Translate

sábado, 14 de diciembre de 2019

Esperar para encontrar: matices de la poética de Perla Suez” (2da Parte)


                                                                                                             por Adrián Ferrero





     Abordé en un artículo anterior el modo en que la ficción de Perla Suez, mediante complejo procesos testimoniales ligados a la memoria y al modo de referirla, se hacía cargo de las tramas del dolor social. Pero veamos otras vertientes de una poética tan rica en matices, que se proyecta hacia otros contenidos y otras formas.

     Otra línea de su producción dialoga con la tradición literaria tanto popular y anónima como con firma de autor. Pero, de modo inteligente, Suez se apropia y desvía ciertos recursos o contenidos desplegándolos hacia un horizonte de expectativas con nuevos horizontes. En efecto, es productora de novedosos sentidos y que son resignificados. Motivo por el cual el público infantil disfruta, acaso sin advertirlo, del  patrimonio de muchos. En otra zona de su producción  (como veremos) se introduce el poder de la transformación o la metamorfosis a través de lo maravilloso, razón por la cual ya ingresamos en otra dimensión o, quizás, en otro orden. Pero también aquí, tampoco su inscripción es convencional. Nuevamente hay un desvío: esos procesos tienden a introducirse en contextos también perturbadores, donde los personajes se ven amenazados y esas metamorfosis se imponen como formas de la salvación. Por último, agregaría una sagacidad y una destreza tan infrecuentes como originales para manejar la puntuación, la sintaxis, las pausas, el ritmo, la sonoridad, los énfasis de la lengua literaria: una gramática de tal colosal consciencia de sus recursos como de la posibilidad de instalar sus temas.



   Administrando con sabiduría diestra sus conocimientos sobre el efecto que los recursos de la escritura son capaces de producir en el lector (y muy en especial en el lector infantil), Perla Suez artesanalmente trabaja de modo reflexivo y evidentemente paciente antes de plasmar su uso singular de la gramática a los efectos de, hacerlo con la mayor eficacia. El de saber a ciencia cierta dónde detener con precisión una historia. Cómo graduar su temperatura. De qué manera manejar las tensiones. Cómo articulas la sucesión de acontecimientos. Cómo encadenarlos en una sucesión sin ruidos. Eso confiere determinado fluir a su prosa que no queda jamás abandonada a la mera espontaneidad o la impulsividad. Produce un efecto claro y dicta, naturalmente, la fábula misma porque, como es obvio, la fábula es un producto de un cierto universo poético creado por el uso selectivo del lenguaje. Quiero decir: la historia está determinada en primer grado por la escritura, por el modo en que queda dibujada sobre la página y no en un a priori que es el que suele predominar en muchos escritores. Diera la impresión en Perla Suez que ocurre todo lo contrario. Seguramente existe una idea previa de lo que va escribirse. Eso resulta naturalmente obvio. No obstante, como escritora su método de trabajo resulta revelador de una poética atenta a producir mediante la manera en que es ejercida una construcción del relato que lo modifica de modo notable según su elaboración meditada. Su obra infantil es insoslayable y dibuja una coherencia absoluta con su narrativa para adultos. Agregaría que la narrativa infantil de Perla Suez es exigente: no busca complacer al lector con historias simplistas sino más bien narrar, incluso, momentos difíciles, sin alcanzar sin embargo emociones que afecten de modo intolerable o de modo perturbador al lector.


     El libro álbum Lara y su lobo (2014), acude a guiños de cuentos tradicionales infantiles (o acuñados como tales), esto es, a intertextos literarios populares y anónimos. Una casa construida por una niña, Lara, que no es de leña ni de ladrillos sino de libros. Una casa habitada, sorpresivamente, por un Lobo que duerme en su interior vestido con ropa de persona adulta y que, lo descubriremos, tiene hambre. Pero no de humanos sino de aceitunas, cogote de pollo y pan casero. Un Lobo al que todos temen pero que en el fondo es sumamente  manso (diera la impresión entonces más de un perro doméstico o mascota que de un animal salvaje) y, evidentemente, sólo buscaba o compañía o, como dije, alimentos. Ya ahíto de comida, llegará la invitación a un parque de diversiones  por parte de Rafael, Didí, Manuela y Sofía, los amigos de Lara. Y un paseo en una calesita montado sobre un caballo con alas. Nuevamente el motivo de los animales, este amigo del hombre, manso, se suma a la diversión. El miedo queda neutralizado y la emoción cambia de signo, como es evidente. La  calesita gira y gira, cada vez más velozmente. Hasta que, al detenerse, irrumpe una frase final: “Lobo no está”. Es aquí donde está el  intertexto claramente. En esta gran historia de Perla Suez lo previsible se entrelaza con lo inesperado y no puede sino resultarnos sorprendente su poder para recuperar legados literarios y, de modo potente, proyectarlos hacia creaciones con perfiles renovados. Perla Suez, ya vemos con estas tramas que no son por cierto vertiginosas sino que se toman su tiempo para ser narradas (y leídas) camina por la literatura por nuevas parcelas pero sin límites al mismo tiempo. Y en esta apropiación sesgada de una herencia hay una dosis de delicado humor implícito, o bien acaso un talante risueño que quizás un niño puede desentrañar a medias. Es que en verdad sus historias para niños no reconocen un público. Y esta es una de sus mayores virtudes, me parece a mí, en lo que a narrativas de la infancia se refiere. Las que la vuelven si bien propia de ese campo de la producción literaria, participan también de la posibilidad de ser disfrutadas con amplitud por un público que no conoce una sola edad.


