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lunes, 12 de enero de 2026

Niños y jóvenes en algunos cuentos de Olga Drennen Algunas reflexiones al pasar


 


 

Dr. Marcelo Bianchi Bustos

Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil

Universidad Nacional de Santiago del Estero - Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino” - I.S.P.E.I. “Sara C. de Eccleston”

 

 

Leer la obra de la escritora Olga Drennen, en adelante OD, significa para el lector la posibilidad de ingresar a un mundo ficcional donde las cosas parecen ser similares al mundo real, aunque al poder leerlo por medio de las palabras de una gran escritora, todo adquiere otro sentido. El propósito de este breve artículo es ofrecer un recorrido por algunas de sus obras con el objetivo de encontrar en ellas algunas continuidades que permitan caracterizar al niño y al joven en la obra de OD y, al mismo tiempo pensar, en algunos de los recursos que ella utiliza, como la presencia de lo fantástico, entre otros. Son, como puse en el subtítulo, unas reflexiones al pasar, que posiblemente puedan llegar a servir a los lectores (ya sean nuevos o a quienes relean su obra) a pensar en ejes de lectura que le puedan ser de utilidad (igual, aunque esto me juegue en contra, no importan las palabras de un especialista sino los pensamientos de cada lector al tener enfrente una obra literaria).



Pueden aparecer niños humanos, pero también cachorros de lobo, de vaca, entre otros animales y ahí comienza una de las características en el tratamiento de los personajes. En las obras se produce un encuentro y es a partir de ese momento donde aparece la característica fantástica en los cuentos de OD. ¿Quién de nosotros – seamos adultos o niños – no sintió que la historia que estaba leyendo era verdad? Por supuesto que la respuesta es afirmativa, es una sensación, un efecto de la buena literatura. Pero en “Lobo cola gris” es mucho más que eso pues se transforma en un hecho: un personaje sale de un libro y sorprende a Eze. Sí, sale de la ficción e ingresa en el mundo del personaje que, aunque ficcional pasa a ser real y algo fáctico al ser leído:

La maestra se sentó frente al escritorio y esperó a que los chicos de Segundo "A" terminaran de acomodar sus cuadernos sobre las mesas.

-Buenos días dijo. Hoy, vamos a leer la leyenda de la yerba mate. ¡Ay, Ezel, ¿no me harías un favor? Dejé mi libreta sobre una mesa de la biblioteca. ¿La vas a buscar?

En cuanto entró en la biblioteca, Ezequiel vio la libreta. De tapas amarillas adornadas con ositos verdes.

Estaba por volver a clase, cuando notó un montón de pelos grises en el estante. De puro curioso, se acercó para ver de qué se trataba. Así que agarró los pelos y tiró.

-¡¡¡Auuuch!!! ¡Eso sí que me dolió! -Sin que Eze lo hubiera imaginado, de entre las páginas del libro, saltó un lobo.

- ¿Por qué me tiraste de la cola? (Drennen, 2015, p. 7).

 


Más allá del hecho que ocurre, estamos en presencia de un espacio conocido por todos, una escuela y su biblioteca. Pero también OD piensa en otras escuelas, como la del país de la fantasía que tiene paredes de cristal y a la que asisten las hadas y las brujas. La magia y los hechizos están a la orden del día, como sucede en “Ni varitas ni escobas”, un cuento en el que dos niñas muy distintas y muy inquietas, Alana y Fidelma se enfrentan en una carrera muy especial, en la que “encabezaron la competencia. Volaban bajo para no caerse, pero volaban y volaban” (Drennen, 2006, p. 10).

De ese modo inicia la historia de un pequeño lobo que se escapa de Caperucita porque no le gusta, según sus palabras que se mienta en la historia ya que él nunca atacó a nadie. Diálogos entre el cachorro y un niño que buscan la solución de un problema: lograr que el personaje del cuento vuelva a un libro pues no podía vivir en esa realidad. Una trama sencilla pero que lleva al lector a imaginar, a pensar…

¿Quién de nosotros cuando fue chico no quiso tener un perro? Sabemos que la respuesta es que todos lo quisimos – y algunos lo logramos con creces -, y justamente OD (s/f) usa esa temática para contarnos una historia que en principio parece sencilla pero que se las trae. Ximena es la protagonista de un cuento breve que siempre jugaba con un perro blanco que estaba en una veterinaria, pero tuvo que despedirse de él pues se mudó a una casa muy grande. En el nuevo hogar, como iban a pintar las paredes del patio, consiguió que sus padres la dejaran dibujar una casilla con tizas o lápices de colores. Al día siguiente, cuando volvió del colegio sus padres le dan una gran noticia: el perro que tanto quería la estaba esperando y desde ese día era de ella. Hasta aquí nada extraño, simplemente cosas que a cualquier niño le pueden pasar, pero al final sucede algo que la deja absorta (al igual que a los lectores): “aunque parezca imposible, en ese momento, de la chimenea de la casilla que había dibujado en la pared del fondo salió un humo dorado. Un humo que subió liviano, y feliz, con la alegría de las pompas de jabón” (Drennen, s/f, p. 3).

Sus historias siempre tienen un marco cotidiano, escenarios comunes en el que ocurren cosas extrañas.

