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sábado, 17 de agosto de 2019


CUESTIONARIO ENTREVISTA A LA ILUSTRADORA VIRGINIA PIÑÓN.




Otra de las áreas del mundo maravilloso de los libros y la LIJ, es por cierto la ilustración, el arte plástico acompañando a la palabra o siendo la ilustración misma el mensaje principal como nos sorprenden los libros álbum. Hoy nos encontramos en este cuestionario reportaje con el pensamiento de una gran ilustradora y miembro de nuestro Hormiguero: VIRGINIA PIÑÓN...!!!



Cuándo descubriste tu gusto por las artes plásticas? ¿Dibujabas de niña? ¿Provienes de una familia con sensibilidad artística?
En mi familia no había artistas, en realidad creo que había artistas frustrados, porque el don estaba en mi padre y mi tío. Sin embargo ellos no aprovecharon esa capacidad.
Mi gusto por el arte estuvo toda la vida; gozaba pintar tanto los mapas de geografía como dibujar a Hollie Hobbie en cada carta que enviaba en vacaciones.
En secundaria ayudaba a mis compañeras a aprobar la materia dibujo, rehaciéndoles sus trabajos. Sin embargo nunca pensé en que dibujar sería mi futuro hasta que un test vocacional me lo gritó bien fuerte para que me quedara claro.



¿Qué te aportaron tus estudios académicos de Bellas Artes ?
Bellas Artes me ayudó mucho a mirar, y a interpretar la realidad tal cual es. Hoy esa base me permite interpretar la realidad desde mi enfoque. Aunque también el estudio académico me ha generado ciertas trabas, que tratan de frenar mi libertad de expresión. Siempre tiendo al realismo, y a veces lucho para que no sea así. Aunque de repente me doy cuenta de que puedo usar ese realismo a mi favor, y mezclarlo con mi imaginación.
Durante algún tiempo fuiste y sos profesora de artes plásticas de niños. ¿Qué influencia tuvo esa etapa en tu quehacer profesional posterior?
Nunca fui profesora de artes plásticas. Hace 4 años empecé a dar talleres en escuelas del interior, escuelas que no tienen contacto directo con autores, y llevo mis libros y experiencias. Puedo decir que me ayuda muchísimo el contacto con los niños y niñas, cuando pienso en mis proyectos.



¿Qué te atrajo de la ilustración de libros para niños y cómo te insertaste profesionalmente en ese mundo?
Trabajé como diseñadora gráfica muchos años, y sólo pintaba para mí. Sentía que necesitaba mostrar al público lo que hacía, y fue entonces que empecé a tomar clases de ilustración, donde descubrí que el tema infantil era un mundo muy parecido a lo que venía pintando.

 


Cuando se observan las ilustraciones de tu etapa inicial y las más recientes, se intuye un largo camino de búsquedas expresivas y de maduración profesional. Hoy día posees un estilo muy personal y fácilmente reconocible. ¿Cómo llegaste a conseguirlo?

Soy una ilustradora que no se conforma con lo que hace. Cada vez que termino un libro siento que necesito probar algo nuevo. Por eso cada libro que hago es tan distinto al otro. Distinto en cuanto a la técnica o enfoque gráfico, sin embargo, hay algo que siempre es reconocible , y son dos cosas: el simbolismo y la expresión. Me gusta resumir una idea en una ilustración que te lleve más allá de lo que mirás, y por otro lado me enfoco mucho en lo que expresan los gestos de los personajes, ya sean humanos o no.

¿Con qué técnicas te sientes más a gusto, más vos?
Vivo probando técnicas, óleos, acrílicos, collages, sellos, aún no encontré la definitiva, pero hoy por hoy es la digital.


¿Qué esperas del lector que se enfrenta a tus imágenes gráficas?
Que sienta algo al verlas. Que no siga de largo.

¿En qué género te sientes más cómoda ilustrando: poesía o narrativa? ¿Tienen exigencias diferentes para ti?
Ilustrar poesía es difícil, pero te hace volar. Sin embargo lo que más me gusta es poner poesía a la narrativa.



¿Qué libros de los que has realizado sentís que representan mejor tus búsquedas como creadora?
Helena y Lilla, Irulana y el Ogronte, El oso marrón, y mi último libro: ¿Lista?

 
¿Qué creadores han marcado tu trabajo, bien como referentes o como paradigmas?
Si bien no puedo decir que hayan marcado mi trabajo porque por más que lo he intentado no he podido aplicar su estilo, miro mucho a Rebecca Dautremer, Jorge González, Pablo Auladel, Marjorie Pourchet.






¿Cómo concibes la relación escritor-ilustrador-editor?
El editor juega el papel más importante. Tiene que saber manejar al grupo. A veces la relación escritor-ilustrador es muy beneficiosa, y a veces no tanto. Todo va a depender cómo maneja el trabajo el editor. Una  buena relación con el editor ayuda a trabajar mejor.



¿Qué elementos de un texto son importantes para vos a la hora de acercarte a él plásticamente?
El sentimiento que me transmite la historia.
El oso marrón me llevó a mi infancia, 40 años atrás, por eso utilicé los colores sepias y un estilo más realista.
De todos modos, también influye mi búsqueda personal en ese momento, que a veces no tiene que ver con la historia. Siempre y cuando no la distorsione.

Cuando miras hacia atrás tu obra publicada, ¿qué piensas de ella?
Pienso que no sé cómo llegué a tener más de 50 libros publicados. Algunos de ellos me sorprenden y me alegra. Sin embargo siento que tengo mucho por aprender, probar y descubrir.

¿Qué libro te gustaría ilustrar?
Uno que aún no existe, uno que salga de mi imaginación.


GRACIAS….!!!


@ Bibliotecario Eduardo Raúl Burattini


CUESTIONARIO ENTREVISTA A LA NARRADORA CLAUDIA MACCHI.