    El cuento infantil Un oso (2014), de Perla Suez, narra, como su nombre lo indica, la historia de un oso que guarda una relación muy singular con la luna. Se podrá pensar que por lo tanto guarda una relación muy singular con la noche. Porque la luna, que suele iluminar senderos y dejar entrever siluetas, como sombras chinescas, en el mundo, precisamente durante esa etapa del día. Es ella la que precisamente lo invita a dar un paseo. Él se aventura e inicia un viaje que lo conducirá hasta el Mar Báltico. Se desconcertará allí al ver un niño, conocerá a otros que le harán regalos, algunos mágicos. Hasta llegar a una ciudad en la que hay un hombre tomando un té. Se trata de un hombre singular, con un ojo blanco. Tan blanco que atemoriza. Un hombre con un ojo blanco es un hombre que a ese oso lo asombra, pero el oso no lo discrimina. Las cosas seguro se ven distintas con ese ojo. O dejan de verse de un cierto modo. Quizás hasta se vean incluso por la mitad Sin embargo, hay miedo, y de allí en más, el viaje será una huida de ese ojo y del portador de ese ojo. Huye de él en una bicicleta, como polizón en un tren hasta llegar a un desierto: lo más distante del hielo de lo que pueda concebirse. Pero el desierto culmina en un acantilado atronado por la circulación de un curso de agua. 

  Y lo que era tan temido (el hombre y su ojo), terminará siendo su tabla de salvación. Porque el hombre tomará el ojo entre sus manos y lo convertirá en un trozo de hielo. El hombre se esfumará y luego de flotar sobre ese hielo, el  oso regresará a su glaciar donde, luego de sentirse como en casa, porque por dentro sentirá las pisadas de una manada de elefantes con sus orejas, por fin, irá a pescar invitado por el  oso grande. El viaje como metáfora de la búsqueda de lo que no se conoce pero  que evidentemente se aspira a encontrar de distinto y hasta de novedoso es una constante en este libro que, bien mirado, no es un cuento estrictamente de autoconocimiento sino, más bien, de descubrimiento de un entorno multifacético que permanecía velado. Los miedos, el rumbo que se pierde (huyendo de ese mismo miedo) y, por fin, un miedo que terminar por languidecer porque lo que se temía es lo que termina por salvar, en una vuelta de tuerca interesante e inteligente. Permitiéndole, de una vez por todas, la realización definitiva. Quizás muy lejos, exista una luna que nace o se esconde, como una luz que se apaga y se enciende, guiando con su parpadeo a una existencia que necesita de un faro, imprescindible circular siguiendo un itinerario importante.

   
  Uma (2016) es un libro álbum infantil de Perla Suez  que nos cuenta acerca de la invasión en territorios de paz por parte de grupos que no hacen sino provocar la distopía del ruido y el destrozo. Disponiendo libremente de la materia de esa inspiración, Suez mediante riquísimos matices refiere episodios respecto de la llegada a una aldea por parte de una agrupación destructiva (que puede ser leída según muchas claves). Esta intrusión remite a otras de existencia constatable que Occidente conoce de larga data. Que la protagonista sea una niña, una niña perseguida, seguramente mediante una operación identificatoria que hará que el niño experimente esa persecución y el modo en que se suele encontrar desprotegido y sentir la orfandad tanto como la hostilidad. Pero sin embargo, en este caso, el vientre de un gran pez que sabe cantar salva a la protagonista, junto a otros niños, del arrollador ataque de este grupo de hombres de cuero enfundados en botas que llegan con sus “orugas destructivas” a traer la guerra a la tranquila llanura. Un espacio de concordia y entendimiento. La vida y las emociones se vuelven intensas y cambian por completo, arrasadas. Mientras ellos destrozan todo a su paso, nuestra protagonista asistirá sin embargo a la magia o, quién puede saberlo, a un acontecimiento del orden del milagro: la multiplicación de otros peces a partir de ese solo gran pez. Un pez que la ha transportado a la orilla opuesta del río. Ella ha quedado a salvo. Y allí se detiene el cuento. Tal vez sea esa una de las aristas virtuosas más altas del libro. El instante en el que Suez decide su punto final. Uma, me parece, habla de muchas cosas. Invitación delicada al pacifismo, al ecologismo, al amor a lo que nos rodea y al cuidado hacia quienes también lo hacen. Alude a la presencia despiadada de grupos atentos siempre a ser irrespetuosos con el semejante. Y se trata de una narrativa de alianza que seres fabulosos van urdiendo con personas que miran con ojos transparentes y se dejan cautivar sin temores pero con asombro por los chispazos dorados que emiten solamente los seres más puros.



