viene a la boca: un español sin sal y sin sangre, una lengua híbrida, falsa, artificial.

 

Y con una lengua híbrida, falsa, artificial, ningún escritor puede hacer literatura. Quizá se puedan hacer textos didácticos (yo ni siquiera textos didácticos), pero literatura jamás.

 

Porque resulta que la literatura se hace con palabras entrañables por sus resonancias, con palabras que nos llegan de muy atrás, de muy adentro:  las de la infancia. Para nosotros, los argentinos, son los fósforos, no las cerillas; las bombachas, no las bragas; los corpiños, no los sostenes... Nos encantan las cerillas, las bra­gas, los sostenes en la boca o en los libros españoles, porque tienen la sal y la sangre de las palabras propias de los españoles. Pero nos suena muy falso y nos da risa y nos da pena y nos da rabia cuando al muy argentino sapo de Gustavo Roldán le hacen decir: "¡Pardiez!", en lugar de "Ñandubay y pitogüe"; "¡Puf, chaval", en lugar de "¡Puf, chamigo"; o "flor vistosa" en lugar de "mburucuyá"...

 

Es verdad que, para entender un texto, hay que conocer las palabras. Pero ¿acaso los chicos no aprenden a hablar en un ambiente donde los significados de las palabras son entendidos a través de los contextos y las situaciones vitales? ¿Acaso los chicos no aprenden a hablar escuchando una lengua que está viva, y que porque está viva, cambia?

 

Y esto no ocurre solo con el mercado español.

 

Pensemos en los países y las editorialesde América Latina.

 

Si en un texto colombiano leemos que "se bailó un merengue", ningún chico argentino va a pensar en la riquísima masita de clara de huevo batida y dulce de leche (argentinísimo), sino en algún baile.

 

Además están los glosarios o vocabularios, que algunos se negarán a leer porque uno de los encantos de la literatura es no entender todo lo que se dice, y las palabras demasiado  explicadas se quedan como vacías, según opinaba el poeta Antonin Artaud, que algo de esto sabía: “La obsesión por la palabra clara termina secando la palabra”

 

Entonces yo me pregunto ¿acaso con la incorporación de regionalismos no estamos propiciando el acercamiento a otros países a través de lo que le es más entrañable  a un país: su lengua?

 

En definitiva: creo que de lo que se trata no es de preservar la pureza del idioma (¿qué pureza? ¿qué idioma?), sino de entrar al mercado o quedarse al margen, de vender libros o de no venderlos, de aceptar o no aceptar las reglas del juego. ¿Y la literatura? Bien, gracias.

 

Porque, ¿quiénes son los que ponen las condiciones?,¿quiénes fijan las reglas del juego? Los que tienen el poder, los que tienen "la sartén por el mango y el mango también", como diría María Elena Walsh en un purísimo y nada académico idioma de los argentinos. Tan poco académico como el de los tangos, que, aunque iban sin glosario ni nada se impusieron en todos lados diciendo cosas tan misteriosas como "percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida".

 

Y conste que esto del español neutro no solo afecta los libros para chicos sino también la literatura para adultos. Pero es en la literatura infantil, que sigue pegada a la educación, donde la situación es mucho más seria. Sobre todo si consideramos que casi todo lo que rodea a nuestros chicos cada vez lleva más la impronta de otras músicas, de otros juegos, de otras costumbres, de otras fiestas.

 

“Un pueblo vencido puede conservar la esperanza mientras no haya perdido su lengua”, dijo Montesquieu. Convendría recordarlo.

 

Algunas conclusiones

 Entonces ¿existe la literatura infantil argentina? Yo digo que sí, que existe, y que goza de excelente salud, sin necesidad de tener que legitimizarse como tal. Pero también creo, como dije antes, que no todo lo que se escribe, se publica y se vende como literatura infantil lo es.

 

Lo hemos repetido hasta el cansancio pero nunca resulta suficiente: la literatura infantil es literatura antes que infantil; tiene que ver con las palabras, con las profundas resonancias de las palabras y con el juego, la ambigüedad, el misterio. E históricamente la literatura "infantil" fue aquella de la que los chicos se apropiaron, y no la que moralistas y pedagogos elaboraron afanosamente pensando en "la infancia", esa abstracción. Es Pinocho y no la Gramatica de Gianetino (ambas de Collodi); es La bella y la bestia y no El triunfo de la verdad (ambas de Madame de Beaumont); es Como si el ruido pudiera molestar, de Gustavo Roldán, y no La vida espiritual, de Constancio C. Vigil.

 

Claro que hay autores que, cuando escriben, no solo piensan en la infancia, en los chicos: piensan en la escuela, en el currículo, en los CBC de la EGB de la LFE... (Pero esos autores se van a ir directo al infierno, al décimo círculo, que es más o menos reciente y está a cargo de la Porota Albaytero, mi maestra de Inferior, donde solo se leen - en voz alta y con los pies en perfecto ángulo recto y diferenciando la b labial de la v labiodental y aspirando la h - libros con  mensaje y moraleja, de esos que dejan mucha enseñanza.)