El Hormiguero sigue con su recorrida por los senderos de la LIJ..., y en uno de ellos se encuentra nada más ni nada menos que con la docente y narradora (una artista) de la Palabra, la Narración CLAUDIA MACCHI..., acá están sus miradas sobre esta profesión que vibra en su acción, en su puesta en escena y en su corazón...!!!



-¿Cómo y cuándo descubriste que tu destino estaba ligado a la transmisión de la cultura a través de la oralidad?
Desde siempre amé contar cuentos, no sólo a mis hijos sino en mi trabajo en el Jardín de Infantes. Pero fue recién en el 2002 que lo estudie en forma sistemática y comprendí que éste era un camino sin retorno, una pasión que me acompañaría a lo largo de mi vida.

-¿Con quién aprendiste a narrar?
Hice una Tecnicatura en Narración Oral en el Instituto ADENO, en capital. Me perfeccioné con Maryta Berenguer, Beatriz Montero, Juan Parodi, Ana María Bobo, Claudio Ledezma entre otros

-¿Narrás para niños y adultos? En caso afirmativo ¿Cuál es la diferencia?
Narro para todo público. Si bien me especialice en “niños” últimamente estoy presentando espectáculos para adultos. Básicamente los cuentos no tienen edad, pueden ser escuchados por todos los grupos etarios. A excepción de aquéllos cuya temática no sea adecuada para los niños. La diferencia entre narrar a unos u otros, radica fundamentalmente, en el uso  del cuerpo. En el caso del adulto se trabaja más con las expresiones de la cara, la mirada y la voz, en tanto que el niño disfruta más cuando se compromete todo el cuerpo, ya que los ayuda a imaginar.

-¿Tu principal defecto? ¿Tu mayor virtud? (como narradora)
Mi principal defecto es no cuidarme la voz. Debería hacer más trabajo con la misma para no exigirla tanto. Mi mayor virtud es la empatía, poder leer al público y entrar en complicidad con el mismo.

-¿Cómo seleccionas tu repertorio?
Leyendo hasta el cansancio. Busco en antologías, cuentos completos de algún autor, busco en bibliotecas…  Suelo tener varios libros “en espera”  que voy leyendo de a poco y marcándolos para tenerlos en cuenta cuando los necesite



-¿Qué historias no debería desconocer ningún niño?
Simplemente a ningún niño le debe faltar quien le cuente. Para mí son importantes, no solo los cuentos clásicos o literarios, sino las “historias de vida” de su familia. Es fundamental que los niños conozcan sus raíces.

¿Cuál fue el primer cuento que narraste en público?
La familia de la soga, de Graciela Montes. (lo narré en un acto de fin de año en el Jardín de Infantes  donde trabajaba) y para niños… ya ni me acuerdo, fueron tantos y a lo largo de tantos años…..

-Te convocan frecuentemente a realizar narraciones en las escuelas ¿Qué le piden los maestros a un espectáculo de narración? ¿Qué valorizan los chicos?
Si, me convocan (no tanto como quisiera, ya que las instituciones no quieren pagar nuestro trabajo…. Ese es un tema a tratar en otro momento) En general, los maestros no tienen mucha idea de qué se trata un espectáculo de narración. Se sorprenden que los chicos queden pasmados ante la sola palabra. Se nota mucho cuando los niños están acostumbrados a escuchar. A los nenes les fascinan las historias de terror, o de aventuras.

-¿Cómo describirías el panorama actual de la narración oral en   Argentina?
Creo que en esta época hay muchos “narradores” que se largan a hacerlo sin tener el suficiente conocimiento, que con haber concurrido a un taller ya creen que son capaces.  Narrar para público infantil es cosa muy seria y difícil, que requiere mucho trabajo previo, mucho ensayo, mucha lectura.



-¿Se puede vivir en nuestro país siendo cuentacuentos?
Hay gente que vive de este trabajo, pero son los menos. Yo personalmente no puedo.  

-¿Qué público te demanda mayor esfuerzo a la hora de narrar? ¿El público infantil o el público adulto?
El público infantil es el más exigente, si no les gusta o no pueden seguir la historia, lo demuestran moviéndose, molestando al compañero, dialogando etc. El adulto, en tanto, pone la oreja y si la historia no lo atrapa, vuela hacia otra parte con el pensamiento. Por eso es tan importante “leer” al público, conectarse con la mirada, ver cómo están, si reaccionan o no a determinados estímulos…. Todo ello nos dará la pauta para saber si vamos por buen camino o no.

Agradezco infinitamente a Eduardo Buratini y al equipo del “hormiguero” por permitirme participar de su blog. Exitos en este nuevo emprendimiento
Cariñosamente
Claudia Macchi


@ Eduardo R. Burattini




Gustavo Roldán: desandar los pasos hasta el Edén”

 por Adrián Ferrero



     Creo yo que para Gustavo Roldán (1935-2012) regresar a su Monte Chaqueño natal a través de su poética ha sido una de las constantes que más señaladamente lo marcaron como productor cultural. Desde la dimensión de los argumentos, de la construcción de personajes, del escenario naturalmente en el marco en el que los ubicó. Pero también desde el plano de una clase singular de voz que debió construir.


     Hubo en Gustavo Roldán con esta incuestionable galería de personajes que fueron los animales y algunos aborígenes (junto con su cosmovisión) la encarnación de una búsqueda obstinada por reponer la voz que mencioné que o había sido liquidada, o había sido amordazada o simplemente no existía porque se trataba de una del orden de lo imaginario.

     En efecto, Roldán apostó a encontrar el tono justo para dotar a esas multiplicidad facetada que constituía la fauna y la flora de su Chaco originario de una cierta clase de representación literaria también que diera cuenta de lo que contenía de trágico, de pícaro, de humorístico y de ese conjunto dramático de carencias (que jamás ocultó, porque también involucraba violencias e injusticias objetables).