     Y cierro este recorrido incompleto por la ficción infantil de Perla Suz con su libro Espero (2015), ilustrado por Natalia Colombo. Y veremos por qué. Sabemos que los prejuiciosos  suelen confinar al desván a una literatura que a sus ojos no merece figurar en los estantes de prestigio porque no admiten que la literatura infantil sea un territorio digno de exploración ni de innovación pujante. No obstante, las fábulas que los adultos atribuyen como destinatarios a los menores pueden llegar a tener resonancias insospechadas en un lector incluso profesional. Eso me ha sucedido con este libro sorprendente. Porque en tanto el protagonista de la presente historia proyecta sus deseos o añoranzas que se traducen en una multitud de imágenes, espera algo que en verdad no esperaba llegara del modo en que lo hizo. Así, me nos encontramos con una emoción que también todos hemos sentido alguna vez en nuestra historia. Entre imágenes plásticas que realizan un sutil contrapunto con silencios, el presente cuento protagonizado por un perro pero por el que se deslizan personas, animales, árboles y máquinas, nos habla de que esperar es una manera de encontrar también. Porque para encontrar no siempre es necesario en todos los casos salir a buscar. En ocasiones una sabia y paciente espera (a tiempo) es productora también de efectos y sentidos. Este Espero fue seleccionado entre los 10 mejores libros para niños del mundo por la institución venezolana Banco del Libro y, por lo tanto, objeto de una distinción a nivel internacional. Y pienso que lo merece. Está el intertexto de la espera de Zama (1956) novela del argentino Antonio Di Benedetto (si bien la trama admite otras lectores), como bien ha explicado la autora. Y con las ilustraciones que llegaron antes que la historia estuviera delineada, el cuento alcanza un principio, su desarrollo y un cierre exitosos que en tanto que lectores ávidos, nos permite reflexionar acerca de las motivaciones y los alcances de nuestra conducta. Del modo como nos conducimos con nuestras decisiones. Porque a veces, como Perla Suez lo ha hecho con su ficción para adultos y niños, no solo se trata de hacer. Sino de esperar la llegada a lo que una vida de trabajo pero también de suerte incierta, nos deparará. En este caso de modo dichoso. Como toda su obra de jerarquía.


Niños y jaulas

Por María Cristina Alonso


 Lo bueno de los libros es que nos llevan de unos a otros y, en ese viaje, resignificamos ideas y revisamos páginas leídas.


 Eso ocurre al leer el libro álbum cuya historia escribió Germán Machado e ilustró Cecilia Varela . Se titula La jaula (Calibroscopio, 2018) y recibió el Premio Fundación Cuatro Gatos. La Fundación otorga este premio a los 20 mejores libros, a los que recomienda por sus valores literarios y plásticos. 

La jaula narra un episodio en la vida de un niño llamado Nil. Un episodio de esos que dejan huella. 

 Todo empieza con una jaula hallada en el cuarto de los trastos y, como dice la voz narradora, “el que tiene una jaula siempre encuentra un animal para encerrar dentro de ella”. Nil entonces exige, porque así aparece representado en el dibujo y en los diálogos, un hámster a sus padres. La madre y el padre son, en esta historia, políticamente correctos. Manifiestan su desagrado por los animales enjaulados, y desgranan razones. 


El niño se pone caprichoso como cualquier niño e insiste, promete cuidarlo y acude a todos los argumentos que suelen esgrimir quienes quieren que sus deseos sean satisfechos al instante. 

El abuelo aparece con el hámster deseado que quedará encerrado en la jaula hasta su inevitable final. 

Lejos de ser complaciente, el autor nos deja entrever a un niño enojado, caprichoso, intolerante y la tipografía de los diálogos con sus grandes mayúsculas subrayan la firmeza del pedido del pequeño. La realidad, no obstante, siempre nos deja a la intemperie y nos da las primeras lecciones, como ocurre en este cuento. Nil termina reflexionando sobre su error y se desprende de la jaula, emblema de la opresión y la falta de libertad. 

En uno de los aforismos escritos en un cuaderno con tapas de hule, Franz Kafka dice: “Una jaula salió en busca de un pájaro”. La jaula en el cuarto de Nil, acecha, desde el principio, al pájaro, en este caso al hámster, hasta que lo consigue. En el aforismo kafkiano aparecen dos conceptos que no sobreviven uno sin el otro. La jaula no es una jaula sin algo que contener en ella. Pero Kafka estaba hablando del futuro, como muchas veces en su obra, cuando toda Europa se convertirá en una enorme jaula llena de campos de exterminio. 

El mismo Jaques Prevert, en su poema “Para hacer un retrato de un pájaro”, pide pintar primero una jaula con la puerta abierta y luego algo bonito y útil para el pájaro. 

Inevitablemente, este cuento nos lleva de viaje a la novela de Haroldo Conti, Alrededor de la jaula. Novela de iniciación que narra la historia de otro chico, Milo, y de su cuidador, Silvestre, un anciano al que ama y con el que maneja los juegos mecánicos instalados en la costanera de Buenos Aires, frente al balneario municipal. Todas las semanas van al zoológico para visitar a los animales en cautiverio. Se hacen amigos de una mangosta que los mira desde una jaula demasiado pequeña. El viejo Silvestre reflexiona mientras ve al chico acercarse a la jaula: “La mangosta parecía más resignada a su suerte. Había encontrado a un compañero de encierro. Porque la verdad es ésa. La jaula podía ser bastante más grande, pero de cualquier manera uno se daba contra los barrotes.” 

Tras la muerte de Silvestre, Milo se rebela contra la injusticia, roba a la mangosta y es detenido por la policía. La rebeldía individual contra el sistema, parece decirnos Conti, no conduce a ninguna parte. No obstante, Milo, en esta historia de pérdida de la infancia, puede sostener la mirada para enfrentar su futuro. 

