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lunes, 29 de diciembre de 2025

CAMPAÑA INSTITUCIONAL "LIBROS POR LA PAZ", Hoy presentamos el Libro: LA NIÑEZ dibujada por Tute





La BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA de Virrey del Pino, La Matanza, continúa con la: CAMPAÑA "LIBROS POR LA PAZ" 2025

Adhesión a la Agenda 2030 ODS - NACIONES UNIDAS
Esta campaña por la Paz, a través de los libros para nuestros infancias y adolescencias, la Biblio Madre Teresa la comenzó en el año 2020 y la aventura continúa.....
LA NIÑEZ l
Dibujada por Tute
Tute
La infancia es ese territorio donde todo empieza: las preguntas que abren mundos, la inocencia que revela verdades incómodas, la fantasía que inventa realidades, los límites que nos prueban, los otros que nos acompañan o nos desafían, el descubrimiento del amor, la mirada inquieta al futuro y la relación inevitable con padres y madres.
En este libro, Tute dibuja ese universo con su trazo limpio y preciso, heredero legítimo de la tradición de Quino, pero con voz propia. Cada viñeta es una puerta a conversaciones tan tiernas como incómodas, tan absurdas como certeras. Un niño que pregunta a un cura: ¿Y en quién cree Dios?; otro que le dice a su madre: ¿Y cuando te mueras yo me voy a tener que acordar de todo?. Entre ambas escenas se despliega un mapa íntimo y universal de lo que significa crecer.
Un libro luminoso, lleno de humor y de lucidez, que nos recuerda que la niñez nunca nos abandona: habita dentro de nosotros, y Tute sabe despertarla con cada línea y cada silencio.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Entrevista al Duo "Amistad Cuentera", formado por las narradores Roxana Cacopardo y Sandra Ruiz...!!!

 




-¿Cómo y cuándo descubriste que tu destino estaba ligado a la transmisión de la cultura a través

de la oralidad?

En el caso de ambas, todo comenzó en nuestro trabajo ( una docente y la otra docente

bibliotecaria). A ambas nos atraían mágicamente las historias y los cuentos.


CUESTIONARIO PARA EL HORMIGUERO.


¿Con quién aprendiste a narrar?

Nos conocimos en el taller de Cecilia Paz. Luego hicimos talleres con Claudio Ledesma, Pedro

Parcet, Vivi Garcia y el Postitulo en narracion oral, titulo emito por el instituto Rodolfo Walsh de

Chaco. Pero sin duda una de las cosas que mas nos nutrio fueron los consejos y charlas con Daniel

Brito… gran narrador argentino .


¿Narrás para niños y adultos? En caso afirmativo ¿Cuál es la diferencia?

Narramos para todas las edades, desde salita de dos años hasta ancianos en geriatricos.

Nosotras diriamos que cada publico es diferente. Por eso creamos un espectaculo personalizado

para cada grupo.


¿Tu principal defecto? ¿Tu mayor virtud? (como narradora)

Nuestro mayor defecto es la dificultad que tenemos al hablar de cobrar aunque sea un sobre

consciente. Esa es nuestra asignatura pendiente para mejorar como dúo.

Nuestra mayor virtud es el compromiso con el que abordamos nuestro trabajo, la capacidad de

reirnos mucho en los miles de ensayos que hacemos por cada funcion y la no competencia entre

nosotras que hace que el duo funcione. Al no haber vedetismo todo resulta mas facil, mas que

narrar de a dos requiere de una gran confianza y conocimiento de la otra persona para salvar

situaciones que se pudieran dar.



-¿Cómo seleccionas tu repertorio?

El repertorio lo elegimos en función del publico que nos va a escuchar. No se puede nunca olvidar

a nuestros oyentes.


-¿Qué historias no debería desconocer ningún niño?

Todos los niños tendrían que conocer cuentos de tradición oral, leyendas, fabulas, historias de

genero e identidad.


¿Cuál fue el primer cuento que narraste en público?


En este camino compartido, nuestro primer cuento casi icónico es “ La sopa de calabaza” que es

un cuento de tradición oral.


Te convocan frecuentemente a realizar narraciones en las escuelas ¿Qué le piden los maestros a

un espectáculo de narración? ¿Qué valorizan los chicos?

Cuando nos llaman de escuelas los maestros suelen pedir que los cuentos coincidan con sus

proyectos y la edad evolutiva de los niños.

Los niños valoran mucho el humor, la espontaneidad, los cuentos cortos y que se entienda bien la

resolución y que el espectáculo sea variado en géneros textuales y que este bien hilado.


-¿Cómo describirías el panorama actual de la narración oral en Argentina?

La narración oral en la Argentina esta en una etapa de expansión y profesionalización.