 

También es cierto que hay algunos que creen que la literatura infantil no es cosa de escritores y de escritoras, sino de madres, de maestras, de señoras bien intencionadas. Y que poco o nada tendría que ver con las palabras, con la escritura, con el estilo, y mucho con el amor, el deber, el apostolado. ¿Acaso una autora muy reconocida no llegó a decir públicamente que ella escribía "por una vocación de servicio a la infancia”? Ningún escritor escribe de verdad por una vocación de servicio a nadie (salvo a sí mismo, acaso a sus antepasados: de la literatura como rendición de cuenta a los antepasados hablaba el poeta Robert Browning).

 

Los escritores escribimos porque no podemos hacer otra cosa; porque tenemos monstruos que dejar salir; para que nos quieran, como García Márquez; por no tolerar la vida, y en ese caso, mejor escribirla que vivirla, como Pavese. En mi caso escribo para conjurar los temores de la infancia, para poner orden en mi confusión interior, para reparar viejas heridas, para no volver­me lo­ca, para buscarme en las palabras, para saber quién soy, para ahuyentar la muerte jugando con la muerte, para salvar de la muerte las cosas que quiero.

 

Por eso cada vez estoy más convencida de que la división entre literatura infantil y literatura para adultos, o Literatura con mayúscula, es una falsa división. Y, aunque reconozca ciertas marcas del género, en lo posible evito hablar de literatura infantil y también de literatura juvenil, salvo por cuestiones de claridad expositiva.

 

Y si hablo, como en este caso, me refiero a  literatura de verdad, escrita por escritores de verdad, con palabras de verdad, no con palabritas. Una literatura que no admite recetas ni concesiones ni buenos propósitos ni modales elegantes.

 

Como dije en una oportunidad, todos los escritores son tipos de cuidado, bombas de tiempo son. Nunca se sabe con ellos. Y que nadie se haga ilusiones: los que también escribimos para chicos somos tan peligrosos y tan locos como los otros. A veces más.

 

Y volvamos a Borges. Cuando él se niega a considerar la literatura infantil como Literatura y habla de puerilidad, está pensando en La vida espiritual, La Gallina Cocoquita y cosas de ésas. Pero ¿qué pasa con Alicia en el país de las Maravillas, por ejemplo? Aunque no lo explicite,   Borges piensa que los libros de Alicia no son para niños.  Y eso  porque pueden  ser “leídos y releídos en muy  diversos planos”, es decir, porque son Literatura.

 

Escuche,  Borges: Alicia... es literatura infantil, un libro “incluso para niños”. Acaso no para todos los niños, pero tampoco para todos los adultos. Y es literatura infantil por dos motivos: porque es Literatura y porque de él se apropiaron los niños, que es la única definición, para mí, válida.

 

Esta es la “literatura infantil” en la que yo creo: la que puede ser leída en varios planos; la que no pretende enseñar, aunque lo haga por añadidura; la que exige poner el cuerpo, desechar los caminos ya transitados, arriesgarse, apostar, ­ lanzar­se al vacío.

 

 Y para terminar, un cuentito de El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano, donde  se demuestra que los más entendidos en literatura infantil y en no dejar que les pasen gato por liebre son los propios chicos.

 

“Ella estaba sentada en una silla alta, ante un plato de sopa que le llegaba a la altura de los ojos. Tenía la nariz fruncida y los dientes apretados y los brazos cruzados. La madre pidió auxilio.

 

-Cuéntale un cuento, Onelio - pidió -. Cuéntale tú, que eres escritor.

 

Y Onelio Jorge Cardoso, esgrimiendo una cucharada de sopa, comenzó su relato:

 

-Había una vez una pajarita que no quería comer la comidita. La pajarita tenía el piquito cerradito, cerradito, y la mamita le decía: “te vas a quedar enanita, pajarita, si no comes la comidita”. Pero la pajarita no hacía caso a la mamita y no abría su piquito.

 

Y entonces la niña lo interrumpió:

 

-Qué pajarita de mierdita – opinó.”

 


Bibliografía consultada

 

 

Cabal, Graciela, Mujercitas ¿eran las de antes? y otros escritos, Buenos Aires, Sudamericana, 1998

 

Cabal, Graciela, Ricardo Mariño y otros,”De qué hablamos cuando hablamos de literatura infantil”, Revista La Mancha nº1, Buenos Aires, 1996.

 

Cotroneo, Roberto, Si una mañana de verano un niño, Buenos Aires, Alfaguara, 1998

 

Cresta de Leguizamón, María L., “Breve historia de la literatura infantil argentina”, publicado para el 5º Congreso internacional de literatura infantil y juvenil, Cedilij, Córdoba, 1997

 

Díaz Rönneer, María Adelia, Cara y cruz de la literatura infantil, Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1988

 

Díaz Rönner, María Adelia, “Breve historia de una pasión argentina: la literatura para niños”, Revista La Mancha nº1, Buenos Aires, 1996

 

Garner, James, Cuentos infantiles políticamente correctos, Barcelona, Circe, 1995

 

Mehl, Ruth, Con este sí, con este no, Buenos Aires, Colihue, 1992

 