 Como en el cuento de Machado ilustrado por Varela, aquí también aparece la jaula como símbolo del encierro, que señala lo vulnerable que es la libertad de los seres vivos y cuán fácil es caer en la trampa de los barrotes. Es que estar en la jaula, como nos dice Alejandra Pizarnik, es también morir un poco. Escribe en un poema “los pájaros dibujaban en mis ojos / pequeñas jaulas” y, en otro: “la jaula se ha vuelto pájaro. Qué haré con el miedo.” (Pizarnik, Poesía completa) 

 En el cuento de Germán Machado, Nil reflexiona sobre su empeño cuando se enfrenta con la muerte. La muerte de mascotas suele ser el primer encuentro de un niño con el propio destino. Hay un poema de Roberto Themis Speroni que cuenta este primer acercamiento del niño a la muerte. Se trata de “Soneto a la paloma que maté de niño”. Un niño mata a un pájaro y el recuerdo de su último estertor persigue al poeta:
 “Todavía conservo entre las manos/  el pequeño temblor de tu agonía…” y, sobre el final, en el último terceto, nos cuenta de ese íntimo y singular momento en el que sentimos que la infancia se nos escapa porque la muerte nos ha rozado con su ala: 

 “La infancia se me fue con el asombro: 
por eso, cuando en pájaros te nombro 
tu corazón regresa con el mío.” 


 Como la mayoría de los libros álbum, La jaula es un texto inquietante y disruptivo, que no escapa a los temas difíciles. ¿Es la muerte un tema para un libro infantil? Fanuel Hanán Díaz (2015) sostiene -en su ensayo Variaciones sobre el tratamiento del tema de la muerte en la literatura infantil-: “La muerte ha sido en la literatura infantil la gran ausente, la eludida, la disfrazada. Es difícil encontrar textos que aborden con naturalidad esa problemática. Detrás de ese fenómeno se esconde la sombra de una actitud sobreprotectora hacia la infancia, un celo de adulto que todavía no ha solventado su propio enfrentamiento con esta experiencia.”

 Como todo buen libro, La jaula, de Germán Machado, ilustrado por Cecilia Varela, nos ha llevado de viaje hacia otros textos, hacia autores que arman ese gran diálogo que es la biblioteca del mundo.

[1]Germán Machado (Montevideo, Uruguay, 1966), es escritor, gestor cultural y librero especializado en libros para niños y jóvenes en “El PetitTresor”. Ha publicado libros de poesía y de narrativa en Uruguay, Argentina, Brasil, México y España. Actualmente está radicado en Vic, Cataluña. Ha publicado novelas, libros de cuentos, de poesía y libros álbum. Obtuvo premios en Uruguay y en Argentina, por ejemplo, con Ver llover obtuvo el premio de poesía de los Destacados de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina (sección IBBY - Argentina) en 2010. Entre otras muchas actividades relacionadas con la Literatura Infantil y Juvenil, ha conducido talleres y ha dado conferencias sobre distintas temáticas.

[1] Ilustradora y profesora de dibujo y pintura. Estudió en la ENBAPP en la ciudad de Buenos Aires (actual Instituto Universitario Nacional de Arte). Residió en la Ciudad de México durante cerca de una década, donde recibió el primer lugar del Catálogo de Ilustradores de Conaculta (2007). Su trabajo ha sido publicado en medios y editoriales de México, Argentina, Chile, Brasil, Canadá y España. Ha participado en exposiciones en Italia: 29 Le immagini della fantasia, L’incanto del Teatrio, y Il Colori del Sacro. Actualmente vive en Argentina, en la provincia de Córdoba.

martes, 10 de diciembre de 2019

ABIERTA LA NOMINACIÓN PARA LOS PREMIOS DE LIJ: LA HORMIGUITA VIAJERA, 2020.

LANZAMIENTO DE LA 11ma CONVOCATORIA DE PARTICIPACIÓN DEL PREMIO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL: "LA HORMIGUITA VIAJERA"  EDICIÓN AÑO 2020.


BASES 
 
El Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera” se puso en marcha a partir del año 2009, con el propósito de impulsar la literatura infantil y juvenil en toda la Argentina y los países de América Latina y el Caribe.
Sigue su camino estamos en la 11ma  EDICIÓN, AÑO 2020.-

El objetivo de este premio es el reconocimiento a aquellos autores y aquellas personas que hayan desarrollado su carrera literaria en el ámbito del libro infantil y juvenil, además, de reconocer a Editoriales, Ilustradores, y difusores de la literatura infanto – juvenil. 

 www.escritores.o
El premio será convocado anualmente por la BIBLIOTECA POPULAR “MADRE TERESA” de Virrey del Pino, La Matanza, Pcia de Buenos Aires, Argentina. Este Premio se entregará todos los años, en el mes de Noviembre/Diciembre, como tributo de nuestra Biblioteca a la figura de una de las más prestigiosas escritoras argentinas GRACIELA CABAL, que naciera un 11 de Noviembre de 1939, además, de ser una amiga entrañable de nuestra Institución.


BASES 2020

PRIMERA. Podrán ser candidatos al Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera” 2020, los escritores vivos que cuenten con una valiosa obra de creación para el público infantil y juvenil cuya importancia sea considerada de trascendencia para el ámbito argentino y de Latinoamérica y el Caribe. y esté escrita en cualquiera de las lenguas que se hablan en la comunidad Latinoamericana y caribeña. Como los destinatarios de los otros rubros: narradores; ilustradores; editoriales; teatro, etc.-

SEGUNDA. Las candidaturas podrán ser presentadas por cualquier institución cultural o educativa, asociación o grupo de personas relacionadas con la literatura infantil y juvenil, además, de aquellos que la Biblioteca Popular “Madre Teresa” decida presentar.

TERCERA. No se aceptarán candidaturas de autores y demás premiados que tengan algún parentesco o lazo consanguíneo con funcionarios de la entidad que convoca el Premio. Tampoco se aceptarán candidaturas de los autores ganadores en ediciones anteriores para el mismo rubro.