     También de toda la dimensión creativa a la que apostó que no tuvo que ver con hacer de su poética un espejo de esa toponimia sino más bien una zona de la cual tomar como punto de partida ciertos elementos para luego echar a volar hacia otras fronteras de relato que tenían que ver con la imaginación propiamente dicha y no tanto con reconstruir lo que había vivido o visto. Sino con la invención de un panorama novedoso. Esas “fábulas” que nada tenían que ver con las de Esopo, La Fontaine u otros autores que acudieron a la figuración de animales para encarnar defectos y virtudes, no encontraron en Gustavo Roldán precisamente ecos ni resonancias. Porque si a algo estuvo atento Roldán fue a no permitir ni permitirse que su literatura convirtiera al paisaje de una zona rica en exotismo para la literatura centralizada de una ciudad como Buenos Aires ávida por encontrar turismo literario. O bien un territorio de virtudes y defectos con sede en algún punto del país que no fuera su geografía escueta. Ese es el flanco débil perfecto que hubiera ofrecido para que su poética fuera desautorizada. Muy por el contrario, su poética se concentró en otra especie literaria.  Fundamentalmente cuentista, estos personajes llenos de ocurrencias y de afanosas aventuras son de naturaleza completamente sincera y jamás se proponen nada que no sea hacer o vivir. También pensar. Porque se trata en el caso de Roldán siempre de una apuesta a la libertad. La poética de Roldán es simple sin ser jamás simplista. Porque acude de modo elocuente a un tipo de imaginación narrativamente atractiva desde el punto de vista de la acción pero también de la exigencia y su poética deviene ética. Ética de la literatura, porque de modo indeclinable hay cuestiones que para él no se negocian. Y ética de un humanismo que va tras el reconocimiento de la alteridad procurando una intervención potente en el orden de lo solidario para con las personas.

     Hay presente en Gustavo Roldán (y su trayectoria permite comprobarlo) una problematización de dos nociones definidas habitualmente en términos fáciles sobre las que varios de los estudios y creadores de literatura así llamada infantil estamos dando una dura batalla. En primer lugar que de una vez por todas se eliminen los ghettos que dividen “alta literatura” o “alta cultura” de las “literaturas menores” dentro de las cuales entra naturalmente la así llamada infantil y la juvenil. Por otro lado, siendo oriundo y escribiendo sobre el Gran Chaco, sus habitantes humanos, su fauna y su flora, está la otra gran batalla de Roldán: la bizantina y patética distinción entre “literatura de Bs. As.” y la “del interior” en un país altamente centralizado. Pero Roldán es astuto y no cae en la celada. Como el gran escritor jujeño Héctor Tizón, sabe que la excelencia literaria no subyace a una toponimia ni temática ni está alojada en un espacio nacional físico concreto. Sino que se cifra en un uso diestro y talentoso de la lengua literaria y sus procedimientos y recursos. Debemos a la inspiración de sus argumentos entonces esta otra ruptura tan impresionante como imprescindible. La de destruir los juicios llenos de prejuicios acerca de centro y periferia. Literatura de Bs. As. versus la que se produce desde cualquier zona del país con espíritu creativo y original. Por otra parte, con el espíritu de lo local (como motivo relativo a la fauna, la flora y el paisaje rural chaqueño) se puede concretar un proyecto novedoso, gratificante e inteligente. Gustavo Roldán se movió en este sismo entonces cuyas grietas siempre dividieron al arte literario argentino. Literatura infantil del interior versus literatura para adultos realizada y pensada por autores y para un público de Buenos Aires. Puntos de vista, bien mirados, no solo estrechos, sino profundamente egoístas además de egocéntricos.

     Y hubiera sido muy sencillo (y a este punto peligroso Roldán estuvo muy atento) incurrir en un localismo regionalista sin retorno. Es por eso que sus historias siempre ambientadas en el Gran Chaco siempre están hablando de muchas cosas. De cosas que le preocupan y que exceden el mero paisajismo ambiental o sus problemáticas más elementales.

     Por otra parte, en su libro “Cuentos que cuentan los indios” (1991), Gustavo Roldán rescató luego de una profunda y migrante investigación antropológica de campo el sustrato aborigen del Gran Chaco Argentino que había sido su tierra natal, como dije. Así, restituía la dignidad a las culturas toba, de los matacos y guaraníes que se apresuró a afirmar no convenía confundir sino preservar en toda su diversidad  tanto de pueblos como de lenguas y confirmó un dato fundamental: que habían sido en varios casos enemigas entre ellas. De modo que tampoco idealizó a esos pueblos. Las pensó en cambio a estas tribus como a personas de una cultura prehispánica con una cultura cuyos cuentos, mitos y leyendas de modo honesto rescataba y en un Prólogo aclaratorio se refirió a varios puntos. Allí explicaba el conjunto de mediaciones que había habido hasta llegar a la versión definitiva del libro. Y cómo se había encontrado incluso con versiones documentales que no coincidían, motivo por el cual había debido tomar decisiones que involucraban incluso variables éticas, políticas y, en un punto, de naturaleza ideológica. Gustavo Roldán fue honesto y jamás ocultó que estaba realizando un trabajo que involucraba el manejo de fuentes que suponía una labor de orden complejo si uno lo hacía de modo respetuoso. No le interesaba “escribir un cuento sobre los indios” sino, en cambio, recuperar esa riqueza infinita que habían sido las culturas literarias orales de esos pueblos prehispánicos que ahora en algunos casos circulaban en español a través, lo repito, de numerosas mediaciones. Ellas neutralizaban esa identidad tan preciosa en diversos matices.