-¿Se puede vivir en nuestro país siendo cuentacuentos?

No. En este momento es muy dificil vivir de nuestra profesión ya que hay mucha gente que va a

narrar gratis y des jerarquiza nuestro trabajo.


-¿Qué público te demanda mayor esfuerzo a la hora de narrar? ¿El público infantil o el público

adulto?

Cada publico tiene su particularidad y te diríamos más, cada grupo humano que nos escucha es

diferente. Por ello no hay una mayor o menor dificultad entre trabajar con niños o adultos.


Sandra Ruiz     Roxana Cacopardo

Duo  Amistad Cuentera

martes, 23 de diciembre de 2025

Cuando el agua se volvió más agua, cuando el cielo se volvió más cielo (cuento de Navidad)

 



A mis primos Juli, Juan y Ceci, con el amor de toda la vida


por Adrián Marcelo Ferrero


María se hamacaba sobre el borrico que, exhausto, cada tanto solicitaba agua, pasto o

bien un descanso de esa larga jornada de semanas. José hacía un alto al borde de las rutas y

lo proveía de algo de agua que llevaba en un odre o bien lo conducía hacia un arroyo

movedizo y deslizante, a la vera del camino. Debía administrar muy cuidadosamente la

bebida. Porque María, embarazada como estaba, solía pedirla, en toda su austeridad, unos

sorbos, apenas unos sorbos con los que humedecía sus labios y mojaba su lengua y su boca.

Era lógico, había que aliviarse de semejante viaje, del polvillo que de tanto en tanto el

viento arremolinaba y hacía que sus narices picaran como si inhalara pimienta o alguna

especia de Oriente.

María llevaba una túnica basta, que no obstante preciosamente rodeaba su cabeza y

envolvía su vientre promisorio. El bebé era santo, ella podía sentirlo. Segura de su

primordial misión, era consciente de su responsabilidad y ello la empapaba de optimismo.

Y también, por qué no decirlo, sabía que no sólo llevaba un bebé. Llevaba a alguien de

quien un arcángel había prometido una ímproba tarea. María pensaba, para sí, que también

para ella la misión sería delicada. Y estaba preocupada por cómo sería la vida de su hijo. La

imaginaba con tribulaciones. Pero la fe en la Buena Providencia ahuyentaba estos

pensamientos grises.

Lo cierto es que paso a paso, tranco a tranco, tumbo a tumbo, mientras el borrico era

acicateado cada tanto por el cayado de José, pudieron avistar las primeras antorchas de

Belén. De lejos parecía un lugar yermo, con pocas casas, desparramadas aquí y allá, sin

concierto. De tanto en tanto, una fogata inflamaba la mirada y permitía avistar, entre las

sombras, el contorno de la arquitectura de ese poblado, morada de ladrones, de santos y de

la chusma. A ese pueblo estaban predestinados.

Todo era inminencia y expectación. Le avisó a José y él se alarmó. Estaban cerca. Todo

estaba cerca. Ya casi a trescientos metros. José acicateó al borrico. No podía arriesgarse a

que la parición del bebé fuera a campo traviesa, sin luces, sin un techo, sin paños en los

cuales envolverlo, preservarlo de la intemperie. De los insectos y de los salteadores de

caminos.

Los cascos del borrico por fin se aceleraron. Eso serenó a María. José, en tanto, atendía

a todos los detalles. Que María estuviera reconfortada y a salvo de los movimientos bruscos

del animal y buscaba por todos los medios su bienestar. Algunas luciérnagas brillaban: eso

era buen augurio. La familia, apremiada por su designio, esperanzada, pese a los

imponderables marchaba en paz: una protección todopoderosa los mantenía a salvo tanto de

peligros como de amenazas.

José dejó a María en una calle empedrada, montada en el borrico. Ella tenía la

respiración agitada y tenía, ahora sí, miedo. No miedo por ella. Miedo por el bebé. José

golpeó la puerta de cada hostal. Lo rechazaban de todos los lugares, alegando que ya

estaban colmados de huéspedes. José explicaba que se trataba de un caso urgente, que

estaba por dar a luz su esposa. Nada dio resultado ni pudo persuadir a los dueños de las

casas para viajeros. Ninguno se conmovió, pese a los azotes en sus puertas y los gritos de

José. No sabían lo que hacían.


José, ya en el colmo de la desesperación, buscó un lugar resguardado de los vientos y

protegido al menos de la lluvia y los temporales. Encontraron un establo. Un lugar

miserable, lleno de bosta y orines de animales. Improvisó un lecho. Amontonó paja bajo el

techo, acomodó como pudo el lugar más limpio, donde la higiene fuese decente como para

una parición. Una ráfaga de aire puro refrescó el pesebre. Era un buen augurio. Señal de

que habría tiempo bueno pero no frío, calor pero no tórrido, frescura sin lluvias

torrenciales. La intemperie no sería peligro, pese a que sería crucial.