CUARTA. Las candidaturas deberán presentarse enviando los siguientes datos: - Una carta de postulación que explique los méritos del autor. - El currículum vitae del candidato. - Los datos de la entidad que presenta la candidatura. - Los documentos justificativos que se consideren oportunos. - Tres títulos publicados, representativos de su obra. Esta documentación se deberá remitir en un envío por correo certificado y de ser posible con copia de todo lo solicitado en un C.D. ó por correo electrónico de la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA de VIRREY DEL PINO (bibliomadreteresabsas@gmail.com)

El envío debe realizarse especificando en el sobre “PREMIO NACIONAL Y LATINOAMERICANO DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL: “LA HORMGUITA VIAJERA” SEDE DEL JURADO, CALLE CONVENCIÓN 1272/74 - VILLA MADERO – (1768) - LA MATANZA, PCIA DE BUENOS AIRES. ARGENTINA.




QUINTA. La documentación completa de las candidaturas remitidas, así como la identidad de los candidatos, excepto de los que resulten finalistas, se consideran confidenciales. Los documentos serán destruidos después del fallo.

SEXTA. La recepción de candidaturas se abre con la publicación de esta convocatoria y se cierra el 30 de AGOSTO de 2020.-

SÉPTIMA. El jurado estará compuesto por destacados expertos en literatura infantil y juvenil seleccionados por la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA.

OCTAVA. El fallo del jurado es inapelable y se dará a conocer durante el mes de octubre de 2020. Los premios no podrán ser declarado desiertos.

NOVENA. El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil: “La Hormiguita Viajera”, es una estatuilla representativa del personaje literario, y un plaqueta.

DÉCIMA. El Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera”, se entregará en la sede de la Biblioteca Popular “Madre Teresa”, o donde la Comisión Directiva lo estipule.






UNDÉCIMA. Los premiados se deberán comprometer a participar en las actividades de promoción que se programen para divulgar el premio y en futuras convocatorias.

DUODÉCIMA. Cualquier situación no prevista en la presente convocatoria será resuelta por la Comisión Directiva de la Biblioteca Popular “Madre Teresa”, y su fallo es inapelable y definitivo.

COMISION DIRECTIVA
BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA

https://www.facebook.com/BIBPOPMADRETERESA

https://www.facebook.com/premio.lahormiguitaviajera

VIRREY DEL PINO - LA MATANZA
BUENOS AIRES - ARGENTINA

lunes, 9 de diciembre de 2019

Perla Suez: una poética de la reparación del dolor” (1ra parte)



                                                                                                 



                                                                            por Adrián Ferrero


     Las ficciones de la escritora argentina Perla Suez, radicada en Córdoba, hincan su énfasis en ciertas constantes que pueden verificarse tanto en su narrativa infantil como para adultos. La violencia como descontrol virulento de las pasiones en las relaciones humanas provenientes de conflictos largamente gestados o circunstanciales. La amenaza por persecución que disipa los vínculos de respeto hacia el semejante y busca o suprimir o degradar al distinto. La discriminación y el maltrato hacia otras etnias, muy en especial al pueblo judío. Sin embargo, las historias logran por lo general resoluciones más o menos exitosas, aunque dejen heridas inolvidables. Hay una mirada superadora sobre el sufrimiento. El espacio social de la mujer que compromete sus derechos o su integridad, arrinconada por varones en muchas ocasiones inescrupulosos regresa, incesante. Y la escritura como receptáculo y custodio de la memoria, en su caso dolorosa, es la propuesta a una opción de restitución de la dignidad pero también de precaución para que no se agiten los fantasmas del resentimiento, el rencor y tampoco se repitan esos acontecimientos. La escritura como archivo, como documentación, constituye una forma medulosa también de transferir momentos concretos y verosímiles a los lectores. Hay naturalmente otros núcleos, como la irrupción de lo fabuloso frente a contextos hostiles para evitar repercusiones arrasadoras que podrían atentar contra esos sujetos. Y también, una señalada recuperación del patrimonio literario en sus distintas vertientes, con un trabajo tejido de modo fino. En esta línea también inscribiría una mirada sobre la espera que jamás se cierra definitivamente como una compuerta más metafísica en este caso que en su acepción vital, diferente, por ejemplo, del relato de Kafka “Ante la ley”. 

 
  El proyecto de Perla Suez es uno de los más desafiantes y más provocadores contra ideologías complacientes que aspiran al control de las consciencias, lo que en su carácter alienante en el uso del lenguaje contemplamos a diario. Inquietante en todas sus vertientes, la poética de Suez evidencia las zonas de incertidumbre incluso más descarnadas en el caso de los conflictos sociales y las vuelve literariamente productivas tanto para quien las escribe (evidentemente) como para  lectores y lectoras ávidos no por ser aleccionados sino, muy por el contrario, ir al encuentro de una ficción inteligente que no busca el pasatiempo sino un trabajo cuidado con las ideas, con el lenguaje devenido, esta vez, respetuosa y trabajada lengua literaria. En efecto: senderos nuevos para la literatura argentina desde sus argumentos, por un lado. Senderos nuevos desde una escritura que no se abandona a la espontaneidad sino que es pensada, elaborada con meticulosidad, urdida a partir de la sutileza.