     Regresar al Gran Chaco fue para Gustavo Roldán (es decir, escribir y poner en ejecución todo su proyecto) una suerte de regreso al Edén. Ese del que nunca debimos haber salido o permitido que nos arrancaran. Un Edén que para cada uno de nosotros es distinto. Porque se aloja en un espacio (también en el orden de las representaciones simbólicas) que no es el mismo. Pero del que tarde o temprano nos expulsan, nos guste o no, o nos vemos obligados a salir. Aunque hagamos berrinches y procuremos resistirnos a semejante acto de violencia simbólica e incluso material en ciertos casos. Porque nos priva de nuestros orígenes y nos mutila definitivamente de nuestra historia y de nuestra Historia. De ambas. Porque precisamente allí está lo más precioso de una persona. De su identidad.  En efecto, es en este punto en donde “El mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados”. Y remata Roldán con su cita en uno de sus cuentos con el final de la brutal frase de Adolfo Bioy Casares: “Entiendo que subestima la estupidez”. Ya ven, hay aquí lugar incluso para cruces, diálogos, intersecciones, tramas, que no son precisamente lo que se dice unívocas, estereotípicas ni lineales. Para Gustavo Roldán la literatura y las poéticas tanto como sus lecturas admiten y hasta exigen múltiples recorridos, itinerarios, tránsitos. Así, Roldán lograba que la voz tonante de Bioy, hacedor de milagros que suelen acontecer en islas fabulosas o  bien en una aristocrática Bs. As., en una Europa tradicional o bien el campo chic argentino (una voz de autoridad en el campo intelectual argentino y el canon nacional)  se mezclara con la de los animales del Monte Chaqueño. Además de este otro paisaje “plebeyo”, si se quiere, Roldán hacía dialogar a dos poéticas no diría antagónicas pero cuyas miras estaban puestas en distintos objetivos. Estos milagros que cruzan la así llamadas “alta literatura” o “alta cultura” con una  ¿“literatura menor”? a ojos de muchos, como la así llamada “literatura infantil”, que debería mostrarse supuestamente resentida, o bien apartarse rencorosa de la primera, al igual que “la del interior” por no disponer de la misma acogida porteña era inadmisible para Roldán. Se trataba de falsas dicotomías. Disyuntivas para las que no estaba dispuesto a prestarse. Por otra parte, hasta donde puedo apreciar de su persona, su carácter combativo (pero jamás necio) lo conducía hacia el campo utópico de una poética que aspiraba a ideales más que a mezquinas peleas facciosas. En verdad, como vemos, Gustavo Roldán procede de modo completamente opuesto y da una lección de modestia además de una lección de inteligencia y de grandeza. De alianza perpetua en torno de la literatura considerada como totalidad indestructible. Demostrando no solo su integridad de hombre de letras sino hasta su astucia, traza esa figura en el tapiz sin afectaciones en una pirueta maestra. Este enorme escritor, ganador del Primer Premio Nacional de Literatura, Tercer Premio Nacional de Literatura, Premio Konex por la totalidad de su obra y Premio Fondo Nacional de las Artes, entre varios otros, es reconocido por una trayectoria tan coherente como impecable. Todo conduce a pensar que de todas formas la escritura para Gustavo Roldán es otra cosa. Se trata de algo completamente diferente. Es un oficio ligado estrechamente a la ética. Es un trabajo pero también es un conjunto de ideales y principios inamovibles que se negocian. No hubo, resulta evidente, narcisismo alguno en su persona, por más que haya habido satisfacciones (lo que es muy distinto) en función de la misión cumplida reconocida por el prójimo con una cierta autoridad. Y estos premios pienso que no lo terminaron de convencer porque para él la literatura más que ganar premios era escribir y era restituir la dignidad a quienes padecían u olvido o silencio desde también desde el universo de los significados sociales y geopolíticos. 

     Afirma Gustavo Roldán en un breve paratexto de su libro “Prohibido el elefante” (1988) con estas o parecidas palabras (además de en uno de los cuentos las arriba citadas de Bioy) que las naves espaciales son estupendas para volar y ser admiradas, pero que además de mirar hacia arriba resulta conveniente mirar hacia los costados. Así uno no se olvida de qué y quiénes lo rodean. Es por eso que él, que se crió en el Monte Chaqueño, trepado sobre los árboles y jugando con los animales a la hora de la siesta, aprendiendo a conocer sus costumbres, nombres y lenguajes, amó su tierra. Roldán reunía en esa infancia en libertad el sustrato que, macerando en su interior, daría por resultado luego el conjunto de una poética personalísima. Y que estimo sobresaliente en  nuestro panorama nacional y latinoamericano.

    Gustavo Roldán da esa vuelta de tuerca maestra que logra que un creador sea un gran creador. Y su poética deviene entonces ese espacio de enunciación exigente para registrar un panorama tan amplio que de modo inclusivo abarca, es cierto, un paisaje. Pero defiende sobre todo, aquello que de modo casi militante Italo Calvino y Borges postularon: el amor por contar historias, por la fábula. Su abordaje prosigue esas premisas. Contar historias astutas, trágicas, humorísticas y llenas de picardía. Ese permitirse narrar sin procurar persuadir con parábolas edificantes ni pedagogías insulsas o, por qué no, arriesgaría que hasta sugestivas e impactantes. Esas que pueden resultar un espectáculo resonante pero no tienen lugar para la franqueza de un alma humilde y de una poética que postuló una antropología de lo noble de manera indoblegable. Aquí se trata de hacer otra cosa, que ahora que lo pienso es en verdad hacer literatura en su estado más primordial: narrar sin otra expectativa más que esa. A lo sumo de formar y de informar sobre cuestiones alarmantes sobre las que sí hacía falta reflexionar.