Como lectores nos maravillamos ante el uso que los buenos escritores hacen de la palabra poética y la forma que tienen de decir las cosas. Los juegos de palabras, el ritmo y la intencionalidad poética se encuentran en su obra, como puede verse en:

 

                El tren

 

Por la Loma del Tomate,

al país de Había Una Vez,

llegaron fantasma, gallo

la princesa y el marqués.

 

Los caminos eran verdes,

más verdes que una canción

y más verdes se volvieron

al llegar a la estación (Drennen, 2018, p. 10).

 

Conocedora del mundo mágico y de lo que significa para cualquier niño escuchar el “Había una vez” que introduce alguna hermosa historia, crea un poema en el que juega con ese inicio ancestral:

 

Las casas de Había Una Vez

 

En Había, las casas

son en miniatura

como calabazas

de poca estatura.

 

Casas encantadas

de lluvias y vientos

donde viven hadas

y crecen los cuentos.

 

Como el mar, las casas

con espuma y pez

que encuentras si pasas

por Había Una Vez (Drennen, 2028, p. 8).

 

¿Y qué pasa con el miedo? Por supuesto que aparece de la mano de la autora. El terror, la intriga y el miedo son otra de las constantes en su obra. En Esta allí todavía, OD (2022) juega con esos elementos al presentarnos a los lectores dos amigos que, como muchos salen a conocer el barrio al que recién llegaron y descubren una casa abandonada. Seguramente siguiendo la idea que el que busca siempre encuentra, dos amigos que ingresan a una casa abandonada (¿quién de nosotros no lo hizo o no soñó con hacerlo y encontrar algo dentro de ella?) creen en un primer momento estar solos hasta que alguien o algo los comienza a perseguir. Una huida rápida de la casa que estaba habitada por un ser monstruoso se convierte en un gran problema:

 

“Su cuerpo parecía estar lleno de anillos, como el de un gusano gigante y gelatinoso.

Sus manos de largos dedos se estiraban hacia ellos. Se movía con la soltura de un gato. Tanta ligereza, que no les dio tiempo a intentar abrir la puerta y se abalanzó sobre ellos. Sin embargo los chicos fueron más rápidos.

Saltaron a través de la ventana que los había dejado entrar y rodaron por el jardín

hasta la calle.

Desde allí, alcanzaron a ver cómo esos dedos repugnantes tanteaban la pared

exterior. Buscaba algo. Los buscaba a ellos” (Drennen, 2022, p. 27).

 

Pero demostrando que más allá del miedo eran jóvenes valientes, al día siguiente vuelven a la misteriosa casa y deciden cerrar todas las ventanas y puertas con madera. Logran hacerlo desde el exterior, pero mientras lo hacían, sentían que del otro lado estaba ese ser. En ese punto la autora, retomando el procedimiento de obras clásicas como “Casa tomada” de Julio Cortázar, ofrece un cierre en el que lo fantástico aparece de una manera sorpresiva:

 

—Está detrás de la puerta — dijo Gabriel.

Y sí, allí estaba. Sigue en la casa abandonada. Está allí todavía... a la espera de que alguien intente entrar (Drennen, 2022, p. 28).

 

La duda, lo evanescente – en palabras de Todorov – y lo imposible se unen. Lo imposible aparece en el relato, aunque ¿será imposible que detrás de esa puerta esté esperándonos ese ser? Mejor no pensarlo y quedarnos con la intriga – mucho más segura - que su autora propone.

La sed de aventura de los jóvenes está presente, al igual que ocurre en La trama del miedo. Aquí, es Ramiro, un preadolescente que recién ingresa al colegio, que habla sobre un lugar sumamente extraños en el que muchos saben que ocurren cosas, el baldío de la esquina. Un lugar temido por muchos, en especial por sus compañeras que vieron (es una forma de decirlo, aunque en realidad no vieron nada en concreto) como Jazmín desaparecía misteriosamente, como evaporándose. Esto sirve de entrada a una historia en la que Drennen (2008) intenta mostrarnos algunas características del miedo, obviamente que asociado al misterio.



Gran lectora y conocedora de las grandes obras de la literatura universal, presenta una intertextualidad muy interesante en Ardió Troya, una novela para jóvenes donde Lucas Edioso y sus amigos van de vacaciones a un hotel en la costa uruguaya y conocen a Lena, la encargada de la recreación del hotel, que terminará provocando una reedición de la obra de Homero al ser secuestrada.

Hasta aquí estas reflexiones surgidas al pasar. Ojalá que cada lector las repiense y resignifique al leer la obra de Olga Drennen.

El mejor homenaje para un escritor es, sin duda, que su obra sea leída una y otra vez…

 

Referencias

Drennen, O. (2006). Cuando las hadas y las brujas van a la escuela. El gato de hojalata.

Drennen, O. (2008). La trama del miedo. Quipu.

Drennen, O. (2012). Ardió Troya. Salim ediciones.

Drennen, O. (2015). Lobo cola gris y otros cuentos. Quipu.

Drennen, O. (2018). Cuatro sonrisas y un sol. Planeta.

Drennen, O. (2022). Está allí todavía. Ministerio de Educación de la Nación.

Drennen, O. (s/f). “El patio feliz”. Cuentos, poemas y más … Plan Provincial de Lecturas y Escrituras

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