     La ficción de Suez se conecta parcialmente con el sufrimiento, lo que no suele ser habitual en la narrativa infantil. Trabaja el carácter menos inocente de la literatura (es una ficción calculada) pero al unísono con un fuerte señalamiento ético sin pedagogías. Todo ello acompañado de un entusiasmo por empapar al lector del anhelo de libertad, de avidez y de curiosidad por el mundo que la vuelven una pieza clave de nuestra narrativa infantil y juvenil nacional para la comprensión de los contextos y para la producción de sentidos en orden a afectar el orden de lo real con el objeto de asestar duros golpes contra ideologías autoritarias. En efecto, la narrativa de Suez disipa las ideologías de la represión y del olvido. Lanza el pensamiento hacia espacios inexplorados poblando con una escritura imprevisible y radicalmente original pero sin estridencias vacíos que requieren de acciones estéticas potentes.

     Pero vayamos concretamente a su producción infantil ligada a la violencia. Esta línea de su proyecto estético, por un lado, ensaya un recorrido por el modo en que factores histórico/políticos devastadores tienen sobre niñas y niños. También sobre los adultos que ellos llegarán a ser y a ser narrados en estas ficciones. Esa confrontación con acontecimientos del orden de lo real suele tener una salida satisfactoria porque el sujeto alcanza a metabolizar lo que le ha tocado padecer como víctima. Pero deja una huella inolvidable en la memoria que es, precisamente, la argamasa de esta literatura.

     La salida de los episodios más traumáticos en los mejores casos, adopta la forma de la reparación. En efecto, narradores a cierta altura de su vida sabios refrieren episodios dramáticos una vez que ya han tenido lugar en sus vidas. Y, en un punto, han sido superados. De modo que las tramas del dolor son neutralizadas mediante una vida que requiere de un trabajo persistente para procesar esas experiencias de modo transformador. Es más: la narración misma de esos sucesos por boca de los personajes da la pauta de que organizar de un cierto modo la experiencia mediante el modo en que será referida ya constituye un primer antídoto para relativizarla. Como vemos, los sucesos trágicos logran ser burlados en tanto que factores destructivos por obra de su testimonio sanador. También es la prueba más contundente de que han sido trabajadas por una subjetividad que no ha quedado paralizada en el pasado ni afectada al punto de no poder movilizarse. El relato, en este caso puntual, resulta una suerte de garantía, de reaseguro, de que en tanto que ficción de la reparación, la tragedia ha sufrido un proceso de conversión hasta alcanzar la realización. También estamos hablando de una ficción del duelo, porque es mucho lo que durante estos procesos se pierde y, por lo tanto, mucho lo que debe ser asumido. Lo cierto es que los sujetos (varones y mujeres) alcanzan ignoro si una total plenitud. Pero sí en buena medida una identidad que mediante procesos reformadores permiten que sea experimentada como una instancia tolerable, por un lado. Y, quizás, hasta el punto de alcanzar un triunfo sobre la hostilidad del mundo.

    
  Respecto de mi inquietud por conocer acerca de cuál de todos sus libros le había traído más satisfacciones, Perla Suez afirmó, en una entrevista que le realicé y salió publicada en 2018 en la revista Hispamérica de la Universidad de Maryland (EE.UU.): “Sin dudas, Memorias de Vladimir. No puedo saber por qué me ha traído tantas satisfacciones, creo que tiene que ver con que fue la primera vez que sentí que había contado una historia y había conmovido a alguien. Es una marca a fuego que no releo, va conmigo y la llevo adentro. Siempre está presente. Cuando los lectores me acercan y me dicen que han llorado con Vladimir, no es poco, en especial hombres, pero también niños y mujeres. Evidentemente este libro, por sus características y por el impacto producido se revela como uno de naturaleza distintiva en el marco de su poética que ha afectado ya no digamos  al público lector, sino que ha logrado proyectarse hacia su autora misma de modo iniciático al asistir a él como un hito en el marco de su poética.

    
Es sabido. Una historia suele contar al mismo tiempo muchas otras. Eso es lo que se desprende de estas Memorias de Vladimir (1991), una ficción ambientada inicialmente en la Rusia del siglo XIX durante las persecuciones a los judíos por parte del Zar Nicolás II. La trama narra la hazaña del pequeño Vladimir que consigue huir en barco de ese lugar atroz junto a su tío Fedor rumbo a Argentina. Recalarán en Colonia San Gregorio, Entre Ríos. Allí crecerá Vladimir trabajando la tierra hasta hacerse hombre. Y a lo largo de todo este relato, lleno de peripecias, experimentará emociones que no son sencillas: la orfandad, las pérdidas, el desarraigo, el dolor, la incomunicación, la soledad, la incomprensión. Hasta lentamente reconquistar aquello que le había sido arrebatado por la agresión y la humillación de los prepotentes: una identidad pero esta vez en un país que lo acoge con hospitalidad. Logrará trabajar en Buenos Aires, estudiar Medicina y, de visita en Entre Ríos, asistir penosamente al momento preciso en que su tío Fedor muere. Lo enterrará junto a su gallo Yankl (que había traído escondido desde Rusia entre sus ropas en el barco) y un antiguo vecino de la aldea.

     Memorias de Vladimir, como dije, compromete y afecta de modo radical nuestra emocionalidad. Nos habla, descarnadamente, del exilio, del ascenso social, de cómo es posible y hasta imprescindible revitalizar lazos y vínculos que parecían necrosados e iniciar otros, de modo inaugural. Así, será capaz de forjar una nueva historia, es decir,  restituir a un sujeto sus atributos inherentes a partir de un vacío que parecía imposible de reconquistar.