     Así, Gustavo Roldán nos regala una escritura, diría yo, de orden totalmente gratuito (¿de veras?), porque no aspira al mensaje pedagógico. Deja que otros lean y se conmuevan con historias engañosamente transparentes.  Y con ese arraigo que no solo no lo avergüenza sino lo enorgullece, Gustavo Roldán marcha al encuentro de su tan merecido Edén: el Gran Chaco Argentino. El destino más perenne.

viernes, 2 de agosto de 2019

Relectura de "El Eternauta en el centenario del nacimiento de Héctor Germán Oesterheld

OTRA VEZ LA NEVADA MORTAL

@ María Cristina Alonso


El Eternauta es -como lo han señalado muchos de sus lectores más agudos- una de las historias más originales, acaso la mejor de ciencia ficción de la Argentina. Releída una y otra vez cabe preguntar qué conexiones tiene esta historia -escrita en la década del 50- con los lectores del siglo XXI, apasionados por la tecnología.

El Eternauta le habla a la sociedad paranoica en la que estamos inmersos. Los jóvenes viven en un mundo que los acecha. Los medios de comunicación nos quieren hacer creer que vivimos en una sociedad llena de peligros. Que el peligro invade los hogares, o nos toma por sorpresa cuando salimos a la calle. El afuera, nos dicen los noticieros, nos lo dice la realidad, es un territorio de crueldades, de violencia. Ni siquiera en el espacio confortable de la casa se está seguro. La realidad nos impone a todos, un desasosiego insoportable. La historieta de Oesterneld dice otra cosa diferente de la que trasmiten los comunicadores: Si hay peligro, nos juntamos, estrechamos lazos, nos solidarizamos.

La aventura comienza en dos espacios donde los personajes crean, inventan. El cuarto de trabajo del narrador guionista, atestado de libros, y el escritorio donde está la silla que cruje y donde se corporizará el Eternauta. El otro es la buhardilla de Juan Salvo. Ambos lugares nos ubican en un mundo que hoy parece olvidado. El de la escritura a mano y el de los hobbies desplegados por varones habilidosos que, en la década del 50 eran lectores de las revistas Mecánica popular o Hobbies, antiguallas incomprensibles para los hombres u las mujeres de hoy, atentos a los avances tecnológicos pero que acaso no saben cómo se usa un martillo para clavar un clavo.
En la buhardilla de Juan, los amigos se reúnen no solo para jugar al truco sino para dar rienda suelta a sus pasiones e intereses. El profesor Faballi y su entusiasmo por la electrónica compartida con Lucas Herber que, además se empeña en construir él solo un contador Geiger de diseño propio y Polsky, que utiliza el espacio de Juan para construir violines.

Esa heterogénea buhardilla que Juan y sus amigos llamaban laboratorio nos habla de un mundo que se construía con habilidades y sueños que hoy parecen extemporáneos.
El tema de la invasión, tan transitado, ofrece aquí otras lecciones. Los héroes de Oesterheld no son seres superiores, sino argentinos normales, gente común que se enfrenta con un enemigo que casi es innombrable, con el Mal.
El mundo parece estar en equilibrio. La gente va a su trabajo, al cine, realiza sus tareas cotidianas. Pero, de pronto, algo que viene desde el exterior pone en peligro la paz del planeta. Es la invasión, la amenaza extraterrestre, la confirmación de que no hay armonía que dure, de que el enemigo siempre está al acecho y los hombres están indefensos en este mundo insignificante, perdido en el universo.

Es la manera con que se contó desde los primeros tiempos de la ciencia- ficción la amenaza absoluta, la fragilidad de la tierra frente al otro, al desconocido que viene, casi siempre para destruir y someter. H. G..Wells narró esta situación límite en un libro que aún hoy se lee con inquietud, La guerra de los mundos. Una invasión de marcianos a Londres iniciada con el lanzamiento de cilindros metálicos desde Marte, que se abren para dejar salir a los marcianos con aspecto de pulpos gigantes.

Desde entonces, las novelas, el cine y la historieta se empeñaron en reeditar una y otra vez esa situación espeluznante. En muy pocos casos los invasores llegan en son de paz, con fines altruistas. Oesterheld, en El Eternauta, la contó otra vez, pero allí no hay una fe ciega en la capacidad del ser humano por salir airoso de las acechanzas del espacio. Allí la historia termina mal, pero rescata, como no lo hacían las historietas en boga, la solidaridad de los héroes anónimos que juntan sus esfuerzos para sobrevivir. 

Es que Héctor Germán Oesterheld tiene confianza en el héroe colectivo. Él decía que siempre le había fascinado leer Robinsón Crusoe, y que El Eternauta es su versión de esa novela escrita por Daniel Defoe en el siglo XVIII. En esta historieta el héroe verdadero es el héroe colectivo, el hombre “en grupo”. Aquí está el nudo de lo que debemos destacar en este libro. La idea que puede trasladarse al mundo de hoy. Un mundo en que no ya los extraterrestres, pero sí la manipulación de los medios, la miseria, la desigualdad, la corrupción, la violencia parecen haber trastocado todas las relaciones sociales.

Estamos, entonces en esa noche, con Juan Salvo y sus amigos. Gente común, que juega al truco, que gusta de placeres simples, que lo que menos espera es que de pronto el mundo se vuelva silencioso y empiece a caer una nevada mortal.
Pero cuando esta cae, los personajes descubren que están solos y deben resolver los misterios y el peligro que los acecha juntándose, organizándose, cumpliendo cada uno una función específica con los objetos que tienen a mano. Todos tienen saberes que ahora es necesarios desplegar. Como Robinson en su isla, pero rodeados de muerte. De simples habitantes del barrio de Villa Crespo pasan rápidamente a convertirse en héroes improvisados. Es el momento en que comienza la lucha por sobrevivir.