José preparó todo lo que no fuera hostil para una mujer a punto de dar a luz y para un

bebé recién nacido.

María ya se preparaba para el parto. El mundo empezó a girar en otro sentido, por

decirlo de algún modo. El epicentro de todo el universo cabía en ese establo, en esa mujer,

en ese vientre. La punta del compás del mundo tenía su centro en ese establo.

No habría comadronas, de manera que José, ignorándolo todo pero inspirado por el

aliento divino, por las fuerzas superiores, acostó a María sobre el heno y sobre una manta.

Ella empezó a agitarse. José se deshizo de la parte superior de su túnica, cortando la tela

con los dientes y las manos. La colocó debajo del vientre de María. El pesebre devino

palacio.

En el punto culminante, se produjo el paroxismo que habría de cambiar el curso de la

Humanidad para siempre. Un bebé, diminuto como una hoja de ciprés, un bebé anunciado

por la Providencia, cuyo nombre ya María sabía de antemano y por ello bautizarlo más

tarde no sería misión difícil, nació. Lentamente, como brotan tímidamente las primeras

gotas, vertiente que acaba de abrirse en una roca. Un delicado rocío mojó el mundo.

José estuvo a cargo de todo y depositó al bebé sobre el pecho de María, que lo cubrió

primero con su propia túnica y luego con un pañal. El universo, como cortado por una hoz

de un agricultor muy manso y muy bueno, y muy firme, se había partido en un antes y un

después, luego de ese preciso instante en el que ella sostenía a quien inmediatamente

pronunció las siguientes palabras:

“Jesús, aquí está tu madre”.

El bebé, como es de rigor, lloró ni bien se produjo el parto y se calmó instantáneamente

de la hostilidad del mundo al ser abrazado por su madre. Confiaba, desde muchos siglos

atrás, en ella.

José, emocionado, casi dijo, o, se dijo: “La misión está cumplida”. Él no sabía que una

frase parecida sería reproducida por un Jesús bañado en sudor y sangre, agónico, sobre

maderos, años más tarde.

Los animales en el pesebre parecían adorar a un ser tan pequeño pero tan poderoso al

mismo tiempo, que los acompañaba en esa noche, en que el cielo estrellado de Belén, había

sido testigo del acontecimiento más singular y más primordial del que se tuviera memoria.

En ese instante, pudo escucharse un aleteo poderoso, incandescente, enceguecedor, de

alas sobresalientes, y un canto sublime comenzó a ser entonado. Un grupo de ángeles se

acercó. Saludaron con grandes alabanzas al Mesías, a su Madre y a José, dando la

bienvenida al Salvador y a quienes habían por él velado.

Una luz inefable obnubilábalo todo, como fuego, como luna, como sol de noche. Había

cánticos, chispazos y felicidad. Todo el Cielo se regocijó.

En tanto María amamantaba por primera vez al bebé, los ángeles, dejando una estela

perlada y sublime, partieron como en una suerte de prodigiosa y divina bandada. Iban a

anunciarlo. A celebrarlo. A lo lejos, casi en lontananza, un grupo de pastores dormía

amodorrado en torno de una hoguera. Lentamente, una luz se cernió sobre ellos.


La luna se volvió más luna. El fuego más fuego. El viento más viento. Y el agua, ah, el

agua, mojó más el mundo, porque sabría, en un futuro cierto, sabría de bautismos.

martes, 16 de diciembre de 2025

Acá están..., estas son las BASES DEL PREMIO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE LIJ: LA HORMIGUITA VIAJERA, 17ta Edición, 2026

 

(*)

 

PREMIO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE LIJ: LA HORMIGUITA VIAJERA – 2009 -- 2026

 

Bases 2026. Premio Nacional y Latinoamericano de LIJ La Hormiguita Viajera 17 ta Edición.

Este año nuestras Hormiguitas recorrerán los senderos de nuestro País hacia el Noroeste de Argentina (Pcias de Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán, y Santiago del Estero)…., y algunas seguirán camino más hacia el norte llegando hasta la tierra hermana de México para saber y conocer cómo se desarrolla la LIJ en estas tierras.

 

El Premio Nacional y Latinoamericano de LIJ La Hormiguita Viajera,  este año 2026, está cumpliendo 17 (DIECISIETE) años de recorrer los senderos de la literatura infantil y juvenil. 