     Las dimensiones más trágicas de la Historia adoptan, mediante el relato de una historia, con minúscula, una configuración, una forma, una materia incluso narrativa maleable que es inspiradora de la literatura. Lo que se narra, por otro lado, ha tenido lugar. La ficción de Suez ancla en una realidad concreta. Motivo por el cual se manifiesta con un sugestivo acento referencial. Ello le confiere contundencia, por un lado. Por el otro, persistencia. Lo que se lee se recuerda porque no se trata de una invención. Sino que es una suerte de revelación o alumbramiento de sucesos constatables. Adopta la misma repercusión que tendría el revelar un secreto, el descorrer un velo sobre una materia que se mantenía cubierta por un manto de olvido o de amnesia.



     Perla Suez, hurgando en la memoria de relatos familiares, de una imaginación verosímil y de una escritura transparente acude en este relato de modo elocuente a sucesos que le fueron referidos desde muy chica en su familia. Suez nos está hablando de algo que conoce. Que conoce mucho. Y que conoce “en abismo”, esto es: escribe y lee lo que le ha sido a su vez narrado por algunos sus protagonistas bajo la forma también de relatos, rostros que adoptan ahora otras facciones. Narra lo que le ha sido narrado. Lo hace, eso sí, según sus propios términos. Y tal vez sea por ese mismo motivo que vuelve al acontecimiento literario tanto más conmovedor. Subyace, a su propia materia, una trama urdida a partir de (nuevamente) la memoria y de sueños que la palabra guardará, intacta, como un recipiente. Pero también una palabra indeleble. Porque quedará registrada. Una palabra entonces que será reservorio y será mensaje de esperanza para quienes prosiguen esta historia. Sean sus protagonistas. Sean quienes asistimos a ella desde la más profunda solidaridad con ellos. Con una analepsis certera del protagonista (narrador de la historia) esta pieza única regresa a sus orígenes en boca de una biografía de alguien no conformista que refresca una serie de sucesos con su relato. Al tiempo que la propia Suez hace lo propio.

     Es cierto. Queda un rastro de lo vivido que no ha sido grato. Pero Suez ha logrado convertir a un sujeto mediante una proceso de restauración en alguien capaz de reconstruir su biografía por fuera del rencor, del odio y por dentro de la construcción de una serie de acciones alternativas. Evidentemente se ha tratado, probablemente de un libro con el que la autora se ha comprometido particularmente debido la relación que entabla con sus orígenes. Ficción entonces encarnada, hecha carne en el texto, Memorias de Vladimir efectivamente recapitula una etapa pero se proyecta hacia un futuro esperanzado. A eso apuesta Suez. A eso apostamos todos los que aspiramos a, mediante la escritura, neutralizar este mundo distópico que nos rodea. Y construir a partir de su relato, nuevos sentidos. Nuevos motivos orientados a un futuro que sin dejar de contemplar lo que tuvo lugar, sí reconstruya una subjetividad herida. Para que se mantenga íntegra y entera.


sábado, 7 de diciembre de 2019

ENTREVISTA A LA ESCRITORA GRACIELA REPUN

Hoy el Hormiguero recibe a una de sus Hormiguitas primeras, que nos ha ido acompañando durante estos 10 (diez) años con su labor, con su obra y con su cariño. Graciela Repún no sólo es una Maestra de la LIJ por su obra escrita sino además, que hace honor al título de MAESTRA pues con sus talleres ha sido y es una verdadera formadora de nuevas y buenas plumas para el mundo de la literatura. Por eso es un orgullo para todo el HORMIGUERO tenerla aquí con sus reflexiones y respuestas. Gracias Graciela, gracias Maestra....!!!






Por qué se te ocurrió ser escritora?

 Porque se me cerraron algunos caminos y al mismo tiempo se abrieron otros relacionados con la escritura. Mis padres se separaron cuando yo era muy chiquita y por sus trabajos, me quedaba la mayor parte del día con mis abuelos. Tuve mucho tiempo para leer y para jugar con las amigas del barrio, en las puertas de nuestras casas, teatralizando historias inspiradas en lecturas, donde elegía ser Jo, de Mujercitas o una pirata como las de Salgari. En la primaria, me iba bien con las composiciones que, secretamente, también les hacía a mis compañeras. Por esos años, un atajo que encontré para decirles cosas sensibles a mi mamá y a mi papá, generacionalmente poco abiertos al diálogo, fue escribirles poemas. En las vacaciones, hasta que en casa desistieron de la esperanza de convertirme en una deportista, me mandaron varios veranos a colonias y clubes en los que me destaqué haciendo discursos y crónicas. Y en la secundaria, como muchos de mi división y bajo la fuerte influencia de los poetas que estudiábamos, fui parte de los que nos intercambiábamos poemas en los que nos definíamos, celebrábamos, descubríamos amigos, nos declarábamos enamorados y nos separábamos tristemente en rima o verso libre.

 —¿Se puede decidir ser escritor, o se nace?

En mi caso, no me quedó otra. No solo por lo que comenté previamente. También porque cuando nacieron mis hijos hubo muchos enamoramientos. Nos enamoramos de ellos, de sus libros, de leerles cada noche y de sus entusiasmos por algunos autores que gracias a sus preferencias comenzamos a conocer y admirar. Por esos enamoramientos, con mi primer cuento impreso en una mano, llevando a mi nena de dos años de la otra, y en la panza a mi hijo que estaba por nacer, me presenté a un concurso. Desde ese primer cuento sigo escribiendo hasta ahora.




 —¿Cuándo escribís, dejás volar siempre tu imaginación o mirás la realidad? 



Dejo volar la realidad. Mi imaginación la precede, acompaña, o rezaga, según el caso.

—¿De qué trabajaste antes de dedicarte a ser escritora?