Y el Mal es difuso, ni siquiera tiene nombre. Son los “Ellos” que, en la segunda versión desnudan conflictos que padecemos. Los extraterrestres han pactado con las grandes potencias y han entregado a Latinoamérica. Eso en los años sesenta se llamaba imperialismo; hoy, injusta globalización.
Peor aún, los “Ellos” no actúan directamente. Tienen sus emisarios, otros seres interplanetarios a los que han sometido: los manos, los gurbos, los cascarudos. Finalmente los hombres robots que, merced a un teledirector implantado, cumplen sus órdenes.


Desde el territorio de la ficción, la realidad suele alumbrase misteriosamente. Como el guionista que escucha el relato de Juan Salvo sólo nos queda preguntar: ¿Será posible? Y lo es.

Derechos de los chicos





por Eduardo Raúl Burattini

La protección y el cuidado de las niñas y los niños del mundo no sólo es responsabilidad de sus familias, es obligación de todos, de cada uno de nosotros y por ende del ESTADO.



GRANDES DERECHOS

La Convención de los Derechos del Niño es un acuerdo entre muchos países, que reconoce al NIÑO/NIÑA como sujeto de derecho, les reconoce a los niños y niñas los "derechos humanos", los derechos que tienen por el hecho de ser menores, es así que hemos querido sumarnos a los esfuerzos que hace las NACIONES UNIDAS PARA LA INFANCIA (Unicef) para su divulgación, para su cumplimiento y difusión, y lo hemos hecho uniéndonos a la Campaña #PorTodosMisCompañeros, con hermosas ilustraciones que acompañan a cada uno de los Derechos establecidos para la defensa de la vida y el desarrollo físico, psíquico, intelectual y espiritual de los NIÑOS y NIÑAS de nuestro personaje LA HORMIGUITA VIAJERA realizadas cada una de estas ilustraciones por la artista plástica VIRGINIA PIÑÓN...!!!



domingo, 28 de julio de 2019

Escritores y, a la vez, libreros


Un lugar como un jardín contra la soledad

Por María Cristina Alonso

“La verdadera razón por la que no quisiera pasar mi vida vendiendo libros es que, cuando lo hice, perdí el amor que les tenía. Un librero se ve obligado a mentir sobre los libros, y esto le provoca aversión hacia ellos”, escribe George Orwell en 1936, en su libro Recuerdos de una librería. En las antípodas, Mary Ann Shaffer le hace decir a Juliet, la protagonista de su única novela La Sociedad literaria del pastel de piel de patatas de Guernsey: “Me encanta ir a las librerías y conocer a los libreros. Realmente los libreros son una raza especial. Nadie -en su sano juicio- aceptaría trabajar de dependiente en una librería por el sueldo, y ningún propietario en sus cabales querría ser dueño de una, porque el margen de ganancias es demasiado bajo. Así que tiene que ser un amor a la lectura lo que les empuja a hacerlo, junto con ser los primeros en hojear las novedades.” 




Acaso esa pasión por hojear las novedades sea el origen de La fabulosa, la librería de la escritora, traductora y librera Ana Garralón[1], que se especializa en libros de literatura infantil y juvenil hispanoamericana. La fabulosaestá en la calle Santa Ana del barrio La Latina, en Madrid. Ana es autora, entre otros libros, de Historia portátil de la literatura infantil (Anaya, 2001), Leer y saber. Los libros informativos para niños, (Tarambana Libros, 2013)y de un blog que es un referente para los escritores y promotores de literatura: Anatarambana. Literatura infantil (http://anatarambana.blogspot.com/)

Aunque se especializa en libros álbum y es una autoridad en la materia, Ana advierte sobre el abuso de los libros que sólo tienen bellas imágenes y sostiene que hay que volver a las narraciones, que los niños y jóvenes -que ya de por sí viven en un mundo de imágenes- necesitan recuperar la palabra.

La fabulosa no sólo ofrece libros de Literatura Infantil y Juvenil, sino que organiza presentaciones de autores e ilustradores, como la del viernes 12 de abril. Ese día, un ilustrador chileno, Matías Prado, habló ante un público de ilustradores y diseñadores que eran sus seguidores por las redes, sobre las decisiones estéticas que tuvo que asumir al planear sus ilustraciones del libro De cuento en cuento (Amanuta, 2018). Se trata de un libro constituido por fragmentos de cuentos populares acompañados de sus obsesivos hombrecitos, que recorren cada una de las páginas.

En su blog, Anatarambana, Ana Garralón desarrolla el tema del abuso del libro álbum por parte de editoriales y mediadores de lectura. Hay una carencia enorme de lecturas- explica- para un público que ya domina la lectura. Sólo se ofrece a los niños libros bien ilustrados, pero los niños quieren leer mucho y sentirse identificados como lectores. Y arriesga, que no es de extrañar que, con el abuso de los libros ilustrados, muchos adultos leerán novelas juveniles porque no habrán superado la etapa infantil de lectura y buscarán un libro “gordo y que se lea de un tirón.”

Escribir sobre una librería porque antes se ha estado al frente de ese negocio fue lo que impulsó a Penélope Fitzgerald a concebir, en 1978, Thebookshopp (La librería, Impedimenta, 2010). La novela-que fue adaptada al cine por Isabel Coixet- fue escrita en épocas muy duras para la autora inglesa, cuando debió trasladarse con su familia a Southwold, un lejano pueblo costero de Inglaterra, y conseguir un trabajo a tiempo parcial en una librería del lugar, Sol BayBooks.  Florence Green, la protagonista de su novela, es una mujer valiente que decide abrir una librería con libros para acercar los mundos de ficción a una comunidad cerrada y claustrofóbica que le pone inconvenientes para desarrollar su negocio. Valiente porque mantiene su decisión de abrir una librería en un lugar lleno de mezquindades y poco vuelo intelectual, que no apreciaba su intento.
Penélope Fitzgerald, escritora tardía, comenzó a los 61 años su carrera de escritora y escribió ocho novelas antes de su muerte.