 

Acá están las Bases 2026

 

 

PREMIO NACIONAL Y  LATINOAMERICANO de LIJ: LA  HORMIGUITA VIAJERA

 

Cierre de postulación: 30:08:2026

 

Género: Infantil y Juvenil

 

Premio:  estatuilla representativa del personaje literario, y un plaqueta

 

Abierto a:  Argentina, Latinoamérica y el Caribe

 

Entidad convocante: Biblioteca Popular “Madre Teresa”

 

País de la entidad convocante: Argentina

 

Fecha de cierre:   30:08:2026.-


(**)

 

BASES del PREMIO

 

 

El Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera” se puso en marcha a partir del año 2009, con el propósito de impulsar la literatura infantil y juvenil en toda la Argentina y los países de América Latina y el Caribe.

 

Sigue su camino estamos en la 17ta EDICIÓN, AÑO 2026.-

 

El objetivo de este premio es el reconocimiento a aquellos autores y aquellas personas que hayan desarrollado su carrera literaria en el ámbito del libro infantil y juvenil, además, de reconocer a Editoriales, Ilustradores, y difusores de la literatura infanto – juvenil.

 

El premio será convocado anualmente por la BIBLIOTECA POPULAR “MADRE TERESA” de Virrey del Pino, La Matanza, Pcia de Buenos Aires, Argentina. Este Premio se entregará todos los años, en el mes de Noviembre/Diciembre, como tributo de nuestra Biblioteca a la figura de una de las más prestigiosas escritoras argentinas GRACIELA CABAL, que naciera un 11 de Noviembre de 1939, además, de ser una amiga entrañable de nuestra Institución.

 

 

BASES ACTUALIZADAS 2026.

 

PRIMERA. Podrán ser candidatos al Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera” 2026, los escritores vivos que cuenten con una valiosa obra de creación para el público infantil y juvenil cuya importancia sea considerada de trascendencia para el ámbito argentino y de Latinoamérica y el Caribe. y esté escrita en cualquiera de las lenguas que se hablan en la comunidad Latinoamericana y caribeña. Como los destinatarios de los otros rubros: narradores; ilustradores; editoriales; teatro, etc.-

 

 

 

SEGUNDA. Las candidaturas podrán ser presentadas por cualquier institución cultural o educativa, asociación o grupo de personas relacionadas con la literatura infantil y juvenil, además, de aquellos que la Biblioteca Popular “Madre Teresa” decida presentar.

 

TERCERA. No se aceptarán candidaturas de los autores ganadores en ediciones anteriores para el mismo rubro.

 

CUARTA. Las candidaturas deberán presentarse enviando los siguientes datos: - Una carta de postulación que explique los méritos del autor. - El currículum vitae del candidato. - Los datos de la entidad que presenta la candidatura. - Los documentos justificativos que se consideren oportunos. - Tres títulos publicados, representativos de su obra. Esta documentación se deberá remitir en un envío por correo certificado y de ser posible con copia de todo lo solicitado. El envío debe realizarse especificando en el sobre “PREMIO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL: “LA HORMGUITA VIAJERA” BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA, VILLANUEVA 2437– BARRIO ARECO- VIRREY DEL PINO – (1763) - LA MATANZA, PCIA DE BUENOS AIRES. ARGENTINA o por correo electrónico: bibliomadreteresabsas@gmail.com.

 

QUINTA. La documentación completa de las candidaturas remitidas, así como la identidad de los candidatos, excepto de los que resulten finalistas, se consideran confidenciales. Los documentos serán destruidos después del fallo.

 

SEXTA. La recepción de candidaturas se abre con la publicación de esta convocatoria y se cierra el 30 de AGOSTO de 2026.

 

SÉPTIMA. El jurado estará compuesto por destacados expertos en literatura infantil y juvenil seleccionados por la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA.

 

OCTAVA. El fallo del jurado es inapelable y se dará a conocer durante el mes de octubre de 2026. Los premios podrán ser declarados desiertos.

NOVENA. El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil: “La Hormiguita Viajera”, es una estatuilla representativa del personaje literario, y una plaqueta.

 

DÉCIMA. El Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera”, se entregará en la sede de la Biblioteca Popular “Madre Teresa”, o donde la Comisión Directiva lo estipule.

 

UNDÉCIMA. Los premiados se deberán comprometer a participar en las actividades de promoción que se programen para divulgar el premio y en futuras convocatorias.

 

DUODÉCIMA. Cualquier situación no prevista en la presente convocatoria será resuelta por la Comisión Directiva de la Biblioteca Popular “Madre Teresa”, y su fallo es inapelable y definitivo.

 

COMISION DIRECTIVA

BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA

bibliomadreteresabsas@gmail.com

WhatsApp: 54 9 11 59809764

VIRREY DEL PINO - LA MATANZA

Pcia de BUENOS AIRES - ARGENTINA.