Montes, Graciela, El corral de la infancia, Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1990

 

Serrano, María de los Angeles, “Orígenes de la literatura infantil argentina”, Revista La Mancha nº2, Buenos Aires, 1996

 

Soriano, Marc, La literatura para niños y jóvenes, Buenos Aires, Colihue, 1995

 

Sotelo, Roberto, “Panorama actual de la literatura infantil y juvenil en la Argentina”, Revista Educación, Biblioteca Año 10 nº 94, Madrid, 1998

 

Suárez, José Bernardo,  El tesoro de las niñas, Colección de artículos estractados y traducidos de los mejores autores,  i publicada para servir de texto de lectura en los colejios y escuelas, Aumentado i editado para las escuelas de la República Arjentina, Buenos Aires, 1869, Imprenta tipográfica de Pablo Coni.

 

Tournier, Michel, “¿Existe una literatura infantil?”, Correo de la Unesco, 1982, reproducido en  Revista La Mancha nº 1, Buenos Aires, 1996


(*) Ingeniosa reseña escrita con sencillez, agudeza y el infaltable humor de su autora, sobre la producción literaria destinada a la infancia desde principios del siglo XIX hasta la actualidad. Incluye las concepciones de Sarmiento, Borges, Quiroga y otros, acerca de la literatura para niños. Fundamenta importantes críticas a las producciones didáctico-moralizantes con tradicional lenguaje sexista, y a aquellas que por sólo satisfacer el mero interés comercial se adecuan al ‘español neutro’ exigido por algunas editoriales. “La literatura infantil – dice - es literatura antes que infantil; tiene que ver con las palabras, con las profundas resonancias de las palabras y con el juego, la ambigüedad, el misterio. E históricamente la literatura ‘infantil’ fue aquella de la que los chicos se apropiaron, y no la que moralistas y pedagogos elaboraron afanosamente pensando en ‘la infancia’, esa abstracción.” El texto que se publica a continuación, fue expuesto ante 2500 profesores,  en agosto de 2000, en el marco del Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura que anualmente se realiza en Resistencia, ciudad del nordeste argentino, Provincia de Chaco, organizado por la Fundación Mempo Giardinelli.

domingo, 27 de julio de 2025

Poesía de Berta Brunfman : " Andrés que cantaba y reía"

 

@Berta Brunfman


Andrés que cantaba y reía.


Un día, 

Un chico llamado Andrés, 

 Perdió la alegría.

Tres días, Andrés, 

La anduvo buscando.

La buscó en los bolsillos, 

 En la cartuchera,

 Donde guardaba,

 Lápiz, goma, sacapunta

Y lapicera.


Miró debajo de la cama,

 En la cocina,

Por si a lo mejor, 

La alegría,

 Estaba jugando a la escondida.


Al cuarto día , Andrés, 

Se sentó en su jardín 

Cansado de buscar a la alegría, 

 Que por ningún lado aparecía.


Pero de pronto, 

Así porque si,

Llegó volando al jardín de Andrés, 

Un pajarito cantor.

¡ Que lindo canta este pájaro!

Dijo Andrés, muy contento, 

Quien también cantó, 

 Con hermosa voz.  




Y así porque si, 

Cantando y riendo, 

Andrés se dio cuenta, 

 Que la alegría, 

Solita, volvía.

BERTA SUSANA BRUNFMAN.

 

 


domingo, 6 de julio de 2025

Recorriendo escenarios y tablas, propuestas de un teatro que es escuela de vida e imaginación

elenco de La Ratoncita Pérez 

 Estoy feliz...!!! este viernes y sábado luego de varios días de encierro por el frío polar y el cuidado de la salud..., recibí las invitaciones para gozar de dos puestas de teatro, una de ellas sobre un texto escrito por la Hormiguita Berta Susana Brunfman: "Y SUSY nos contó" en el teatro "Pasillo al Fondo", con la actuación magistral de Alicia Landau y la dirección de Mariano Singer

con la autora de "Y Susy nos contó" Berta S. Brunfman y el Director Mariano Singer


"Y Susy contó"...... una obra que nos interpela a los adultos y a la sociedad sobre el lugar que tenemos y le damos a los adultos mayores. Maravillosa puesta, la actuación clara y profunda de Susy que se adueña del escenario y de la atención y emoción de los espectadores: una noche de viernes de alto voltaje y de calidad artística. Felicitaciones y gracias Hormiguita Berta por esta invitación.......

"Susy".... en la piel de Alicia Landau


👏👏👏👏👏👏🐜🐜🐜🐜🐜🐜




Y el sábado a la hora de la merienda nos fuimos en fila como buenas Hormiguitas al teatro de La Galera en el Barrio de Palermo porque nos esperaba el elenco de este bellísimo musical "La Ratoncita Pérez" bajo la dirección de Héctor Juan Presa donde los chicos se enganchan junto con sus Padres y adultos, mucha calidad artística para un público muy exigente como es el público infantil 👏👏👏👏👏🐜🐜🐜🐜🐜🐜



Nuestro compromiso con la Educación Popular y Comunitaria..., ahora y siempre...!!!

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