Con el mismo afán de demostrar que el lugar donde circulan los libros crea lazos y acerca a la gente, la escritora Laura Riñón Sirena[2] abrió -en la calle Pelayo 60,del barrio de Chueca, en Madrid- la librería Amapolas en octubre. Laura derriba las fronteras entre realidad y ficción, dado que su librería se denomina como su novela Amapolas en octubre(Espasa, 2016) y, como Carolina, la protagonista, rinde culto al libro que ha sido fundante en su vida de lectora,Mujercitas,de Luisa MayAlcott. Uncoqueto rincón de la librería, con un sillón y una lámpara que esparce una luz tenue, evoca las reuniones de la familia March compartiendo historias en las noches de invierno, tal como lo sugiere una antigua ilustración de la novela de Alcott.



Como la autora sostiene, Mujercitas  fue el libro que le dio la bienvenida al
mundo de la literatura, y la primera vez que vivió una historia que no era la
suya. Librera y escritora, quien lee su novela y visita su librería pasa como Alicia a través del espejo y se pregunta de qué lado de la frontera está. Paredes cubiertas con cuadros con fotos de los escritores que Laura lee y admira;una frase que asalta al visitante desde la blanquísima pared y que ha escapado de su novela-“Erase una vez una puerta cerrada, una ventana abierta y una mujer valiente. Fin”- componen un espacio que no es una librería clásica, sino -como su dueña lo pretende- un lugar de encuentro en el que el centro de todo son los libros.

“Los libros nos eligen a nosotros - reflexiona la autora en su novela Amapolas en octubre-, las obras esperan su turno hasta que estamos preparados para hacerlas nuestras. Frases o párrafos que se quedan para siempre en los lectores y personajes a los que damos vida, que habitan en nuestro interior y que convertimos en confidentes espontáneos y en compañeros incondicionales.Las novelas se escriben gracias a la vida de los escritores, todo lo relatado resulta real. Y nada lo es. El lector decide, porque es él el que terminará de escribir la historia”.

Pero hay que llegar a Vic, un municipio español de la provincia de Barcelona, para encontrar -en Carrer de la Fusina 17- una librería dedicada a la literatura infantil. Su propietario es un escritor uruguayo, Germán Machado[3].
La ciudad, que tiene un templo romano, una plaza del mercado cuyos pórticos datan de los siglos XII y XIII, y es famosa por el salchichón, ha sido el lugar que Germán Machado encontró para llegar, instalarse y seguir escribiendo sus cuentos para niños, sus poemas y su literatura para adultos.



El PetitTresor es una librería especializada en literatura infantil y concebida como lugar de encuentro para autores, docentes, mediadores de lectura y -desde luego- niños y niñas.
En su más reciente libro álbum, ilustrado por Anna Aparicio Català, Amaryllis, Germán Machado narra, acaso en clave autobiográfica, la historia de una flor que decide abandonar su soledad y su encierro y salir al camino para conocer a otros seres con quien compartir experiencias y aprender nuevas historias. Es un relato de camino, cuyo texto breve y poético es acompañado por las ilustraciones sugestivas y ambiguas en las que el mundo vegetal acecha y se distiende según las etapas que Amaryllis transita en su largo camino hasta llegar a “un lugar como regazo de esperanzas. Un lugar como un jardín contra la soledad”.
Dice Germán-mientras toma mate y saluda a un amigo en catalán que irrumpe en su librería- que ser librero conlleva un baño de humildad para un escritor, que estando detrás del mostrador se entiende mejor qué difícil es, para un libro, llegar a manos de un lector y qué milagro cuando esto sucede.
George Orwell, el autor de 1984, escribe -en sus recuerdos del tiempo en que era un librero-: “Durante su largo turno de trabajo, debe encargar raros ensayos que nadie vendrá a recoger, rechazar kilos de novelas que un señor con olor a rancio le intenta vender, o encontrar un libro —del que no sabe ni el título ni el autor— que una adorable viejecita leyó hace cuarenta años. “
Germán Machado, en cambio, relata a sus lectores de Facebook algunas cuestiones del oficio. Dice que la gente cree que un librero se la pasa leyendo, pero son muchas otras tareas las que debe realizar, como romperse las pestañas interpretando planos para montar los expositores que envían las editoriales, desembalar libros y demás. Germán da cuenta, cada tanto, a sus lectores de este costado menos glamoroso de la actividad. No obstante, es evidente que hay algo más –para estos escritores devenidos en vendedores de libros- que los hace persistir.
Seguramente vender libros no es uno de los negocios más rentables, pero por algo estos escritores, lectores incorregibles, han pensado sus librerías por amor a la lectura, para que la gente y los libros se encuentren en ese viaje a la vuelta de las páginas.






[1]Ana Garralón es escritora, traductora, librera y una autoridad en el libro informativo (hace unos años publicó Leer ysaber. Los libros informativos para niños, Tarambana Libros, 2013), pero también es un referente si se quierepara descubrir un libro álbum de ficción bien construido o algún proyecto de edición inusual. Sus textos tienen una dimensión histórica y social poco común en el medio.(Con una beca de la Biblioteca Internacional de Munich, Ana Garralón realizó la concienzuda investigación que sustenta su libro Historia portátil de la literatura infantil, (Anaya, 2001), escrito en un tono crítico y libre con el que desata discusiones, provoca curiosidad y gana seguidores.