(*) Ilustración Virginia Piñón

(**) ilustración Guadalupe Belgrano

martes, 9 de diciembre de 2025

Releyendo desde el archivo..., hoy releemos esta reseña de Raúl Tamargo sobre el Hormiguero del escritor argentino Sergio Aguirre que apareciera en la Revista Imaginaria, una de nuestras primeras Hormiguitas Viajeras...!!!

 De Sergio Aguirre. Reseña por Raúl Tamargo (*)El hormiguero pertenece a esa clase de relatos en los que el desenlace resignifica lo leído, de manera que reseñarlo propone el desafío de no contar el final. Lo que domina el recorrido de la historia tiene más lazos con los relatos de aventuras y parece proponerse interesar al lector por el mundo de la naturaleza. El mencionado final dejará al lector liberado de protecciones, inquieto; lo obligará a releer, a revisar las hipótesis que fue tejiendo a lo largo de la lectura.

El hormiguero
Sergio Aguirre
Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 2008. Colección Torre de Papel; Serie Torre Amarilla.

Por Raúl Tamargo

El hormiguero pertenece a esa clase de relatos en los que el desenlace resignifica lo leído, de manera que reseñarlo propone el desafío de no contar el final.

Omar pasará sus vacaciones en la casa de una tía a quien apenas conoce y de quien la familia no suele hacer buenos comentarios. La tía Poli vive en un campo en la zona de Obispo Trejo (Provincia de Córdoba), con la sola compañía del perro Roberto (a quien trata de usted), en medio de un monte más o menos salvaje. Se sabe de ella que se fue de su casa cuando era una adolescente, que “se hizo hippie”, que vivió en una comunidad mapuche, que lideró alguna que otra lucha ecologista en el sur, que ahora es artesana y “vive en contacto con la naturaleza” (el padre de Omar) o que es “la loca de la naturaleza” (su madre).

La caracterización de la tía es extensa y detallada. Aunque la narración acompaña al muchacho, aunque el lector la irá conociendo a través de los ojos de Omar, es ella quien se convertirá en protagonista. En rebeldía contra los hábitos depredadores de la sociedad urbana, la tía Poli representa todo lo que no son los padres de Omar. El muchacho la había visto anteriormente solo una vez, en el velorio de su abuelo. En aquella oportunidad, mientras su madre le había explicado la muerte como un viaje al cielo, frente al cual era necesario hacerse fuerte, su tía, en cambio, le dijo que “lo único que hacían los muertos era dejar de estar afuera”.

Este contraste, marcado con fuerza desde el principio, por momentos parece ser el eje argumental de la historia, lo que crea (en el lector adulto, al menos) la molesta sensación de que habrá un “mensaje”, algún tipo de reivindicación ideológica o de “valores”. Sin embargo, ya desde el comienzo, el relato muestra señales inquietantes.

En este sentido, la cita que da comienzo al libro es todo un anuncio (1).

El padre de Omar es el promotor de las vacaciones de su hijo. “No puede pasarle nada”, le dirá a su mujer, como argumento para vencer sus resistencias.

Pero es en la página 18 donde el lector encontrará una señal inequívoca de que la historia guarda sorpresas: Omar acaba de llegar a la casa y su tía le muestra el dormitorio que reservó para su estadía. Observa la habitación, el piso de ladrillos y… “Entonces vio una hormiga. Estaba sola. Iba y venía, como si se hubiese perdido. Pero en ese momento a Omar no le llamó la atención. No le llamó la atención en absoluto”.

Tía y sobrino simpatizan rápidamente. El muchacho observa con curiosidad, pregunta con interés, olvida sus temores iniciales. Los viajes desde el campo hasta el pueblo son cotidianos; en uno de ellos, Omar compra en un vivero unos rosales que le regala a su tía. Al día siguiente, aparecen devorados por las hormigas. Omar propone controlarlas, tía Poli se niega. “Omar sintió, por primera vez, que ella lo miraba como si fuera un enemigo: —¿Vos te volviste loco?”.

Poco después, la tía le acercará a Omar un libro titulado El mundo de las hormigas (2), que servirá de fuente de inspiración y guía para las siguientes acciones. A partir de este punto, es Omar quien ganará el protagonismo. Se propondrá combatir a las hormigas, a pesar de la opinión de su tía. Sus próximos movimientos serán dados a espaldas de ella. Habrá de asesorarse en el vivero, comprará el veneno más poderoso. Infructuosamente, tratará de ubicar la boca del hormiguero. Finalmente, cuando parece darse por vencido y devuelve el insecticida, el comerciante le ofrece uno distinto cuya efectividad no precisa del hormiguero ya que los gránulos son transportados por las hormigas hasta depositarlos en él, donde se gasifican y exterminan la colonia. Omar distribuye el veneno cuidadosamente, en el trayecto visible del camino de las hormigas.

