Dr. Marcelo
Bianchi Bustos
Academia
Argentina de Literatura Infantil y Juvenil
Universidad
Nacional de Santiago del Estero - Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino”
- I.S.P.E.I. “Sara C. de Eccleston”
Leer la obra de la escritora Olga Drennen, en
adelante OD, significa para el lector la posibilidad de ingresar a un mundo ficcional
donde las cosas parecen ser similares al mundo real, aunque al poder leerlo por
medio de las palabras de una gran escritora, todo adquiere otro sentido. El
propósito de este breve artículo es ofrecer un recorrido por algunas de sus
obras con el objetivo de encontrar en ellas algunas continuidades que permitan
caracterizar al niño y al joven en la obra de OD y, al mismo tiempo pensar, en algunos
de los recursos que ella utiliza, como la presencia de lo fantástico, entre
otros. Son, como puse en el subtítulo, unas reflexiones al pasar, que posiblemente
puedan llegar a servir a los lectores (ya sean nuevos o a quienes relean su
obra) a pensar en ejes de lectura que le puedan ser de utilidad (igual, aunque
esto me juegue en contra, no importan las palabras de un especialista sino los
pensamientos de cada lector al tener enfrente una obra literaria).
Pueden aparecer niños humanos, pero también
cachorros de lobo, de vaca, entre otros animales y ahí comienza una de las
características en el tratamiento de los personajes. En las obras se produce un
encuentro y es a partir de ese momento donde aparece la característica
fantástica en los cuentos de OD. ¿Quién de nosotros – seamos adultos o niños –
no sintió que la historia que estaba leyendo era verdad? Por supuesto que la
respuesta es afirmativa, es una sensación, un efecto de la buena literatura.
Pero en “Lobo cola gris” es mucho más que eso pues se transforma en un hecho:
un personaje sale de un libro y sorprende a Eze. Sí, sale de la ficción e
ingresa en el mundo del personaje que, aunque ficcional pasa a ser real y algo
fáctico al ser leído:
La maestra se sentó frente al escritorio
y esperó a que los chicos de Segundo "A" terminaran de acomodar sus
cuadernos sobre las mesas.
-Buenos días dijo. Hoy, vamos a leer la
leyenda de la yerba mate. ¡Ay, Ezel, ¿no me harías un favor? Dejé mi libreta
sobre una mesa de la biblioteca. ¿La vas a buscar?
En cuanto entró en la biblioteca,
Ezequiel vio la libreta. De tapas amarillas adornadas con ositos verdes.
Estaba por volver a clase, cuando notó
un montón de pelos grises en el estante. De puro curioso, se acercó para ver de
qué se trataba. Así que agarró los pelos y tiró.
-¡¡¡Auuuch!!! ¡Eso sí que me dolió! -Sin
que Eze lo hubiera imaginado, de entre las páginas del libro, saltó un lobo.
- ¿Por qué me tiraste de la cola?
(Drennen, 2015, p. 7).
Más allá del hecho que ocurre, estamos en
presencia de un espacio conocido por todos, una escuela y su biblioteca. Pero
también OD piensa en otras escuelas, como la del país de la fantasía que tiene
paredes de cristal y a la que asisten las hadas y las brujas. La magia y los
hechizos están a la orden del día, como sucede en “Ni varitas ni escobas”,
un cuento en el que dos niñas muy distintas y muy inquietas, Alana y Fidelma se
enfrentan en una carrera muy especial, en la que “encabezaron la competencia. Volaban bajo para no caerse, pero volaban
y volaban” (Drennen, 2006, p. 10).
De ese modo inicia la historia de un pequeño
lobo que se escapa de Caperucita porque no le gusta, según sus palabras que se
mienta en la historia ya que él nunca atacó a nadie. Diálogos entre el cachorro
y un niño que buscan la solución de un problema: lograr que el personaje del
cuento vuelva a un libro pues no podía vivir en esa realidad. Una trama
sencilla pero que lleva al lector a imaginar, a pensar…
¿Quién de nosotros cuando fue chico no quiso
tener un perro? Sabemos que la respuesta es que todos lo quisimos – y algunos
lo logramos con creces -, y justamente OD (s/f) usa esa temática para contarnos
una historia que en principio parece sencilla pero que se las trae. Ximena es
la protagonista de un cuento breve que siempre jugaba con un perro blanco que
estaba en una veterinaria, pero tuvo que despedirse de él pues se mudó a una
casa muy grande. En el nuevo hogar, como iban a pintar las paredes del patio,
consiguió que sus padres la dejaran dibujar una casilla con tizas o lápices de
colores. Al día siguiente, cuando volvió del colegio sus padres le dan una gran
noticia: el perro que tanto quería la estaba esperando y desde ese día era de
ella. Hasta aquí nada extraño, simplemente cosas que a cualquier niño le pueden
pasar, pero al final sucede algo que la deja absorta (al igual que a los
lectores): “aunque parezca imposible, en
ese momento, de la chimenea de la casilla que había dibujado en la pared del
fondo salió un humo dorado. Un humo que subió liviano, y feliz, con la alegría
de las pompas de jabón” (Drennen, s/f, p. 3).
Sus historias siempre tienen un marco
cotidiano, escenarios comunes en el que ocurren cosas extrañas.