[2]Laura Riñón Sirena, escritora española, ha publicado el libro de relatos Dueño de tu destino y las novelas Todo lo que fuimos y Amapolas en octubre.Este último ha sido traducidoal italiano y al búlgaro. Colabora en diversos medios, escritos o radiofónicos. 
[3]Germán Machado nació  en Montevideo, Uruguay, en 1966, y reside en Vic, Barcelona, donde creó la librería El PetitTresor, Germán Machado es un autor que escribe tanto para adultos como para niños y adolescentes. En el año 2009 creó el blog Garabatos y Ringorrangos.
Entre los títulos de narrativa y poesía que Germán Machado ha publicado para los lectores más jóvenes se encuentran ¡Baja de esa nube! (Ekaré), Salir a caminar (A buen paso), Suerte de colibrí (Edelvives), Breve historia de una pompa de jabón(SavannaBooks), El señor Dino Hache y el canario dorado (Amargord), TamanduáKiller (Fin de Siglo) y Ver llover, La Escuela de Gatos de la Señorita Cara Carmina y La jaula (Calibroscopio). Este último libro ha  sido ilustrado por Cecilia Varela y fue uno de los ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2019.

Cuestionario entrevista a la Narradora: ALEJANDRA DEL BUENO

Uno de los oficios más antiguos es el de Cuentacuentos..., para nuestro Hormiguero es fundamental en la tarea de la comunicación, la animación y promoción de la LIJ,  mucho antes que el Maestro, en la historia de los hombres y mujeres...ya estaban los Cuentacuentos..., los Narradores:

"Yo no tuve la suerte de conocer a Sherezade. No aprendí el arte de narrar en los palacios de Bagdad. Mis universidades fueron los viejos cafés de Montevideo. Los Cuentacuentos anónimos me enseñaron lo que sé..." Eduardo Galeano

Y hoy el Hormiguero se complace en presentar a la NARRADORA ARGENTINA ALEJANDRA DEL BUENO..., que lleva como buena Hormiguita Narradora una vasta experiencia y llena sus alforjas de cuentos, historias y leyendas..., acá su voz..., para conocer a los Hacedores de la LIJ...


-¿Cómo y cuándo descubriste que tu destino estaba ligado a la transmisión de la cultura a través de la oralidad?

 -En 1992 fui con mi hijo a la Feria del libro infantil y entramos a escuchar un cuento, era Epaminondas y su madrina y me dije: Algún día quiero hacer eso y unos años después estaba yendo a un centro cultural a aprender el oficio. Hace 11 años comencé a dar talleres en centros culturales y una biblioteca popular.


-¿Con quién aprendiste a narrar? 

-Mi gran maestra y amiga es Vivi García, también Claudio Ledesma.

-¿Narrás para niños y adultos? En caso afirmativo ¿Cuál es la diferencia?

-Sí, en el caso de los niños me siento más cómoda, disfruto mucho más con ellos. La diferencia tal vez es la mirada y el juego. La comunicación, el intercambio y el diálogo con los niños es pura creatividad.

-¿Tu principal defecto? ¿Tu mayor virtud? (como narradora) 

-Mi defecto: me cuesta el buen manejo de la voz, la fuerzo un poco y a veces me muevo sin necesidad, otro: me pongo muy nerviosa frente al público adulto. No podría contar un cuento frente al autor (aunque lo hice varias veces) porque me parece que me voy a olvidar o me va a salir mal, en fin soy insegura. Virtud: soy espontánea, hago lo que el cuento, el cuerpo, la audiencia me dictan porque me llevo por la intuición.

-¿Cómo seleccionas tu repertorio? 

-Leyendo mucho, descarto y elijo.

-¿Qué historias no debería desconocer ningún niño?

- Ni los niños ni los adultos deberían desconocer los cuentos de Ema Wolf por el humor y los de Laura Devetach y Liliana Bodoc por lo poético.

-¿Cuál fue el primer cuento que narraste en público? 

-Un cuento de Oche Califa de un Libro del Malabarista que se llama "A pesar de todo".

-Te convocan frecuentemente a realizar narraciones en las escuelas ¿Qué le piden los maestros a un espectáculo de narración? ¿Qué valorizan los chicos?

 Los chicos valoran la comunicación,  la calidez, la escucha, el buen trato, el cariño. En general los docentes no me piden nada en especial. Se dejan sorprender. No hago narración oral escénica, con un vaso de agua y una silla (y micrófono si fuera mucha gente) me arreglo. Me gusta que el público esté cómodo y cerca, no me gusta contar a una escuela entera, prefiero contar por grupos porque siento que lo mejor es la intimidad y la cercanía, eso aporta calidez.

-¿Cómo describirías el panorama actual de la narración oral en  Argentina?

-Si bien estoy un poco alejada del panorama de la N.O.  noto que los narradores se van a ver entre ellos y falta público en general. Otra cosa que noto es la narración oral escénica que requiere otros recursos.



-¿Se puede vivir en nuestro país siendo cuentacuentos?

-Hace 19 años que cuento cuentos. No es fácil empezar en este oficio sin apoyo. Tengo la suerte de trabajar como narradora desde hace unos 15 años y los últimos 12 en los Ministerios de Educación y de Cultura de CABA pero no creo que se pueda si no hay una política, sobre todo pública, de diversidad de narradoras/es. Las editoriales que contratan narradoras/es llaman siempre a las mismas personas y cuesta mucho la apertura. Hay narradores y narradoras muy buenos que no quieren vivir del oficio sino que lo hacen por gusto.
El problema del arte, en general, es que se piensa que tiene valor estético pero no monetario, lo he padecido muchas veces, en algunos casos hay una subvaloración que no tiene en cuenta la formación del narrador/a y los materiales necesarios que son una inversión a futuro.

-¿Qué público te demanda mayor esfuerzo a la hora de narrar? ¿El público infantil o el público adulto?  

-El público adulto.

¡Saludos! Y ¡Gracias!

Nuestro compromiso con la Educación Popular y Comunitaria..., ahora y siempre...!!!

  BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA de Virrey del Pino, La Matanza, porque somos bien POPULAR, porque caminamos con nuestra Comunidad todos lo...