Hasta aquí, el relato se desenvuelve dentro de los límites del realismo y va sembrando pequeñas señales con la intención de generar expectativa, podríamos decir suspenso. Pero el cierre es de carácter fantástico.

Siguiendo la lectura que Freud hace de “El hombre de arena”, relato de E.T.A. Hoffman, no es aventurado afirmar que El hormiguero tiene un final ominoso (3). Si en ese cuento del autor alemán (como en otros), el rasgo mencionado está presente a lo largo del relato, en el caso de la novela de Aguirre solo está reservado para el final. El desenlace, en efecto, puede sugerir una tradición: Hoffman, el cuento fantástico del siglo XVIII, Horacio Quiroga.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con las obras de esa tradición, en este caso, no toda la narración está impregnada de extrañamiento. Podría pensarse que la razón de esa diferencia se encuentra en el destinatario al que está dirigido: un lector presumiblemente desprotegido al que se le exime de excesivas angustias hasta el final. Lo que domina el recorrido de la historia tiene más lazos con los relatos de aventuras y parece proponerse interesar al lector por el mundo de la naturaleza. El final de El hormiguero dará nuevas luces a ese recorrido, convirtiéndolo en una suerte de montaje narrativo indispensable para la resolución. Dejará al lector liberado de protecciones, inquieto; lo obligará a releer, a revisar las hipótesis que fue tejiendo a lo largo de la lectura.


(*) Raúl Tamargo nació en Buenos Aires en 1958.

Entre muchas ocupaciones, las de escritor, librero, bibliotecario y editor son las que lo han hecho más feliz.
Ha publicado Los otros cómo juegan (poesía), Ediciones A capela, 1995 ; Por la ventana de Sol (novela infantil), Libresa, 2001 ; El hilo del engaño (cuentos breves), Alción, 2014 ; Más que nada (novela), Alción, 2017.
Desde 2019 lleva adelante el proyecto editorial de libros digitales A capela. En ese marco ha publicado también la novela Lo que el cuerpo vale, ha reeditado el poemario Los otros cómo juegan (de descarga gratuita) y ha compilado la antología de poesía indígena contemporánea de Abya Yala De la tierra floreciente.
Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías, en la revista peruana Plesiosaurio y en el sitio Escritores del mundo. Ha colaborado con la revista Imaginaria, especializada en literatura infantil.



Notas

(1) “Una hormiga sola no podría considerarse que tiene algo específico en su mente. Varias hormigas juntas, rodeando una presa, parecerían tener una idea en común. Pero recién cuando se ve la sombra de miles de hormigas cubriendo el suelo del bosque, es cuando se puede percibir a la Bestia.” Lewis Thomas.

(2) Entre los agradecimientos finales, el autor ofrece la referencia correspondiente: se trata de un texto de Horacio Quiroga, perteneciente a “El hombre ante los animales salvajes – Cacería del hombre por las hormigas”, publicado por la revista Billiken, en 1924.

(3) El término unheimlich es traducido como ominoso (J. L. Etcheverry) y también como siniestro (L. López Ballesteros). “…lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo” (p. 220). En: Freud, Sigmund. Obras Completas. Tomo XVII. Buenos Aires-Madrid, Amorrortu Editores, 1997. Pág. 219 a 251

domingo, 9 de noviembre de 2025

NOVEDAD: El gato en Plaza de Mayo. Cuento inédito de Manuel Camilo García Burattini

 


Rondaba la hora del pichón cuando me desperté. Los callejones, a veces, son cómodos; este lo sería porque ya era mi tercera siesta. Me levanté con hambre, Tal vez en el parque pudiera haber cardenales rojos. Su sabor es más dulce que el del benteveo y son más raros de encontrar.  Tomé un baño: levanté una pata y empecé a lengüetazos por mi pelo. Lo malo de los callejones es que son sucios y están llenos de tierra. Terminé con la pierna y seguí con la otra hasta que algo empezó a subir por mi garganta y quedó atorado.. Ya sabía lo que era, su forma y composición. Fue horrible, quería expulsarlo. Parecía que la fuerza que hacía para sacarlo era inútil. Tragarlo no era posible, sentía que me imposibilitaba la respiración. Hasta que al final lo logré, vomité y la vi. Una húmeda y mediana bola de pelos grises. Con esto terminó mi baño, me dirigí a la plaza y mientras caminaba en mis cuatro patas, y mi cola se movía, empecé a pensar en el día.