Antes de ser escritora trabajé de escritora. Redactaba tarjetas de felicitación y posters. Creaba el concepto y sugería los temas a ilustrar. Era redactora creativa y jefa de Arte. Y mucho antes -comencé a trabajar a los dieciocho- fui vendedora, empleada y secretaria.

 —¿Cuál fue el libro que más te gustó escribir?

 No sé si hay uno que me haya gustado escribir más que los otros. No sabría separar esa sensación de las muchas que se combinan o se alternan en el momento de la escritura. Pero sé que predominó el disfruté en el proceso de los libros que hice en equipo. Como los que escribimos con Florencia Esses. Con toda mi familia. Con mi hijo. Con Carla Dulfano, Mariana Kirzner y Marcela Silvestro. Con Marina Elberger. Con Mariana Weschler. Con Ángeles Durini, Mario Méndez y Franco Vaccarini. Y en muchos que hicimos con Enrique Melantoni, mi marido.




Se habla mucho de la lectura y la escuela, ¿cómo es la relación dentro de la escuela? ¿Cómo te gustaría que fuera la escuela de hoy para los niños?

Los autores de literatura infantil, escritores e ilustradores, cuando nos invitan y podemos, visitamos las escuelas para charlar con nuestros lectores o para dar talleres a docentes. Es un contacto directo. Estos últimos años, en que se cerraron editoriales y se devastaron políticas públicas de lectura, nosotros vimos además los problemas de algunos edificios donde entramos, lo vapuleadas que están económica y socialmente muchas de las familias de las alumnas y alumnos con los que conversamos y nos enteramos de esas y otras dificultades con que se enfrentan los docentes cinco días a la semana. Se evidencia entonces el contraste entre las circunstancias y el esfuerzo y entusiasmo de las y los mediadores, que a pesar de todo, crean espacios de intercambio, nos leen, nos convocan, hacen llegar esos libros, historias, sonoridades, mundos a quienes por ahí nunca antes tuvieron un ejemplar en sus manos o les leyeron un cuento. Yo sueño con una escuela donde esos momentos, espacios, mediadores, se multipliquen y expandan. Pero para eso, tengo que pensar primero en una sociedad más amorosa y justa donde cada uno de los que integra la escuela, desde alumnos a autoridades, se sientan contenidos no abandonados. Y donde haya preguntas y herramientas para abrir preguntas y buscar respuestas, para así aprender explorando. Y no estoy imaginando la escuela como un planeta aislado donde la realidad quede afuera, pero si como un espacio que facilite hablar de lo que sucede, compartir lo que nos pasa, ponerlo en contexto, buscar las formas de enfrentarlo colaborando. Y dada a soñar, donde además de respetar las individualidades, haya muchos chicos jugando y leyendo juntos.


-- ¿Sos muy sensible, como tus personajes?

De chiquita me decían que era hipersensible pero aún con poquitos años ya me daba cuenta que según el contexto, cambiaba el significado y el epíteto podía ser sinónimo de sentimental, exagerada, dramática, pendiente, celosa, lírica, empática o dolorida militante de lo que fuere. Es muy posible que algo de esa sensibilidad se encuentre en mis personajes. Aunque también tengo otros sensiblemente insensibles. —¿Qué te hizo ser así? Ni idea… O al revés, demasiadas explicaciones posibles.

                         


 —¿Cómo ves la literatura infantil y juvenil en Argentina? ¿Y en Latinoamérica?

Dentro de la literatura argentina sigo encontrando cada vez algún libro al que amar, admirar, o en el que voy a reencontrarme con escritores que ya quiero. De la literatura Latinoamérica no conozco todo lo que quisiera. Solo los libros que se publican o difunden aquí y que, en general son, excelentes. Y algunos despropósitos que me traen a veces alumnos cuando viajan y que fuera de contexto, son publicaciones inexplicables.

 —Si un niño o niña quiere ser escritor, ¿qué tiene que hacer?

Leer. Escribir. Componer canciones. Jugar. Crear historias. Escuchar música. Ver pelis. Ir a museos. Pasar tiempo en la naturaleza. Estar atento a la calle. A su casa. Hacer teatro, rap, títeres, muñecos, historietas, voces. Inventar biografías. Imaginar mundos. Porque todo le será útil para escribir si eso es lo que más desea. Pero específicamente, si quiere que su deseo de ser escritora o escritor se sostenga, tiene que escribir, jugar con las historias que se le ocurren, cambiar las que ya conoce. Y si puede, después de poner sus idea por escrito, si ve que están muy alejadas de lo que hubiera querido decir, si el resultado no es lo que imaginaba, si no le encuentra la vuelta, que no se critique mucho, que guarde lo que escribió. Que vuelva a releerlo después de un tiempo, cuando tenga cierta distancia con lo escrito. Y que intente reescribirlo cuando pueda…

 



—¿Crees que la literatura debe ser estremecedora, conmovedora, molesta o indomable? ¿Por qué?

Quiero y me relaciono con la literatura como con una amiga. Y a mis amigos no les pido que sean de un modo particular. De ellos puede venir lo esperable, la reafirmación tanto como lo diverso e inesperado. Una amiga, un amigo, tiene el poder de hacerte fácil o difícil la relación en los momentos menos pensados. Pero no imagino lo cotidiano sin la amistad.





@ Eduardo Raúl Burattini

Principio del formulario
Final del formulario



Quieren derogar la Ley del Libro... defenderla, es defender NUESTRA CULTURA

 (*) ATENCIÓN HORMIGUERO LECTOR...!!! Debemos DESPERTAR...!!!, han venido por uno de nuestros derechos más preciados, el pan espiritual de l...