Como lectores nos maravillamos ante el uso
que los buenos escritores hacen de la palabra poética y la forma que tienen de
decir las cosas. Los juegos de palabras, el ritmo y la intencionalidad poética
se encuentran en su obra, como puede verse en:
El tren
Por la Loma del Tomate,
al país de Había Una Vez,
llegaron fantasma, gallo
la princesa y el marqués.
Los caminos eran verdes,
más verdes que una canción
y más verdes se volvieron
al llegar a la estación (Drennen, 2018, p.
10).
Conocedora del mundo mágico y de lo que
significa para cualquier niño escuchar el “Había una vez” que introduce alguna
hermosa historia, crea un poema en el que juega con ese inicio ancestral:
Las casas de Había Una Vez
En Había, las casas
son en miniatura
como calabazas
de poca estatura.
Casas encantadas
de lluvias y vientos
donde viven hadas
y crecen los cuentos.
Como el mar, las casas
con espuma y pez
que encuentras si pasas
por Había Una Vez (Drennen, 2028, p. 8).
¿Y qué pasa con el miedo? Por supuesto que
aparece de la mano de la autora. El terror, la intriga y el miedo son otra de
las constantes en su obra. En Esta
allí todavía, OD (2022) juega con esos elementos al presentarnos a los
lectores dos amigos que, como muchos salen a conocer el barrio al que recién
llegaron y descubren una casa abandonada. Seguramente siguiendo la idea que el
que busca siempre encuentra, dos amigos que ingresan a una casa abandonada
(¿quién de nosotros no lo hizo o no soñó con hacerlo y encontrar algo dentro de
ella?) creen en un primer momento estar solos hasta que alguien o algo los
comienza a perseguir. Una huida rápida de la casa que estaba habitada por un
ser monstruoso se convierte en un gran problema:
“Su cuerpo parecía estar lleno de
anillos, como el de un gusano gigante y gelatinoso.
Sus manos de largos dedos se estiraban
hacia ellos. Se movía con la soltura de un gato. Tanta ligereza, que no les dio
tiempo a intentar abrir la puerta y se abalanzó sobre ellos. Sin embargo los
chicos fueron más rápidos.
Saltaron a través de la ventana que los
había dejado entrar y rodaron por el jardín
hasta la calle.
Desde allí, alcanzaron a ver cómo esos
dedos repugnantes tanteaban la pared
exterior. Buscaba algo. Los buscaba a
ellos” (Drennen, 2022, p. 27).
Pero demostrando que más allá del miedo eran
jóvenes valientes, al día siguiente vuelven a la misteriosa casa y deciden
cerrar todas las ventanas y puertas con madera. Logran hacerlo desde el
exterior, pero mientras lo hacían, sentían que del otro lado estaba ese ser. En
ese punto la autora, retomando el procedimiento de obras clásicas como “Casa
tomada” de Julio Cortázar, ofrece un cierre en el que lo fantástico aparece de
una manera sorpresiva:
—Está detrás de la puerta — dijo
Gabriel.
Y sí, allí estaba. Sigue en la casa
abandonada. Está allí todavía... a la espera de que alguien intente entrar
(Drennen, 2022, p. 28).
La duda, lo evanescente – en palabras de
Todorov – y lo imposible se unen. Lo imposible aparece en el relato, aunque
¿será imposible que detrás de esa puerta esté esperándonos ese ser? Mejor no
pensarlo y quedarnos con la intriga – mucho más segura - que su autora propone.
La sed de aventura de los jóvenes está
presente, al igual que ocurre en La trama del miedo. Aquí, es Ramiro, un
preadolescente que recién ingresa al colegio, que habla sobre un lugar
sumamente extraños en el que muchos saben que ocurren cosas, el baldío de la
esquina. Un lugar temido por muchos, en especial por sus compañeras que vieron
(es una forma de decirlo, aunque en realidad no vieron nada en concreto) como
Jazmín desaparecía misteriosamente, como evaporándose. Esto sirve de entrada a
una historia en la que Drennen (2008) intenta mostrarnos algunas
características del miedo, obviamente que asociado al misterio.
Gran lectora y conocedora de las grandes
obras de la literatura universal, presenta una intertextualidad muy interesante
en Ardió Troya, una novela para jóvenes donde Lucas Edioso y sus amigos
van de vacaciones a un hotel en la costa uruguaya y conocen a Lena, la
encargada de la recreación del hotel, que terminará provocando una reedición de
la obra de Homero al ser secuestrada.
Hasta aquí estas reflexiones surgidas al
pasar. Ojalá que cada lector las repiense y resignifique al leer la obra de
Olga Drennen.
El mejor homenaje para un escritor es, sin
duda, que su obra sea leída una y otra vez…
Referencias
Drennen, O. (2006). Cuando las hadas y las brujas van
a la escuela. El gato de hojalata.
Drennen, O. (2008). La trama del miedo. Quipu.
Drennen, O. (2012). Ardió Troya. Salim ediciones.
Drennen, O. (2015). Lobo cola gris y otros cuentos.
Quipu.
Drennen, O. (2018). Cuatro sonrisas y un sol.
Planeta.
Drennen, O. (2022). Está allí todavía. Ministerio
de Educación de la Nación.
Drennen, O. (s/f). “El patio feliz”. Cuentos, poemas y
más … Plan Provincial de Lecturas y Escrituras




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