   Salí del callejón y me encontré con mi primer desafío. Lo había visto desde cachorro, aun desde la caja, al piso negro. No era como el resto del suelo. No solo era duro como la  vereda donde caminan los humanos sino que, cuando hacía calor, era mucho más caliente que cualquier otra parte. Pero lo peor es lo que se mueve por ese suelo. Siempre hay muchos de ellos y hacen ruido, son rápidos y si no los ves, no te confíes. La primera vez que aprendí esta verdad fue de cachorro. Desde la caja, con mis hermanos, veíamos el suelo negro con curiosidad pero ninguno se atrevía a salir. Hasta que el primero de la camada lo intentó. Nunca tuvo nombre, pero siempre lo recordaré por la mancha negra en su espalda. Así Mancha se preparó y de un salto salió de la caja. Aterrizó primero en sus patas delanteras y después en las traseras. Nos miró y caminó hasta el borde de la vereda, volvió a echarnos una mirada y con una pata, tocó el suelo negro. A la primera pata le siguió la segunda, la tercera y cuando ya estaba caminando por el suelo empezó a revolcarse por el. Estaba tan feliz que quisimos seguirlo, pero antes de que pudiéramos, aparecieron esos que siempre rondan por el suelo negro. Rápido y echando humo pasaron, y no se detuvieron.  Mancha fue de ahí en adelante tan solo una mancha. Esa fue la primera vez que vi un metal-rueda. Nunca puede uno confiarse si está en el suelo negro porque no sabe cuando podrían aparecer, a veces se detienen pero son los menos. Jamás entenderé por qué los humanos se meten en su interior y los montan. Entonces ahí estaba de frente al suelo negro, como siempre vi a cada lado y me prepare. Nada de un lado, nada del otro. Salté y corrí. No importaba que no estuvieran a la vista, los metal-rueda siempre estaban ahí. Antes de llegar al limite del suelo negro pegue un salto y aterricé en la vereda . Por suerte logré llegar sin cruzarme con ningún metal-rueda, pero había algo raro.

  La plaza estaba vacía, aves había pero humanos no. Desde que vivía en el callejón siempre había habido gente a esa hora; no era raro verlos sentados dando de comer a las palomas, o caminando para meterse en un metal-rueda largo, o recostados en el pasto, o comiendo. Los humanos siempre estaban presentes pero esta vez se hacían notar por su ausencia. Hasta que me di cuenta. En cada extremo de la plaza hay  una casa, una de blanco y otra rosada con rejas. Las rejas siempre están cerradas, solo a veces las abren. Y cuando  aparecen otras rejas más grandes, es porque está a punto de empezar la fiesta. Las fiestas siempre  empezaban  poco después de que aparecieran las rejas. Supe que tenía que apurarme para comer. Camine por la plaza, quería ver qué aves había. Estaban las palomas pero su sabor no es bueno. Uno pensaría que, como siempre son alimentadas por humanos, su sabor sería diferente, más blanda y grasosa en vez de nervios puros. De todos modos, es bueno que estén en caso de no conseguir otras aves. Cerca de la casa de rosado hay unas fuentes, a veces había aves ahí. Mientras me acercaba, pensaba en las fiestas. Nunca son iguales, cambia la gente, la comida, los ruidos y hasta los colores que traen. Siempre cambian excepto por dos cosas:

  1. La casa de blanco siempre termina de otro color, muchas veces con carteles o con fuego a su alrededor.
  2. Aparecen los Botas.

Siempre están, junto con los que celebran jugando, como cuando uno es cachorro. Golpeándolos o alejándose de la de rosado. Muy pocas veces los he visto retroceder, y nunca es por mucho tiempo. Hasta algunas veces los he visto lanzar agua a los que celebran; y ese día no iba a ser la excepción.

   Me acerqué, mientras oía el agua de la fuente, y lo vi. Ese era mi día, o eso pensé en ése momento, por encontrar un cardenal rojo. Me apoyé sobre mis patas traseras, con mis ojos fijos en esa ave, y saque las garras de mis patas delanteras. Salté, y en un parpadeo mis garras se clavaron en el ave, y caí en la fuente. El agua se tiñó de bordo, el cardenal sabía muy bien pero tuve que escupir su cabeza.

  Después de la comida solo quedaba dormir una siesta, así que me dirigí de nuevo a mi callejón. Pero lo oí, el inconfundible chillido que siempre hay antes de las fiestas. Corrí por el parque, salté y mire rápidamente el suelo negro.Seguí corriendo hasta llegar a mi callejón. Me volteé y lo vi.Todos estaban ahí, los de cada festejo, todos ellos. Parecía qué iba a ser una fiesta larga, así que tendría que encontrarme un buen lugar para la siesta.

  Lo intente, y nada: siempre y en todas partes, estaba el constante ruido de los festejantes. Decidí que tenía que volver a ver, y lo que vi fue sorprendente; por primera vez los Botas ya no estaban.

Horas más tarde, las dos casas estaban iluminadas en fuego. La fiesta había terminado. Ya no hubo más.

lunes, 3 de noviembre de 2025

NOVEDAD que llega al Hormiguero... por María Cristina Alonso

 El pejerrey dorado de Patricio Vargas



Guillermo Martínez en su ensayo Once tesis (y antítesis) sobre la escritura de ficción desaconseja a sus alumnos de los cursos de escritura,  no usar la segunda persona por artificiosa ante la elección de un punto de vista narrativo. Claro que, a cada tesis planteada, el autor propone una antítesis, porque en toda escritura siempre es posible rebatir una posición.

En El pejerrey dorado, una breve y hermosa novela de Patricio Vargas, el punto de vista elegido para narrar esta historia es, precisamente, la segunda persona. El chico que han matado en una pelea ahora es una voz que le habla a la madre. “Me encontraron boca abajo en el barro. Boqueaba como un pescado”. Así inicia ese discurso en el que el muerto parece encontrarle un sentido a su breve y mísera vida y es, precisamente, ese uso de la segunda persona que invoca permanentemente a la madre, lo que hace más potente al relato.  

Desde el momento en que el muchacho protagonista es subido a una camilla después de una pelea desigual, deja de ser un cuerpo masacrado para convertirse solo en ojos y voz. “Abrí los ojos cuando me movieron para subirme a la camilla”, cuenta cuando logra sintonizar el murmullo lejano que es su propia voz. Como un pescado que boquea, el narrador rememora sucesos pasados, pero también se instala en el presente para describir los rituales de la propia muerte que lo envuelven. 

Desde entonces, asistiremos a un relato en el que la laguna se convierte en centro del mundo narrado incluyendo la leyenda fabulosa de un pejerrey dorado.

Una voz que construye un territorio, que lo define. Es  la laguna el paisaje donde se despliega el restringido mundo en el que ha transcurrido su vida, con la fauna humana que lo frecuenta, con los sucesos de violencia y desamparo, con el amor y la traición. 

Pescadores, negocios en torno a la pesca, personajes singulares, rústicos y solitarios, cargando historias pesadas y turbias -Ramírez, Solano, Colombo, la madre que se prostituye- son mirados con el devenir de esa voz que ha perdido el cuerpo pero que va y vuelve en el tiempo como “el agua de la laguna que pega contra las piedras o contra el casco de los botes”.

Vargas ha encontrado la música de la laguna y la va ejecutando con morosidad y poesía. Es un mundo brutal pero permeable a ciertos rasgos de ternura. El narrador va y viene de la sala donde lo velan a episodios pasados, a sus pendencias y humillaciones.

El movimiento del agua impulsa el relato, “la corriente va y viene en su incesante oficio, cargada de memorias sobre los hombres y los barcos..”

El chico que narra su experiencia de vida es espectador de la violencia familiar, del comercio sexual de su madre, de la incomprensión de las maestras y de una escuela que baja los brazos cuando se siente vencida para una realidad social que no puede, ni intenta cambiar. La novela registra y desnuda una sociedad de mezquindades miserias y desamparo sin teorizaciones, ni discursos. 

Por momentos el relato parece el de un náufrago que sabe de antemano que todo terminó para él, pero sigue todavía aferrado a una madera para ser testigo de lo que deja. Hay escenas muy logradas: los encuentros con Mío en casa de la tía, los momentos en el refugio del gusano en la plaza del cementerio, los relatos de los pescadores por las noches en la época del pejerrey.

Entre todas las voces que se cruzan convocadas por la voz del narrador -la abuela, el cura, el médico que firma el certificado, el hombre que arregla los cadáveres, la vecina, Ramírez con sus historias de Claribel- aparece, en otro registro, la de los documentales de animales que solía ver el protagonista. Una voz descriptiva que equipara el comportamiento de los animales con el de los hombres.

La novela cierra y deja, en la mano del lector el infinito desamparo de un adolescente que se construye desde el recuerdo, alguien tan desesperado que se compara con los peces cuando la laguna está baja y no tienen comida. “Yo, como ellos -nos dice- era capaz de morder cualquier anzuelo que tuviera cerca.” 



Quieren derogar la Ley del Libro... defenderla, es defender NUESTRA CULTURA

 (*) ATENCIÓN HORMIGUERO LECTOR...!!! Debemos DESPERTAR...!!!, han venido por uno de nuestros derechos más preciados, el pan espiritual de l...